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domingo, 2 de febrero de 2020

EL PRIVILEGIO DEL TALENTO





                 

                                             Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia.

   

                                                                                              SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL





                                                                                                                A Kamal

                                                                                                               A los grandes que en 2020 celebran diferentes aniversarios:
                                                    Delibes, Galdós, Benedetti, César Manrique, Carolina Coronado, Beethoven, Bécquer, Andresa Calatayud, Federico Fellini, Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Moctezuma, Concepción Arenal, Margaret Mitchell, Julio Palacios, Ernest Lluch, Eugenia de Montijo, John Lennon, Dickens, Clarice Lispector, Mariano de Cavia, Luis Punter, Rafael de Urbino,... 



                 
                              
                                             Recorriendo el parque del Retiro madrileño, me encuentro con el monumento escultórico que Victorio Macho dedicó a Ramón y Cajal, ese que despreció por aparecer con el torso desnudo sin su permiso y el motivo por el cual se ausentó en la inauguración a cargo del rey Alfonso XIII: ya  nunca volvió al parque. No debió entender mi admirado científico y artista que el escultor homenajeaba no sólo a la medicina y a la vida situándolo en el centro de un idílico estanque, sino a su poderío físico -que lo ayudó a superar graves enfermedades-, ejercitado en sus años jóvenes en la naturaleza aragonesa que tanto amaba, y lo hizo asemejarse, dicen, a un héroe clásico, o a un dios, una imagen muy diferente a la que se conserva en el Museo Provincial de Zaragoza, en cuadro de Sorolla. ¿Quién se iba a imaginar que el investigador español de mayor proyección internacional serviría en estos tiempos de musa para los espectaculares diseños que se acaban de presentar en la pasarela de la alta costura de París? La colección de la holandesa Iris Van Herpen se ha inspirado en los dibujos con los que Cajal representaba las mariposas del alma, o sea, unas neuronas sensoriales individuales que, conectadas entre sí, formaban la obra maestra de la vida, como así se reconoció en la concesión, en 1906, del Premio Nobel de Medicina. Por cierto, un premio compartido con el médico italiano Camillo Golgi, quien, según el escritor y también médico aragonés Santiago Lorén, mostró escasa categoría humana al querer atribuirse el mayor mérito, al contrario que Cajal, que se deshizo en alabanzas hacia su colega.









                          Y es que don Santiago nunca perderá actualidad -aunque tal vez hoy sólo pudiera encontrar en algunas personas poco más de media neurona- y era tan honesto, tan humano y tan moderno, que, oponiéndose a la concepción de la vida como un don divino, seguramente no quiso aparecer en un monumento tumbado al sol de manera displicente. He tenido la ocasión de ver directamente sus dibujos, de una precisión milimétrica y de una destreza artesanal tan bella, que podrían catalogarse como verdaderas obras de arte, joyas que hacen honor a su profunda afición por las artes plásticas, por la imagen y la palabra exacta y a la vez poética. Parece que muchos genios suelen ser jovencitos rebeldes y traviesos y Cajal no escapa a la tradición: alguna vez debió estar recluido y castigado por su comportamiento y entonces dibujaba e inventaba, y a veces, trabajó de aprendiz de zapatero y de barbero, lo que le aportaría la habilidad necesaria para la minuciosidad en el detalle y el recoveco, para la creación de mares sensoriales, de bosques de árboles perfectamente estructurados, así que no extraña que sus descubrimientos sigan teniendo repercusión e influencia no sólo en el mundo científico actual sino también en el artístico. Una reciente y nueva biografía (Cajal. Un grito por la ciencia, de José R. Alonso y Juan Andrés de Carlos), revela nuevos datos sobre la personalidad de Cajal. Por ejemplo, cómo renegaba de la enseñanza que se impartía en su época, cómo en clase se fumaba y se jugaba a las cartas y cómo le gustaban los alumnos críticos y amantes de la literatura, porque eso les  fortalecía, aunque no lo pareciera. Lo que no soportaba era que se enseñara a base de golpes ni que la base del aprendizaje fuera la memorización. Recojo unas expresiones representativas de la novedad de su pensamiento: "Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro", el cerebro es "la enigmática organización del órgano del alma", y las neuronas independientes son "besos"... (o sea, lo que los neurocientíficos de ahora proclaman como el gran descubrimiento: el amor reside en el cerebro, algo así como que deberíamos decir a nuestro/a amado/a, "!te quiero con el cerebelo!" -y no con el corazón, que ahora pinta un poco menos en esos menesteres...). Además, The Beautiful Brain; the drawings of Santiago Ramón y Cajal, editado por Abrams, presenta 80 dibujos como el "Retrato de una chica joven", que pintó a los 16 años para su clase de arte en Huesca. Mientras se formaba como médico y anatomista comprendió que su pensamiento se basaba en la visualización y el dibujo, pensaba con los ojos: "soy lo que se llama un tipo visual", con un estilo que podríamos denominar como "expresionismo científico", como en la Italia del Renacimiento. Dalí, García Lorca y Buñuel quedaron fascinados por los dibujos de Cajal, viéndolos como un camino para acceder al significado de sus sueños obsesivos, aunque él renegara de las vanguardias artísticas por renunciar a la reproducción respetuosa de la naturaleza con el fin de comunicar ideas y sentimientos. Sus dibujos no han sido superados en expresividad, belleza y en capacidad para explicar conceptos esenciales.













                                                                               Diseños de Van Herpen




                             ¿Qué está ocurriendo con el legado de Ramón y Cajal? Es vergonzoso y lamentable que todavía no exista un museo dedicado íntegramente a su figura, quizá el único Nobel que no lo tiene. Los Ministerios de Cultura y de Ciencia e Innovación del Gobierno actual ya pueden ponerse manos a la obra y solucionar el entuerto, porque esto no ocurre en ningún país del mundo. El Instituto Cajal es el depositario del Legado Cajal, que comprende 22.000 piezas mal guardadas, aunque se van acondicionando lo mejor posible: lo de más valor se ha consignado en el Banco de Santander, y existe el propósito de mejorar el espacio del CSIC, y la creación de un Museo Cátedra Ramón y Cajal en la calle madrileña de Santa Isabel, en la que impartió clases y donde se realizan visitas teatralizadas. El Instituto Cajal está cerca del estadio "Santiago Bernabeu", así que para los amantes del fútbol, además de la ciencia y la cultura en general, entre los que me encuentro, resulta cómodo el trayecto. El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza ha acogido una muestra-exposición con objetos cedidos por el CSIC y la familia, especialmente de su hermano, Pedro, con ocasión del 150 Aniversario de Cajal. Pero como ocurre a veces en temas importantes en que puedan crearse intereses crematísticos, los familiares no han estado unidos en sus actuaciones, así, algunos de los objetos se vendieron, otros se recuperaron de mala manera, su vivienda -donde permanecía parte de su biblioteca- se ofreció a una inmobiliaria para vender pisos de lujo y en cierta ocasión, se recogieron firmas para la creación del museo y se solicitó al Gobierno, infructuosamente. El legado ha sufrido desde la muerte del científico muchas vicisitudes y cambios de sedes y nunca los interesados consiguieron un resultado adecuado a la trascendencia de la figura. La biblioteca científica  no contiene originales sino réplicas y ocupa un espacio ridículo en el CSIC; por su parte, el Colegio de Médicos anunció en 2019 la creación del Museo Cátedra "Ramón y Cajal" en parte de su espacio*. Si a ello añadimos que existen otros ámbitos de muestras sobre el personaje, en concreto en algunos lugares en que vivió (Petilla, Valpalmas, Ayerbe, Linás de Marcuello, Huesca, y otras capitales), el estado de la cuestión es complicado, teniendo en cuenta que nos estamos refiriendo a un español de la categoría de Einstein, Galileo, Darwin o Newton. El Weisman Art Museum de Minneapolis organizó una exposición itinerante que recorrió las principales ciudades americanas, españolas y canadienses, para reconocer, entre otros valores, que los dibujos de Cajal constituyen el comienzo de la neurociencia moderna (fármacos como la morfina o el diazepam deben sus efectos al descubrimiento del mecanismo de la neurotransmisión).






