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viernes, 15 de noviembre de 2019

PITCAIRN








                               y avanza con decisión hacia la otra orilla de sus días, donde la espera el silencio inmortal.



                                                                                                            LUIS LANDERO, Lluvia fina





                                                                           Tengo miedo a perder la maravilla
                                                                           de tus ojos de estatua y el acento
                                                                           que de noche me pone en la mejilla
                                                                           la solitaria rosa de aliento...

                                                                      ...  no me dejes perder lo que he ganado
                                                                           y decora las aguas de tu río
                                                                           con hojas de mi otoño enajenado.



                                                                  F. GARCÍA LORCA (del "Soneto de la dulce queja")




             
                                       Más allá de la isla de Pascua, en mitad del Pacífico y cerca de Tahití, he podido encontrar el país más diminuto, el menos poblado del mundo, una tierra con olor a paraíso, en la que se entra como si fuera el pasadizo de un sueño: el que conduce a la única verdad. Pitcairn ha significado para mí en los últimos meses una colección de caricias, con ese halo místico de intensos placeres sin los que la vida no tendría sentido, una especie de licor que sin dejar resaca define la permanencia. Un puñado de islotes en el que el más habitado no llega a sesenta habitantes ni a cinco kilómetros cuadrados de superficie en plena Polinesia de Oceanía, han decorado definitivamente el encuentro más esperado. En Adamstown, la capital, perviven las señales de su pertenencia a territorio británico y por tanto, lo que define a este país (no soberano) como la única colonia que Gran Bretaña conserva en el Océano Pacífico, unas aguas que hacen magnífico honor a su nombre. Pitcairn constituye una extensión geológica del archipiélago Tuamoto de la Polinesia francesa, y ahora ya no es tan complicado visitar esta zona como cuando fue descubierta, porque numerosas embarcaciones, si el tiempo lo permite, acercan a algún curioso a la isla, impaciente por descubrir en esta parte remota del mundo lo que podría estar cercano a su desaparición (no en vano algunas especies endémicas de su original flora y fauna están en vías de extinción), a la vez que contribuyen al desarrollo económico de un lugar increíblemente romántico, tanto como su origen.










                           A principios del siglo XVIII todavía se desconocía gran parte del océano Pacífico, y franceses e ingleses rivalizaron en su descubrimiento. El inglés James Cook comienza en 1765 a navegar por la zona austral y a anexionar nuevas tierras para su país. Pero fue con Jorge III, en 1789, cuando el famoso barco Bounty -de tantas referencias literarias y cinematográficas que ya conocemos-, bajo el mando de William Bligh, fue enviado a las islas pacíficas para traer a Europa el árbol del pan. ¿Cómo definir el sabor, el olor, el color y la textura del "frutipán" o árbol de mazapán? ¿A qué asemejar su pulpa? ¿Cerezas, miel...? Sólo puedo ratificar la expresión con la que los nativos lo describen, un auténtico pan de Dios. Y en ese recorrido hacia lo ignoto y maravilloso, ocurrió algo frecuente en la época: algunos miembros de la tripulación, encabezada por el segundo de a bordo, Fletcher Christian, se amotinaron. Cerca de las islas Tonga, Bligh y sus seguidores fueron abandonados en una pequeña lancha, mientras que Bounty tomaba rumbo a Tahití, donde permaneció algún tiempo. Las relaciones entre los tahitianos y los amotinados se deterioraron rápidamente, por lo que decidieron ir en busca de una isla deshabitada y aislada del mundo conocido, llevándose consigo a varias mujeres tahitianas. Recorrieron las islas Cook, Tonga y Fiji para refugiarse, hasta que llegaron en 1790 a una isla desierta, Pitcairn, bautizada con ese nombre por ser el del marinero (un joven de 15 años) el que la vio por primera vez.









                            Los amotinados creyeron que eran los primeros en habitar la isla, pero existen restos arqueológicos de una antigua civilización polinésica. Tahitianas y amotinados tuvieron una gran descendencia, origen de la actual población, gente como su pan, dulce. En Bounty habían transportado todo lo necesario y más útil para la supervivencia, como animales, herramientas o plantas y terminaron por quemar la embarcación para cortar todo contacto con el mundo exterior. Christian fue respetado y considerado como el jefe y en 1800 sólo vivía uno de los amotinados, John Adams, con ocho mujeres tahitianas y un numeroso grupo de niños. En realidad, él puede ser considerado como el verdadero fundador de la comunidad isleña. Ocho años más tarde, un ballenero norteamericano, el "Topaz", descubrió la isla y en 1814 llegó el primer buque británico, pero la primera visita oficial, la que traía el perdón real para Adams, la realizó el capitán Beechey en 1825. La comunidad empezó a tener contacto con el exterior y la población creció rápidamente. Desde entonces, los habitantes de Pitcairn se consideraron miembros del Imperio británico, aunque los ingleses sólo proclamaron sus derechos sobre la isla en 1887. A partir de 1968, la población fue disminuyendo, pues muchos jóvenes comenzaron a emigrar a Nueva Zelanda y la vida se hizo cada vez más precaria, casi de subsistencia, a pesar de contar con la ayuda inglesa.









                        La intrahistoria de Pitcairn tiene mucho interés y suele ser desconocida. Y ocurre que, a pesar de su lógica endogamia, las mujeres consiguieron su derecho al voto en época muy temprana, en 1938, siendo uno de los primeros territorios en conceder ese privilegio como la democracia más pequeña del mundo. Pero a veces los espacios mágicos también poseen rincones oscuros: en 2004, varios hombres fueron acusados de abusos sexuales a menores, entre ellos el alcalde-gobernador. Me cuentan que durante muchos años se toleró la promiscuidad (¿qué puede ocurrir en un lugar aislado, casi perdido en medio de aguas sin fin y con tan pocos habitantes y un reducido ámbito educativo y cultural?), algo aceptado de alguna manera por todos los adultos que la entendían como costumbre, pero seis de los siete acusados fueron condenados a penas de prisión de hasta seis años, para lo que hubo que construir una cárcel que no existía. La sentencia suscitó una gran polémica entre los habitantes de la isla, especialmente entre las mujeres. Debemos tener en cuenta que allí son todos parientes en mayor o menor grado, así que el ambiente se tensionó enormemente...¡en cinco kilómetros a la redonda! La prisión se convirtió en hotel.







                     

                        Cuando se busca el espíritu de un lugar, no sólo se puede hallar el regalo de la felicidad o la pura razón de amor, probablemente se encuentre también la fascinación de una novelesca historia, el privilegio de una geografía con un cielo tachonado de estrellas fugaces, la certidumbre de un tierno incendio, una bucólica situación o una intimidad de olas que abona el mimo, pero también, sobre todo, el mayor valor: la banda sonora de una vida. Pitcairn, soy, sin resistencia, tu cautiva.









                                         (Para ese hombre suave, que tanto sabe de amor, de Aragón y de escribir)











                                                                       Donde pongo la vida pongo el fuego



                                                     



                                    

miércoles, 5 de junio de 2019

Litterae Apostolicae Sixti IV Pappae pro Ordine mendicatium







                                El Papa Sixto IV confirmó y concedió nuevos privilegios a la Orden religiosa católica de los Mendicantes mediante un manuscrito en pergamino escrito en latín, que se conserva en la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Zaragoza, catalogado en ficha muy antigua apenas legible y con escasos datos, algunos de los cuales no coinciden con mi análisis tras un minucioso y detallado estudio de sus aspectos descriptivos físicos y materiales, que llevé a cabo en mi investigación codicológica del manuscrito: a esas prerrogativas y prebendas aluden las Litterae Apostolicae Sixti IV Papae pro Ordine mendicatium, título que aparece en la cubierta que lo protege, ya borroso, escrito en castellano, y en las hojas de guarda iniciales. En la que va pegada a la cubierta se lee Diversas Bulas y Privilegios, Bula y en el recto de la hoja de guarda volante Diversas Bulas y Privilegios, esenciones, e inmunidades concedidas a ntra. Religión por la Santidad de N SSº Pº Sisto Quarto.









