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martes, 30 de abril de 2019

AMPARO AMORÓS





                                                    SONETO PARA ACABAR UN AMOR




                                                  He quemado el pañuelo por si acaso
                                                   se pudiera tejer de nuevo el lino.
                                                  Le sobra la mitad del vaso al vino
                                                  y más de media noche al cielo raso.

                                                    Tenía que pasar esto. Y el caso
                                                es que estando yo siempre de camino
                                                  y estando tú parada, no te vi y no
                                                me ha cogido el amor nunca de paso.

                                                 Puede que salga a relucir la historia
                                               porque nunca se acaba lo que se acaba,
                                                 que se queda a vivir en la memoria.

                                                Echa a andar el amor que te he tenido
                                                 y se va no sé dónde. Donde estaba.
                                                 De donde no debiera haber salido.


                       
                                                                            Manuel Alcántara






                                            Algo más que lluvia fina cayó el Jueves Santo en Málaga para disgusto de los hombres de trono que observaban continuamente el horizonte por el que circulaban incesantemente oscuros nubarrones amenazadores. Tanto inusual aguacero borró la ilusión de los que conocemos bien la exquisitez, elegancia y finura de los desfiles procesionales malagueños. Quizá lloraban por la muerte el día anterior de uno de los grandes andaluces, el escritor, periodista, y uno de los más significativos poetas de la llamada generación de los 50, Manuel Alcántara, quien recibió todos los galardones periodísticos y fue Premio Nacional de Literatura por su poemario Ciudad de entonces, dedicado a su querida Málaga, de donde era Hijo Predilecto y Doctor Honoris Causa por su Universidad. Premio de la Letras Andaluzas y Medalla de Oro de Andalucía, este año fue proclamado Autor del Año en Andalucía. Decía: "No he querido ser más que dos cosas en mi vida, poeta y articulista. A todo el que me dice que no tiene tiempo para leer le digo que podía ahorrarse la confidencia: se le nota". Y efectivamente, en palabras de su amigo José Luis Garci, su prosa nace atravesada por una flecha de poesía. Durante los últimos años, escribía su columna diaria para el diario "Sur" desde el azul picassiano del Rincón de la Victoria, abrazado al mar, a la playa y a la belleza: "El mar me produce un estado de hipnosis. Es enigmático, siempre distinto e igual. La comprobación de la radical soledad del ser humano. Fulge el sol vitalicio de Málaga, miro el mar. El mar. Con mirar el mar y leer las Coplas de Jorge Manrique ya se sabe todo lo que hay que saber". Con sus casi treinta mil artículos, es considerado uno de los mejores referentes del oficio periodístico y se le ha calificado como un "boxeador del lenguaje" (deporte que conocía muy bien desde niño) por el virtuosismo y contundencia de sus columnas. Manuel Vicent declara que aplicó la técnica del combate a su prosa: chispeante, sorprendente, imprevista... Por eso una de las claves de sus crónicas es el detalle, el trazo impresionista, rápido, sucesivo, la exacta designación léxica, siempre con una mirada cervantina humana y escéptica.










                           Los textos del malagueño son literatura, ni más ni menos, una literatura personalísima que combinaba distintos géneros y mostraban una preocupación por el cuidado del lenguaje: enseño a andar palabras. Su obra poética muestra los rasgos de identidad que lo caracterizan: el conocimiento, la comunicación y la temporalidad, que lo sitúan en la denominada generación de los niños de la guerra, junto a otros grandes como Ángel González, Gil de Biedma, Carlos Barral, J.A. Goytisolo, María Victoria Atencia, Claudio Rodríguez y José Ángel Valente. Ecos del último autor y también aires mediterráneos se cuelan en los poemas de la valenciana Amparo Amorós, una de las autoras más destacadas de la lírica española de los últimos años, mi amiga de madrileños tiempos inigualables. Tras la concesión del Accésit al Premio Adonais de Poesía (por Ludia), ofreció unas declaraciones a "Heraldo de Aragón" en las que me explicaba su concepto de poesía: La poesía son unas pocas palabras que salvan de morir, así como su cercanía a Eliot, Rilke, Hölderlin y Saint John Perse. Amparo es una poeta excepcional que representa la depuración de la experiencia, de la belleza que se transforma en música o en silencio, en fogonazo estético. Evita el barroquismo sin renunciar al juego preciso y sereno, de delicada sutileza y refrescante hondura, así como de una transparencia perturbadora. El sentimiento de la naturaleza es una de las notas que definen el poemario Árboles en la música, unos "árboles" que crecen en "un paisaje interior que canta". Así, los larguísimos poemas nacieron en el ámbito acogedor de unas composiciones musicales. Se proponía una poesía del pensamiento poético, de ideas poéticas, una música de las ideas. Amparo Amorós es poeta de contención expresiva, de palabra precisa, de exactitud persistente, de inteligencia intensa.










                                La rebelde locura de apostar por un sueño



                                 Reclamas horizonte que te finja futuro
                                 y espacio en lejanías presto a tus esperanzas,
                                 necesitas zozobra para sentirte seguro
                                 y fundo en tempestades naufragios y bonanzas.
                                 Amor, si en la quimera de un imposible agotas
                                 el vuelo condenado de tus dos alas rotas
                                 conserva esa inocencia que una utopía alienta,
                                 no creas que es inútil lo absurdo de tu empeño,
                                 porque esa terquedad de la vida alimenta
                                 la rebelde locura de apostar por un sueño.











                        Amparo Amorós escribe además ensayo, artículos periodísticos y de crítica literaria en revistas y otros soportes culturales. Ella los denomina textos "segundos" o "marginales", son el contrapunto que necesita a su labor poética. Su ensayo sobre el pensamiento de María Zambrano y sus estudios sobre José Ángel Valente o Jaime Siles la colocan en un lugar preferencial entre los autores que reflejan la denominada poética del silencio, corriente poética de importante calado en escritoras de los últimos años que no había sido suficientemente reconocida hasta la celebración hace unos meses en Córdoba de un Seminario centrado en las poetas del último cambio de siglo, cuyos antecedentes se remontan a las místicas de los Siglos de Oro y que contó con especialistas como Ángeles Hermosilla y María Rosal junto a algunas representantes de esta modalidad lírica como Ada Salas, María José Flores y por supuesto, Amparo Amorós, sin olvidar a las más jóvenes y prometedoras como Yolanda Ortiz o Ana Patricia Moya, entre otras. Así, esta tendencia cultivada por Ungaretti, Robayna o Valente se ha estudiado en su totalidad, es decir, analizando de forma igualitaria las aportaciones femeninas llenando los vacíos que existían. Algunas poetas han explorado un camino distinto de expresión del yo, a través del silencio, noción que se ha asociado a un discurso patriarcal, pero también a la mística y a una escritura basada en un pensamiento de oposición entre lo masculino y lo femenino que está más presente en las mujeres, poniendo el acento en el significado de lo secreto y que pretende subvertir el sistema patriarcal imperante. Por eso el lenguaje callado no significa dejar de hablar, sino crear un discurso que cuestione el orden vigente.











                           Quevediana es un poemario presidido por un tono lúdico con grandes dosis de humor. Intimista, reflexiva, atenta a la dimensión lírica que poseen los hechos cotidianos, Amparo Amorós se esfuerza en hallar un cauce expresivo adecuado para reproducir la lucha entre razón y sentimiento. En Las moradas, obra de madurez intelectual y dominio de las técnicas versificadoras, recupera el soneto despojándolo de la carga satírico-festiva de los quevedianos, sometiéndolos a constantes experimentaciones formales. Homenajea a Santa Teresa de Jesús, cuya fortaleza encastillada en su morada interior supone un precedente del refugio de Amparo en su morada de papel y tinta, y una tensión incesante entre el esfuerzo por despegarse de lo material y la necesidad de la cotidianidad, entre pasión e inteligencia. En este poemario también traduce sonetos célebres de la literatura universal, de Baudelaire o Nerval, por ejemplo. De sus textos quevedianos, segundos o marginales, quizá menores en su exigencia de perfección misteriosa y sutil para la autora, recojo dos sonetos que no por evidente levedad y alcance, constatan la minuciosa arquitectura que sustenta el edificio del esperpento abundante:











                                Soneto burlesco a un bocazas cobarde


                                     Pecas de lameculos genuflexo,
                                     de sórdido y baboso halagador,
                                     de eunuco en el cerebro y en el sexo,
                                     de perro ladrador no mordedor,

                                     como el enano de la venta tienes
                                     tronante voz de bravucón airado
                                     mas, llegado el momento, no te atreves
                                     a dar la cara en caso tan menguado.

                                     Más bien risa me das cuando alardeas
                                     de comemundos y quebrantahuesos
                                     siempre que no hay peligro ni ventaja
                                     porque, entre tanto, los calzones meas
                                     temiendo garrotazos tentetiesos
                                     del gran señor Poder que te rebaja.




                            Soneto a un mancebo masoca amigo de la marcha
                                       comunicándole que causa baja



                                      Lo malo de ti, amor, es que te gusta
                                      la soga corta y el dogal al cuello,
                                      sufrir con los vergazos de la fusta
                                      y que al follar te corten el resuello.

                                      Lo peor es que gozas discutiendo,
                                      encuentras el reñir apasionante,
                                      y, según las señales que estoy viendo,
                                      no te dejas respiro ni un instante.

                                      Si la gresca continua te da morbo,
                                      un destemplado grito te estimula,
                                      el acíbar lo apuras en un sorbo
                                      y te excita vivir como una mula,
                                      para novios no cuentes más conmigo:
                                      tú serás siempre mi mejor amigo.




                        Para Amparo Amorós, la poesía es un acto de afirmación y de libertad, un acto para el que no sólo hacen falta talento, creatividad e independencia, sino también riesgo, y el escepticismo y desdén necesarios para seguir escribiendo. Amparo me enseñó como nadie las moradas del alma y también a bucear hacia atrás, a encontrar la luz persistente de una tierra de promisión que no se extingue: la mía.
                               





