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viernes, 4 de noviembre de 2016

ARTE DE COPLA



                                         El retirarse no es huir ni el esperar es cordura...

                                                           Miguel de Cervantes



                                       Mi amor ni está ocioso ni se enfría; siempre abrasa, y no permite que esfuerce naturaleza un instante su flaqueza, porque jamás se remite.

                                                         Lope de Vega (El caballero de Olmedo)

                     
                                                                                 Cuando yo me haya marchado
                                                                                 búscame en el viento amigo,
                                                                                 en el rumor de un arroyo
                                                                                 o en la sonrisa de un niño.

                                                                                             Mayusta



                               Ya dijo Heidegger que la esencia del arte es la poesia, y la mejor de las poesías tiñe de principio a fin la película-documental, -que ya se proyecta en muchas pantallas españolas-, del oscense Carlos Saura, "Jota, de Saura", que desprende un cierto olor a cariño y una delicada pasión por los recuerdos más profundos de su alma, la del sabio que sabe mirar hacia la simple esencia de las propias raíces -imagen, sonido, emoción- desde el poso que le otorga la lectura del paso del tiempo. Saura ha conseguido crear tal mundo de ensoñación -melancólica y alegre a la vez- que además de ayudar a reconocernos a nosotros mismos, abre puertas a un universo infinito anticipando un futuro de dimensiones eternas como sólo puede provocar "un arte mayor", que, desde lo más básico se descubra y se viva de forma contemporánea y natural. El resultado es un documento histórico para la posteridad y la memoria, que igualmente sirva de consulta para los amantes de la música de cualquier rincón del mundo, porque los misterios y juegos poéticos del sentimiento han sido cantados y bailados sin límites de espacio y tiempo. Juan Ramón Jiménez señalaba:

                                  Yo, que no soy de Aragón, llevo hace tiempo en mi
                                  alma un aire melancólico de jota.






                      La jota cantada presenta básicamente como forma poética una copla (cuarteta asonantada en pares y libre en impares), una "canta", para Gregorio García-Arista y Rivera, además de "cantar" o "cantica", como también se le denomina en Aragón, exceptuando estribillos y alguna copla de cinco o seis versos, o aconsonantadas (los cantadores hablan de "tonada", una letra adaptada a un estilo que se canta pero no se baila, como aclara el gran bailador Miguel Ángel Berna). Tanto el pueblo como los escritores cultos la han utilizado siempre para crear jotas, así el gran poeta contemporáneo Miguel Ángel Yusta, Mayusta, que, como otros autores de renombre actuales han entendido que no había que pedir perdón a los modernos que todavía no se han quitado los prejuicios de encima, aplicándose en versificar, a veces con el mayor intimismo y otras, con gracia y alborozo, las más diversas sensaciones que puede experimentar el ser humano... Así ha podido revalorizarse, rejuvenecerse y renovarse la copla, sin que ello haya supuesto dejar de seguir disfrutando de las mejores jotas históricas conocidas. De lo que se ha tratado es de seguir aportando sensibilidad lírica, estilo y sentido a una estrofa de tanta tradición contribuyendo a que la jota se mantenga viva y joven siempre, lo que afortunadamente estamos viendo a través de la nueva cantera de bailadores, cantadores y músicos apasionados por un arte diferente que prestigia a la comunidad que representa, poniéndolo en valor como se merece, al tiempo que lo da a conocer a todo tipo de públicos, incluido el que  ha criticado de forma tan negativa lo que no se conocía bien. Como es de suponer, la temática, puesto que una copla concentra fragmentos de vida, es variadísima y hoy actualizada: amor, paisajes, oficios, protesta, la propia tierra, humor, deseos, inquietudes o problemas del presente..., sin olvidar las de baile, "picadillo" o picarescas. Mayusta brilla especialmente en las letras de coplas amorosas. Recojo de su Cancionero reciente unas cuantas y deseo que lo piensen -y lo sientan- de la misma forma:


                                   Tienes el mar en los labios
                                   y en los ojos las estrellas;
                                  deja que me asome a tu alma
                                  a inundarme de belleza.