                         El pontificado de Sixto IV (Francisco della Rovere) tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XV. A pesar de ser acusado de nepotismo por conferir los más elevados cargos de la Iglesia a sus sobrinos, y de tener conocimiento de la conspiración urdida por uno de ellos contra los Médicis, como Papa tomó acertadas medidas contra los abusos de la Inquisición y anuló los decretos del Concilio de Constanza. Hizo construir la famosa y maravillosa capilla que por su nombre se llamó Sixtina, siendo uno de los principales artífices del Renacimiento. Sin duda, un papado lleno de luces y sombras. Importante mecenas de las artes y las letras, se dejó llevar en ocasiones por su excesiva ambición participando en todo tipo de intrigas palaciegas, políticas, económicas y de poder. Su relación con el rey Fernando de Aragón fue muy estrecha y cercana, a veces con entendimiento y otras, de clara oposición. Bajo la presión de Fernando, que le amenazó con retirar el apoyo militar al reino de Sicilia, Sixto IV emitió la bula que establecería un inquisidor en Sevilla y más tarde, en Aragón. Pero también otra que confirmaba el enlace entre Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, un matrimonio nulo, ya que el arzobispo Carrillo falsificó la bula que les dispensaba del impedimento de parentesco. El cardenal Rodrigo de Borgia, amigo de Fernando, sugirió al Papa que pasara por alto esa circunstancia, lo que se hizo por medio de la bula resolviendo el problema de la dispensa en 1471. También les concede la indulgencia plenaria a pesar de no acudir a Roma el  primer Año Santo de 1475 siendo como eran los "Reyes Católicos", enfrascados en plena guerra civil.









                     Las Letras apostólicas eran disposiciones que emanaban de los Sumos Pontífices, por medio de documentos escritos, pues el Derecho Eclesiástico -que se basa en el Romano-, manifiesta que cualquier gracia concedida debe probarse por quien lo alegue y el escrito facilita esta prueba por directa concesión de la autoridad competente. Entre estas "letras apostólicas" se encuentran las Bulas y los Privilegios, prerrogativas que liberan de cargas o conceden exenciones de que no gozan otros. Son gracias espirituales o indulgencias. En este manuscrito, Sixto IV las concede a los Mendicantes (en principio, religiosos que mendigaban el propio sustento). Algunas de estas órdenes, a pesar de no profesar una vida pobre, gozaban de los privilegios concedidos por los Papas en atención a sus méritos. Proporcionaban una independencia especial a sus clérigos con respecto a los ordinarios locales encaminada a facilitar su trabajo de propaganda católica, algo que provocó luchas tan pertinaces como lo puedan ser ahora las de los partidos políticos. La reforma propiciada por el Concilio de Trento disminuyó estos privilegios, especialmente en orden a la censura de los libros y a la administración del sacramento de la confesión.



                                                                         
                       El manuscrito de Sixto IV está encuadernado con cubiertas mudéjares rígidas de cuero. Se observan tres nervios en el lomo de las tapas, el inferior oculto por el tejuelo de la Biblioteca. Sirven de cierre dos correas de cuero deterioradas y cortadas, de tal forma que no se pueden atar. Los bordes del lomo están estropeados, sobre todo la cabecera, rota. Los folios aparecen cosidos con cordón de cáñamo y las cubiertas, gruesas y duras, reflejan una ornamentación de dibujos mudéjares sobre el cuero que mantiene su color natural aunque oscurecido. Mejor conservada la posterior, las dos se ven peladas y picadas. Los dibujos recrean un juego de rectángulos concéntricos con cenefas geométricas y motivos vegetales en el interior. Sobre la cubierta anterior el título apenas se percibe. Aunque algunos trozos de cuero presentan una porosidad blanca, como carcomidos, se puede hablar de buen estado de conservación así como de las hojas de guarda adheridas o volantes. No tienen bullones ni cantoneras. Según Elisa Ruiz (en su Manual de Codicología), la historia de la encuadernación española consta de una etapa ausente en el resto de Europa: es el período de transición entre el gótico y el renacimiento, el estilo mudéjar, que mezcla las técnicas occidentales y las islámicas. Los motivos ornamentales recuerdan las techumbres mudéjares, como así ocurre en el caso que nos ocupa, aunque no que el material sea "marroquín rojo", que es el preferido en este tipo de encuadernaciones.




                      El arte hispanomusulmán del cuero adquirió gran desarrollo perdurando hasta mediados del siglo XVII, para olvidarse casi por completo posteriormente. Las formas decorativas islámicas se conservaron en las encuadernaciones y repujado de arcas y cajas. La aplicación más conocida del cuero, por haberse conservado gran número de ejemplares, es la de las encuadernaciones, en las que ese material recubre tapas de madera o cartón. Las mudéjares (tenemos ejemplos en la Colección Lafora de Madrid, en el Museo de Vich, en la colección del Duque de Alba, etc.), dominaron de tal modo la España medieval y aún la de los primeros tiempos del Renacimiento, que casi pueden considerarse como exclusivas. Artífices musulmanes debieron de trabajar al principio en ellas, lo mismo en las destinadas a las bibliotecas de reyes y grandes señores que en las de cabildos, catedrales y monasterios. Los ejemplares conservados son de idéntico estilo y técnica, derivados de los anteriores hispanomusulmanes, pero presentan al mismo tiempo una gran variedad de adornos. La decoración es en seco, es decir, sin oro, cuyo uso empezó a fines del siglo XVI. Este tipo de encuadernación pasó a Nápoles desde España a fin del siglo XV y de Italia a Francia y otros países europeos. Precisamente, los encuadernadores judíos contribuyeron a su expansión y desarrollo. En España hubo dos grandes centros de encuadernación: Toledo y Barcelona, además de Valencia y Salamanca. En AragónZaragoza y Tarazona gozaron también de gran prestigio. Ni en Egipto, ni en Marruecos, ni en Italia, logró crearse un estilo tan peculiar como el mudéjar español, en el que se funden elementos románicos y góticos con la tradición islámica. También concurrió en la formación de este estilo el conocimiento de la encuadernación de los restantes países europeos, en la que predominan con cierta monotonía en filas o rectángulos los herrajes de contorno cuadrado, circular u ovalado, con figuras o temas florales o heráldicos (el interesado puede recabar más información en Ars Hispaniae, Madrid, Plus Ultra, volúmenes IV y XVIII).






                                                                                Encuadernación mudéjar



                    Por lo que se refiere a la ornamentación interna, el manuscrito no presenta "drôleries". La letra más ornamentada y con más decoración es la inicial absoluta del texto, una R que se extiende desde el borde de la hoja hasta la línea 7, algo recortada en el extremo superior. El resto de la palabra ocupa tres líneas. La siguiente R también se destaca en tres líneas. Las demás palabras resaltadas tienen trazo más grueso y se adornan ligeramente algunas iniciales. Aunque no hay "ex-libris", en el recto de la hoja 12 se observa un dibujo o viñeta, junto al colofón del copista, exento, situado en el margen izquierdo. Es muy sencillo: se trata de una base de tres escalones sobre los que se asienta una columna dividida en dos partes, a la que sigue una estrella de cuatro puntas, rematada al final por una cruz sin adornos ni colorido. Por último, la V inicial de "Vultum" ocupa 13 líneas del rayado. Como es preceptivo, se encuentra el sello oficial de la Universidad de Zaragoza, sello con impronta en tinta azul, de forma oval, rodeado por la leyenda "UNIVERSIDAD Y PROVª DE ZARAGOZA" y en el centro, "BIBLIOTECA", estampado en el recto de las hojas 1, 6 y 13 (no numerada), en los dos primeros casos en el margen inferior, y en el último, en la parte central de la hoja.





                 El soporte en pergamino es muy fino en las hojas destinadas al texto manuscrito (seguramente, de oveja), y mucho más grueso en las hojas de guarda (parecen de carnero). En los dos casos, se sigue el principio de Gregory: las caras de carne y de pelo se corresponden entre sí quedando enfrentadas. Naturalmente, las hojas de guarda finales aparecen en disposición contraria a las iniciales. El color del pergamino (que comienza al modo latino) es muy blanquecino, excepto en las hojas de guarda, en un color amarillo muy destacado. En las caras de pelo, se advierten pequeños poros en negro. No existen elementos de control (signaturas y reclamos), quizá por el orillado del ms. La numeración, en números arábigos, se halla colocada en el margen superior derecho del recto. En todas las hojas, en su margen inferior izquierdo del recto o inferior derecho del verso, podemos observar perforaciones con un amplio orificio que no tienen las hojas de guarda, como si anteriormente los folios hubiesen estado unidos por ahí. Sólo en la hoja 2 falta un trozo de pergamino en el extremo inferior, que parece como quemado. En todas hay una mancha, oleaginosa, en la parte central. En las hojas 10, 11 y 12 se atisban manchitas de tinta negra en el margen inferior. Y en la 13, una mancha de tinta roja. El verso está bastante más deteriorado que el resto del manuscrito y con más rugosidad. A partir de la hoja 4, unas arrugas se marcan en la parte central derecha, más acentuadas desde la 8. El folio central (7 y 7bis) es el más estropeado, aunque en general no es un manuscrito muy dañado por el paso del tiempo o el uso. ¿Será el pergamino de vitela, por su finura, color y conservación? Resultaría extraño, dada la escasez de este tipo de soporte.