                                                                     

                         Santiago Ramón y Cajal sacó de su estancamiento a la ciencia española y la inscribió en la modernidad. Vio lo que otros no veían. Circunstancialmente nació en la localidad navarra situada en la provincia de Zaragoza, Petilla de Aragón, donde permaneció hasta los dos años y a partir de ahí su vida transcurrió hasta ya entrada la época adulta en tierras de Aragón. De ascendencia oscense, estudió en la Universidad de Zaragoza, fue nombrado senador vitalicio, cargo sin sueldo, y reconocido como la cabeza de la denominada "Generación de Sabios". Hoy un cráter lunar lleva su nombre, así como un asteroide. Hablaba más arriba de su humildad, esa virtud que sólo adorna a los más grandes, y por ella renunció a ser ministro de Salud, no le otorgó una beca a su hijo aunque era presidente de la JAE y se rebajó él mismo el salario asignado por el Gobierno. Prefirió no ser médico rural como su padre, lo que le costó enemistarse con él, porque quería dedicarse a la investigación y a la enseñanza, y así, cuando descubrió que el bacilo causante del cólera quedaba inactivado si se cocía, la Diputación Provincial de Zaragoza le regaló un microscopio que no utilizó para observar cerebros de animales de adultos sino embriones. Pero España, como ha sido norma histórica casi habitual, no reconocía sus descubrimientos y fue Alemania la que lo encumbró, formando parte a partir de entonces de las Academias y asociaciones científicas más importantes del mundo de aquel momento. Mientras, en España, donde las cátedras se repartían por méritos políticos, se sometía a la mayoría de sus discípulos y colaboradores a depuración ideológica. Como escritor fue tan prolífico como en las demás facetas personales y profesionales -un hombre intenso, no olvidemos que tuvo siete hijos-, dejando libros de memorias, autobiográficos, hermosísimos, además de los de carácter científico, y uno especial para mí, Psicología de Don Quijote y el quijotismo. Actualmente, algunos de sus descendientes siguen su estela como catedráticos de Universidad.










                        Se había criado entre labradores analfabetos  y como a él de pequeño también le gustaba más el campo que estudiar, un día, castigado en la clase a oscuras, comenzó a fijarse en sombras y claroscuros que darían lugar al descubrimiento de la cámara oscura, así que a los 18 años inventó las placas para mejorar la sensibilidad y la rapidez de la instantánea fotográfica y ensayó su invento con éxito en una corrida de toros, pero se le adelantó Edison en el registro de la patente. Parece que Cajal manifestaba en ocasiones una ingenuidad o falta de astucia que por su carácter bondadoso tal vez le perjudicara a veces, pero fue un gran fotógrafo, otra de sus facetas artísticas en la que sobresalió. Mejoró el gramófono o fonógrafo, y se conservan cientos de fotografías estereoscópicas impresionadas en placas de cristal, con bastantes autorretratos. Cajal se vio obligado a participar de la guerra de Cuba como médico militar y allí pasó una serie de amargas peripecias que desembocaron en la declaración de un Consejo de guerra y como "inutilizado en campaña" pudo regresar a España. Resulta curioso comprobar las concomitancias vitales entre Ramón y Cajal y el héroe cubano José Martí, que como sabemos, estudió en Zaragoza. Si paseamos por las calles del casco histórico de la ciudad, encontraremos enseguida el lugar en que vivió Martí en la calle Manifestación. Los dos estudiaron en la Universidad de Zaragoza, uno Medicina, el otro Derecho y Filosofía. A Martí le dedica un busto el Paraninfo y la ciudad el nombre de una calle. Compartieron valores humanos y patrióticos y los dos llegaron a ser personalidades de proyección universal y expresión de las mejores cualidades de dos pueblos hermanados por la historia. Vivieron la caída de la Primera República Española. Martí, tras 19 meses en Zaragoza, vuelve a Cuba, siente la derrota de los liberales de Zaragoza y funda "Patria" y el PRC. Cajal regresa de la Guerra de los Diez Años después de una difícil estancia y vuelve a la Universidad. Coinciden en Zaragoza entre 1871 y 1873, muy aficionados ambos a la literatura, la filosofía y los paseos por el Ebro. A los dos los acompañó un sentimiento antiimperialista. Unos rastros sentimentales e históricos que vinculan a Cuba y Aragón...



             
                       




                   ZARAGOZA ES ALGO MÍO, MUY ÍNTIMO, QUE LLEVO EMBEBIDO EN MI CORAZÓN Y EN MI ESPÍRITU Y PALPITA EN MI CARÁCTER Y EN MIS ACTOS.



                De esta forma, Santiago Ramón y Cajal manifestaba su cariño hacia una tierra en la que vivió muchos años. Sabemos que había pasado su infancia en Larrés, Luna, Valpalmas, Ayerbe, Huesca y Jaca, y el amor a lo largo del tiempo ha sido recíproco: 148 municipios de Aragón llevan en sus calles su nombre, por delante de Goya y Cervantes. Si visitamos el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza podemos admirar la estatua que Mariano Benlliure creó para su imponente escalinata. Obtuvo las condecoraciones y distinciones más relevantes oficiales, pero a él la que más le emocionó y conmovió especialmente fue la Medalla de Oro de los Estudiantes de Zaragoza, lo que provocó que en su testamento dejara instituido un premio de 25.000 pesetas para el estudiante anual más destacado. Y es que podemos realizar un recorrido o ruta por la ciudad desde que llegó de adolescente al barrio del Arrabal, de donde pasó a vivir a la calle Méndez Núñez, en cuyo número 13 una placa recuerda su estancia y de ahí, a la calle San Jorge. Junto a su padre, realizó prácticas de disección en el Hospital de Santa Engracia, época en la que seguía ejercitándose en el deporte y la gimnasia como el buen atleta que fue (!hoy se habla de Cajal como pionero del culturismo!), aunque con cierta gracia advertía en la deliciosa obra Mi infancia y juventud, que el ejercicio debía ser moderado y breve "sin traspasar la fase de cansancio", o se describía en Recuerdos de mi vida: "Ancho de espaldas, con pectorales monstruosos, mi circunferencia torácica excedía de 112 centímetros y al andar mostraba esa inelegancia y contoneo característico del Hércules de Feria". Tras su estancia en Cuba, enfermo del cólera, vuelve a Zaragoza donde se repone con una buena alimentación, los cuidados de su madre y el "aire de la tierra" (quien lo probó, lo sabe). Pero no fue su única grave enfermedad. Jugando al ajedrez, actividad en la que también destacó, en el jardín del café Iberia, se le desencadenó una tuberculosis. Su padre lo mandó a Panticosa y San Juan de la Peña, pero él, rebelde, como ocurre también con algunos grandes médicos, confesó: "mi plan curativo consistía en hacer todo lo contrario de lo aconsejado por los médicos; grandes médicos son el sol, el aire, el silencio y el arte".




                      Obtuvo el título de practicante en el Hospital Nuestra Señora de Gracia (hoy Hospital Provincial), de donde más tarde fue profesor auxiliar interino, en la calle del Hospital, como se denominaba entonces, en la que también vivió, ya casado, y que en 1901 recibió su nombre: calle de Ramón y Cajal (de resonancias personales muy especiales para mí). El Hospital fue sanatorio de pobres en principio y en 1906 se unió a la Facultad de Medicina para las prácticas de los médicos. Allí Cajal trabajó como ayudante de anatomía en 1876. Quien quiera admirar una de las Farmacias más bonitas y antiguas de España, la encontrará en este Hospital, el futuro Museo de la Farmacia Aragonesa alberga también los objetos de la emblemática Farmacia Ríos que se situaba hasta su cierre en la plaza de España y a cuyas tertulias asistía el hermano de don Santiago, el también afamado médico y profesor, Pedro. La calle del Hospital se había denominado calle de la Victoria, por el convento de frailes menores, y también calle de la Campana, y transcurre desde la calle Boggiero hasta la actual avenida de César Augusto. Desde su casa Cajal se acercaba al Hospital y de ahí a la cercana Facultad de Medicina (hoy Paraninfo). Durante sus estancias en Valencia, Barcelona, Madrid y Alemania, Cajal volvía a tierras aragonesas para veranear en Jaca o ver a sus familiares. Si prefirió la cátedra de Barcelona a la de Zaragoza fue porque creyó que allí sería más fértil su labor. Cuando viajaba, su padre acogía a su mujer y sus hijos, ayudándolo económicamente cuando fue preciso a pesar de sus encontronazos con él, pero el hijo siempre lo alabó.