                                  Muchas veces imagino
                                  que eres nube y yo soy viento,
                                  que juego dentro de ti
                                  cuando en el cielo te encuentro.

                                  En una isla contigo
                                  me quedaba a vivir yo
                                  si el mar fuera amor intenso
                                  y la isla... tu corazón.

                                 Quisiera ser navegante 
                                 en los mares de tu alma,
                                 y en ese cristal tan puro
                                 perderme por siempre, maña.


                
                       Mayusta aclara que aunque la jota abarca muchas regiones españolas, la aragonesa representa el paradigma y máximo exponente en cuanto a fuerza expresiva y belleza en cante y baile, de toda la diversidad del rico folclore que existe. Habría que explicar que la copla se transforma en jota cuando esta se inicia cantando el segundo verso, sigue el primero, se repite el segundo, continúan el tercero y cuarto para acabar el canto volviendo nuevamente al primero, es decir, una jota cantada tiene siete versos. La creación de una copla para jota ha de tener muy presente esta estructura para determinar una coherencia de sentido cuando se interpreta, de tal manera que se alcance la mayor expresividad en esa disposición, por otra parte, breve. El poeta insiste en que algunas coplas hacen aflorar la emoción en quien la escucha con tanta intensidad "que desdicen la típica creencia de que sólo los aires del sur pueden sugerir cosas bonitas al oído y en la intimidad", lo mismo que ocurre siguiendo a una rondalla nocturna, inigualable espectáculo vibrante y conmovedor, donde se puede encontrar la jota "pura, genuina, desnuda de parafernalia, callejera, sobria, verdadera, con el único decorado de la noche y las estrellas"...






                        Por otra parte, la literatura popular ya nos ofrecía en abundancia ejemplos de la trayectoria de la copla tradicional para ser cantada en jota. El profesor turolense de la Universidad de Barcelona, José Palomar Ros, realizó una investigación en la provincia de Teruel, clarificando conceptos que convendría repasar. Se planteó que lo realmente auténtico en torno al tema era huir de los tópicos "del baturrismo artificial creado por personajes faltos de criterios correctos sobre el alma aragonesa", basado en cierto dialectalismo falso y rasgos arbitrarios y degradantes del carácter aragonés, de tal forma que había llegado a identificarse lo aragonés con la jota y esta exclusivamente con sentimientos relacionados con la fe, la patria y la Virgen del Pilar, idea trasnochada y superada desde hace tiempo: ni el aragonés es más o menos religioso o patriota que el resto de los pueblos de España ni en algunas coplas el tratamiento de lo religioso es tan respetuoso como pueda parecer. Lo mismo ocurre con el humor y la comicidad basados en el tipo deformado del baturro como tonto rústico y mal hablado, que a veces se considera como una gracia privativa de los aragoneses, que es burlona, noble y franca y nunca llega a ofender. Demetrio Galán Bergua rechazó en su momento el léxico soez de algunas coplas picarescas que consideraba inadmisibles así como conceptos representados completamente reprobables, atribuidos pero nada comunes a Aragón, aunque otra cosa era defender el sano humorismo y la sátira aguda. En realidad, lo que ha habido es una visión superficial y simplista que reduce todo el folclore aragonés a la jota, relegando otras manifestaciones de la tradición casi olvidadas que lo han enriquecido a lo largo de la historia, teniendo o no como base la copla y esta para ser o no cantada como jota. Pero es cierto que la vitalidad de la jota se impuso sobre muchas formas como los romances, la canción infantil, los gozos, las auroras, oraciones, canciones de San Juan, las leyendas, de boda... y si pervivió, entre otras razones, fue por la posibilidad de conformar un espectáculo de conjunto: canto, música, baile, rondalla, lo que hizo reducir a lo familiar principalmente otras manifestaciones populares.