                                                              Bula de Sixto IV (Real Academia de la Historia)
   




                        La catalogación actual como manuscrito 215 parece ser la última realizada, ya que aparecen otras supuestamente anteriores. En el ángulo superior izquierdo de la hoja de guarda inicial pegada a la tapa se lee "N. 143"; después debió tener la signatura 151 (entre paréntesis en la ficha), y en la misma hoja de guarda un tejuelo de biblioteca indica las tres. Además, en el centro del margen inferior del recto del folio 1, en castellano: Citan todas en el tomo 2 del Bullario nº 21.606, mientras que el comienzo del manuscrito se refiere a  Reverendissimis ac Reverendis | in patribus et dominis. Y en el recto del folio 12 aparece con distinto tipo de letra el colofón:  In fidem et testimonium omnium. En cuanto a la "fórmula de colación", por lo que se refiere a las dimensiones, en ficha consta 260 x 190 mm. pero en medición personal, observo una ligera diferencia: 250 x 185 mm. El manuscrito está formado por un cuadernillo de 7 folios con numeración actual, además de las hojas de guarda iniciales y finales, un folio en cada caso. En dos ocasiones (f. 2 y f. 6), una hoja se superpone a la otra mediante el talón. Sólo aparece numeración hasta el f. 12, falta el 13, y el 7, central, aparece con numeración 7 y 7bis, dado que, lógicamente, es el mismo. En una numeración correlativa y completa la última hoja debería ir numerada con 14. La hoja 2 se corresponde con la 13 y la 6 con la 9, en ambos casos superpuestas. Se trataría, pues, de un septenión con la composición  II + [14] f.










                          Es fácilmente visible el pautado (rayado en seco), en unas hojas mejor que en otras. Por ejemplo, en el verso de la 12, y [13 r. y v.] están las líneas muy claras pues no hay texto sino sólo palabras sueltas o letras mayúsculas. La tinta, negra, no se ha traspasado de una cara de la hoja a la otra. Hay una media de 35 líneas en cada pautado (rectrices), sin disposición en columnas ni espacios en blanco. A veces sí se deja la línea superior del pautado en blanco a manera de marginal horizontal. En el margen derecho no está unificado el final de la escritura en las líneas. Los márgenes son similares en los rectos y versos, pero no coincidentes siempre en sus dimensiones. La caja de escritura aparece en ficha con una medición de 175 x 145 mm., pero advierto que sólo se da en el caso de que se tengan en cuenta los alargamientos ornamentales de algunas letras en los márgenes, en el resto de los casos, según mi medición, las cifras disminuyen a 169 x 138 mm. No existen tachaduras y las letras, en los márgenes, alargan su trazo de tal forma que en alguna ocasión llega hasta el final de la hoja en la parte inferior. Los apuntes marginales suelen ser ilegibles por borrosos o muy breves, a veces una sola palabra ("nota"). Es un texto sin lagunas ni entrecortado ni dividido en capítulos. Sólo se resalta la primera palabra Reverendissimis y los nombres propios, sobre todo Sixtus. En trazo más grueso algunas expresiones indican el inicio de nuevo enunciado, Ceterum. Las mayúsculas iniciales se adornan con dos rayas que rellenan el hueco de la letra.




                         Los márgenes tienen 20 y 30 mm (izquierdo y derecho) y 29, 53 mm. (superior e inferior), pero no siempre son iguales ni en todas las hojas ni en los rectos y vueltos. El signo general de abreviatura es una tilde suprarrayada (^), salvo con las letras de astil ascendente en las cuales la tilde se atraviesa a dicho trazo del que sobresale como una vírgula (´) conectada al mismo. Las abreviaturas por contracción son abundantes: epo episcoponra = nostra; q =que (con la tilde correspondiente en las consonantes)..., etc. Las pruebas de pluma o tinta, probatione calami, aparecen sobre todo en las hojas de guarda. En el verso de la inicial se ve repetida la R y la palabra Reverendissimis que ha traspasado la tinta al recto de la 1. En las finales, están escritas varias palabras sueltas, algunas con mayúsculas adornadas, que, aparentemente, no guardan relación entre sí ( Vallespín, Zulema, Gitanillas, Vultum, Infante de Lanuza), sin que me haya sido posible resolver clara y definitivamente la posible conexión entre ellas y la incidencia en la hipotética propiedad del manuscrito o demandante. Por último, en el recto de la hoja no numerada 13, hay escritas unas frases en latín, ajenas al texto, que parecen de alabanza y contenido religioso (Deus, Deus meus, ad te de luce vigilo | Sintivit in te anima mea...).








                     En conclusión, este manuscrito es una copia en letra gótica cursiva del siglo XV de una sola mano, a renglón seguido y con escritura sobre el renglón. Los rasgos descritos convergen en esta datación. De la cronología referida a los datos internos del manuscrito deduzco que el Papa Sixto IV tendría 63 años cuando dispuso estos Privilegios (murió en el año 1484), que la letra, de legibilidad muy complicada, es de la época y que las cubiertas mudéjares podrían pertenecer al mismo siglo. Evidentemente, se trata de una muestra muy valiosa en todos los aspectos que requeriría un análisis de expertos muy riguroso que pudiera despejar las múltiples incógnitas que presenta. ¿Qué vicisitudes atravesó el manuscrito hasta el momento presente? ¿Cómo llegó a Zaragoza? ¿Tuvo que ver en ello la relación de Sixto IV con la Corona de Aragón? El estado general de conservación del ejemplar, a pesar de observarse ciertas huellas de humedad, no presenta un deterioro importante, en mi opinión, por la calidad del material empleado. Guardado en una vitrina de la Dirección del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, el acceso a semejante joya para su estudio no me resultó sencillo, pero ya sabemos que el misterio de origen desconocido no tiene precio...





                                                          Aquella. Cheque en blanco (María Jiménez y Lombo)



                     

viernes, 18 de enero de 2019

¿UNA MONEDA IBÉRICA EN CALAMOCHA?






                              Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia.



                                                                                                         SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

                             



                                                                                               Que una moneda antigua,
                                                                                               hallada -¿por azar?- en el jardín,
                                                                                               te enseñara una fecha: 1804
                                                                                               y un dato no ficticio:
                                                                                               Napoleón rey de Italia,
                                                                                               importó menos que,
                                                                                               abierto el campo
                                                                                               de ilusa fantasía,
                                                                                               luego de la lección de cosas,
                                                                                               el bronce atesorado
                                                                                               se disipara sin palabras.

                                                                                               Quedó en el aire  
                                                                                               algo de Historia y Algo
                                                                                               todavía sin nombre:
                                                                                               un comienzo, la insana
                                                                                               costumbre de observar,
                                                                                               atar cabos, alcanzar
                                                                                               la no errada visión
                                                                                               de algún prójimo horrible.

                                                                                               Saber que nada es tuyo
                                                                                               para siempre.



                                                                                            IDA VITALE, Lección de Historia





                               


                                                               Cerro de San Esteban. El Poyo del Cid (Teruel)
            



                               
                                           Semienterrada en un campo yermo, al borde de un camino de la Masada de Vallejo, en la margen derecha del río Jiloca cerca del Salto de Daudén, en el término de Calamocha (Teruel), se encontró, casualmente, una moneda junto a un objeto de bronce y restos de fragmentos de cerámica romana e ibérica, no muy relevantes por su escasez. Maximino Turiel Ibáñez (con la colaboración de Juan Ibáñez Benedicto) ha planteado en su estudio sobre la moneda la problemática que presenta su hallazgo, relacionándolo con la posible existencia en la zona de un asentamiento ibero-romano ligado al yacimiento de El Poyo, topónimo tal vez originario del nombre romano Podium, y de un más que discutible nombre celtibérico. Este trabajo, supervisado en su momento por el profesor de Historia Jesús Elvira, significó para el autor un acicate para continuar con sus investigaciones numismáticas y arqueológicas; así, en 2018, ha publicado El loca sacra libera: Arqueología, sobre descubrimientos monetarios de época ibérica y romana en Fuente el Saz del Jarama y Meco (Madrid).