                                                                Mayte Martín. Por la mar chica del puerto
                                                                                     (Poema de Manuel Alcántara)





             

lunes, 16 de julio de 2018

EL PERCHEL







                                         El día de la Virgen del Carmen es el santo de mi madre, el nombre más bonito que puede llevar una mujer, y uno de los distintivos más característicos de las gentes del mar, de los malagueños, y más en concreto, de ese barrio que contiene tanta poesía: El Perchel (o Percheles). Nunca me canso de recorrer uno de los barrios con más encanto y tradición de Málaga, ese ejemplo único de asentamiento hispanoárabe, que creció fuera de la muralla por su industria de secado del pescado que se colocaba en perchas, de ahí un apelativo tan auténtico, suave y delicado, que hasta suena a Málaga, la metáfora de una esperanza quimérica... En días como los actuales en que el ventoso e imposible terral arrasa con fuerza y pone el mar a temblar, veo a los percheleros felices, a su albedrío, sin sentido del tiempo, en tal compromiso con su libertad que raya en una obstinación casi simpática, transitando entremezclados con otras gentes en medio de un laberinto donde se cruzan todos los caminos del mundo. Los percheleros de raza se muestran orgullosos de que hasta el día de hoy se haya mantenido arraigado ese sentimiento de pertenencia al lugar en que nacieron, y es que crecer al margen de la ciudad ha generado un intenso sentido de la propiedad entre los vecinos, que ha convertido al barrio en referencia a lo largo de los siglos. También la industria de salazones marcó su carácter de espacio extramuros, ya que los malos olores que producía lo situó fronterizo al resto de Málaga para no sufrir las desagradables consecuencias de tales aromas...









                       El Quijote -el libro que contiene toda la vida-, no podía dejar de señalar en algunos de sus fragmentos las tierras malagueñas. Cervantes había viajado por el Reino nazarí de Granada y entonces conoció la fama de los vinos dulces de la comarca de la Axarquía, a los que alude en el capítulo VIII de la primera parte, cuando habla de que Sancho "empinaba la nota con tanto gusto", y Vélez-Málaga es citada por tres veces en la obra. El Perchel aparece mencionado en el famosísimo capítulo tercero "La vela de las armas", donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero:


                        El ventero..., por tener que reír aquella noche, determinó seguirle el humor; así le dijo... que él ansimesmo, en los años de su mocedad se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga..., y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies y sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas, y engañando a muchos pupilos, y finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España.


                   En las traducciones al inglés, El Perchel aparece como Fish Market en unas ediciones o Curing-grounds of Malaga en otras, o sea, Pescadería o Secaderos de Pescado de Málaga. El barrio también fue cantado por poetas. Así que los percheleros, como a veces nos pasa a todos, fueron durante mucho tiempo "los otros", los del lado allá del río Guadalmedina, los que vivían al día, los libertarios, los díscolos. Aprender a ser perchelero lo era a costa de la propia persona, hecha a todas las vicisitudes y carestías, y defender esa peculiaridad ciudadana por su origen acarreaba enormes dificultades para integrarse en la población intramuros. Por eso forjaron un carácter demasiadas veces a la defensiva. Cervantes muestra una tipología más cercana a la picaresca y a la escuela de vida de la calle. De la idiosincrasia del perchelero algo queda, sin duda, y si no, hablen ustedes con algún vecino de los de toda la vida, y aprenderán su esencia, su historia, su vida. Y si no, relean la que a Cervantes le parecía la mejor de sus novelas, Los trabajos de Persiles y Segismunda, por cierto, entretenidísima, llena de naufragios, bandidos, piratas y hasta de icebergs, y por allí desfila un personaje cautivo de los moros con un compañero que dice: "Nos cautivamos juntos porque yo cautivé en Alicante en un navío de lanas que pasaba a Génova: mi compañero en los Percheles de Málaga, donde era pescador",... ¡piratas por Málaga!.







                        Los percheleros han tenido la suerte de ser los que han vivido más cerca del mar, y eso también ha conformado una personalidad única y diferente, siendo como es la malagueña la más genuina entre las andaluzas, por lo que he podido experimentar. El mar, no cabe duda, imprime carácter y unas costumbres y tradiciones muy particulares. A los percheleros les ha gustado disfrutar de la vida siempre que esta, claro es, se lo ha permitido. Cómo explicar de otra forma el nacimiento de la figura del chulo de barrio, el "guapo", una especie de amo o jefe de la calle que mandaba sobre todos. Cuando se ordenó el derribo de las murallas árabes de la zona sur, por donde discurriría la Alameda Principal, malagueños y percheleros se veían como extraños. Tardó en producirse el acercamiento. La aparición de la nueva burguesía ciudadana y las reivindicaciones obreras populares propiciaron esa comunicación y avenencia. Todos querían pasarlo bien en las fiestas (profanas y religiosas) del Perchel y a la vez vigilar movimientos peligrosos de los corralones del barrio, el único precisamente que no había nacido a partir de la construcción de una iglesia o convento (como La Victoria, Capuchinos o la Trinidad), porque estos monumentos e instituciones aparecieron más adelante, como el convento de San Andrés, que sirvió de prisión al general Torrijos y sus hombres antes de ser fusilados en las playas de El Bulto, o, cómo no, la iglesia y convento de El Carmen, entre otros muchos destacables.






                                                                   Pintura malagueña. José Moreno Carbonero



                          El periodista Julián Sesmero ha realizado una exhaustiva recreación histórica con un estudio profundo y detallado de este barrio (junto a otros de la ciudad), destacando su origen antiquísimo, heredero de la industria de salazones de la Málaga fenicia, que se situaba en lo alto de la Alcazaba. Parece ser que esta condición de barrio se remontaría a la presencia romana en la ciudad, lo que documentan los hallazgos arqueológicos que avalan esta teoría, aunque la dominación hispanoárabe fomentó el desarrollo urbano e industrial perchelero. Siempre, por supuesto, a las afueras, porque los árabes, tan exquisitos, "no querían esas pestilencias tan cerca", así que El Perchel quedó relegado durante ocho siglos al otro lado del río Guadalmedina. Aunque se dice que el barrio poco tiene que ver con el que fue, todavía hoy podemos encontrarnos con algunas casas tradicionales y sus antiguas calles y, aunque se echen de menos rumores musicales, alborotos y algarabías, bullicio y ruidos varios, no faltan las veladillas, los sones procesionales, bulla en el mercado al que todos vamos y jaleo alegre en esos lugares recónditos donde todos comemos un potaje perchelero y bebemos mientras se huele el mar...






                                                                                 Pepita Durán (bailarina)


                   En El Perchel han nacido personajes de mucho lustre e imperecedero recuerdo que trascendieron fronteras por su talento en diferentes ámbitos o profesiones, desde el obispo Armengual de la Mota hasta el pintor Moreno Carbonero, pasando por artistas como Pepita Durán o La Repompa. Pero la lista es amplísima: Francisco Hidalgo, Pepe Vargas, El Piyayo, Matías Lara, Paco Madrid, Pepe Mena, Juan Vargas, etc. Uno de los símbolos percheleros fue la Estación de Andaluces, que nació gracias a que varias familias como Heredia, Larios y Loring la fundaron para establecer la línea Córdoba-Málaga y le aportó a la zona una gran actividad comercial. Calles como Cuarteles (llamada así por el antiguo cuartel de los gurripatos de aviación), Ancha del Carmen, Callejones del Perchel..., mantienen el latido cotidiano de toda una ciudad. Lo mismo las casas de vecinos o corralones, aunque de ambos quedan pocos ejemplos. Por allí flotan Vírgenes al paso y levitan Cristos, alguno muy chiquito, emerge la historia, se mece la emoción y se confirma la certeza de que las murallas están para abrirse desde el monte hasta la playa, al corazón del amigo.


                                                     
                                                                                    Aznavour. She. Toi


                                 
 
                               

                   

lunes, 29 de enero de 2018

MÁLAGA... quien lo probó, lo sabe...





             
                              Málaga configura un espacio genuino y definitivo que posee todo lo que amo: un territorio vivo, abierto a las más intensas emociones, un estallido de placer reflejo de su origen y de la adaptación al progreso y a las más profundas necesidades, un exclusivo universo lleno de mensajes que esperan, imágenes que cuentan secretos, símbolos, retratos y representaciones que integran el relato de significados misteriosos y apasionados, los de un lugar que ha sobrevivido a todos los tiempos y que ahora nos invita a la ausencia del olvido, como un guardián que escondiera tesoros nunca imaginados... Mar, montaña, arte, historia, fiestas, aromas, espiritualidad, sentimientos..., una Málaga para cada momento, y sólo un instante: ahora. Como el que se vive en ese impresionante vergel de estilo paisajista inglés con plantas subtropicales y más de 150 años de historia, el Jardín Botánico de La Concepción, que transporta a otra dimensión anímica mientras se divisa la bahía desde su hermoso templete y se viaja a momentos románticos perfectamente recreados en el delicioso museo de muñecas. La Concepción representó el punto de encuentro entre ilustres artistas, aristócratas y políticos que paseaban por los atractivos y fértiles jardines, auténticos paraísos florales como la Finca San José, El Retiro, La Cónsula o el céntrico Parque con ejemplares vegetales de los cinco continentes, y donde, protegida por un enorme ficus, se encuentra la acogedora Casita del Jardinero. Desde otra perspectiva, las cubiertas del tejado de la CatedralLa Manquita, -que dispone de una sola torre porque suele decirse que el dinero destinado a su construcción se utilizó para ayudar a Estados Unidos en su guerra de Independencia-, las vistas de la ciudad resultan impresionantes. Los Baños del Carmen conservan esa estampa sentimental de principios del siglo XX: su blanco restaurante, mecido por las olas del mar que rompen junto a las mesas en una terraza rodeada por columnas, es uno de los lugares más especiales de Málaga, cuando el atardecer llega a su momento álgido con la puesta de sol más espectacular.Y para un soplo de relax, la esencia de los antiguos baños árabes de las termas Hammam Al Ándalus sumergen los sentidos en la atmósfera de la intimidad nazarí con sus aguas rituales a diferentes temperaturas. La decoración, digna de un emir, impregnada por el aroma de la biznaga y acompañada por los suaves acordes de la música andalusí, envuelven esta mágica experiencia en el hechizo de las llamas de las velas que evocan los relatos de las mil y una noches...