                      Distintas y sucesivas generaciones fueron inventando y acomodando la copla a un estilo popular según el gusto colectivo por determinadas estructuras, temas y características lingüísticas con origen en la tradición que concebían los cantos sin paternidad conocida, siguiendo fundamentalmente un ritmo binario que ha organizado la materia poética de todo tiempo y lugar en torno a dos componentes "de ida y vuelta" (expresión que se "suelta" y se "recoge"), como ocurre con el paralelismo, el romance, el refrán o la reiteración. La copla, igual que la seguidilla, presenta esta estructura binaria y por eso riman los versos segundo y cuarto, los terminales de dos tiradas: así, la copla popular castellana, y la jota, basada en la misma cadencia binaria. Y de la misma forma, las coplas de origen culto, aunque utilizando en ocasiones procedimientos más complejos ya por escritores conocidos. Algunas coplas muestran concomitancias en tema o tratamiento con las de otras zonas de España, ¿cuál fue el influjo primigenio? Los estudiosos las examinan al detalle pero... ¿Realmente tiene mayor trascendencia que en algún caso sea la jota la que exporta la letra o sea esta la que se adapte a esas influencias, en gran parte de origen andaluz? No parece que pueda resultar tan importante, aparte de la dificultad de señalar en qué lugar surgió inicialmente. A veces, incluso, una misma copla se halla extendida por la mayoría de las regiones españolas (Extremadura, Canarias, Castilla, Galicia, Navarra...). Comparemos dos estrofas similares en las que sólo la métrica puede indicar su procedencia:


                                 A un arroyo claro a beber
                                 vi bajar una paloma.
                                 Por no mojarse la cola
                                 levantó el vuelo y se fue.
                                 !Qué paloma tan señora!

                                 Una paloma fue al río
                                 con intención de beber,
                                 y por no mojarse el pico
                                 se volvió muerta de sed.









                         Veíamos antes algunas coplas de Mayusta de corte amoroso. El tema del amor ha sido siempre el más productivo en orden a la cantidad de composiciones tanto populares como cultas. En las coplas tradicionales sin autor conocido, puede ocurrir que lo poético alcance niveles muy elevados de calidad o, por el contrario, el lenguaje figurado resulte mucho más ordinario:


                                 Dile que ya no le quiero,
                                 dile que ya lo he olvidado;
                                 pero, amiga, no le digas
                                 que te lo he dicho llorando.

                                 En tu jardín amoroso
                                 me ha pillado la tronada,
                                 me he metido entre las flores
                                 y no me he mojado nada.



                         Pero José Palomar Ros ha seguido con sus investigaciones recogiendo material aragonés para continuar su análisis de la literatura tradicional y sus características. Hace unos años, cuando me encontraba impartiendo docencia en el Instituto de Calamocha requirió mi colaboración en la búsqueda de más datos para elaborar su proyecto de tesis doctoral. Los estudiantes procedentes de diferentes localidades del Valle del Jiloca localizaron un importante corpus que hoy podemos tanto leer como escuchar en la web de la Asociación para el Desarrollo Rural Integral de las tierras del Jiloca y Gallocanta, ADRI, en cuyo archivo sonoro aparecen los resultados y conclusiones alcanzadas del trabajo de campo y un amable recuerdo para mi apoyo que, naturalmente, agradezco. Lo que le interesó precisamente fue rescatar todo tipo de muestras folclóricas y restos de la tradición oral de la comarca (anteriormente dedicó otra investigación a la búsqueda de fondos orales en otras poblaciones turolenses y en otras zonas de España), fundamentalmente en sus formas romancísticas, desde las perspectivas lingüística, musical, literaria, social y cultural. En muchos romances se había producido el fenómeno de la superposición de una jota, bien al principio o al final de la composición. Posteriormente, se realiza otro proceso de recolección y recopilación a cargo del grupo musical Lahiez, para un estudio más amplio de melodías en el que se comprobó, claro está, que la jota es el género más extendido y cultivado, con las de ronda como canto más vivo y algunos de origen en el siglo XVIII y propios de esas tierras como los dedicados a las esbrinadoras. La jota aragonesa se mezclaba con cantos valencianos, gallegos o manchegos, debido al fenómeno de la emigración.