                                 Toda la vega del Jiloca, desde Calamocha a Caminreal presenta un evidente interés arqueológico. En "La Loma" de Fuentes Claras se descubrió una tessera de hospitalidad con la inscripción "QUOM METELLI NEIS TESSERA", en Caminreal se encuentra el importante yacimiento de "La Caridad" y en El Poyo, el de "San Esteban", sin olvidar la importante ciudad cercana de Sekaisa (Segeda), citada en fuentes clásicas. En la Carta Arqueológica de España (Teruel) se informa del descubrimiento de una estatua romana de bronce parcialmente conservada, que apareció en un campo perteneciente a la Masada antes citada, lo que parece indicar la existencia, en algún terreno propiedad de la explotación de Vallejo, de alguna mansión, villa o asentamiento, dados los objetos documentados y la cerámica encontrada y asímismo, de la moneda, que se antoja raro que pudiera ser extrañamente perdida, si bien es cierto que apareció cerca del actual camino (la antigua vía romana coincidente con el ferrocarril), que desde el yacimiento de "La Caridad" conduciría a los puentes romanos de Luco y Calamocha, tal vez un posible asentamiento, por tanto, ibero-romano, en la vía de El Poyo a Calamocha.






                                                                     El Salto de Daudén. Calamocha (Teruel)



                                   La Masada de (del) Vallejo es una vivienda formada por casa, cuadras, parideras, corrales, pajar y anexos para ganado menor, perteneciente a Calamocha, que aparece citada en el nomenclátor de 1860 como "masía de las Celadas", una "casa de labor" a 3,5 km. de distancia del municipio. En los mapas topográficos de 1938 y 1959 se nombra como "masada del Vallejo" en la partida de "Las Celadas" y seguramente será la misma, con un territorio de 18,76 ha. de secano, según Emilio Benedicto. Este tipo de masadas (de etimología latina y seguramente procedente de "masía"), fue muy común en el antiguo Reino de Aragón y tiene como origen las villas romanas. A poco más de 9 km. de distancia de Calamocha, se sitúa la población de Caminreal, cuyo nombre hace referencia a la antigua función geoestratégica que cumplía en el itinerario del Jiloca y su nacimiento parece ser que procede de la destrucción en época medieval de dos cercanos poblados, Las Cuevas y La Caridad, lugar este último que aparece representado simbólicamente en su escudo y donde se encuentra el yacimiento ibero-romano del mismo nombre (BIC). La historia de Caminreal se va recomponiendo en los últimos años gracias a las excavaciones que el Museo Provincial de Teruel realiza con enorme éxito, enriqueciendo el patrimonio histórico y arquitectónico de la zona. La Caridad ocupa un espacio elevado sobre el Jiloca de superficie muy superior a la de los yacimientos ibéricos de esta comarca, lo que indicaría el carácter semiurbano del asentamiento (de fundación a finales del siglo II a.C., aproximadamente) y sus habitantes serían en gran parte celtíberos que conservaban tradiciones, instituciones y nombres propios, junto a los nuevos "colonos" de cultura diferente. En el suelo de una de las viviendas se ha encontrado una inscripción ibérica sobre un mosaico romano realizado con teselas blancas de caliza. El pavimento se ha conservado excelentemente en su propio lugar a causa de -o a pesar de- las bajísimas temperaturas del lugar (...quien lo probó... ¡lo sabe!...), y que hoy se procuran paliar. Este yacimiento puede visitarse en la actualidad a través del Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal, situado en la antigua Estación del Ferrocarril. Entre los elementos más destacados aparecidos en Caminreal se encuentra una catapulta de torsión, de tipo "escorpión", que es excepcional por su buen estado de conservación, teniendo en cuenta los escasos ejemplares existentes. En las proximidades del yacimiento existen otras dos ciudades de cronología romana posteriores al de La Caridad, el de El Poyo del Cid y "La Loma" de Fuentes Claras, ya en el valle del Jiloca.






                                                              El Poyo del Cid, desde el Cerro de San Esteban



                                  En las faldas del cerro de San Esteban se sitúa El Poyo, que en 1970 comenzó a denominarse El Poyo del Cid, y en 1971 pasó a depender del municipio de Calamocha. En el Poema de Mio Cid se hace referencia a esta localidad, que quiso honrar al personaje recogiendo su nombre por haber pasado por el lugar en su destierro:



                                     En un cerro se asentó que está sobre Monreal
                                     El cerro es un alto poyo, maravilloso lugar



                      Y el nombre de "Cerro de San Esteban" recibió el yacimiento celtibérico conservado en esa zona, enclave arqueológico donde se localizan los restos de una ciudad celtíbero-romana y en el que se han encontrado cerámicas ibérica y común romana, junto a fragmentos de terra sigilata y cornisas de estuco de estilo pompeyano y gran cantidad de monedas que indican las importantes relaciones comerciales que se llevarían a cabo en este asentamiento de diez hectáreas de superficie, hoy insuficientemente atendido, siendo, como es, uno de los más interesantes de Aragón. El Cid se encontraría en 1089 en el cerro de San Esteban. Ya en 1921 don Ramón Menéndez Pidal, tan alabado unas veces y tan denostado otras por los que somos filólogos, indicó la existencia de este yacimiento y los expolios que debió sufrir en décadas anteriores. A don Ramón se le ocurrió la feliz idea de realizar su viaje de novios siguiendo el camino del Cid desde su destierro hasta llegar al mar..., y a su hija le pusieron ¡cómo no! el nombre de Jimena, dada la pasión que el historiador manifestaba por la figura del Cid. No sé si un viaje de novios es el ideal para conocer la potencia de las tierras turolenses, pero que desprenden un romanticismo innegable en sus paisajes de contrastes es una realidad. A propósito, este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento del historiador, así como hace unos meses se celebró el 50 de su fallecimiento, por ello la Fundación que lleva su nombre ha preparado el Bienio Pidalino con diversos actos, entre ellos la exposición en la Biblioteca Nacional "Dos españoles en la historia", que confrontará su figura con la del Cid, protagonista de una de sus principales obras, La España del Cid, en la que separó leyenda y realidad y profundizó en la sociedad medieval. El Instituto Cervantes recordará sus viajes en otra exposición y la Universidad de Granada será la sede de una muestra que seguirá sus pasos por los barrios gitanos de la ciudad junto a Federico García Lorca. También la Real Academia Española homenajeará al escritor, que fue presidente de la Academia en dos ocasiones.








                                    En el Poema de Mio Cid (o Cantar, pero yo prefiero Poema), el Cid recorre los valles del Jalón y del Jiloca obligando a los musulmanes al pago de parias y castigando a los que no se sometan a su autoridad, primero en Alcocer, a orillas del Jalón (entre Ateca y Terrer), a la que conquistó en épica y renombrada batalla, y después desde El Poyo, cerca ya de Monreal del Campo, a orillas del Jiloca. Nuestro texto dice que estuvo allí viviendo varios meses, consiguiendo que hasta el rey de Valencia le pagase parias. Con siete mil hombres acampa cerca de Calamocha (que no se cita en la obra literaria), tributando a Alfonso VI. En El Poyo reforzó la fortificación romana para convertirla en centro de operaciones por territorios también zaragozanos, ya que se trataba de una verdadera ciudad amurallada y su ubicación le confería una importancia estratégica de primer orden al controlar el Campo de Bello, el Campo de Romanos, la Sierra Menera y el paso al Valle del Ebro. La muralla alcanza los cuatro metros de anchura y en realidad es una muralla doble, paralela, cuyo interior está relleno de tierra y piedras. Es de suponer que durante el tiempo que pasó en Aragón, y en concreto, en Teruel, el Cid se enamorara de la belleza de sus tremedales, de los desfiladeros fluviales, de los bosques de encina, sabina y pino, de los ríos naturales y de piedra, de las cabras montesas y ciervos..., y de su contundente gastronomía de la que es tan difícil escapar. Hacia Teruel, desde el castillo de Peracense, el Cid dominaría visualmente todo el valle del Jiloca con unas impresionantes vistas del entorno, mientras que en Cella reunió a todos los que querían acompañarle a conquistar Valencia. Probablemente en el invierno de 1090 se encontraba ya en Morella (Castellón). Desde 1999 se celebra cada año en El Poyo del Cid una fiesta medieval en la que se representa su llegada.