                    Manilva mantiene la tradición enológica malagueña. Si el tiempo lo permite, puede llevarse a cabo en su río una espectacular ruta de agua para gozar de los baños de la Hedionda, el Charco de la Paloma o la Charca del Infierno, o, tal vez, descubrir el Cañón de las Angosturas, que, efectivamente, hace honor a su nombre. A otra experiencia enológica diferente invita la bodega El Porfín, en Yunquera, donde saborear ese mosto que elaboran sus propietarios entre  bóvedas dieciochescas, algo que también se aprende en el Ecomuseo Lagar de Torrijos, porque los festejos malagueños suelen celebrarse en torno a una buena mesa, y la tradición marca que una buena opción es acudir al Día del Mosto y la Chacina de Colmenar, para degustarlos al son de las bandas de música y verdiales, o también, a las Jornadas Micológicas de Cortes de la Frontera, y no perder la ocasión de recorrer los bosques y recolectar unas setas especiales.Y es que las localidades y paisajes malagueños transmiten verdad y una plasticidad atemporal que envuelve lo más profundo del que lo comparte en algo muy poderoso, como una pasión indesmayable evocadora de sensaciones llenas de riqueza vital, sensuales, ardientes, que destilan grandeza, como esas experiencias tan sólidas que marcan la diferencia porque son una cuestión de piel, un regalo para los cinco sentidos sobrecogedor, un tesoro amable y soñado de magnitudes y vivencias desconocidas que generan recuerdos y momentos felices, esenciales para comprender el alma y la cultura de quienes lo habitan. A veces, son zonas mágicas ocultas, en las que la naturaleza, acuosa y bella, se mezcla con la historia y la leyenda creando entornos únicos que incitan a la aventura de calidad, o donde respirar arte y silencio. Decía Ulises que el viaje no debiera terminar nunca. Málaga ofrece eso, un sueño alcanzable, -aunque quizá en ocasiones lo distinto cueste comprenderse-, porque cuando el viaje ha terminado, no sólo el alma se queda, te quedas tú, y es entonces cuando el viaje no acaba. Para conocerla como merece, tendríamos que vivir dos vidas y aún así siempre nos quedaría un amanecer que desnudar o un atardecer que no se repetirá. Málaga se descubre poco a poco, como ocurre con lo mejor de la vida, porque en cada paso hay algo que emociona...




                     En Algarrobo, existen numerosas rutas de senderismo -un activo que ya trasciende fronteras-, pero una de las más atractivas es la del Castillo Benthomiz, antigua fortaleza árabe que se levanta sobre la corona del cerro del mismo nombre. Las más de dos mil especies del acuario de Benalmádena asombran por la labor de protección y conservación del mundo marino que se ha llevado a cabo en él, aunque si además subimos al Monte Calamorro en el teleférico descubrimos vistas inéditas y la fauna de la zona y, cerca, el mariposario nos permite soñar que los colores vuelan... Los enclaves arqueológicos son excepcionales, como el de Torrox, donde la zona del Faro la componen una villa, una factoría de salazones, unos hornos de producción alfarera, una necrópolis y unas termas, y en Torre de Benagalbón, un yacimiento romano de los siglos VIII-III a.c. ha sido declarado Bien de Interés Cultural. El Torcal de Antequera, conjunto kárstico protegido como paraje natural, es sin duda una de las joyas geológicas, yo diría que nacionales. Me ha sorprendido conocer que los caminos que conducen a Alfartanejo, con tajos calizos y el monumental olivar cerca del Pulgarín Bajo, son denominados "Pirineos del Sur", apelativo que me enorgullece aún salvando todas las distancias de la comparación... Si transitamos por el Caminito del Rey (punto emblemático del patrimonio cultural y turístico), tan de moda, percibiremos ecos históricos singulares en las Necrópolis de las Aguilillas, las ruinas de Bobastro o la ermita de la Virgen de Villaverde. En las Thermas de Carratraca, sus aguas de manantial proporcionan el mismo bienestar que el que brinda el restaurado Convento de la Magdalena del siglo XVI, en Antequera. Otros mundos insondables ofrece el Observatorio Astronómico de Yunquera, lo mismo que el Centro de Ciencia Principia de la capital. El mundo de nuestros antepasados se muestra al completo en La Algaba de Ronda, antigua finca reconvertida en un espacio ecológico, científico, arqueológico, educativo y familiar. Para disfrutar desde el aire, nada mejor que un paseo en globo por Antequera y Ronda, o a ras de tierrra, por qué no, una jornada de barranquismo en el Cañón de las Buitreras, una grieta con paredes verticales de más de cien metros de altura y estrechamemientos a los que apenas llega la luz, puede colmar el espíritu más aventurero. Como a mí me gustan tanto las tradiciones, recordaré, entre muchas, el Certamen de Pastorales en Benaque, que conmemora el nacimiento de su vecino más ilustre, el escritor Salvador Rueda.






                                                                               Caminito del Rey



                   Málaga conserva intactas sus raíces históricas. En tiempos remotos fue testigo de los orígenes del hombre y de la cultura mediterránea, y hoy se ha convertido en la primera potencia de la industria turística andaluza al tiempo que mantiene viva su tradición de tierra creativa y cosmopolita. Se ha situado en 2017 como el destino urbano que más crece por delante de las principales ciudades españolas. Y en ello ha influido significativamente la posibilidad de efectuar innumerables recorridos por espacios interiores ya consolidados, o en proyecto, como la denominada Senda Litoral, que va inaugurando paulatinamente sus tramos en la granja costera y completará el itinerario circular de la Gran Senda de Málaga, que conecta la totalidad de la Costa del Sol a través de un recorrido de más de 650 kilómetros, 35 etapas y 51 municipios. El Bosque de Cobre recorre los castañares de la Serranía de Ronda y de Sierra de las Nieves, mientras que Birding Málaga permite la observación de aves en espacios inverosímiles. El sendero del Caminito del Rey atraviesa una impresionante garganta kárstica, entre los embalses del Guadalhorce, Conde del Guadalhorce y Guadalteba y se ha rehabilitado dado el deterioro que presentaba, pues se construyó a principios del siglo pasado como vía peatonal para los trabajadores encargados de la presa del Conde del Guadalhorce, aunque su denominación corresponde al paseo inaugural del embalse, que hizo el rey Alfonso XIII en 1921. Se adecuaron los cuatro kilómetros que recorren el Caminito, especialmente de la pasarela de 1,2 kilómetros, a cien metros sobre el río Guadalhorce. Una nueva se ha construido con paneles de madera sobre la original, fijados a la roca con anclajes metálicos; en un tramo se incluyó suelo de vidrio para poder observar el desfiladero y el trazado original. Pero no me quiero olvidar de Benaoján, con la "Cueva del Gato", BIC de la Sierra de Grazalema, y la gruta "La Pileta", de gran interés prehistórico; Casares, localidad natal de Blas Infante, con el cercano paraje natural de Sierra Crestellina; Sierra Bermeja, de importancia geológica y biológica, o de la "Ruta de la Pasa", Patrimonio Agrícola Mundial, con poblaciones que poseen museos temáticos que giran en torno a la pasa. Y, sobre todo, la Sierra de las Nieves, Reserva de la Biosfera, que será pronto el tercer Parque Nacional de Andalucía (tras Doñana y Sierra Nevada), una de las comarcas con mayor valor ecológico del territorio nacional, con Yunquera, Istán, Ojén... con sus parajes de quejigos, pinsapos, peridotitas, cabras hispánicas y antiguas costumbres, que convierten a esta sierra en un enclave de especial valor. En ella se sitúa el pico de La Torrecilla, el más elevado de Málaga con 1919 metros de altitud y se celebran fiestas como el festival de la Luna Mora, que en Guaro a la luz de las velas conmemora ese guiño al entendimiento entre culturas, como ocurría en Al-Ándalus.






                                                                     Yunquera  (Sierra de las Nieves)



                       ¿Quién no conoce Ronda? Historia, naturaleza y enología son los pilares fundamentales de esta ciudad monumental. Yo me quedo con el romanticismo que desprende, sobre todo por la coqueta plaza de toros del siglo XVIII de la Real Maestranza de Caballería que -hasta los no taurinos, estoy segura- sabrán apreciar. En su arena se sienten vibraciones insólitas, algo así como en otras plazas apenas conocidas, como la hexagonal de Almadén, la cuadrada de Santa Cruz de Mudela, la formada por viviendas que circunvalan un ruedo como la de Tarazona, alguna otra asímismo diferente, o la propia Malagueta, donde el sinuoso vuelo de las gaviotas sobre toro, torero y espectadores con olor a mar producen la más bella de las fantasías. Ronda posee vestigios prehistóricos, romanos, árabes, majestuosas iglesias y sorprendentes obras de ingeniería que ya provocaron el asombro de Hemingway, Orson Welles o Rilke, que la bautizó como "la ciudad soñada". A 20 kilómetros puede visitarse lo que fue una importante ciudad romana, que precedió a Arunda, la que dio lugar al actual casco urbano. En Acinipo, las excavaciones han permitido encontrar una interesante estructura urbana entre los siglos I a.C. y III d.C., de tanta trascendencia que hasta tuvo potestad de acuñar moneda. Conocida como Cuevas de San Antón, esta capilla excavada en la roca es uno de los lugares más representativos para los rondeños. Es un templo rupestre construido entre los siglos IX y X para el culto cristiano por parte de los mozárabes, que nunca renegaron de sus creencias. Patrimonio, cultura y gastronomía definen a la ciudad -título otorgado por la reina regente María Cristina-, de Archidona, cuyas calles y edificios recuerdan la época dorada dieciochesca, aunque, como asentamiento, ya era conocida como Oscua, por los fenicios. Los romanos la denominaron Arx Domina, algo así como "Señora de las alturas", para algunos. El castillo del Cerro de la Virgen fue el origen de la actual ciudad. Cómo no destacar la Peña de los Enamorados, la que se describe en la famosa Leyenda de los Enamorados como trágico final de Tello y Tagzona. También alude a ella Camilo José Cela, en su polémica obra -vituperada en su momento-, La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona, que, en mi opinión, más que desprecio debería hacer sentir orgullo a los archidoneses porque no es frecuente que un Premio Nobel enfatice el nombre de un lugar antes bastante desconocido, a pesar de tantos atractivos como atesora, y lo convierta en protagonista. Eran otros tiempos...