                          ¿Cómo era su temperamento? ¿Cuáles fueron sus virtudes intelectuales y morales? ¿Por qué se dice de él que fue un "aragonés de pura cepa"? Se conocen de siempre los rasgos que se atribuyen al hombre de esta tierra, ¿tópico o realidad?, sería un debate interminable. Parece, en cualquier caso, que un aragonés no suele asemejarse a un andaluz, por ejemplo, pero, ¿hay fundamento científico en esta apreciación?, ¿se trata de una superficialidad? Lo ignoro, seguramente el propio Ramón y Cajal podría aclarármelo. Lo cierto es que él ponderó a los aragoneses más insignes como Marcial, Gracián, Servet, Zurita, Goya, y tantos otros, así como alabó la geografía aragonesa que conoció bien. En un atinado estudio el profesor, doctor y escritor aragonés Fernando Solsona destaca las virtudes que adornaron y potenciaron el privilegio de su inteligencia y sabiduría: la tenacidad, perseverancia, fe en el trabajo, pasión indomable, energía sin límites, fidelidad, afán didáctico, independencia de juicio, voluntad ante la adversidad (esa gloria del intento quijotesca), y sobre todo, lo que en mi opinión más definió su temperamento y actitud: el gusto por la esencia, fue un hombre auténtico e íntegro que buscó -y encontró- la verdad de la vida. Un hombre de bondad infinita en el más amplio sentido del término. Hasta parece que el tono de su voz - y eso sí es objetivo- lo caracterizó como aragonés puro: sus alumnos valencianos subrayaban la "hermosa voz" como de "cantante de jota", siempre preciso, siempre conciso, ausente de oratoria florida... El profesor Solsona señala cómo han sobresalido en Aragón figuras del derecho, pero no se recuerda tanto a los matemáticos, los filólogos, los naturalistas, en especial los botánicos (Lagasca, Loscos, Zapater, etc.), biólogos como Félix de Azara, Odón de Buen, Fernández de Luna, histólogos como el propio Cajal y su hermano Pedro, Francisco Tello, Galo Leoz, Sanz Ibáñez, Isaac Costero... Y es de justicia el reconocimiento de nuestras señas de identidad cuya repercusión es universal, de progreso y desarrollo, y eterna.







                                                               Poema de Raúl Wenceslao Fernández Moros




                              Se ha dicho frecuentemente que el talento no lo es todo. Y es que Cajal descubrió que a veces existen vicios de la personalidad que se repiten como patrones atemporales en personas talentosas que nunca aportarán nada al mundo (aunque algunos se lo crean). En Consejos para un joven investigador habla de ello. Si bien es interesante soñar e imaginar, hay que pasar a otro estadio superior. Es el caso de los contempladores, los eruditos empedernidos, los discutidores de todo, los teóricos, el inadaptado social (o solitario), los adictos a instrumentos (hoy a tecnologías varias), y los megalómanos, que tienen un ego tan enorme que creen que con su inteligencia conseguirán éxito en todo, esos, dice Cajal, son más soñadores que talentosos. Nunca una persona ególatra encontrará ni conocerá siquiera la verdadera realidad en su más amplia concepción. No fue su caso. Él formó una escuela a la que de todo el mundo asistieron alumnos para conocer el sistema nervioso, de los que algunos rozaron el Nobel. ¿Ramón y Cajal machista? Semejante afirmación he podido constatar en muchos de los comentaristas de su figura, pero la realidad es que contó con la colaboración y presencia activa de varias mujeres, no sólo en la secretaría (Ketty Lewy, que trabajó también como traductora), sino en su propia escuela (Laura Forster, Manuela Serra, Soledad Ruiz-Capillas, María Luisa Herreros), así como en el laboratorio como ayudantes, bibliotecarias, o ilustradoras (Conchita del Valle, María García Amador). Debemos tener en cuenta que hasta 1888 no se reguló el acceso de la mujer a la universidad y sólo bajo enseñanza libre. El derecho a matricularse en enseñanza oficial se alcanzó en 1910. Anteriormente, como señala Elena Ginés, a la mujer no se le permitía entrar sola, siendo acompañada por un ujier desde la puerta hasta el aula, mientras que tenía que salir detrás de sus compañeros acompañada nuevamente por el ujier.





                       Con la guerra y su fallecimiento desapareció en parte el fruto de su trabajo, pero aún así, en 2017 se consiguió que la Unesco reconociera su legado dentro del Programa Memoria del Mundo, al mismo tiempo que el Archivo General de Simancas y el Códice Calixtino. Un Museo nacional debería seguir incidiendo en la importancia de los logros científicos y culturales, en el trabajo de la ciencia del siglo XXI, la neurociencia, porque junto a las exploraciones geográficas, el Derecho Internacional y el Quijote, es lo español más relevante. Las ideas de Ramón y Cajal se adelantaron a su tiempo y por eso tienen vigencia. Y es tal la modernidad, que algún estudioso cree que podría ser la solución al conflicto soberanista catalán. Manel Montolíu Bargallo sostiene que en El mundo visto a los 80 años expone Cajal su visión sobre la unidad de España y las manifestaciones catalanistas, francamente antifascistas, pero "la fuerza aplicada a las pugnas intestinas de un país no resuelven nada. Propondría la separación de las regiones rebeldes, amistosa y acompañada de algunas compensaciones fiscales". Y admitía:



                         TRISTE ES RECONOCER QUE LA VERDAD NO LLEGA A LOS IGNORANTES PORQUE NO LEEN NI SIENTEN Y DEJA FRÍOS CUANDO NO IRRITADOS A LOS VIVIDORES Y LOGREROS.




                                                            (Fotografías: Autorretratos, Legado Cajal)


                                 * Finalizado este artículo, el actual ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, se compromete a desarrollar "un proyecto de Museo Cajal". El CSIC anuncia que una parte del archivo se expondrá en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. El Instituto Cajal se desplazará al IMMPA en Alcalá de Henares. En el acto de conmemoración del primer centenario del Instituto se presenta la creación de un Centro Internacional de neurociencias.




                                                                                 Endings are beginnings


                         



                                                                                         Sobreviviré

                               
                   
                 


               


             


                     

jueves, 27 de diciembre de 2018

TOVENISSA, el pueblo de mi padre






                                                                                                                           PARA JAVIER



                                                                (A los tobedanos, especialmente para los dos que hoy me mantienen unida a Tobed, y para el que se nos fue sin desearlo)                                                                      






                                                                            Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
                                                                            y un huerto claro donde madura el limonero,
                                                                            mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
                                                                            mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
                                                                                              
                                                                                                       (A. Machado, "Retrato")








                                       
                                                  Mi infancia son recuerdos de un patio de Codos... Todos los veranos se repetía lo que yo esperaba siempre con tanta ilusión: la "Fora" me dejaba justo a seis kilómetros de Tobed. Por el puerto pedregoso, con el embriagador olor del vino que desprendían las pipas, mientras uno de los tíos me contaba el cuento de "la fuente Culebrera", y el otro nos anunciaba con musicales bocinazos en todas las curvas, yo pensaba en el pueblo de mi padre. Pero para una cría aún con coletas, seis kilómetros eran demasiados para andarlos.