   





                               Quizá por los caminos por los que el Cid debió cabalgar y vivir, se encontró, por azar, la moneda, amplia y detalladamente descrita por Maximino Turiel Ibáñez. La moneda es de bronce y está relativamente bien conservada. Pertenece al tipo ibérico clásico que sigue los modelos romanos de ases y semis. Presenta la cabeza ibérica sin barba, en el anverso, y en el reverso, el jinete a caballo saltando con peor diseño que otras monedas similares. Es un semis con peso aproximado de 4 gramos y diámetro de 20 mm. Se puede identificar con el número 701 del Catálogo de Numismática Ibérica e Ibero-Romana de Antonio M. de Guadán, quien la clasifica como de rareza 10, la máxima, que indica piezas de carácter casi único. Junto a la cabeza, aparece en inscripción lateral el signo ibérico correspondiente a N, que sería el indicativo de la ceca emisora: NERTOBI, caracteres legibles casi en su totalidad bajo el jinete, excepto en el último, que podría ser S o no existir: NERTOBI o NERTOBIS, es decir, NERTOBRIGA. Todo ello permite una datación entre los años 105 y 45 a.C. De la misma ciudad existen otras monedas con módulos de as que presentan figuras barbadas e imberbes en el anverso y jinetes con casco y pilum en el reverso, son de mejor factura y presentan la misma leyenda. Con variedad de peso y diámetro, su grado de rareza sería de 5, es decir, monedas mucho más comunes que la encontrada en la Masada de Vallejo.



                           
                                                               
                                                                            Moneda ibérica nertobis (modelo)








                                              Catálogo de Numismática Ibérica e Ibero-Romana (A.M. de Guadán)





                                 Ahora bien, ¿dónde situar a Nertobis? Podría ser, para algunos estudiosos, Ricla, Calatorao o Chodes. Para el profesor Beltrán, correspondería al Cabezo de Chinchón en La Almunia de Doña Godina. Antonino la citó como ciudad celtíbera en el camino de Mérida a Zaragoza, y según Manuel Martín Bueno, esta ciudad, de la tribu de los lusones se localizaría entre Bílbilis (donde otros situaron improbablemente a otra ciudad lusona, Contrebia), la propia Nertobriga y el Jiloca. Nertobis acuñó moneda con el alfabeto ibérico del Norte y se la considera ciudad emisora dentro del llamado grupo Pirenaico. A otros grupos con el mismo alfabeto pertenecería el celtibérico. Dado el confusionismo existente acerca de la localización exacta de la auténtica NERTOBIS, se podría deducir que dicha denominación no designaría a una sola ciudad, sino a algún tipo de población o asentamiento localizado en alturas fortificadas y bien defendidas. Si desglosamos etimológicamente la voz Nertobi(s), nos encontramos con nerto- (traducible por fuerte) y -bi (s), grafía abreviada de birig (bri) del céltico briga (castillo, altura fortificada), así que podríamos traducir el nombre de la ciudad como PLAZA FUERTE. ¿Y no era el Cid el que avistaba desde un alto cerro amurallado unas tierras lejanas de gran belleza en las que poder sobrevivir? ¿Desde un podium? El poyo designa (del griego podion) un muro grueso que formaba una plataforma alrededor de un original anfiteatro o alrededor de la arena de este, sobre la que había una hilera de asientos, o sea (y por extensión): un lugar donde alguien se asienta para dominar con protección y visión del entorno lo que en él se desarrolla, en definitiva, plaza fuerte, lugar alto bien defendido, es decir, una "nertobi". El Poyo podría ser una de las "nertobi", no necesariamente la citada por Antonino, ¿o quizás sí?



                          Me gusta la poética lección de historia de la gran poeta Premio Cervantes de este año 2019, la uruguaya Ida Vitale, de la que se desprende que no existen el siempre ni el todo, tampoco las certidumbres absolutas y que, a veces, la Historia, la vida, quedan en el aire...


   




                                                                                Se dejaba llevar por ti...


                                     


                   


                 


     

                                                                         
                                                                                   
                                                                                 
                                                                                 
                                                                                   
                                                                                     

miércoles, 8 de marzo de 2017

MUJERES PELIGROSAS





                     
                                                 Seguimos constatando actitudes machistas en la sociedad actual, de tal forma que el fenómeno parece aumentar en lugar de ir avanzando en sentido contrario a medida que progresan los tiempos. Y es que tal vez se mantengan vestigios de ancestros misóginos que desde la manzana de Eva no han desaparecido, alentados por una educación que ha favorecido ese comportamiento a lo largo de la historia. Así que les sigue resultando difícil a las mujeres en general, pero, sobre todo, a las más singulares y sabias -de las ciencias y las letras-, desarrollar su potencial y sus valores personales para lograr una presencia activa en la realidad social del momento y contribuir al progreso y evolución de la cultura. Sin embargo, algunas mujeres de siglos pasados de la época moderna, pese a cortapisas, prohibiciones y prejuicios, procuraron adentrarse en el estudio y la investigación aun apartadas del saber en razón de la inferioridad atribuida a su sexo, por lo que debieron a veces travestirse de hombres, dejar de utilizar sus verdaderos nombres, sufrir las denuncias de sus colegas varones que se atribuían para sí los trabajos de estas tenaces mujeres, o incluso ser castigadas hasta la muerte. Excepcionalmente, alguna fue influyente, pero en general, quedaron relegadas al olvido. Los conventos fueron el único acceso de las mujeres a la educación, pero con su disolución por la Reforma protestante, su lucha por el estudio -en especial de las ciencias- fue constante. Hasta la aparición de los salones científicos posteriores, siempre dependieron de la mediación de padres, maridos y hermanos para integrarse en las distintas formas del saber. Eran mujeres que sólo debían mirar, mujeres peligrosas...

         

                    Atendiendo a diferentes razones (religiosas en la Edad Media, naturales en el Renacimiento, económicas en el Barroco...), los libros que instruían acerca de la conducta de la mujer, nos ilustran lo suficiente como para comprender sus actuaciones y los modelos que debía seguir, algo que también reflejó la literatura en todos los géneros. Los Manuales de instrucciones, escritos casi exclusivamente por hombres y en el contexto de épocas convulsas de crisis sociales, tenían en común la obediencia ciega y el respeto absoluto al hombre como ser superior, y el reconocimiento de "cualidades" como la castidad, laboriosidad, inmovilismo, maternidad, honradez, riqueza, apariencia o compañía: el único trabajo de la mujer es estar junto al hombre, esa es su función social. En la Edad Media no existieron tratados de educación como tales, sino sólo unas notas de urbanidad para niñas en Las Partidas de Alfonso X, y los "Castigos (consejos) que un sabio dio a sus hijas", manuscrito del siglo XIII, muy significativo: se trataba de conocer la manera de conseguir que una mujer fuera querida por su marido y, entre otras recomendaciones, se propugnaba darle siempre la razón y aguantarse sin decir nada a nadie si le pegaba. El primer texto considerado de educación femenina es del siglo XV, en catalán, el Llibre de les dones, en el que se aprecia cómo la mujer castellana no podía disponer de sus bienes, pues el marido era el poseedor de la dote de su mujer. Los humanistas dirigen sus libros a las damas nobles con la intención de que las mujeres de extracción social inferior las imiten. Lo trascendente de estos textos de educación es que pretendían convertirse en un instrumento de control social, en que las mujeres se convencieran de su lugar secundario, marginal, respecto al mundo, y de sometimiento al hombre, subrayando la obligatoriedad de supeditar lo inferior a lo superior.







                    La desigualdad se miraba desde todos los puntos de vista. A la mujer se la consideraba un ser diferente, en primer lugar, biológicamente (es la fórmula más antigua que, como sabemos, todavía hoy se mantiene), por lo que se refiere a los aspectos físicos, pero también lo era moral e intelectualmente y, como consecuencia, jurídicamente. Enrique de Villena mantuvo que la mujer debía "sostener al mundo", en el sentido de procrear hijos sin descanso, a ser posible uno al año, pues ahí radicaba su fortaleza, hasta que fallecía muchas veces y, paradójicamente, de debilidad... El famosísimo Examen de ingenios de Huarte de San Juan, es un libro muy interesante de lectura obligatoria, que aportó ideas muy modernas en este tema. Por primera vez el autor otorgaba base científica a los temperamentos humanos, aunque en el caso de la mujer se caía en los tópicos consabidos porque, en lugar de basarse en la experimentación, volvió a apoyarse en la tradición, afirmando que Dios dotó a la mujer de menos ingenio que al hombre y de un cerebro más pequeño, por lo que no podía caberle la misma inteligencia y sabiduría, aunque eso no implicaba (¡menos mal!) que la mujer fuera mala, sino sólo diferente. Dios le había adjudicado las cualidades de fría y húmeda, proclives a la fecundidad y la procreación, y el hombre debía buscar una mujer no demasiado sabia -que eran ariscas y desabridas- sino "una medianía" que no aprendiera letras, y ambos debían procurar tener un hijo varón, para lo cual daba las correspondientes normas de actuación (¡no me digan que no es moderno el tal Huarte de San Juan!). Fray Hernando de Talavera aún añadía que la mujer debiera ser baja, delgada, ancha y "corcovada" (por la costilla de la que nació), para poder ser "regidas por los mayores"...