                 


                                                                                     



                        Algunos territorios cercanos al mar, en este caso a la Costa del Sol, presentan paisajes más propios de zonas montañosas. Benahavís presume de un entorno natural diferenciador de otros más residenciales y de ocio, ubicado en la Serranía de Ronda y Sierra Bermeja, y por eso está considerado de Interés Ambiental. Estepona, por otra parte, recuerda su pasado histórico y su legado arqueológico en sus centros temáticos sobre la Prehistoria. Quedan vestigios en el casco urbano de las murallas del castillo de San Luis, como reminiscencias andalusíes que se vislumbran en sus calles o sus torres vigías, testigos mudos del devenir de su costa. El valor ecológico de la sierra Bermeja ha conseguido que quede protegido como paraje natural, gracias a una botánica llena de endemismos, entre los que sobresalen los apreciados pinsapos. La comarca más oriental de Málaga es la más variopinta y diversa: se trata de la Axarquía, donde las rutas por conocer son muy variadas, desde la del Mudéjar (que el lector no se pierda tampoco la aragonesa, con elementos similares pero también autóctonos), la del Sol y del Vino, la del Sol y del Aceite, la del Sol y del Aguacate, la de las Torres Vigías, la de los Tajos, o la de los Bandoleros. Por su singularidad histórica, sobresale la población de Macharaviaya, patria chica de Bernardo de Gálvez, que gozó de gran esplendor en el siglo XVIII, hasta el punto de conocerla como el "pequeño Madrid". Colmenar inauguró recientemente un curioso museo temático dedicado, cómo no, a la apicultura. En Torrox, las viviendas desafían a la irregular orografía distribuyéndose de forma escalonada, lo que permite disfrutar al visitante de una original imagen rural con un telón de fondo tan pictórico como el azul del mar... En la costa se percibe también la huella de la dominación romana, como lo demuestran la necrópolis y las termas halladas junto al faro. La antigua Clavicum, de gran importancia estratégica en la distribución de productos agrícolas y pesqueros, habitada entre los siglos I y IV, se menciona en el itinerario Antonino, que unía a las ciudades de Sexi y Menoba.




                        Frigiliana cuenta con uno de los cascos urbanos de origen morisco-mudéjar (el "Barribarto") mejor conservados de España, que transportan al caminante a otra época. Su Museo Arqueológico y el Jardín Botánico enorgullecen, con toda razón, a los habitantes de tanta maravilla. La zona oriental de Andalucía no sólo está formada por Málaga, sino que la complementan Jaén, Granada y Almería: es el legado del reino nazarí, el último bastión de Al-Ándalus, el conjunto de vestigios de un mundo formado por ciudadelas y recintos amurallados, de paisajes de contrastes y mares de olivos, un espacio histórico con ciertas peculiaridades que la diferencian de la Andalucía Occidental. Estas ciudades constituían una subregión en el siglo XIX en torno a Granada, ya que se unían dos zonas geográficas que estuvieron bien diferenciadas en los Reinos de Jaén y de Granada. Este emplazamiento tuvo y tiene un valor estratégico fundamental por su ubicación entre el Mediterráneo y la Meseta, por lo que ha sido codiciada por las civilizaciones más importantes: fenicios, tartessos, íberos, griegos, romanos o árabes se dieron cuenta no sólo de la riqueza mineral y agrícola sino de la importancia para sus conexiones con el interior de la Península. En pocos sitios del mundo se puede disfrutar de las nieves de Sierra Nevada, de un conjunto kárstico como el del Torcal de Antequera, de los grandes bosques de los parques naturales de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas o del desierto de Tabernas. Y el mar, al fondo, pero muy cerca... Y, por fin, uno de los lugares más vírgenes del sur de Europa, la última selva, un ecosistema sacado de otra época con un clima subtropical que permite la existencia de especies vegetales del terciario que no se encuentran en ningún otro lugar del continente: el Parque Natural de los Alcornocales. En sus 70 kilómetros de norte a sur y 40 de este a oeste, en territorio gaditano y malagueño, no existe ninguna población, manteniéndose las viejas fronteras musulmanas durante siglos. La única zona habitada que permaneció fue La Sauceda, abandonada tras la Guerra Civil. Hoy, los que se adentran en la humedad perenne se alojan en cabañas sin electricidad para gozar en pleno corazón de una selva mediterránea. Sus bosques se pierden entre la niebla y el paisaje se viste de verde intenso (a mí me recuerdan a panorámicas norteñas), donde helechos andaluces como los rododendros sobreviven en peligro de extinción, los fresnos crecen robustos y el laurel ofrece su aroma. En las partes más secas, caza insectos la drosóphila, una planta carnívora endémica de la península y Marruecos. Cualquier ruta por este parque se convierte en la mejor forma de fusionarse con el silencio ascético y la vida de una selva en estado puro.






                                                                                       Frigiliana  



                 ¿Hablamos de gastronomía? Según los expertos, los visitantes que realizan itinerarios gastronómicos en Málaga constituyen uno de los segmentos de mayor proyección para este territorio, con una tendencia a la evolución hacia la alta gastronomía o a la relacionada con la salud. Por eso se pretende fomentar la inversión en este proceso, potenciar la excelencia en la singularidad, identidad y autenticidad de los productos y su elaboración que promocionen y den imagen de marca a la que ya posee Málaga por tantas razones que sabemos. Al fin y al cabo, la gastronomía es un valor diferenciador que ofrece experiencias inolvidables a todo aquel interesado en la alimentación en todos sus aspectos. Es un patrimonio "inmaterial" que apela al lado más emocional del que visita un lugar, y lo convierte en un destino no intercambiable e irrepetible. "Sabor a Málaga" ha comenzado a proteger y a impulsar la comercialización dentro y fuera de Málaga de productos artesanales que respetan la tradición gastronómica, reforzando así la imagen global de los alimentos de mayor calidad. Actualmente, muchos productos malagueños se hallan protegidos con denominaciones de origen. En una línea similar trabaja la asociación La Carta Malacitana, que promueve el consumo de productos locales y la difusión de la soberanía alimentaria, de valores asociados al consumo sostenible y hasta del papel de la gastronomía en la enseñanza pública. En la Escuela de Hostelería de La Cónsula se han formado algunos de los cocineros más relevantes de España. Allí, en Churriana, también permaneció Hemingway escribiendo El verano peligroso o Gerald Brenan, autor de El laberinto español. Muy cerca, el Museo Nacional de Aeropuertos y Transporte Aéreo relata la historia de la navegación aérea en la antigua terminal del Aeropuerto.




                     La cocina tradicional se ha revisado con cariño y máximo respeto a la calidad de los productos locales en las últimas oleadas de la alta cocina malagueña. El Mediterráneo, la montaña, las fértiles vegas o las dehesas forman parte del variado paisaje malagueño, lo que se traduce en platos y productos muy dispares. Málaga cuenta con productos agropecuarios muy singulares y autóctonos, como el olivar verdial, la manzanilla aloreña, la zanahoria morá o la miel de caña. Además de la elaboración de vinos, de las uvas malagueñas han salido bebidas espirituosas tan famosas como el Ojén, un aguardiente que ahora recibe su merecido tributo en el mismo pueblo donde se creó su misteriosa fórmula. De su pasado andalusí, Málaga ha heredado un importante bagaje, así que muchos de sus platos y dulces apenas han variado a lo largo de los siglos. Hasta nuestros días perduran numerosas recetas que mantienen la esencia de lo tradicional, como potajes, sopas y otros guisos de cuchara. Hay platos exclusivos de esta tierra, como el gazpachuelo, el caldillo de pintarroja, las almejas a la malagueña, las berenjenas fritas con miel de caña, las sopas perotas, los borrachuelos o el pan de cortijo. Los mejores restaurantes centran su carta en platos saludables y sostenibles utilizando materias primas locales de primera calidad y de temporada, como la caldereta de Chivo lechal, guisos cocinados con tanto mimo que podrían encontrarse en cualquier casa de Málaga. ¿Los han probado? Lo que tampoco deben perderse es una buena degustación sobre la arena del ruedo de una plaza de toros, no encontrarán por otros lares algo similar, y luego me cuentan... He de confesar que mis rutas gastronómicas han transitado hasta hace poco por otros caminos con otros paladares, así que ahora disfruto del encanto de la novedad, a pesar de las diferencias... La calidad del recetario y de los productos locales se promociona en los últimos años de forma directa y popular en distintos eventos gastronómicos, normalmente en sus lugares de origen. Frecuentemente, se convocan fiestas con mucho sabor en Málaga. Algunas homenajean a platos, como el Día del Ajoblanco o el de las Sopas Mondeñas y Perotas. Otras, rinden tributo a la vendimia o a frutas y verduras, como la fiesta del Níspero, de la Pasa, de la Zanahoria Morá, etc.



                       Con el Málaga Gastronomy Festival, la ciudad se implica intensamente en la fiesta de la gastronomía local y regional. Esta celebración cuenta con un menú repleto de actividades en diferentes marcos de la capital que hacen que las calles se impregnen de los olores y sabores más actuales del panorama gastronómico actual durante días. La cocina en directo, las degustaciones, catas, talleres infantiles y los debates descubren la dieta mediterránea como elemento patrimonial y cultural convirtiendo a Málaga en el destino gastronómico por excelencia del sur de España. Un festival que culmina con el evento de La Marina Street Food en la plaza de La Marina, la mayor variedad de tapas de diseño de los mejores cocineros malagueños. Pero también, los barrios más castizos de Málaga, como el del Molinillo, por ejemplo, siguen conservando sus pequeños comercios, sus tascas o sus mercados como inmejorable seña de identidad malagueña. En ese arrabal nos encontramos un protagonista pintoresco: el Mercado de Salamanca, donde los tenderos venden sus productos a los parroquianos a viva voz, en un precioso edificio de estilo neomudéjar. Cerca, el Museum Jorge Rando nos acerca a otro tipo de arte, exponiendo la obra del pintor malagueño Jorge Rando, pero Málaga no sólo es la ciudad de los museos, es también una ciudad de mercados,- que ahora se han reconvertido en espacios gastronómicos en algunos casos, como el Central o de Atarazanas, de arquitectura nazarí-, por ejemplo, el de la Merced, el del Carmen, y tantos otros de imprescindible visita.