                                                                                José Palomar Ros


                         En las formas de la tradición popular de carácter oral (copla de jota cantada) se observan algunas particularidades lingüísticas debidas a restos del aragonés o al nivel coloquial o vulgar de la lengua predominante en muchos casos. Así, por ejemplo, el profesor Palomar refiere cómo, siguiendo la norma aragonesa, se prefieren las palabras llanas a las esdrújulas ocasionando el hiato correspondiente o se produce su ruptura, a veces por coincidencia con el habla vulgar castellana, así como aperturas vocales o pérdida y metátesis de algunas consonantes. Los prefijos vulgares castellanos se dan también en estas coplas pero es claro el sufijo diminutivo aragonés en -ico/a, reforzado en -cico. El género de ciertas palabras prefiere el femenino al masculino, como en los nombres de árboles (olivera), se altera el orden pronominal, se repiten los vulgarismos en tiempos verbales que pueden aparecer en formas especiales, pero entiendo que es en el plano léxico-semántico donde las peculiaridades se intensifican con palabras de origen germánico, árabe, o gascón-francés, con un vocabulario que adquiere la mayor parte de las ocasiones connotaciones apreciativas de tipo individual dependiendo de la persona que cante la copla, una cuarteta -en octosílabos y, por tanto, clasificada en la métrica "de arte menor"- que, como señala José Luis Melero, se inventó para que con ella pudiera cantarse la jota aragonesa. Tal vez así fuera, es posible soñarlo, pero lo que sí es real es que en su día la escribieron los mejores (Machado, Alberti, García Lorca, Juan Ramón Jiménez...) y hoy continúan haciéndolo los grandes: Joaquín Sánchez Vallés, José Verón, Rosendo Tello, Ángel Guinda, Manuel Vilas..., musicándola los compositores clásicos españoles y extranjeros de distintas épocas (Sarasate, Falla, Tárrega, Luna, White, Liszt, Glinka...), vertiéndola al cine el auténtico, Saura, y con todos ellos, bailándola, entusiastas bailadores acompañados de estupendos instrumentistas y cantadores en un arte mayor que encontramos en el pueblo, en la expresión culta, en una tradición sin claro origen pero que se proyecta al mundo desde Aragón...

         


                 
               (En el concierto de Año Nuevo de enero pasado, la Filarmónica de Viena interpretó por primera vez un vals,"España", con aires de jota, de Emile Waldteufel)







                 








                       
























                         


                                                          

martes, 24 de mayo de 2016

La voz iluminada de SARA COMÍN



                    El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.

                                                                  Miguel de Cervantes


                                                            Pero el viajero que huye
                                                            tarde o temprano detiene su andar
                                                            y aunque el olvido, que todo destruye
                                                            haya matado mi vieja ilusión
                                                            guardo escondida una esperanza humilde
                                                            que es toda la fortuna de mi corazón.

                                                                  Carlos Gardel, ("Volver")


                La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.

                                                                    Kurt D. Cobain

                                                           
                                                   "...Quisiera morir como Kurt Cobain, de sentimiento."

                                                                   Enrique Bunbury, ("Decadencia")



                         
                                    Para vivir hacen falta las pequeñas cosas, esas tan hermosas que a veces nos trae el perfume de un viento humanizado que canta a la libertad, y nos sumerge en un remolino de sensaciones que huelen a nostalgia del recreo de la infancia, o hace que nos dejemos llevar por el seguro refugio de un amor correspondido... A este universo nos traslada la voz de Sara Comín.