                        Pero las más importantes diferencias con el hombre provienen de conceptos morales e intelectuales. La misoginia del Antiguo Testamento defiende una sociedad patriarcal porque la mujer posee una naturaleza malvada, y hasta San Pablo dudaba del alma inmortal de la mujer. En la división organizativa del mundo, tras el primer lugar ocupado por Dios, aparecían los ángeles, el hombre, animales de tierra, aves, animales de aguas, árboles, otras vegetaciones y la mujer, eso sí, antes del último puesto, el de las piedras... Tras los Concilios, hombre y mujer se igualan ante Dios. La tradición medieval discriminatoria consideró a la mujer un foco de vicios y pecados de tal forma que el hombre debía dominarla siendo su "dueño y su cabeza". Algunos Santos Padres la consideraron una esclava y de ahí que se le taladraran las orejas para ponerles un eslabón de una cadena en señal de esclavitud. Martín de Córdoba opinaba que la mujer se dejaba llevar por los apetitos carnales (comer, dormir, folgar y otros peores), porque en ella era débil la razón y la constancia y nada podía hacer sin la voluntad del hombre. Luis Vives incidió en la mayor gravedad de los pecados de la mujer por su tendencia natural a la maldad, por eso siempre estaría pensando en cualquier vileza. Continúa con la idea de que es hija del marido porque salió de su costado y debe ser amparada, así que lo peor que podía pasarle era quedarse viuda. El amor hacia su marido ha de ir acompañado del acatamiento a él, no es libre de hacer nada por sí misma ni debe usar la dote sin su permiso.






                  Desde el punto de vista psicológico, estos tratados manifestaban prácticamente lo mismo: la necesidad de que la mujer fuese perfecta. Las ideas erasmistas, difundidas por toda Europa, luchaban contra la ignorancia a través de los Diálogos que defendían la igualdad pero continuando con el papel secundario de la mujer, que debía cubrirse la cabeza aún en señal de sumisión al hombre. Aunque desaparecen los ataques a la mujer como encarnación del demonio, la creencia reaparecerá en Gracián y otros barrocos. San Pablo ya había escrito que el hombre es el alma y la mujer es el cuerpo y este tiene que obedecer al alma. En esta línea se publican "Exemplum" de casos reales o imaginarios, con consejos educativos, de "Claras Mujeres" (en Zaragoza aparece uno de los primeros textos de este tipo, en el siglo XV). Así, se propone un caso concreto, didáctico, práctico, que dice que si el marido tiene una amante, su mujer nunca debe rebelarse ni pedirle cuentas, sino cambiar de conducta y ser más dulce y más callada... Son ejemplos de muy buena construcción literaria. La obediencia se fundamenta en la fama social del hombre, que no puede dejarse mandar por alguien que nació para obedecer, es decir, la mujer ni siquiera es libre de obedecer o no. En cuanto a las leyes de los mandamientos son iguales, pero las leyes humanas hacen al hombre libre y a la mujer no, en ese momento. Se trata de conseguir transformar al hombre en buen cristiano. Todo esto se muestra relacionado con el silencio de la mujer, que sólo habla con otras mujeres, desarrollando un vocabulario muy particular con unos campos semánticos privativos de ellas para defenderse, lo que hace que se las califique de "parleras" e insoportables, de ahí que se les aconsejara "morderse la lengua". No se rechazaba la elocuencia en las pocas mujeres que se acercaban a la cultura. En todo caso, era preferible ser buena y honesta antes que saber leer y escribir. Las mujeres que se salían de la norma, podían ser maltratadas y encerradas, y las que tenían mal genio, castigadas, pero "moderadamente". Y es que si el hombre se dejaba dominar era culpable por mentecato y simple. El castigo corporal era una costumbre más bien de padres a hijas, que incluso en la ley castellana eximía de culpa al padre que llegaba a matar a una hija. Si el padre era generoso, la mandaba a un convento, donde se encontraban también las no casadas, viudas y religiosas. En algunos, las damas se retiraban con su dote y criadas y llevaban una vida diferente, con más vanidad. También se recogían en los conventos, las mujeres legas que no querían amancebarse ni vivir el mundo de la picaresca o marginación. Mujeres peligrosas...







                     En el Barroco, el mundo cambia, se pierden los valores estamentales existentes hasta entonces y aparece la obsesión por la honra. Todo se desordena y es necesario volver a las jerarquías por el riesgo de anarquía y disolución del Estado. Uno de los mayores miedos ante el problema de la desmembración moral es la actitud de las mujeres. El honrado es el que tiene dinero y el que tiene una mujer o hija honrada. La sociedad carga sobre la mujer la obligación de mantener el estatus social de la familia: cuando una mujer se deshonra, no se deshonra sola, sino toda la familia. Pero las costumbres se liberan y esto nos lo cuentan los libros de los viajeros y de los espías, que nos hablan de lo que hacían las mujeres, en la corte o en la vida cotidiana del pueblo llano. La corte (en Valladolid, en concreto) muestra una gran apertura: las mujeres van al teatro, a los toros, se tapan para no ser conocidas, pasean en coches y meriendan con criados a la orilla del río, son descaradas, deslenguadas, ingeniosísimas, "pedigüeñas"..., mientras que en las clases medias, el encerramiento de la mujer es total. Se controla la jerarquía en la familia y se extrapola al resto de la sociedad y, en definitiva, al Rey (como observamos en el teatro). Una mujer era tenida por honrada según la honestidad y fidelidad que manifestaba al hombre, aunque mostrara otros defectos. Todo esto hace cambiar los consejos de los libros de educación, que se convierten en más severos desde pequeñas, no sólo con buenas palabras sino también con azotes. Estos son unos cuantos significativos:


- las niñas no deben salir a jugar a la calle con los niños.
- la mujer no debe abrazar y besar poco, para no acostumbrarse.
- debe realizar labores como hilar o labrar para no entretenerse hablando porque no es capaz de reflexionar.
- aprender a guisar y no jugar a los naipes.
- debe tener una tutora a la que temerá y prestará reverencia. Si es hombre, que sea mayor y casado con joven hermosa de la que esté enamorado.
- tiene que estar siempre encerrada, manteniendo el cuerpo y el ánimo castos para su futuro esposo. Incluso los hombres más corruptos, con una esposa casta, tienen miedo a corromperla y entonces la respetará y tratará bien. Si es liviana, le perderá el respeto. Si pierde la virginidad, será el escarnio de la sociedad y el padre puede degollarla. En la mujer sólo se busca la castidad y prefiere morir antes que perder la virginidad, porque ya estará muerta socialmente.
- que no se asomen a la ventana ni lean libros de amor ni de caballerías.
- ha de disciplinar mucho su cuerpo, con ayunos, comidas sin especias ni sal, beber sólo agua (o como mucho, sidra, cerveza o vino de agua con especias que previenen las infecciones, aunque se ha comprobado que se "calentaban" mucho).
- nada de perfumes ni ropas nuevas ni telas suaves que acaricien la piel, ni visitas de hombres.
- dormir en cama dura y austera con sábanas tejidas en casa.
- prohibidos los "afeites". Se pintaban mucho, no se lavaban y se dice que olían mal. Se tienen que lavar pero no bañar para no verse desnudas; el pelo, recogido y el traje, largo y simple.
- si salen, acompañadas de la madre o de jóvenes vírgenes vergonzosas. Mucho cuidado con las criadas  que no están "educadas" y saben cosas que no tienen que oír, y traen cartas y embajadas.
- que no aprenda a bailar y se dedique a rezar.
- la castidad la hace hermosa, rica y noble.
- dejar el matrimonio en manos de los padres. Ellas no eligen. Hay que enseñarles cómo son los hombres y cómo deben tratarlos.