             Pasaron muchos años antes de poderlos recorrer. Mi ansiedad por conocer Tobed era enorme: ¿qué tendrá el pueblo de mi padre que no tenga el de mi madre? -me preguntaba. Porque en mi casa sólo se hablaba de Tobed... ¡Cuántas veces, a lo largo de mi ya extenso recorrido profesional por media España, la gente me ha interrogado con la mirada ante algunas expresiones mías! -Es que mi padre es de Tobed -me justificaba.

            Algo muy importante debía de tener, cuando a mi padre le brotaba esa palabra constantemente. Mi curiosidad aumentaba cada vez más. Y ¡por fin! un día veraniego, apareció ante mi vista una noguera impresionante que me daba la bienvenida. A lo lejos, una tierra rojiza dibujaba, junto a la ermita de San Valentín, unas figuras que no veía, pero que adquirían forma en mi imaginación al recordar las palabras de mi padre.

           ¿Cómo sería el pueblo? ¿Tendría escaleras para subir a la iglesia como las de Codos? ¿Habría también vacas furas?... No, no había escaleras, pero ¡qué iglesia! Aquí sí que mi padre se había quedado corto. No vi vacas, pero sí pinos, fuentes, huertos...

           Aquel día Tobed era una fiesta: todo eran risas y bailes. Animada por el vino de esta tierra, me dejé arrastrar por un torbellino de gentes, músicos y familiares. ¡Prácticamente todos los habitantes del pueblo eran familia mía!

           Ahora empezaba a contestarme qué tenía el pueblo de mi padre...

           Cuando pasó la fiesta, me acerqué a los pinos: el aire era purísimo, me parecía imposible respirar tanta tranquilidad. Y la noche... Nunca, en ninguna parte, he visto un cielo tan bellamente estrellado como el de cualquier noche de verano en Tobed.

          Subiendo o bajando cuestas, por algún camino o recorriendo una calle, alguien siempre me regalaba una rosa, un melocotón, una botella de vino, una torta hecha en casa.

          ¿Quién eres tú? -me preguntaban. ¿Cuál es el mote de tu padre? -me repetían. Ya no recuerdo quién me lo descubrió, pero seguramente se lo agradecí invitándole a bailar un pasodoble. Un mote de tantos años, del bisabuelo... ¡A mi padre se le había olvidado enseñármelo!

           Descubrí las bodegas, unas más grandes, otras más pequeñas, pero siempre abiertas en una invitación permanente. ¡El bisabuelo merendó todos los días de su vida -que fueron muchos-, a la puerta de la bodega, viendo el sol caer en el atardecer!

           A medida que iba conociendo más y más al pueblo, podía ir recomponiendo la historia de mis antepasados, unos antepasados que también han dejado su huella en mi sangre, unos antepasados a los que fui queriendo más gracias a Antonio, al que nunca olvidaré.

           Con los años, Tobed fue para mí aún más, algo más que el pueblo de mi padre. Hoy ya tengo mis preguntas contestadas. Y para quien piense que exagero, que se eche un sueño una madrugada, al raso, con olor a pino, y abra los ojos poco a poco a la salida del sol, viendo desde lo alto cómo se refleja en los cristales del pueblo.

           Ahora ya puedo responder: ¿Qué tiene el pueblo de mi padre que no tiene el de mi madre? Tobed os tiene a vosotros.







                                                               Iglesia de la Virgen o de Santa María. Tobed




                              Tobed, en la provincia de Zaragoza, perteneciente a Aragón (España), posee una de las iglesias-fortaleza más impresionantes y bellas de cuantas existen. De estilo gótico-mudéjar (aragonés), se construyó en el s.XIV con un concepto arquitectónico único en la España de la época, y es considerada Patrimonio de la Humanidad desde 2001. Fue promovida por la Orden del Santo Sepulcro de Calatayud con carácter defensivo por su cercanía a la frontera de Castilla ante la guerra entre Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso y Pedro I de Castilla, el Cruel. Como he comentado en alguna ocasión, el pintor Jaume Serra realizó el retablo que actualmente se encuentra conservado en el Museo del Prado. Se la conoce como iglesia de la Virgen o de Santa María. Para algunos, la tradición de la Virgen de Tobed se remonta a tiempos de los godos y se tiene constancia de que la iglesia fue consagrada en 1066. La localidad fue encomienda de la Orden del Santo Sepulcro de Calatayud desde 1141 en que se llega a un acuerdo con Ramón Berenguer IV para compensarle por su renuncia al legado testamentario de Alfonso I el Batallador que dejaba el reino de Aragón a las órdenes militares de Tierra Santa. Esta cesión territorial comprendía un solar para levantar casa e iglesia en Calatayud, donde se establecería una comunidad de canónigos regulares con dotación de rentas de Tobed y Codos, entre otras poblaciones.



                                     





                                En el siglo XIV la Orden apoya a Pedro IV en la guerra de la que he hablado y es entonces cuando se inician las obras de la iglesia, no sin conflictos entre diferentes cargos eclesiásticos, ya que el obispo de Tarazona entendía que debía de haber otorgado su consentimiento a la vez que solicitaba las rentas correspondientes por pertenecer Tobed a su diócesis, pero se falló a favor de la Orden. En 1360, fray Martín de Alpartir contrata con Mahoma Granada, relojero moro de Pedrola, la fabricación de cincuenta mil ladrillos para la iglesia. Enrique II de Castilla, aliado del rey aragonés, donó las tres tablas de la Virgen de la Leche, San Juan Bautista y la Magdalena para presidir los altares de las tres capillas. Además, se incluye el escudo heráldico del papa Benedicto XIII en la clave de la bóveda del último tramo de la nave, en el alfarje del presbiterio y en la línea de impostas que corre por las capillas y nave a la altura del arranque de las bóvedas. Parece que la iglesia se concibió desde el principio de tres tramos y hoy la vemos con una sola torre, aunque mi querido experto Agustín Sanmiguel siempre la soñó con dos. Sorprenden su exquisita decoración interior y exterior, las pinturas y yeserías con motivos geométricos islámicos, las celosías con motivos vegetales, la techumbre o alfarje de madera pintada y la capilla de la Virgen con azulejos de Muel de colores. En el altar mayor se encuentra un icono de la Virgen obsequiado por el rey aragonés Martín el Humano, que a su vez le regaló Luis VI de Francia, representando a la Virgen con el niño en brazos pintados en lienzo sobre tabla. Se guarda en una hornacina de plata plateresca, labrada en Calatayud en el siglo XVI. La capilla se cierra con una verja del mismo siglo, similar a la de la iglesia de San Pablo de Zaragoza.