                  En el principio fue la jota: el sentimiento, la emoción y la pasión por la tierra. Recuerdo cómo las paredes del vetusto edificio del Instituto de Calatayud vibraron cuando se produjo el silencio tras la jota que Sara nos cantó a Alfonso Zapater y a mí en el despacho de dirección, espectadores privilegiados de tan inédita actuación. Yo creo que hasta Alfonso XIII que diariamente nos observaba imperturbable desde su retrato con rostro hierático, esbozó una entusiasta sonrisa que seguramente todavía mantiene... Desde entonces la voz de Sara Comín forma parte de la banda sonora de mi vida. Ya con pocos años, Sara se abrazaba al mantón de la tatarabuela y se inventaba funciones ante la concurrencia familiar -a la que luego pasaba la bandeja en la que obtuvo sus primeros laureles-, pero a la que, sin embargo, no permitía asistir como público cuando empezó a participar en los iniciales concursos de jota, por eso de los nervios... En esos certámenes consiguió importantes galardones, y eso que siempre ha preferido no competir sino sólo vivir la magia del escenario para disfrutar todavía más de lo que siente, esa esencia que traspasa el alma de los oyentes... Entonces cantaba con Nacho del Río ("su amigo del alma" y "su maestro", así, por separado) y con Yolanda Larpa, el gran trío jotero bilbilitano. Después, el inigualable Jesús Gracia le aportó más conocimientos, absoluto respeto por la historia de la jota, y todo el cariño y la generosidad del mundo...






                  Esa voz comunicadora, enérgica, cadenciosa y dinámica a la vez, apuntaba sus primeros pasos profesionales en la locución radiofónica de Calatayud, así que entonces ya cantaba y contaba, eso que ha constituido para siempre el núcleo profundo de su vida, lo que ama intensamente y le permite exprimir el momento tanto de sus quehaceres como de sus deleites y hasta arrinconar las contrariedades de la rutina diaria. Pero además, Sara Comín, soñadora y emprendedora valiente, siempre buscó nuevas experiencias musicales, adentrarse en lo desconocido, enriquecerse con nuevos proyectos, perseguir otros ideales creativos, reinventar retos y metas, dibujar esperanzadores estados de ánimo en los demás, pasear por el tiempo a través de la música, viajar hacia melodías con las que arriesgar y tal vez ganar, y encontrar esa misteriosa "gracia" compartida entre su voz y los que la escuchamos...


               Así que a los 17 años consiguió una beca de la DPZ y se fue al Conservatorio de Madrid, en una diferente aventura confiada en su talento vocal. Los aspirantes interpretaron canciones líricas y ella cantó la jota de "La Bruja", provocando el aplauso de todo el jurado. El presidente, el gran Pedro Lavirgen, recordó que estaba prohibido aplaudir. Pero aprobó. Estudió vocalización y base de solfeo, y su voz no se vio perjudicada por la dualidad canción lírica-jota, pues como ya le había comentado Pedro Lavirgen, Sara cantaba "con el estómago", alcanzando de esa forma las notas más altas sin gran esfuerzo y la mayor potencia en esa expresión musical ancha, amplia, de soprano. Su aspiración en aquella época era ser cantante de ópera, a la manera de las figuras a las que admiraba, Pavarotti, Plácido Domingo, Pilar Lorengar y, más tarde, Miguel Fleta, al que tanto ha estudiado. Las ayudas prometidas se convirtieron en humo y Sara continuó en su empeño musical ampliando modernos recorridos y crecientes anhelos.






              Su andadura profesional se decantó hacia el periodismo del relato y sus gustos musicales a los que ya provenían de la infancia, esos que extraían del alma las emociones y los sentimientos más íntimos, los que buscaban con la melodía y la letra la mayor complicidad con el público: tango, copla, bolero, canción de autor, música de ayer y de hoy, siempre que su poesía le permitiera cantar y contar con los ojos cerrados... canciones que invitaran a vivir o lamentaran amores imposibles. Por eso le resulta difícil la elección de los temas para sus conciertos, porque quiere que las historias que canta sean las que más corazón contengan, así que las jotas a veces son tristes, a los tangos les añade mucho desdén o enaltece el tremendismo de coplas como alguna que puede parecer anticuada, "Y, sin embargo, te quiero". Pero ya lo dijo Gabriel García Márquez: el bolero es la mejor novela, en su brevedad existe una historia, y, ¿qué decir de una copla jotera?, si su ímpetu arrastra allá o aquí, como aquella vez en que una mujer en Turquía no paraba de llorar después de escuchar cantar una jota a Sara Comín, sin haber entendido nada de la letra...