                El amor  no existía para estas mujeres. No era lo que decían los poetas, tan falso y fugaz, sino que consistía en esa gratitud, respeto y obediencia al marido, una especie de ofrecimiento a Dios. Después, la vida de casadas debería ser como indicaban los textos, siguiendo encerradas en casa para así conservar mejor la honra, alejándose de cualquier idea de lujuria y sin demandar de su marido ningún acto de amor ni disfrute para no pecar. Si la mujer se quedaba viuda, se le aconsejaba la entrada al convento y que vistiera de negro para siempre. Si recordaba al marido, los cilicios o azotes con la disciplina, solucionarían el problema. Podían volver a casarse para ayudar a los hijos con la condición de no hablar jamás al nuevo marido del anterior. Sin embargo, el hombre podía hacer lo que quisiera para ser cuidado en la vejez y en la enfermedad y, aunque tuviera criados, ser servido y atendido por la mujer de su hogar. La actitud de la mujer hacia su marido es de absoluta subordinación: debe conocer sus costumbres y flaquezas, consolarlo y relajarlo, cubrir sus faltas y alabarlo siempre en público. Si es insoportable, tiene que verlo como un hijo. Si le pega, no llorar ni quejarse. Debe hablarle suavemente y con los ojos bajos y, aunque no tenga razón, pedirle perdón. Si ella es más rica, debe darle el dinero a él. Las leyes humanas obligan sólo a la mujer a este comportamiento, porque se lo debe al hombre. Así lo explica Fray Luis de León en La perfecta casada y lo mismo Exímenis. Por supuesto, la mujer no puede gastar nada, sobre todo, en trajes. Los obispos excomulgaban a las que vestían verdugados o guardainfantes, porque, dada su amplitud, eran causa de pecado, de abortos, y provocaba lujuria con la tela apretando las caderas y enseñando el pie con el movimiento, lo que se consideraba como pecaminoso, además de facilitar la posibilidad de ocultar a un paje debajo: eran trajes engañosos. Si la mujer se lo ponía para agradar al marido, entonces era pecado venial, lo mismo que el uso de afeites que cambiaban a la mujer, contradiciendo la voluntad de Dios y de la naturaleza. Ahora bien, si al marido le convenía parecer rico, por obediencia se pondrían trajes lujosos (es la apariencia barroca). Con los elevados chapines, las damas no podían andar y debían ir apoyadas en criadas que siempre las acompañaban, el caso es que nunca se viera el pie. En cuanto a la vida cotidiana, la mujer encerrada vivía apartada del hombre en una sala con ventanas a un patio pero no a la calle y una alcoba sin ventanas, con la compañía de un cofre o arcón donde guardaba todo, poca ropa (ni siquiera ropa interior), pero sí especias y papeles. Se sentaban en un estrado, aunque cuando asistían al teatro no se disponía de sillas para ellas. Comían solas. La que salía a la calle iba a la iglesia donde se veía con los hombres con los que se comunicaba a través del lenguaje de gestos. Las que disponían de más libertad recibían a amigas en casa para las tertulias y algunas, también a caballeros. Otro tipo de mujeres son las que se dedican a la vida disoluta, la prostitución, la picardía... Se pretende entonces regresar al mundo medieval, por lo que los textos barrocos sólo hablan de la decencia, la moralidad y el orden. No son libros de educación femenina, sino de moralidad. Gracián, extraordinario escritor y gran misógino, comentaba que no había ni una mujer buena porque las costumbres se habían relajado: la madre vicia a los hijos, la esposa engaña al marido y la hija espera la muerte del padre para heredar. Consideraba que la mujer era la culpable de todos los males del mundo: "la mujer ejecuta, luego piensa", llegando a tacharlas de más feas que los hombres...
                   


                   Siempre ha existido el debate acerca de la conveniencia o no de proporcionar instrucción a la mujer. Alfonso X el Sabio creía que debían aprender letras y leer libros provechosos de religión. También Exímenis, con enorme sentido práctico -por si la mujer se casaba con un mercader-, entendía que era positivo el aprendizaje, aunque, en general, se pensaba que era más fácil guardar a una mujer iletrada para evitar sus deseos de autonomía y libertad o protegerlas del gran trabajo que suponía estudiar, sobre todo, ciencias. Por su parte, muchas mujeres mostraban afán por el saber, lo que, para algunos, sólo significaba una forma de suplir sus defectos. Los erasmistas quisieron que la mujer supiera leer, pero no veían tan necesario que aprendiera a escribir. Luis Vives dice que si son suficientemente listas pueden llegar a saber latín, retórica y dialéctica, siempre encauzando su inteligencia para que no hagan nada malo, con las lecturas adecuadas, como los libros de santos, pero nunca novelas ni libros de caballerías como el Amadís, donde hay caballeros y amores, que podrían "emponzoñarlas". La mujer siempre debía ser instruida en casa y sin varones. En el siglo XVI ya existe un reducido público femenino capaz de leer y algunas mujeres sabias comienzan a expresar sus opiniones, como María de Cartagena, que escribió un libro de tipo moralizante que escandalizó tanto que le obligó a redactar otro para justificar que no quería en modo alguno igualarse a los varones, o Santa Teresa de Jesús, que utilizaba conscientemente el estilo sencillo para ocultar su sabiduría a los inquisidores. Las monjas son las que mejor educación recibieron y, en algún caso, pudieron manifestar, con reservas y matices, ideas de corte feminista, como Sor Juana Inés de la Cruz. La literatura que no era moralizadora no debía ser consumida por las mujeres porque sólo incitaba a pecar (aunque leer a Garcilaso de la Vega, por ejemplo, era pecado venial) con sus malos ejemplos, sobre todo la que mostrara a una mujer activa y con voluntad propia en el terreno amoroso o en la vida diaria, pero como a veces se las arreglaban para leer lo que les entretenía, muchas obras se vertieron "a lo divino" para remediar el desaguisado.






                                                                     Sor Juana Inés de la Cruz (México)



                    Con el paso del tiempo, algunos libros de instrucción femenina llegaron a verse más bien como un peligro, lo que provocó su parcial desaparición. La mujer instruida no interesa porque ponía en peligro la obediencia debida al marido y con ello podría tambalearse el orden social establecido. El manual El espejo de la perfecta casada de Alonso de Herrera es el que más se utiliza, pero son los sermones, el teatro y los textos de educación general los que instruirán a la mujer. Por otra parte, mujeres que no vivían en conventos empezaron a quejarse de la situación en que se encontraban, como Mariana de Carvajal o María de Zayas, que ya hablan de igualdad intelectual, aunque probablemente no se trataba tanto entonces de ideología sino de lograr su objetivo literario: contar historias de otra forma persiguiendo un modelo de género, algo que continuó hasta el final del siglo XIX. Moralistas como el Padre Astete, criticarán los bailes de la época -que iban acompañados de letras muy fuertes y formaban parte también de las obras teatrales-, por indecentes y lascivos, y para inducir a la buena conducta escribió su catecismo cristiano. Aunque el teatro proyecta la imagen de una mujer libre, aparece sometida a las costumbres morales de la época, teniendo como modelo a la iletrada. Algunas obras eran auténticos manuales de instrucción en vivo y en directo, porque se consideraba que la felicidad no debía ser novelable y sólo servía para la poesía (por su estatismo). Molière satirizó a las mujeres sabias, burlándose de ellas y mostrando que la sabiduría no era consustancial a la naturaleza de la mujer, aunque hoy se cree que la intención del autor, dada la mentalidad más adelantada de su país, quizá no sea tan evidente y clara. Si bien es cierto que en el Renacimiento se comprendió la capacidad intelectual de la mujer, en el Barroco se llega a la esperpentización convirtiéndolas en despreciables, así que la mujer, en su mayoría, lo que aprende es que es mejor no instruirse para no llegar a convertirse en ese prototipo ridículo: se habían convencido de que el problema estaba en ellas mismas. El hombre y la sociedad habían conseguido su objetivo.








                     La novela picaresca reflejó muy bien el mundo de valores en que surge el género y el lugar que ocupaba la mujer en esa sociedad. El protagonista de estas novelas (obviando la versión femenina del personaje) es un hombre con la visión de la vida real del autor, desengañada y pragmática, en la que el amor no existe y el matrimonio por interés económico sólo se lleva a cabo como la mejor forma de medrar. En este contexto negativo, la mujer aparece en un plano superficial, peyorativo, y también utiliza el engaño para sobrevivir. El género es realista, pero también didáctico y moralizador. Si en el Lazarillo de Tormes, por contenido y brevedad, la mujer apenas tiene relevancia, en la novela que se ha considerado el primer best seller de la historia de la literatura española, El Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, se presentan las características de la mujer "educada" en su papel social para evitar ser el peligro del hombre. El autor (descendiente de judíos conversos, no lo olvidemos), posee el mismo concepto misógino de la  mujer que conviene y así lo desarrolla en el argumento contando su vida: su primer matrimonio es pactado por dinero, vende después a una esclava morisca, y a su segunda mujer la "coloca" en su beneficio, aunque parezca arrepentido a continuación: al fin y al cabo, el mundo barroco es un claroscuro, se enseña el vicio pero la moraleja es evitarlo si se puede (o si el natural cinismo barroco deja) y el hombre puede tener a la vez dos papeles contradictorios, de burlador del honor ajeno y defensor del propio:


                   "Nunca me pasó por la imaginación considerar que aquel sacramento lo debiera procurar para sólo el servicio y gloria de Dios perpetuando mi especie, mediante la sucesión; sólo procuré la delectación".