                                                                  Sierra de Algairén. Los abuelos. Tobed



                         La villa de Tobed se encuentra en el paradisíaco valle del río Grío, rodeado por la sierra de Vicor o Vicort (la Vicora) y por otras estribaciones montañosas como la sierra de Algairén y la del Espigar. Dependió del priorato de Calatayud hasta la desamortización de los bienes del clero del siglo XIX. No sólo es admirable la monumental iglesia de la Virgen, sino que también la dedicada a San Pedro Apóstol, de época más tardía (renacentista del s.XVI), es uno de los edificios más representativos, junto a otros, como el Palacio de los Comendadores y Canónigos, y el Castillo (BIC), conocido popularmente como El Palomar, fortificación medieval de origen musulmán, dentro de cuyo recinto se halla la Ermita de San Valentín, patrón de Tobed (los vecinos cuentan que su reliquia permanece en la iglesia desde hace casi 400 años, y un bonito día, el 14 de febrero, se celebra la fiesta dedicada a él, como único lugar de Aragón que posee el patronazgo del santo de los enamorados). Aquí nacieron Vicente Naharro, excelente pedagogo, el baloncestista Fernando Muscat, el actual Presidente de la DPZ, Juan Antonio Sánchez Quero, un alcalde amigo, Ángel Rodrigo Jimeno, y sobre todo, la prima de mi padre, la excelente tiradora con arco, pionera española y europea en esta especialidad, Paquita Millán Serrano, mejor deportista aragonesa de 1968, a la que el Ayuntamiento de Zaragoza le dedicó una calle (con la categoría de Avenida) en 2009, tan merecida, para lo que se decidió cambiar el nombre de otra calle ya existente, en el barrio de Valdefierro, donde residía. Compartió ese mismo año el honor de recibir la denominación de una calle zaragozana con un deportista muy querido en la ciudad, en este caso futbolista, Nayim, cuyo inverosímil gol en la Recopa de París que le dio el triunfo al Real Zaragoza, será recordado eternamente. Paquita Millán Serrano descubrió este deporte, tan minoritario entonces y más aún practicado por una mujer, al observar a unos arqueros ejerciéndolo en Grisén y desde entonces lo convirtió en su vocación. En los años 60 del siglo XX participó en diferentes competiciones nacionales e internacionales alcanzando grandes éxitos, y era habitual encontrar su nombre en los periódicos deportivos de la época. Yo la recuerdo con su Seat 600 viajando sola (hay que pensar en el contexto social de aquel momento) por diferentes países, siempre acompañada de su arco y sus flechas. Fue campeona de España en cuatro ocasiones y una de Europa, entre otros títulos, batiendo en 1967 la marca nacional en la especialidad de arco recurvo al Aire libre en la categoría Senior. Continuó enseñando este deporte a nuevos arqueros, y, siguiendo una de las milenarias tradiciones alfareras de Tobed, se convirtió en una experta ceramista.










             
                  Paquita tuvo un triste final. En 1991 el acelerador de electrones del hospital Clínico de Zaragoza fallaba en demasiadas ocasiones y en una de ellas, mi prima sufrió uno de esos fallos, el mayor fallo nuclear del campo de la medicina del mundo en todos los tiempos...




               











                                     





                          La Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, congregación monástico-militar, tuvo un origen francés, concretamente en Godofredo de Bouillon, líder de la Primera Cruzada que permitió a los cristianos tomar la ciudad santa de Jerusalén en 1099. Es la orden de caballería más antigua del mundo, nacida bajo el amparo del Santo Sepulcro, la tumba de Jesucristo, protagonizando numerosas batallas en la Reconquista contra los musulmanes. Su poder llegó a ser comparable al de las órdenes del Temple y el Hospital. El conde Ramón Berenguer IV de Barcelona otorgó tierras y encomiendas en el reino de Aragón, sobre todo en Calatayud, entre ellas Tobed y el Principado de Cataluña. Se sabe que Tobed ya existía en el siglo XII. Se identifica su nombre con la villa celtíberorromana Tovenissa, de reminiscencias literarias en los Epigramas de Marcial, pero sin que hayan aparecido restos arqueológicos que apoyen los escritos y por tanto, certifiquen científicamente esa relación, aunque en el mundo celtíbérico se habla incluso de la moneda sekaisa en Tobed. En 1144 quedó bajo la jurisdicción de los fueros de Calatayud, junto a Codos, Santa Cruz de Grío, Inogés y Aldehuela (encantadora población hoy deshabitada a la que se puede acceder andando por un pintoresco camino). Tras su incorporación a la Orden del Santo Sepulcro, el pueblo de mi padre conoció una etapa de gran desarrollo económico y social que duró siete siglos por su posición estratégica en las rutas comerciales y el cultivo de los olivos, que todavía hoy circundan su perímetro, de los que se originó una excelente producción de aceite para el que se construyó el "Molino del aceite", en la parte alta del pueblo.





                                                                  Los Abuelos (formación geológica). Tobed



                                             




                             Por la zona circula el GR 90 Tierras del Moncayo y Sistema Ibérico zaragozano, a través del que podemos conocer atractivos lugares de la comarca y alrededores, sobre todo, para los amantes del senderismo. La sierra de Vicor ofrece maravillosos parajes desde los que se contemplan singulares panorámicas, que llegan hasta las conocidas Hoces del Jalón. Desde el barrio antiguo de los Alfareros de Tobed puede comenzarse un paseo hacia lo alto para apreciar unas espectaculares vistas impagables, el de un entorno marcado por la belleza de una naturaleza de encinar y retama, así como divisar en el horizonte los restos del Castillo, ese pequeño conjunto de aire defensivo protegido por pendientes inaccesibles y un barranco que etimológicamente recibe el nombre correspondiente, Trascastillo, pero que popularmente se conoce como "Los Abuelos", peligroso lugar para el hombre pero idóneo para el refugio de los animales de carácter autóctono, algunos volando sobre el silencio. El impresionante escenario no tiene nada que envidiar a los que nos recuerdan ecos lejanos... La superficie de la plataforma del Castillo da idea de lo que debió de conformar la extensión original del conjunto fortificado. Se conoce poco de su origen y desarrollo histórico a excepción de su posición estratégica respecto a Tobed ante el avance de las tropas cristianas en la Reconquista, que se sitúa en los años inmediatamente posteriores a la toma de Zaragoza. Siempre está abierto. Este vigilante eficaz de la apacible existencia actual de Tobed, desde su ubicación en lo alto del cerro dominando el cauce del río Grío, nos regala un trocito de historia aragonesa, de patrimonio cultural, tradiciones y naturaleza... Para quienes la literatura es la vida, entre los que me cuento, Tobed siempre será Tovenissa, el pueblo donde el patrón es el amor, y por tanto, un lugar de futuro. 

                 

           
                          El 13 de febrero de 2019, víspera de San Valentín, Heraldo de Aragón publicaba en su sección de "Aragón, pueblo a pueblo" un amplio reportaje sobre Tobed, en el que se da amplia cuenta de los pilares en que se asienta su proyección en el momento actual. Así, por ejemplo, la Asociación Territorio Mudéjar desarrolla el objetivo de un mayor conocimiento y difusión del mudéjar empleando los recursos naturales que aporta este estilo artístico para generar riqueza y un mejor aprendizaje sobre todo en los más pequeños. De esta forma, el mudéjar les sirve para conocer desde otro punto de vista disciplinas como la  geometría, plástica, física o matemáticas. En 2006 se inició el primer plan de musealización del mudéjar abierto al de todo Aragón, habilitando parte del Ayuntamiento y la lonja, creando el museo parroquial dentro de la iglesia y organizando congresos y jornadas internacionales, así como visitas teatralizadas. En junio de 2018 se inauguró un espacio en el palacio de los Canónigos con piezas de la ceramista de Tobed, Conchita Gimeno. En el barrio de los Obradores -de ladrillo, teja o tapial, que funcionaron hasta el siglo XX-, se han recuperado la zona de los balseros y uno de los obradores de alfarería con su horno, únicos en España junto a otros de Almería. Ahora se rehabilita una antigua alcoholera para convertirla en museo.

                      El herrero, Manuel Cartagena -quinta generación en el oficio con taller desde 1842- continúa trabajando la soldadura a la calda en determinados trabajos como truedes, descansa-criadas, barrote cruzado aragonés, vertederas, aperos de labranza antiguos... pero también piezas modernas. La tradición apicultora se mantiene con los panales y la comercialización de la miel a través de la denominación El Colmenar del Grío, aprovechando las ricas plantas de la zona desde Codos a Miedes, que generará un centro de interpretación acerca del dulce producto. Distintas asociaciones fomentan, asímismo, la rica naturaleza que envuelve un ámbito montañoso y aumentan sin descanso incontables programas de actividades diversas: campamentos, conocimiento de oficios del campo y de animales, restauración de edificios para usos varios, edificación de otros nuevos...

                     Tobed, antes Tovenissa: un lugar de futuro. 





                                                                               Aunque no sea conmigo




                                                                                                                                                          
                                                               

lunes, 29 de enero de 2018

MÁLAGA... quien lo probó, lo sabe...