                        Inagotable: esa sería la palabra perfecta para definir todo lo que Málaga puede ofrecer en sus espacios. Hans Christian Andersen escribió: En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga. Un propio modo de vivir, la naturaleza, el mar abierto, todo cuanto para mí es vital e imprescindible lo hallé aquí. Hago mías sus palabras para añadir que en esta ciudad encantada que ha sabido reinventarse se sabe vivir. En ese paisaje que se eterniza en su propia inmensidad se redime y calma cualquier dolor y pesadumbre, donde brilla semejante fulgor de intemporalidad se atisba el sueño de lo inmortal: el sueño de beber ese licor süave que envenena... Es amor. Lo dijo Lope.


                                                       
                                                                               Te he visto pasar...


                     
         

lunes, 24 de abril de 2017

Un sueño de cristal en Málaga







                        Si el caminante, persiguiendo el sueño imposible de conseguir la inalcanzable estrella -por poco posible que sea, por muy lejos que esté-, recala en el castizo, popular y antiguo barrio poderoso malagueño de San Felipe Neri (primitivo barrio de Fuentanalla o Barrio Alto), encontrará brillos impensables, formas, líneas y colores que proceden de espacios singulares como el de la iglesia del mismo nombre, que especialmente en los días santos huele a algo más que a incienso, huele a pureza y consuelo, a raso, terciopelo y damasco, a sangre y cera que quema, a lágrimas de cristal..., porque en ella tiene su sede canónica la hermandad probablemente más antigua de Málaga, con más de cinco siglos de existencia, la Pontificia, Real, Muy Ilustre y Venerable Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre, María Santísima de Consolación y Lágrimas, y del Santo Sudario. Su Hermano Mayor me ha ayudado a conocer en profundidad la intrahistoria de la Semana Santa malagueña, su vida desde dentro, con la sencillez que enciende el alma. Pronto dejará el cargo que asumirá una de las pocas mujeres Hermanas Mayores de las más de cuarenta cofradías existentes en la actualidad, Laura Berrocal. Ella será la cuarta mujer en tomar las riendas de un mundo más complejo de lo que puede parecer, lleno de dulzura, de diversas devociones y de rico patrimonio, de silencios, susurros y realce único de trompeta...








                        El entorno de San Felipe Neri pertenece a los primeros arrabales de la medina de Málaga, tal vez amurallado, en el que se guardaba ganado y se situaba una judería. Con el tiempo fue sufriendo un deterioro que debe repararse y en el empeño se encuentran muchos particulares que no obtienen el apoyo que sería conveniente, aunque algunos edificios cuentan con protección arquitectónica municipal, como el Instituto Gaona, oficialmente Vicente Espinel, que fue el primer instituto de enseñanzas medias de Málaga, de 1846, y único hasta 1928, cuando se abrió otro en Antequera. Contaba con un museo de historia natural, un jardín botánico, una estación meteorológica y una biblioteca provincial. Se construyó en 1758 y en él han estudiado los alumnos más ilustres que ha podido conocer Málaga: Vicente Aleixandre, Pablo Picasso, Ortega y Gasset, Victoria Kent, Severo Ochoa..., entre otros grandes de la cultura. Ubicado en lo que fue en su día la Casa de Expósitos creada por el gremio de carpinteros en el siglo XVI, el Centro Cultural Provincial aloja a los estudiosos de la generación del 27, así como un archivo histórico, bibliotecas y salas de exposiciones. La iglesia de La Santa Cruz y San Felipe Neri fue mandada construir en el siglo XVIII por un noble malagueño, el conde de Buenavista, ampliándose con sucesivas reformas en épocas posteriores, y dio nombre a un barrio de artesanos, uno de los sectores con más solera dentro de la economía malagueña con su gran variedad de oficios, que hoy combinan formas de trabajar tradicionales con técnicas modernas. En este barrio se realizaba una de las más importantes cerámicas de la Edad Media, la de reflejo dorado, con denominación de origen Malaka, calificada en la época como cerámica de sultanes por su gran calidad técnica y belleza. El esfuerzo por mantener esta actividad ofrece un esperanzador resurgimiento de esta labor, aunque sigue siendo bastante desconocida, ya que buena parte de la producción artesanal no entra en los circuitos comerciales y se limita al trabajo individual y aislado practicado como entretenimiento, producción de objetos de regalo o abastecimiento personal.


     
                   Por estas pintorescas calles paseaba un día un enamorado del resplandor y el destello, del más delicado y nimio detalle que dibujara sueños de cristal. Buscaba ese lugar mágico que no había encontrado por toda España para guardar su tesoro, el de la belleza de la fragilidad. Entonces, en la calle Cabello, escuchó el toque de unas campanas que llamaban al ángelus y supo que allí estaba el sitio. Gonzalo Fernández-Prieto rehabilitó un hermoso edificio del siglo XVIII (conocido anteriormente como la Posada de San Felipe Neri) y creó en 2009 el Museo de Vidrio y Cristal de Málaga, calificado por la Junta de Andalucía como "Colección Museográfica de artes decorativas", que, entre tanto museo de renombre y postín como adorna actualmente la ciudad, brilla con luz propia sin apenas difusión pública y menos aún, sin apoyo institucional y social. Se trata de un museo que apenas aparece en las guías promocionales turísticas y que es conocido más bien por el boca a boca y sobre todo, por los visitantes extranjeros que saben que allí se respira un mundo diferente con el encanto de lo no masificado, situado en un entorno por el que hay que perderse para hallarlo. Afortunadamente, el propietario de tanta exquisitez, elegancia y delicadeza ha querido compartir con quien lo desee una colección que se esfuerza en mantener sin ayudas económicas, en una labor callada a lo largo de los años que pone en valor su pasión de vida y afán coleccionista, exhibiendo objetos de artesanía en cristal y vidrio de todas las épocas, estilos y culturas ("artes menores", dicen), y  también para reavivar en lo posible el loable gusto por ese oficio casi desaparecido. El palacete -donde se desarrollan frecuentemente talleres, cursillos, conciertos nocturnos, exposiciones y conferencias- con los que el director desea fomentar la cultura lo más posible, merece más de una visita, entre otras razones, por si se tiene la suerte de que sea el propio habitante de la casa quien explique cada sutil detalle...Y si no, la peculiar guía, que conoce todos los secretos, nos ilustrará con original sabiduría y empeño nuestro paseo por los distinguidos habitáculos y vitrinas expositoras... He visitado prácticamente toda la oferta museística actual de Málaga y, sin dudarlo, recomiendo este íntimo, escondido y cálido espacio, que apuesta por lo minúsculo en fino cristal (y si el tiempo es navideño, el belén de LLadró resulta de imprescindible contemplación). No se debería desaprovechar la generosidad de quienes, con alma de artistas, crean lugares únicos para alimento de los espíritus ansiosos de bellezas singulares, y, así, que no ocurra lo que parece que está a punto de suceder con el extraordinario Centro de Arte de la Tauromaquia.







                    Para Gonzalo Fernández-Prieto, madrileño, un enfermo de la belleza, "mi gran sueño es conseguir que este barrio vuelva a ser lo que fue: un barrio artesanal. El mejor modo de crear industria es unir al artesano con el artista. No se puede competir con los países del tercer mundo en un producto más barato, hay que producir un producto más bello, que es lo que se llama arte decorativo". A pesar de haber vivido muchos años en Londres y París, se siente enamorado de Málaga, y dedica todo su tiempo a sacar el proyecto del museo hacia delante. Es historiador, (realizó sus estudios en la Universidad de Cambridge), pero no quiso dedicarse a enseñar porque considera que la enseñanza es un enorme sacrificio y él no tiene el valor necesario para realizarlo, pero sí desea mostrar cosas hermosas al público. Le gustaría crear industria para que su proyecto viera cumplido el objetivo final. Su afición por el cristal empezó siendo un niño, porque le llamaba la atención que algo tan simple como la arena y la sosa pudieran crear objetos a la vez bellos y frágiles. Su tutor lo inició en el mundo del coleccionismo con afán investigador y esta orientación incentivó su ansia por aprender acerca del cristal, casi un vicio que le ha hecho capaz de ir a cualquier lugar del mundo buscando una nueva pieza para su colección. Efectivamente, Gonzalo Fernández-Prieto se ha convertido en un gran erudito de las artes decorativas en general. Está muy orgulloso de dos vinajeras catalanas del siglo XVI y para ver unas iguales hay que visitar el Metropolitan de Nueva York. Él pasó mucho tiempo ahorrando para poderlas conseguir. O también de un vaso de cristal de Viena, tallado y esmaltado con la técnica de los miniaturistas por Anton Kothgasser con motivo de la Catedral de San Esteban de Viena (hacia 1820-1825). No obstante, se desvela remiso a cuantificar la inversión realizada tanto en la rehabilitación de la casa como en el valor de la colección del museo, íntegramente certificada, pieza a pieza, por Christie´s, Sotheby´s y Bonhams. No le preocupa estar situado entre los mejores museos españoles sino que busca ir más allá, le importa llegar a los más jóvenes e intentar que se interesen en este tema y su futuro.




       


                    La Colección se encuentra situada en una casona del siglo XVIII, cuidadosamente restaurada, en la que el actual propietario ha conseguido la atmósfera doméstica adecuada a los objetos resguardados para que se sitúen en el verdadero contexto en que vivieron los primeros moradores, como si fuera una narración de la Historia a través del cristal. Esta edificación se articula alrededor de un patio con columnas y galerías alrededor. Su rehabilitación se realizó buscando que todas las estancias dispusieran de luz natural, para provocar el cautivador destello... Unas bellas escaleras de azulejos conducen a la primera planta de estilo morisco con arquerías y galerías abovedadas. Esta construcción se salvó del derribo y del estado de ruina, y representa la típica casa malagueña de la clase media del siglo XVIII, erigida por la familia Cassini, que provenía de Génova. El solar lo compraron a los padres filipenses, que en ese momento construían la iglesia cercana, con la condición de que se ayudara en esa labor. Se trata de una casa que, como otras malagueñas de la época, tiene pinturas en la fachada, con motivos únicos en la ciudad, realizados a la manera en que se representan los continentes durante el barroco en Italia. A nivel museográfico, el propietario actual ha utilizado cada una de las estancias de la casa para contextualizar las piezas de la colección. Así, el público puede descubrir, utilizando como hilo conductor las piezas de vidrio y cristal, cómo eran los gustos de las sociedades pasadas, con habitaciones amuebladas según las modas de los siglos XVI hasta el XX, -así como tradiciones como la Cruz de Mayo o la presencia del magnífico piano de 1856, que ameniza los íntimos conciertos, y otros valiosos materiales como una cómoda francesa de marquetería, una butaca flamenca, lámparas de araña de La Granja...-, con lo que se aprecia a la perfección la evolución tecnológica del hombre y cómo el desarrollo ha estado influenciado por las modas y necesidades de cada momento y lugar. El complejo museístico debería generar no sólo conocimiento sino un foco de atracción de artistas artesanos, sobre todo los que viven en Inglaterra, para que enseñaran las técnicas a los malagueños o interesados en fomentar una industria que ya existió y que podría reavivarse. Un ejemplo podríamos verlo en la restauración de una de las vidrieras de la colección, de estilo prerrafaelista, realizada por Clayton and Bell, de la iglesia católica de Londres, llamada All Saints, titulada La Parábola del Buen Samaritano, restaurada por el maestro artesano Alberto Gascón.