       
                El antifeminismo de la picaresca barroca está condicionado por tanto, por la época y el ambiente de la Contrarreforma, más que por tradiciones previas de los cuentos medievales o de los novelistas italianos. Por eso, la aparición de una mujer virtuosa será excepcional, y de ahí que los niños nacidos de mujeres deshonradas vivieran en la miseria, abandonados, o entregados a la Cofradía que pagaba a familias para que los acogieran y los trataban fatal, empleándolos como criados semi-esclavos, futuros pícaros reales y literarios. El matrimonio será visto como una concesión a la flaqueza humana y la lección será inevitable: el hombre está mejor solo. En el Guzmán, se observan estos aspectos ascéticos cuando el protagonista habla de sus padres: obsesionado con la hermosura de la mujer, al padre le da igual que sea la querida de otro, no hay afectividad en ninguno de los dos, y por ello recibe su castigo con el desengaño y la muerte. Las mujeres son codiciosas y se sirven del matrimonio -que sólo es un contrato- para conseguir sus fines. El origen de Guzmán es, pues, la carencia de amor. El pícaro estaba predeterminado a no escoger ni sabiamente ni bien, porque tenía que ser un ejemplo de cómo no había que vivir, y esta novela es una artística mezcla de narración literaria y aspectos de la realidad y de la tradición.






                  En el Guzmán, la mujer engaña siempre. Sólo hay una excepción: el episodio en que aparece la esclava, que se enamora perdidamente de él y nunca lo engaña. Sólo le importa al pícaro la belleza de las mujeres y el provecho que puede sacar de ellas. Ni siquiera habla bien de su madre, porque "la mujer que a dos dice que quiere, a entrambos engaña" y "della no se puede hacer confianza" y, efectivamente, lo deja solo tanto de niño como cuando salió de la cárcel, ya adulto, "ni mi madre me acompañó ni quiso verme". Son unos hechos que relata con amargura y que lo marcan para siempre. Hasta su primer matrimonio, es burlado constantemente en sus aventuras amorosas sin amor, llegando a jurar que no volverá a tener relación con ellas, cosa que no cumple, incluyendo a la viuda aragonesa, porque, en Zaragoza, dice, "las damas della incitaban"... Son amores eróticos, juveniles, con mujeres secundarias. Todos sus encuentros amorosos con las mujeres están condenados al fracaso, hasta que llega su primer matrimonio con la hija del mohatrero, que le origina una dolorosa experiencia de la que culpa a su mujer. Es un matrimonio-negocio que se realiza por dinero, principal motor de las acciones de los personajes. Desde el punto de vista social, el dinero tiene la misión liberadora de independizar a los hombres, pero a la vez es el obstáculo principal de las relaciones humanas. El dinero está por encima de la amistad, de los lazos familiares y del amor. Mateo Alemán asiste a la bancarrota de la burguesía española, se ceba en sus vicios y en las huellas que dejan en una sociedad materialista. Se casa con una mujer sin nombre y tampoco se casa él, sino que un mohatrero "casóme con su hija". El contrato se establece así:


                             "Prometióme con ella tres mil ducados.
                              Dije que sí.
                              Tratáronse los conciertos y efectuáronse las bodas.
                              Ya estoy casado, ya soy honrado".


              Guzmán y su compinche suegro se dedican a agenciarse haciendas ajenas, hasta que empieza a tener problemas con su mujer y se siente engañado nuevamente: "padecí con mi esposa, como con esposas", y, tras su fallecimiento, se siente fracasado y cree que su matrimonio sólo ha sido una cruel experiencia. A partir de entonces, se introduce en el mundo de la teología hasta que aparece una nueva mujer con un nombre engañoso, Gracia, cuyos ojos lo enamoran inicialmente para después "volverse contra las almas". Comienza un camino recto por el que lo deja todo, sus estudios y la capellanía, pero su esencia lo traiciona al poner precio a su mujer y ansiar dominarla, como había hecho la primera con él. Pretende manejarla como un objeto, cosificarla, porque a él sólo le interesa vivir bien. El lector se sorprende cuando comprueba que ella entra en el juego de su conversión en prostituta sin protestar en absoluto de un trabajo al que se habitúa en contra de lo que indicaba su inocencia inicial. Hasta este punto llega la crítica de Mateo Alemán. Los dos tienen la misma naturaleza malvada, pero la mujer debe quedar en peor lugar que el hombre, que es abandonado y sustituido por otro: se ha mostrado vengativa y ha deshonrado a su marido, por lo que la conclusión es obvia: "parecióme que solo iría mejor que mal acompañado". Tal vez lo que nosotros podemos extraer del relato es la expresión velada de la inteligencia de la mujer... El autor se mueve entre dos aguas: el pícaro no es trigo limpio y las mujeres empiezan  a saber defenderse. La gradación en las terribles experiencias y aventuras del pícaro deshumanizado no puede tener otro final climático. El pícaro se encuentra solo y pobre, y sigue robando. Entra al servicio de una mujer que tenía una esclava blanca con la que tiene la última relación. Tras ser llevado a la cárcel, esta mujer es la única que va a sentir ternura por él, que se mantiene indiferente. Es el resultado de su "educación" por el mundo (observemos, en todo caso, que la esclava carecía de libertad...).



                    Un caso diferente, en apariencia, es el de la matrona romana Fabia, señora principal y joven que permaneció fiel a su esposo, pero en el fondo se fingía rendida para burlarse después. La mujer es débil por naturaleza y recurre a las únicas armas del débil: astucia, hipocresía y engaño. Es una mujer virtuosa y honrada pero mujer al fin y al cabo, llena de malicia de la que no puede escapar. Intercaladas, al gusto de la época, como relatos al margen de la narración general, hay que tener en cuenta los cuatro relatos que también tienen como base a la mujer y cuentan una historia de amor con el mismo propósito: "deleitar aprovechando", denunciando la falsedad del honor como opinión y la influencia de la pasión en el ejercicio de la justicia. El punto de unión con la narración principal radica en los desenlaces con el motivo del premio o el castigo que para el pícaro representaban un ejemplo alentador o un aviso. Los cuatro tienen como tema común el amor, aunque visto desde enfoques distintos. El amor puro aparece en "Ozmín y Daraja", con una visión estilizada de la realidad en la que se lucha por la felicidad del encuentro inseparable con enorme finura, delicadeza de sentimientos y ausencia de palabras soeces y expresiones vulgares propios de la picaresca. Sin embargo, se ponen de relieve la maldad humana, el pesimismo, el desengaño y las reflexiones morales. El amor cortés se representa en "Dorido y Clorinia". El amor adúltero aparece en "El Condestable de Castilla", y la violencia carnal se refleja en "Bonifacio y Dorotea", narración más centrada en la caracterización de la psicología femenina. Se narra cuando Guzmán vuelve a España en un barco. La tempestad que se produce en el mar la interpreta como justo castigo de Dios por sus pecados y reconoce que su forma de vida lo merece. Dorotea es el prototipo de la mujer piadosa, profundamente casta y fiel, educada en un convento que abandona contra su voluntad, exponiéndose a los enemigos de la virtud: el mundo, el demonio y la carne, tres fuerzas poderosas y difíciles de vencer, a las que el autor hace proceder de otra fuerza arrasadora: el destino, pero ella permanecerá como "fortísima peña inexpugnable". Sólo cuando el engaño la pone en una situación en extremo dificultosa, se rinde a la tentación. En definitiva, no deja de mostrarse "mujer" y consiente en pecar, porque:


                                           "Era sola, mujer y flaca"


     La intención del autor es poner de relieve la doblez de la mujer, aun de la más virtuosa, para justificar la aparición de las críticas y los juicios desfavorables, demostrando lo que es norma en esta novela, en la literatura y en la vida:


                         "Su nombre traen consigo: mujer, blanda excepto de condición"


      Otro de los personajes, Sabina, presenta una psicología diabólica, brujeril y hechicera. Naturalmente, es mujer. Esta esclava berberisca, mezcla de agudo ingenio y astuta maldad, no pudo por menos que dedicarse al engaño y goza cuando contempla la corrupción de la inocencia.



        Mujeres peligrosas del ayer.

        Mujeres peligrosas y maltratadas de hoy...




                                                                     S.O.S.  ( Mayte Martín con Falete)