             
                              Málaga configura un espacio genuino y definitivo que posee todo lo que amo: un territorio vivo, abierto a las más intensas emociones, un estallido de placer reflejo de su origen y de la adaptación al progreso y a las más profundas necesidades, un exclusivo universo lleno de mensajes que esperan, imágenes que cuentan secretos, símbolos, retratos y representaciones que integran el relato de significados misteriosos y apasionados, los de un lugar que ha sobrevivido a todos los tiempos y que ahora nos invita a la ausencia del olvido, como un guardián que escondiera tesoros nunca imaginados... Mar, montaña, arte, historia, fiestas, aromas, espiritualidad, sentimientos..., una Málaga para cada momento, y sólo un instante: ahora. Como el que se vive en ese impresionante vergel de estilo paisajista inglés con plantas subtropicales y más de 150 años de historia, el Jardín Botánico de La Concepción, que transporta a otra dimensión anímica mientras se divisa la bahía desde su hermoso templete y se viaja a momentos románticos perfectamente recreados en el delicioso museo de muñecas. La Concepción representó el punto de encuentro entre ilustres artistas, aristócratas y políticos que paseaban por los atractivos y fértiles jardines, auténticos paraísos florales como la Finca San José, El Retiro, La Cónsula o el céntrico Parque con ejemplares vegetales de los cinco continentes, y donde, protegida por un enorme ficus, se encuentra la acogedora Casita del Jardinero. Desde otra perspectiva, las cubiertas del tejado de la CatedralLa Manquita, -que dispone de una sola torre porque suele decirse que el dinero destinado a su construcción se utilizó para ayudar a Estados Unidos en su guerra de Independencia-, las vistas de la ciudad resultan impresionantes. Los Baños del Carmen conservan esa estampa sentimental de principios del siglo XX: su blanco restaurante, mecido por las olas del mar que rompen junto a las mesas en una terraza rodeada por columnas, es uno de los lugares más especiales de Málaga, cuando el atardecer llega a su momento álgido con la puesta de sol más espectacular.Y para un soplo de relax, la esencia de los antiguos baños árabes de las termas Hammam Al Ándalus sumergen los sentidos en la atmósfera de la intimidad nazarí con sus aguas rituales a diferentes temperaturas. La decoración, digna de un emir, impregnada por el aroma de la biznaga y acompañada por los suaves acordes de la música andalusí, envuelven esta mágica experiencia en el hechizo de las llamas de las velas que evocan los relatos de las mil y una noches...








                    Manilva mantiene la tradición enológica malagueña. Si el tiempo lo permite, puede llevarse a cabo en su río una espectacular ruta de agua para gozar de los baños de la Hedionda, el Charco de la Paloma o la Charca del Infierno, o, tal vez, descubrir el Cañón de las Angosturas, que, efectivamente, hace honor a su nombre. A otra experiencia enológica diferente invita la bodega El Porfín, en Yunquera, donde saborear ese mosto que elaboran sus propietarios entre  bóvedas dieciochescas, algo que también se aprende en el Ecomuseo Lagar de Torrijos, porque los festejos malagueños suelen celebrarse en torno a una buena mesa, y la tradición marca que una buena opción es acudir al Día del Mosto y la Chacina de Colmenar, para degustarlos al son de las bandas de música y verdiales, o también, a las Jornadas Micológicas de Cortes de la Frontera, y no perder la ocasión de recorrer los bosques y recolectar unas setas especiales.Y es que las localidades y paisajes malagueños transmiten verdad y una plasticidad atemporal que envuelve lo más profundo del que lo comparte en algo muy poderoso, como una pasión indesmayable evocadora de sensaciones llenas de riqueza vital, sensuales, ardientes, que destilan grandeza, como esas experiencias tan sólidas que marcan la diferencia porque son una cuestión de piel, un regalo para los cinco sentidos sobrecogedor, un tesoro amable y soñado de magnitudes y vivencias desconocidas que generan recuerdos y momentos felices, esenciales para comprender el alma y la cultura de quienes lo habitan. A veces, son zonas mágicas ocultas, en las que la naturaleza, acuosa y bella, se mezcla con la historia y la leyenda creando entornos únicos que incitan a la aventura de calidad, o donde respirar arte y silencio. Decía Ulises que el viaje no debiera terminar nunca. Málaga ofrece eso, un sueño alcanzable, -aunque quizá en ocasiones lo distinto cueste comprenderse-, porque cuando el viaje ha terminado, no sólo el alma se queda, te quedas tú, y es entonces cuando el viaje no acaba. Para conocerla como merece, tendríamos que vivir dos vidas y aún así siempre nos quedaría un amanecer que desnudar o un atardecer que no se repetirá. Málaga se descubre poco a poco, como ocurre con lo mejor de la vida, porque en cada paso hay algo que emociona...




                     En Algarrobo, existen numerosas rutas de senderismo -un activo que ya trasciende fronteras-, pero una de las más atractivas es la del Castillo Benthomiz, antigua fortaleza árabe que se levanta sobre la corona del cerro del mismo nombre. Las más de dos mil especies del acuario de Benalmádena asombran por la labor de protección y conservación del mundo marino que se ha llevado a cabo en él, aunque si además subimos al Monte Calamorro en el teleférico descubrimos vistas inéditas y la fauna de la zona y, cerca, el mariposario nos permite soñar que los colores vuelan... Los enclaves arqueológicos son excepcionales, como el de Torrox, donde la zona del Faro la componen una villa, una factoría de salazones, unos hornos de producción alfarera, una necrópolis y unas termas, y en Torre de Benagalbón, un yacimiento romano de los siglos VIII-III a.c. ha sido declarado Bien de Interés Cultural. El Torcal de Antequera, conjunto kárstico protegido como paraje natural, es sin duda una de las joyas geológicas, yo diría que nacionales. Me ha sorprendido conocer que los caminos que conducen a Alfartanejo, con tajos calizos y el monumental olivar cerca del Pulgarín Bajo, son denominados "Pirineos del Sur", apelativo que me enorgullece aún salvando todas las distancias de la comparación... Si transitamos por el Caminito del Rey (punto emblemático del patrimonio cultural y turístico), tan de moda, percibiremos ecos históricos singulares en las Necrópolis de las Aguilillas, las ruinas de Bobastro o la ermita de la Virgen de Villaverde. En las Thermas de Carratraca, sus aguas de manantial proporcionan el mismo bienestar que el que brinda el restaurado Convento de la Magdalena del siglo XVI, en Antequera. Otros mundos insondables ofrece el Observatorio Astronómico de Yunquera, lo mismo que el Centro de Ciencia Principia de la capital. El mundo de nuestros antepasados se muestra al completo en La Algaba de Ronda, antigua finca reconvertida en un espacio ecológico, científico, arqueológico, educativo y familiar. Para disfrutar desde el aire, nada mejor que un paseo en globo por Antequera y Ronda, o a ras de tierrra, por qué no, una jornada de barranquismo en el Cañón de las Buitreras, una grieta con paredes verticales de más de cien metros de altura y estrechamemientos a los que apenas llega la luz, puede colmar el espíritu más aventurero. Como a mí me gustan tanto las tradiciones, recordaré, entre muchas, el Certamen de Pastorales en Benaque, que conmemora el nacimiento de su vecino más ilustre, el escritor Salvador Rueda.