                          La exposición muestra más de 3.000 piezas de cristal, acompañada por una importante representación de obra pictórica, objetos de decoración, mobiliario y decorados que corresponden fielmente a cada periodo histórico al que representan. Es un museo que quiere ser una entidad viva que sirva como núcleo de referencia y estudio para que aquellos artesanos modernos que estén atraídos por el apendizaje de una creación sin igual, encuentren aquí la realización de su deseo, observando ejemplos como la copa de Lieja, Façon Venise, del siglo XVII o el Jarrón de cristal Martín Pescador, de Émile Gallé, de 1900. Pero si impresionan las enormes vidrieras, no lo hacen menos las piezas conservadas desde el siglo VI a.C., del antiguo Egipto, vidrio fenicio, romano y medieval, los cristales bizantinos y persas de los siglos XI y XII, y las que provienen de donaciones de particulares que actualizan y renuevan constantemente la colección que se va ampliando sin cesar. Vidrios catalanes, venecianos y bohemios junto a retratos de Adrian Hanneman o John Riley se encuentran en las salas de los siglos XVI y XVII. Acompañados de pinturas de Mercier, Vanderbank o Wright of Derby, la sala del siglo XVIII contiene vidrio realizado en La Granja, durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, la mejor fábrica que existió en su época, que fracasó en cuanto a exportaciones, puesto que para su embarque había que transportar las valiosas mercancías hasta el puerto de Cádiz, lo que no ocurrió en Inglaterra, que instaló sus fábricas cerca del puerto haciéndose con el mercado del vidrio y del cristal. La pintura "Retrato de dama" de la Marquesa de Astorga, realizado por Cortellini en 1860, y la colección de camafeos de cristal inglés representa el ámbito del XIX, mientras que piezas de Gallé, Lalique, Whitefriars y otros vidrieros de la escuela pop, así como jarrones, botellas y vasos de vidrio dorado, ocupan la estancia del siglo XX.









                          El museo se ha ido integrando en la vida cultural de Málaga, participando en eventos como la "Noche en Blanco" o con la colaboración en su Semana Santa, precisamente con motivo de la salida de los tronos de la iglesia de San Felipe Neri, proporcionando sus balcones para la interpretación de arias nocturnas que producen momentos verdaderamente únicos y emocionantes. Los talleres educativos organizados procuran adquirir un carácter lúdico para que a los jóvenes que se acerquen a las artes decorativas y a sus técnicas les resulten más atractivos, con su inclusión en programas como el de "La noche se mueve" que enseñan a realizar una vidriera, por ejemplo, impartidos por el maestro Alberto Gascón. A través de Facebook  también se puede realizar una aproximación a este conocimiento como si se tratara de una revista especializada en arte. El sueño de Fernández-Prieto permanece vivo. Le gustaría recuperar esta zona malagueña, hoy bastante deteriorada en general, dándole el carácter artesanal que tuvo en sus principios, cuando los hornos nazaríes de la calle Chinchilla (según atestiguan los restos arqueológicos allí aparecidos), funcionarían a pleno rendimiento, y crear en sus solares talleres para contemplar directamente el trabajo de los artesanos, además de una escuela de vidrio soplado, generando así oficio e industria. Algunos de los proyectos de este enamorado del cristal van poco a poco cumpliéndose de alguna manera, a pesar de la ausencia no sólo de prestaciones económicas públicas, sino de la divulgación adecuada que consiga impulsar todavía más un museo que enriquece a Málaga. El espacio ha acogido exposiciones únicas de carácter internacional, como la dedicada al diseño artístico en vidrio finlandés, El resplandor de la aurora boreal, propiedad de otro coleccionista incurable, el profesor Hannu Vuori, en la que destacaba la pieza "Orquídea", calificada por una revista americana especializada como el objeto más hermoso del mundo. O la de las cerámicas y porcelanas chinas pintadas con tinta, del chino Pan Lusheng, cuya obra se expuso además junto a la de Picasso en el Museo Picasso de esta ciudad.


                  Recibo con alegría la noticia de que se va a iniciar el estudio arqueológico en el solar adjunto al museo, tras superar los trámites burocráticos, como primer paso para la ampliación del espacio expositivo con biblioteca añadida. Los vitriales que ahora no se pueden exhibir por su gran tamaño podrán hacerlo, y además se dedicará una sala para el arte de la orfebrería y la joyería con cristales naturales. El museo confía en encontrar un horno alfarero o cualquier resto arqueológico que explique el pasado industrial del barrio de La Funtanalla, para enfocar el nuevo espacio en función de los hallazgos descubiertos.


                 
                    En mayo de 2018, "El Sur" se hacía eco de la ampliación del museo, según el proyecto del arquitecto Ignacio Dorao, con la intención de salvar el horno alfarero del siglo XVII de la familia Chinchilla, crear un espacio para disfrutar de las hermosas vistas a la iglesia de San Felipe y preservar el espíritu y la historia del barrio. Siguiendo el estudio del historiador Víctor Heredia, por el que se sabe que en este terreno estuvo ubicado el corral de la casa de los Cassini (formando parte del cuerpo principal del museo desde el siglo XVIII), se ha decidido levantar una construcción moderna que recuerde su pasado como patio de servicio. Así pues, en ese recinto aparentemente tradicional, entre los muros exteriores, porches y jardines, se instalará algo completamente novedoso: una magnífica colección de más de 500 piezas de Studio Glass, que incluye nombres tan prestigiosos como Chihuly, Layton, Constantini, Hashimoto y los más grandes creadores internacionales del arte del vidrio en los siglos XX y XXI.







                                                                                     Vasija.  Pan Lusheng



                  Gonzalo Fernández-Prieto se encuentra en el camino de conseguir su estrella de cristal, en el del esfuerzo que otorga la gloria del intento, en el de construir la solidez de lo eterno... Y está logrando que los que disfrutamos de su obra reforcemos la creencia de que la estética ideal la conforma una sinfonía de geometrías, transparencias y resplandores poéticos que aporta una connotación más amplia, una dimensión más válida y absoluta capaz de romper fronteras superficiales para acceder a esa huella cultural universal, de comunicación más lúcida y profunda, tal vez como les ocurre al vidrio y al cristal cuando se derriten y diluyen junto al fuego para moldearse en algo nuevo...



           * Fotografías propiedad Colección Museográfica del Museo de Vidrio y Cristal de Málaga.




                                  "Tengo que hacerme un rosario con tus dientes de marfil..." (Varios artistas)




             


         


                       

lunes, 5 de diciembre de 2016

El Mesón que contiene la vida






                                            Pensar que en esta vida las cosas de ella han de durar siempre en un estado, es pensar en lo escusado, antes parece que ella anda todo en redondo..., y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua. Sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo...


                                                       Miguel de Cervantes  (Don Quijote)



                                        Actúa de la manera en que te gustaría ser y pronto serás de la manera en la que actúas.

                                       El amor no tiene cura pero es la única cura para todos los males.


                                                             Leonard Cohen





                                         Mucho tiempo atrás, encontré un tesoro casi escondido de sorprendente riqueza en un espacio envuelto en aura marina con sabor a cálido hogar, silencioso, profundo, donde el olvido era imposible y la luz se tamizaba contra las tinieblas del tiempo. En el lugar se respiraba pureza y parecía prometer deleites misteriosos para los sentidos y las emociones... Desde entonces, mis regresos transcurren por aposentos, salitas, habitáculos y pasillos entre objetos desconocidos o que despiertan recuerdos que la memoria acerca definitivamente cuando recrea ambientes domésticos, laborales, intelectuales y festivos, como si buscaran complicidades en la observación de su identidad: ahí, la supervivencia; más allá, los oficios que indultaron los años; cerca, una almazara, un calvario, un mostrador de antigua taberna (del Perchel procede), o la barquita ("Victoria", se llama)..., y si quizá, entonces, rodeo el patio central con su pozo hechicero alrededor del que todo se aferra, casi tropiezo con una fire pump de Torre del Mar, o con esos sinuosos aperos de labranza, artesanías de esparto, caza, apicultura, queso y pasas, y si como en el juego del escondite, cruzo, subo o bajo, entonces surgen de repente un humero, detalles taurinos, carnavalescos, y carteles festivos que anuncian "veladas de luz eléctrica", "fantoches, globos y cucañas" o "batallas marítimas de serpentinas"... Pero si el atajo me conduce a algún recinto donde alargo la captura del instante, el sueño se apodera de un pasado floreciente y me percibo escribiendo en el elegante despacho de Arturo Reyes (¿Cartucherita o La Goletera?), o tocando el piano con ropajes de rico adorno en el gabinete contiguo, tan íntimo, tal vez alternando la música con el encaje de bolillo, mientras espero a que se vayan quién sabe qué incómodas visitas para las que el tresillo ya se ha adaptado a posturas "envaradas", y paso al dormitorio en el que nacerían niños en un sillón de partos que nunca imaginé, para adormecerse luego a la lumbre del brasero o al vaivén de la cuna de madera, y más adelante, entretenerse con sus casitas de muñecas y otros juguetes...