                                                                               Caminito del Rey



                   Málaga conserva intactas sus raíces históricas. En tiempos remotos fue testigo de los orígenes del hombre y de la cultura mediterránea, y hoy se ha convertido en la primera potencia de la industria turística andaluza al tiempo que mantiene viva su tradición de tierra creativa y cosmopolita. Se ha situado en 2017 como el destino urbano que más crece por delante de las principales ciudades españolas. Y en ello ha influido significativamente la posibilidad de efectuar innumerables recorridos por espacios interiores ya consolidados, o en proyecto, como la denominada Senda Litoral, que va inaugurando paulatinamente sus tramos en la granja costera y completará el itinerario circular de la Gran Senda de Málaga, que conecta la totalidad de la Costa del Sol a través de un recorrido de más de 650 kilómetros, 35 etapas y 51 municipios. El Bosque de Cobre recorre los castañares de la Serranía de Ronda y de Sierra de las Nieves, mientras que Birding Málaga permite la observación de aves en espacios inverosímiles. El sendero del Caminito del Rey atraviesa una impresionante garganta kárstica, entre los embalses del Guadalhorce, Conde del Guadalhorce y Guadalteba y se ha rehabilitado dado el deterioro que presentaba, pues se construyó a principios del siglo pasado como vía peatonal para los trabajadores encargados de la presa del Conde del Guadalhorce, aunque su denominación corresponde al paseo inaugural del embalse, que hizo el rey Alfonso XIII en 1921. Se adecuaron los cuatro kilómetros que recorren el Caminito, especialmente de la pasarela de 1,2 kilómetros, a cien metros sobre el río Guadalhorce. Una nueva se ha construido con paneles de madera sobre la original, fijados a la roca con anclajes metálicos; en un tramo se incluyó suelo de vidrio para poder observar el desfiladero y el trazado original. Pero no me quiero olvidar de Benaoján, con la "Cueva del Gato", BIC de la Sierra de Grazalema, y la gruta "La Pileta", de gran interés prehistórico; Casares, localidad natal de Blas Infante, con el cercano paraje natural de Sierra Crestellina; Sierra Bermeja, de importancia geológica y biológica, o de la "Ruta de la Pasa", Patrimonio Agrícola Mundial, con poblaciones que poseen museos temáticos que giran en torno a la pasa. Y, sobre todo, la Sierra de las Nieves, Reserva de la Biosfera, que será pronto el tercer Parque Nacional de Andalucía (tras Doñana y Sierra Nevada), una de las comarcas con mayor valor ecológico del territorio nacional, con Yunquera, Istán, Ojén... con sus parajes de quejigos, pinsapos, peridotitas, cabras hispánicas y antiguas costumbres, que convierten a esta sierra en un enclave de especial valor. En ella se sitúa el pico de La Torrecilla, el más elevado de Málaga con 1919 metros de altitud y se celebran fiestas como el festival de la Luna Mora, que en Guaro a la luz de las velas conmemora ese guiño al entendimiento entre culturas, como ocurría en Al-Ándalus.






                                                                     Yunquera  (Sierra de las Nieves)



                       ¿Quién no conoce Ronda? Historia, naturaleza y enología son los pilares fundamentales de esta ciudad monumental. Yo me quedo con el romanticismo que desprende, sobre todo por la coqueta plaza de toros del siglo XVIII de la Real Maestranza de Caballería que -hasta los no taurinos, estoy segura- sabrán apreciar. En su arena se sienten vibraciones insólitas, algo así como en otras plazas apenas conocidas, como la hexagonal de Almadén, la cuadrada de Santa Cruz de Mudela, la formada por viviendas que circunvalan un ruedo como la de Tarazona, alguna otra asímismo diferente, o la propia Malagueta, donde el sinuoso vuelo de las gaviotas sobre toro, torero y espectadores con olor a mar producen la más bella de las fantasías. Ronda posee vestigios prehistóricos, romanos, árabes, majestuosas iglesias y sorprendentes obras de ingeniería que ya provocaron el asombro de Hemingway, Orson Welles o Rilke, que la bautizó como "la ciudad soñada". A 20 kilómetros puede visitarse lo que fue una importante ciudad romana, que precedió a Arunda, la que dio lugar al actual casco urbano. En Acinipo, las excavaciones han permitido encontrar una interesante estructura urbana entre los siglos I a.C. y III d.C., de tanta trascendencia que hasta tuvo potestad de acuñar moneda. Conocida como Cuevas de San Antón, esta capilla excavada en la roca es uno de los lugares más representativos para los rondeños. Es un templo rupestre construido entre los siglos IX y X para el culto cristiano por parte de los mozárabes, que nunca renegaron de sus creencias. Patrimonio, cultura y gastronomía definen a la ciudad -título otorgado por la reina regente María Cristina-, de Archidona, cuyas calles y edificios recuerdan la época dorada dieciochesca, aunque, como asentamiento, ya era conocida como Oscua, por los fenicios. Los romanos la denominaron Arx Domina, algo así como "Señora de las alturas", para algunos. El castillo del Cerro de la Virgen fue el origen de la actual ciudad. Cómo no destacar la Peña de los Enamorados, la que se describe en la famosa Leyenda de los Enamorados como trágico final de Tello y Tagzona. También alude a ella Camilo José Cela, en su polémica obra -vituperada en su momento-, La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona, que, en mi opinión, más que desprecio debería hacer sentir orgullo a los archidoneses porque no es frecuente que un Premio Nobel enfatice el nombre de un lugar antes bastante desconocido, a pesar de tantos atractivos como atesora, y lo convierta en protagonista. Eran otros tiempos...



                 


                                                                                     



                        Algunos territorios cercanos al mar, en este caso a la Costa del Sol, presentan paisajes más propios de zonas montañosas. Benahavís presume de un entorno natural diferenciador de otros más residenciales y de ocio, ubicado en la Serranía de Ronda y Sierra Bermeja, y por eso está considerado de Interés Ambiental. Estepona, por otra parte, recuerda su pasado histórico y su legado arqueológico en sus centros temáticos sobre la Prehistoria. Quedan vestigios en el casco urbano de las murallas del castillo de San Luis, como reminiscencias andalusíes que se vislumbran en sus calles o sus torres vigías, testigos mudos del devenir de su costa. El valor ecológico de la sierra Bermeja ha conseguido que quede protegido como paraje natural, gracias a una botánica llena de endemismos, entre los que sobresalen los apreciados pinsapos. La comarca más oriental de Málaga es la más variopinta y diversa: se trata de la Axarquía, donde las rutas por conocer son muy variadas, desde la del Mudéjar (que el lector no se pierda tampoco la aragonesa, con elementos similares pero también autóctonos), la del Sol y del Vino, la del Sol y del Aceite, la del Sol y del Aguacate, la de las Torres Vigías, la de los Tajos, o la de los Bandoleros. Por su singularidad histórica, sobresale la población de Macharaviaya, patria chica de Bernardo de Gálvez, que gozó de gran esplendor en el siglo XVIII, hasta el punto de conocerla como el "pequeño Madrid". Colmenar inauguró recientemente un curioso museo temático dedicado, cómo no, a la apicultura. En Torrox, las viviendas desafían a la irregular orografía distribuyéndose de forma escalonada, lo que permite disfrutar al visitante de una original imagen rural con un telón de fondo tan pictórico como el azul del mar... En la costa se percibe también la huella de la dominación romana, como lo demuestran la necrópolis y las termas halladas junto al faro. La antigua Clavicum, de gran importancia estratégica en la distribución de productos agrícolas y pesqueros, habitada entre los siglos I y IV, se menciona en el itinerario Antonino, que unía a las ciudades de Sexi y Menoba.