                 Estoy en una antigua hospedería o posada del siglo XVII: el Mesón de la Victoria, un edificio con encanto típico de la arquitectura popular. Hoy es el Museo de Artes y Costumbres Populares de Málaga. La memoria, caprichosa, ha ordenado -o mejor, desordenado- el contenido, colocándolo a mi aire según lo admiro en cada ocasión. Pero la reconstrucción de las diversas actividades de la vida cotidiana malagueña desde el siglo XVIII hasta el XX es tan perfecta y completa que, sin duda, no puede haber mejor referente para conocer Málaga, su provincia y sus gentes que este Museo, donde los fondos se hermanan con el contexto con tanta exactitud y los objetos exhibidos con su entorno arquitectónico, que el visitante se siente como en casa. Para una exhibición etnográfica de esta índole, se cedieron inicialmente unas dependencias de la Sociedad Económica de Amigos del País, y en 1971 se compró el Mesón, entonces abandonado y ruinoso, que se restauró y acondicionó para su conversión en un museo de arte y vida, y como vehículo de exposición de las investigaciones del patrimonio antropológico de esta tierra andaluza. Así se inauguró en 1976: la historia local, la cultura y el medio ambiente concreto, cotidiano y más elemental del hombre unido a lo más intelectualizado como el folclore, por ejemplo, se convirtieron en material científico investigable donde el objeto identifica una circunstancia singular, para convertirlo en exponente de modo de vida, evocador, incidiendo en una valoración estética basada en la relación forma o utilidad, y función: los objetos no tienen tiempo ni medida, sólo huella...


                    Con este criterio, se seleccionaron y ordenaron una muestra de piezas dispersas y en peligro de desaparición, que resumen la esencia de Málaga como provincia y ciudad a través de una representación de toda su variedad. El Mesón de la Victoria se construyó sobre un solar ocupado por otra hospedería en el siglo XV, que pasó por donación de los herederos del propietario, Miguel de Araso -repostero de camas de los Reyes Católicos-, al convento de la Victoria. Los frailes Mínimos la ampliaron con una bodega que atesoró más de mil arrobas de vasijas, y edificaron una vivienda superior. Una obra posterior destruyó prácticamente las construcciones realizadas, concibiéndose para uso de mesón tal como ha llegado hasta ahora. La transformación en Museo la realizará el arquitecto malagueño Enrique Atencia, con el patrocinio de Unicaja y contenido privado. Sobre una planta cuadrangular que se prolonga en forma de trapecio hacia el fondo de las caballerizas, las dependencias se distribuyen en torno a un patio interior con galerías baja y alta sobre columnas donde desembocan las cubiertas de teja morisca, rasgo característico del pueblo malagueño, según J. Moreno Villa, perviviendo también el carácter italianizante y la influencia de los fundaq islámicos, como ha estudiado J. Temboury. Su reconversión hasta el siglo XX en casa de vecinos nos habla de su adaptabilidad a usos domésticos, lo que nos transmite esos sorbos de vida con sus ritos que invitan a la meditación...






                    El Museo propone distintos recorridos para su visita según el relato que nos inspiren las piezas conservadas. Una panorámica general resulta insuficiente, en mi opinión, ya que sólo nos aportaría una primera aproximación. Según nuestros intereses concretos, podrían aconsejarse al menos cuatro itinerarios generales, o girar la visita sala por sala (ocupan los dos pisos), o bien disfrutarlo en libertad donde el asombro nos lleve... Yo tengo la suerte de haberlo admirado desde todas estas perspectivas, y de seguir haciéndolo, ventaja que me aporta residir en su atractivo entorno. Un recorrido ambiental ofrece la percepción de aspectos domésticos y laborales de las clases populares malagueñas, planteando la comparación entre los mundos rural y urbano a través de las diferencias de las estancias de habitaciones representadas (burgués: gabinetes, despachos, salones, otras salas...; popular: cocina, comedor, dormitorio rural, etc.), o las matizaciones existentes entre los trabajos respectivos (urbano: imprenta, litografía, bordados, carpintería, cerámica, forja, obradores...; rural: viticultura, pesca, ganadería, transporte, oleicultura, enología, apicultura...). El recorrido donde se materialice un oficio específico supondría otra opción, la de identificarlos con las piezas correspondientes de corte artesano como es el caso de la carpintería, apreciada en el mobiliario, o en objetos de madera útiles para otras actividades y oficios como el de sillero: muestras curiosas serían el "banco-arcón" o el "sillón de lira", una de las joyas más interesantes que se conservan en el museo. La cestería se representa en trabajos realizados con fibras vegetales como el esparto, palma, pita, enea, vareta de olivo..., que aparecen en cerones, aguaderas, capachas y cabezales, cinchas y bozales para animales de carga. De ahí, la alpargatería, con ejemplos como las denominadas agovías para la pisa de uva. Muchas de estas piezas se encuentran en desuso por el proceso de industrialización, aunque también en algún caso se ha producido el fenómeno de la reconversión o aún continúan vigentes -como las que intervienen en una matanza, aunque hayan cambiado los materiales a veces pero se sigan los mismos ritos y se utilicen las mismas formas (como las trébedes para soportar los calderos de cocer las morcillas, la mesa tocinera, etc.)-, y así se mantiene el "piporro búcaro", o sea, el botijo.


                       Lo lúdico, en sus vertientes festiva y folclórica, constituye uno de los medios de expresión popular más completo, conservándose aún en toda su pureza las más genuinas representaciones: verdiales, quema de los "júas" en la noche de San Juan, pastorales navideñas, maragatas de Comares o correderas en Villanueva del Rosario. Todo ello podría implicar un nuevo recorrido: la artesanía complementa a la fiesta mediante las indumentarias, instrumentos musicales, la escenificación de los bailes por medio de las figuras de barro, como la panda de verdiales de Carmen Pastora, o de los boleros y zorongos del siglo XIX de los escultores Gutiérrez de León o los Cubero, la tauromaquia y los carteles de festejos o de Semana Santa. Allí conocí más por extenso, a través de sus objetos, la exótica historia de la bailarina de cuplés Anita Delgado, que llegó a ser Princesa de Kapurthala al casarse con un maharajá hindú, como si fuera la protagonista de una novela más que de una realidad, pero ignoraba que fuera malagueña. La Málaga histórica presenta sus señas de identidad en los momentos más brillantes de su trayectoria, y podríamos señalar este como el recorrido más genuino: la época romana, en la que alcanzó el título de municipio ( Lex Flavia Malacitana), con gran actividad comercial consecuencia de la calidad de sus productos agrícolas, marítimos y de salazón (el garum); el periodo islámico, especializándose en productos como los higos, pasas, almendras y el aceite, o suntuarios (loza dorada, sedas, plata) y el siglo XX, de industrialización y progreso con una supuesta modernidad que facilitó el desarrollo de la burguesía. Expresiones de personalidad única a la que contribuyeron siempre su clima y el mar, sin olvidar la vocación comercial de los fenicios.







                       En el siglo XIX, Málaga era denominada "la ciudad de las mil tabernas y una sola librería", en frívola y tópica alusión a la ausencia de vida cultural que no parece tal si observamos por el museo tantos datos que inciden en aspectos intelectuales, lo mismo que ocurre con su condición marinera que, en alguna ocasión, no presenta un papel dignificador, como ocurre con la figura del charrán, hombre de mal vivir de las playas malagueñas, como lo definió Teófilo Gautier y poetizó Leoncio Talavera con su cuadro "El cenachero". El mundo agrícola se centraba en el cultivo de la uva, generadora de riqueza económica y étnica (como vendimiadores llegaron muchos extranjeros durante el siglo XVIII), que también potencia esa imagen placentera asociada a los vinos y enlazada a la constante comercialización de pasas e higos, pero con un cuidado refinamiento en sus embalajes que ratifican la conciencia de competitividad mercantil, cuyo peso se hace notar en la burguesía industrial y es la razón por la que el mundo burgués tiene una presencia tan destacada que confiere una personalidad distinta a este Museo en relación a otros del mismo tipo. La atracción sobre la ciudad influyó en el auge del turismo y sus consecuencias: el souvenir o recuerdo, con las figuras de los barros representando personajes populares, tipificados en versiones de bandoleros, manolas y manolos, gitanos, bailaores, caballistas..., algunos utilizados como tapones de botellas, volviéndose a unir vino y tipismo como condensación ejemplificadora y ambivalente de lo extrapolable de la provincia: claves perfiladoras del pueblo a través de sus actividades cotidianas, algunas en desuso pero no perdidas gracias a su presencia en este Museo.





                                                                                     Museo del Vino


                         Efectivamente, Málaga es tierra de vinos desde tiempo inmemorial. Existen vestigios del cultivo de la vid y elaboración de vinos desde el siglo VIII a.C., con el paso del tiempo mundialmente conocidos. Su ubicación geográfica y clima hacen inmejorables las condiciones para el cultivo de la vid y la producción de diferentes tipologías de vinos de calidad. Actualmente, más de mil hectáreas de viñedo se dedican a esta actividad, repartidas entre los municipios que conforman las cinco zonas de producción vitivinícola: Axarquía, Montes de Málaga, Norte, Serranía de Ronda y Manilva, mientras que las Pasas de Málaga amparan 1.300 hectáreas de viñedo. No extraña, por tanto, que se le haya dedicado al vino un museo, el que "descubre mil sensaciones", ubicado en el antiguo Palacio de Biedmas, del siglo XVIII, no muy lejos del antaño Mesón de la Victoria: es el Museo del Vino de Málaga que expone más de 400 litografías (etiquetas y carteles de fines del XIX y principios del XX), botellas y piezas singulares (cartelas, piedras litográficas, estuches de pasas y material promocional de las bodegas malagueñas de esas épocas). El Museo explica la historia del vino desde los fenicios a la actualidad, su geografía con amplia descripción de las zonas de producción, y cualquier cuestión referida a la viña (la planta, variedades y prácticas de cultivo en injerto, poda y asoleo), el conocimiento de la obtención del mosto, y las crianzas y tipos de vinos con denominación "Málaga" y "Sierras de Málaga", así como la de "Pasas de Málaga". El etiquetado es tan variado que representa tanto a personajes históricos como a todo tipo de referencias al arte y la liturgia o muestra al vino como la panacea universal siendo útil hasta para los enfermos. Los Reyes Católicos otorgaron la primera cédula que amparaba como "Señores de las Viñas" a sus propietarios. El vino es un placer que se siente, por lo que allí percibimos aromas de lo más variopinto: jazmín, canela, lavanda, avellana, vainilla, hiedra... Este espacio moderno y luminoso impacta desde su entrada y completa magníficamente al MAP.