                        Frigiliana cuenta con uno de los cascos urbanos de origen morisco-mudéjar (el "Barribarto") mejor conservados de España, que transportan al caminante a otra época. Su Museo Arqueológico y el Jardín Botánico enorgullecen, con toda razón, a los habitantes de tanta maravilla. La zona oriental de Andalucía no sólo está formada por Málaga, sino que la complementan Jaén, Granada y Almería: es el legado del reino nazarí, el último bastión de Al-Ándalus, el conjunto de vestigios de un mundo formado por ciudadelas y recintos amurallados, de paisajes de contrastes y mares de olivos, un espacio histórico con ciertas peculiaridades que la diferencian de la Andalucía Occidental. Estas ciudades constituían una subregión en el siglo XIX en torno a Granada, ya que se unían dos zonas geográficas que estuvieron bien diferenciadas en los Reinos de Jaén y de Granada. Este emplazamiento tuvo y tiene un valor estratégico fundamental por su ubicación entre el Mediterráneo y la Meseta, por lo que ha sido codiciada por las civilizaciones más importantes: fenicios, tartessos, íberos, griegos, romanos o árabes se dieron cuenta no sólo de la riqueza mineral y agrícola sino de la importancia para sus conexiones con el interior de la Península. En pocos sitios del mundo se puede disfrutar de las nieves de Sierra Nevada, de un conjunto kárstico como el del Torcal de Antequera, de los grandes bosques de los parques naturales de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas o del desierto de Tabernas. Y el mar, al fondo, pero muy cerca... Y, por fin, uno de los lugares más vírgenes del sur de Europa, la última selva, un ecosistema sacado de otra época con un clima subtropical que permite la existencia de especies vegetales del terciario que no se encuentran en ningún otro lugar del continente: el Parque Natural de los Alcornocales. En sus 70 kilómetros de norte a sur y 40 de este a oeste, en territorio gaditano y malagueño, no existe ninguna población, manteniéndose las viejas fronteras musulmanas durante siglos. La única zona habitada que permaneció fue La Sauceda, abandonada tras la Guerra Civil. Hoy, los que se adentran en la humedad perenne se alojan en cabañas sin electricidad para gozar en pleno corazón de una selva mediterránea. Sus bosques se pierden entre la niebla y el paisaje se viste de verde intenso (a mí me recuerdan a panorámicas norteñas), donde helechos andaluces como los rododendros sobreviven en peligro de extinción, los fresnos crecen robustos y el laurel ofrece su aroma. En las partes más secas, caza insectos la drosóphila, una planta carnívora endémica de la península y Marruecos. Cualquier ruta por este parque se convierte en la mejor forma de fusionarse con el silencio ascético y la vida de una selva en estado puro.






                                                                                       Frigiliana  



                 ¿Hablamos de gastronomía? Según los expertos, los visitantes que realizan itinerarios gastronómicos en Málaga constituyen uno de los segmentos de mayor proyección para este territorio, con una tendencia a la evolución hacia la alta gastronomía o a la relacionada con la salud. Por eso se pretende fomentar la inversión en este proceso, potenciar la excelencia en la singularidad, identidad y autenticidad de los productos y su elaboración que promocionen y den imagen de marca a la que ya posee Málaga por tantas razones que sabemos. Al fin y al cabo, la gastronomía es un valor diferenciador que ofrece experiencias inolvidables a todo aquel interesado en la alimentación en todos sus aspectos. Es un patrimonio "inmaterial" que apela al lado más emocional del que visita un lugar, y lo convierte en un destino no intercambiable e irrepetible. "Sabor a Málaga" ha comenzado a proteger y a impulsar la comercialización dentro y fuera de Málaga de productos artesanales que respetan la tradición gastronómica, reforzando así la imagen global de los alimentos de mayor calidad. Actualmente, muchos productos malagueños se hallan protegidos con denominaciones de origen. En una línea similar trabaja la asociación La Carta Malacitana, que promueve el consumo de productos locales y la difusión de la soberanía alimentaria, de valores asociados al consumo sostenible y hasta del papel de la gastronomía en la enseñanza pública. En la Escuela de Hostelería de La Cónsula se han formado algunos de los cocineros más relevantes de España. Allí, en Churriana, también permaneció Hemingway escribiendo El verano peligroso o Gerald Brenan, autor de El laberinto español. Muy cerca, el Museo Nacional de Aeropuertos y Transporte Aéreo relata la historia de la navegación aérea en la antigua terminal del Aeropuerto.




                     La cocina tradicional se ha revisado con cariño y máximo respeto a la calidad de los productos locales en las últimas oleadas de la alta cocina malagueña. El Mediterráneo, la montaña, las fértiles vegas o las dehesas forman parte del variado paisaje malagueño, lo que se traduce en platos y productos muy dispares. Málaga cuenta con productos agropecuarios muy singulares y autóctonos, como el olivar verdial, la manzanilla aloreña, la zanahoria morá o la miel de caña. Además de la elaboración de vinos, de las uvas malagueñas han salido bebidas espirituosas tan famosas como el Ojén, un aguardiente que ahora recibe su merecido tributo en el mismo pueblo donde se creó su misteriosa fórmula. De su pasado andalusí, Málaga ha heredado un importante bagaje, así que muchos de sus platos y dulces apenas han variado a lo largo de los siglos. Hasta nuestros días perduran numerosas recetas que mantienen la esencia de lo tradicional, como potajes, sopas y otros guisos de cuchara. Hay platos exclusivos de esta tierra, como el gazpachuelo, el caldillo de pintarroja, las almejas a la malagueña, las berenjenas fritas con miel de caña, las sopas perotas, los borrachuelos o el pan de cortijo. Los mejores restaurantes centran su carta en platos saludables y sostenibles utilizando materias primas locales de primera calidad y de temporada, como la caldereta de Chivo lechal, guisos cocinados con tanto mimo que podrían encontrarse en cualquier casa de Málaga. ¿Los han probado? Lo que tampoco deben perderse es una buena degustación sobre la arena del ruedo de una plaza de toros, no encontrarán por otros lares algo similar, y luego me cuentan... He de confesar que mis rutas gastronómicas han transitado hasta hace poco por otros caminos con otros paladares, así que ahora disfruto del encanto de la novedad, a pesar de las diferencias... La calidad del recetario y de los productos locales se promociona en los últimos años de forma directa y popular en distintos eventos gastronómicos, normalmente en sus lugares de origen. Frecuentemente, se convocan fiestas con mucho sabor en Málaga. Algunas homenajean a platos, como el Día del Ajoblanco o el de las Sopas Mondeñas y Perotas. Otras, rinden tributo a la vendimia o a frutas y verduras, como la fiesta del Níspero, de la Pasa, de la Zanahoria Morá, etc.



                       Con el Málaga Gastronomy Festival, la ciudad se implica intensamente en la fiesta de la gastronomía local y regional. Esta celebración cuenta con un menú repleto de actividades en diferentes marcos de la capital que hacen que las calles se impregnen de los olores y sabores más actuales del panorama gastronómico actual durante días. La cocina en directo, las degustaciones, catas, talleres infantiles y los debates descubren la dieta mediterránea como elemento patrimonial y cultural convirtiendo a Málaga en el destino gastronómico por excelencia del sur de España. Un festival que culmina con el evento de La Marina Street Food en la plaza de La Marina, la mayor variedad de tapas de diseño de los mejores cocineros malagueños. Pero también, los barrios más castizos de Málaga, como el del Molinillo, por ejemplo, siguen conservando sus pequeños comercios, sus tascas o sus mercados como inmejorable seña de identidad malagueña. En ese arrabal nos encontramos un protagonista pintoresco: el Mercado de Salamanca, donde los tenderos venden sus productos a los parroquianos a viva voz, en un precioso edificio de estilo neomudéjar. Cerca, el Museum Jorge Rando nos acerca a otro tipo de arte, exponiendo la obra del pintor malagueño Jorge Rando, pero Málaga no sólo es la ciudad de los museos, es también una ciudad de mercados,- que ahora se han reconvertido en espacios gastronómicos en algunos casos, como el Central o de Atarazanas, de arquitectura nazarí-, por ejemplo, el de la Merced, el del Carmen, y tantos otros de imprescindible visita.



                        Inagotable: esa sería la palabra perfecta para definir todo lo que Málaga puede ofrecer en sus espacios. Hans Christian Andersen escribió: En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga. Un propio modo de vivir, la naturaleza, el mar abierto, todo cuanto para mí es vital e imprescindible lo hallé aquí. Hago mías sus palabras para añadir que en esta ciudad encantada que ha sabido reinventarse se sabe vivir. En ese paisaje que se eterniza en su propia inmensidad se redime y calma cualquier dolor y pesadumbre, donde brilla semejante fulgor de intemporalidad se atisba el sueño de lo inmortal: el sueño de beber ese licor süave que envenena... Es amor. Lo dijo Lope.


                                                       
                                                                               Te he visto pasar...