                                     
                                                                               Museo de Artes Populares


                            Si preferimos pasear y observar con detalle los recorridos a los que ya me he referido, nos detendremos en cada una de sus salas, donde se profundiza en el conocimiento de la relación del hombre con su entorno y circunstancia y en la contemplación de enseres y ámbitos. La cuadra ocupa un amplio espacio de tres naves separadas por pilares rectangulares bajo arcos de medio punto, con un suelo empedrado que informa sobre el tránsito de caballería sobre esta zona y por ello se han situado los elementos relacionados con todo tipo de comunicaciones terrestres: carruajes, carros, monturas, abrevaderos..., y las piezas artesanas de la manufactura correspondiente. Lo escarpado del terreno en zonas rurales hacía inviable las labores agrícolas mecanizadas, manteniéndose el uso del animal incluso para el transporte, aunque también se exhibe una singular berlina como carruaje de viajeros. Haciendo referencia a los obradores artesanos se han reconstruido una fragua y una tahona. La fragua reproduce una herrería, con todo aquello que podría generar, siendo especialmente significativos los denominados calabozos o rozones, especie de cuchillo de hoja curva para cortar caña de azúcar. Pero merecen una lectura especial las rejas, barandillas de balcones y cancelas, recabadas de derribos de viviendas del Perchel, ejemplos de forja y ornamentación de la arquitectura doméstica local de los siglos XVIII y XIX, posteriormente producto industrial sinónimo del progreso de la zona gracias a las industrias metalúrgicas, de Heredia principalmente, que queda testimoniado, a nivel decorativo, en los herrajes de las casas de la reconvertida ciudad decimonónica. La tahona, de Álora, aparece con todo lo que requería la elaboración del pan, incluido el molino de harina.


                     Se rinde homenaje a los hombres de la mar y al arte de la pesca en una preciosa sala, la primera a la derecha tras entrar al edificio, dominada por un sardinal, barca de pesca semejante a la jábega, reproducida en maquetas colgadas de las paredes. Enseres de pesca -como el torno de varar- escenifican la típica acción de sacar de la mar las barcas tras la pesca. La nota romántica la aporta el mascarón de proa de aire modernista. Al salir de esta sala aparece un espacio inferior que se abre a la calle Camas, entrada principal del mesón (ahora con una salida trasera ajardinada, con fuente y granados...), y hoy zona intermedia que separa la ya comentada y otra, doméstica o casa propiamente dicha, una vivienda "tipo" en la que se han seleccionado dos unidades diferentes: la de labranza y la burguesa, que por una parte, nos acercan a lo cotidiano y popular y por otra, a la representación de la realidad concreta del lugar acomodado, o sea, lo rural y lo urbano, ocupando, en el primer caso, la planta inferior y en el segundo, la superior. Aprovechando el hogar de la primitiva posada, se ha montado una cocina propia de la arquitectura popular con un amplio humero y los utensilios propios de las labores de este ámbito.


                   La sala contigua representa el comedor de una casa de labranza de cierto nivel socioeconómico. Lo habitual en las zonas rurales de la provincia es el cortijo de pequeño tamaño donde hogar y sala coinciden en una misma estancia, a veces sirviendo también de dormitorio, ya que las cámaras del piso se dedicaban a almacén. En zonas más potentes económicamente se da otro tipo de viviendas de mayor nivel social y otra especialización en los usos de los espacios. El comedor del Museo correspondería a esta tipología, pese a su sencillez. Resultan incontables las piezas expuestas, muchas relacionadas con la matanza, actividad todavía en uso. La mayoría del mobiliario y del ajuar que presentan las áreas domésticas provienen de la zona de Campillos, lugar de origen de Baltasar Peña, promotor, junto a Enrique García Herrera, de este Museo y uno de sus más destacados benefactores, que donó de las propiedades de su familia gran parte del material que se muestra. Si la mar fue la primera seña de identidad de Málaga, el vino ha sido la segunda. La industrialización tuvo como motor impulsor la fabricación en hierro de las flejes de las botas para la exportación del vino. La sala del lagar, bodega y taberna constituyen perfectos tratados de la viticultura y enología malagueñas. Objetos interesantes son la prensa del lagar, procedente de Sedella, del siglo XVIII, las botas para contener el vino y el torniquete de barrilero. Un pianillo adorna el lugar mientras una fotografía ilustra a un músico callejero tocándolo. Otro se los sectores económicos importantes de la provincia es la industria del aceite, representada por una impresionante almazara con su empiedro, una prensa donde se exprime la masa resultante de la molturación previa y un depósito de hierro fundido, todo recuperado de un molino de la presa el Limonero, junto a otros utensilios que ambientan el espacio.






                    Al salir de esta sala, atravesando el patio, inmortalizado en la obra de José Denis Belgrano "Después de la corrida" del Museo de Bellas Artes, se accede a la primera planta, dedicada al medio burgués. Unas vitrinas exhiben vestidos y trajes, indumentarias infantiles, carnés de bailes, sombrillas de seda... Típico de la época, la separación entre los ámbitos privados y públicos era estricta: los primeros los constituían dormitorios, salas de costura, cocina, aseos y habitaciones del servicio, espacios del dominio femenino, y los segundos, salones, gabinetes, comedores y despachos eran la zona de exhibición. En este apartado se incluiría el despacho de Arturo Reyes.Y en relación con la labor del escritor, aparece flamante su modo de impresión y expresión: la imprenta. El ambiente cultural de Málaga en el siglo XIX se fomentó a través de las innumerables publicaciones periódicas, así como la importante producción gráfica con excelentes artistas de renombre nacional. A todo ello dedica el Museo un espacio que a mí me fascina especialmente, representado por el material procedente de la imprenta Sur-Dardo, fundada por Manuel Altolaguirre y Emilio Prados -de ahí el Modernismo de las imágenes de las piedras-, y de Gráficas Alcalá, con un importante taller de litografía, especializado en carteles de toros y lechos de cajas de pasas. Enlazando el gabinete y el dormitorio, de intimismo delicado, con su medio de desenvolvimiento, la sala de las labores agrícolas contiene diferentes aperos de labranza dedicados especialmente al secano (bielgos o rastrillos de gran tamaño, el arado romano, azadones, hoces, yugos para mulos o bueyes...). Y como complemento, objetos de artesanía como queseras, mieleras, cajas de pasas forradas de rasos de colores, dibujos y litografías de caprichosas formas con sus moldes de madera o "guarritos" para envasar... La industria del higo ha sido otra de las tradiciones del lugar. Los higos de Rayya (nombre árabe de la circunscripción de Málaga en el periodo altomedieval), se exportaban hasta Oriente Medio por su calidad y por ser considerados los mejores del mundo. Se presentan  a través de prensas de ceretes (canastillas de palma en forma de disco) y ceretes llenos de higos secos.


                  Uno de los productos estrella de la Málaga musulmana fue la cerámica de loza dorada o de reflejo metálico, de gran cotización. Anteriormente, los abundantes alfares romanos señalan la tradición alfarera del lugar, que decayó durante la Edad Moderna aunque sin llegar a perderse sino más bien reconvertirse hacia lo más estrictamente artesanal y popular. Durante el siglo XIX tuvo un gran impulso con las piezas procedentes de Cuevas de San Marcos, Coín o Colonia de Santa Inés, caracterizadas por la combinación del melado y el verde, manteniéndose escasamente el azulón típico de Málaga. Aquí vemos recipientes de uso doméstico o como complemento de la arquitectura con los canalones y gárgolas, auténticas maravillas. Las fiestas  y el folclore se muestran en prendas de encaje y bordado, en la indumentaria taurina, en ejemplares de la Pastorá, la fiesta de candelas, y en los barros, con una panda de verdiales en barro policromado cuyas figuras congelan los pasos de baile más significativos. En la sala más amplia del Museo, unas vitrinas recogen cerámicas que mezclan lo popular y lo culto, con temas religiosos y festivos, en los tan famosos Barros Malagueños, que, por su calidad, son la colección más importante del Museo. Se compraron al coleccionista inglés Peter Winckworth, y conforman la mejor representación del Romanticismo artístico en la ciudad. Los antecedentes se encuentran en Nápoles, en el siglo XVIII en las figuras para belenes. En Málaga comienzan a elaborarse con la misma temática religiosa, aunque el gusto goyesco hizo recaer el interés en los tipos populares. Tuvieron un gran éxito por su autenticidad y estar realizados por escultores de sólida formación, obteniendo una gran demanda sobre todo por extranjeros que buscaban la España de pandereta, perfectamente representada en los bandoleros, toreros, bailaoras... La colección del Museo recoge temas de tauromaquia, bailes y tipos populares, belenes y temas religiosos. Precisamente, la sala dedicada a la religiosidad popular es de un misticismo subyugante; en ella me detengo indefinidamente en innumerables ocasiones, contemplando esos belenes o calvarios de pequeñitas figuras metidas en urnas de cristal, imágenes de rezo para la intimidad de la alcoba, vidrios devocionales, exvotos de ingenua narrativa, las figuras en hueso, esa inigualable talla de madera policromada de San Rafael..., que potencian la relación romántica del hombre con lo trascendente.







                          Otro de los atractivos de este tipo de museos radica en la conservación de una riqueza léxica que incide en la importancia del patrimonio cultural, en este caso, lingüístico, de la lengua española y de localismos. Quedan los diccionarios, sí, pero una lengua debe permanecer lo más viva posible en el habla individual y si el objeto pervive, su denominación subsiste. Lo mismo ocurre en el plano de la investigación, que no desaparece mientras se fomenta el estudio de tanto como queda por saber. En este museo, un departamento conserva amplia documentación en el archivo dedicado a Narciso Díaz de Escovar, periodista, polígrafo, cronista e intelectual miembro de la Academia de Historia, Bellas Artes de San Fernando y Buenas Letras de Sevilla. Y aumentan los expertos cuyas colaboraciones en la exploración y el conocimiento del Museo, tanto por lo que se refiere al edificio como al contenido, son imprescindibles para una más amplia comprensión de lo que se ve. Sus aportaciones me han resultado valiosísimas para la elaboración de este artículo y para entender las reflexiones histórico-antropológicas que suscitan una forma de vivir que mantiene su esencia en el tiempo y quizá alcance la eternidad..., esa que parece transmitir el Mediterráneo, tan próximo, según se sale del antiguo Mesón, a la izquierda...



                                                                            "Smile"  (con Charles Chaplin)