               Sara Comín no se prodiga demasiado en destapar el tarro de las esencias. A veces, sólo los muy íntimos saborean la versatilidad y transparencia de su voz, su pasión viva por el arte. Hace unos años ofreció un memorable concierto en el Auditorio de Zaragoza (acompañada al piano en esa ocasión), y yo tuve la suerte de asistir el pasado día 20 al que tuvo lugar en el Centro Joaquín Roncal, y ella sabe que fue mi mejor regalo de cumpleaños: la guitarra de José Luis Arrazola hizo el resto. En Aragón se valora el prestigio, mérito y profesionalidad que Sara Comín se ha ganado por personalidad, categoría y experiencia en el riesgo esforzado. Es una artista que se encuentra a la altura de las excelencias musicales aragonesas que triunfan por el mundo, otra genuina seña de identidad de nuestra cultura. Ilumina con su voz honesta, intuitiva, inspiradora, esas canciones, esas pequeñas cosas que todos necesitamos y que nos hacen escapar de la mediocridad hacia un horizonte infinito, que nos hacen vivir que nuestra casa es el mundo, que lo que sentimos con la verdad no lo mata el tiempo ni la ausencia, que la música es el alimento del amor...






           
                   
                                                                       

           

         

               

         

         

lunes, 21 de marzo de 2016

PEÑA JUAN BREVA



                                                  La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.


                                                                          Miguel de Cervantes (El Quijote)




                                                                     Desde Ronda a mi Axarquía
                                                                     Llevo el cante por bandera
                                                                     Traigo rondeñas bravías,
                                                                     Serranas y malagueñas.
                                                                     Ay, que desde Ronda
                                                                     Hasta mi Axarquía
                                                                     Yo llevo el cante como bandera.

                                                                           Juan Antonio Espejo



                      Hay un lugar que el Mediterráneo halaga, donde la tierra pierde su valor elemental, donde el agua desciende al menester de esclava y convierte su líquida amplitud en un espejo reverberante, que refleja lo único que allí es real: la luz.

                                                                       José Ortega y Gasset





               
                                           Poetas esenciales la pintaron con pasión arrebatadora: Málaga es la fiesta del sentido y para los sentidos. Ya Salvador Rueda la caracterizó como "inglesa y mora, a la vez que andaluza", Rafael Alberti sólo necesitó tres colores: "Azul, blanco y añil", y el Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre la piropeó: "ciudad graciosa", "ciudad honda", de brillo idílico y deslumbrante:

                         
                             Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
                             Colgada del imponente monte, apenas detenida
                             en su vertical caída a las ondas azules,
                             pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
                             intermedia en los aires, como si una mano dichosa
                             te hubiera retenido un momento de gloria antes de
                             hundirte para siempre en las olas amantes.


            para exclamar turbadoramente el universo de su poderío,


                                            ¡Oh ciudad no en la tierra!



                      Efectivamente, Málaga se ha vinculado estrechamente a la literatura española contemporánea a través de la revista "Litoral", la más representativa de la Generación del 27, que crearon en 1926 los escritores malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, siempre atentos a las corrientes más innovadoras que iban sucediéndose en una época de grandes convulsiones, tanto sociales y políticas como culturales, configurando una revista de vanguardia en la que participaron los más valiosos creadores de la que sería la nueva cultura española formada por los más significados pintores, dibujantes, músicos, tipógrafos e intelectuales, algunos de los cuales colaboraban desde el exilio, añadiéndose en sucesivas etapas nuevos nombres tanto locales (José Moreno Villa, María Zambrano) como nacionales (por ejemplo, Jorge Guillén, vallisoletano cuyos restos descansan en el singular y ameno Cementerio Inglés malagueño).

                    Málaga, cuna de insignes hombres y mujeres de pensamiento y arte, resplandece aún más, si cabe, cuando el buen flamenco le arrebata el sentimiento y la alegría de una tierra con señorío y verdad, cuyo cante a veces no se ha valorado suficientemente en su amplia riqueza, pureza y profundidad. El antiquísimo sustrato histórico de Málaga y el cosmopolitismo audaz de una actual ciudad atrevida y renovadora con el que encaja a la perfección, se tejen sin fisuras en esa manifestación folclórica apasionada y ardiente, de innegable alquimia, que es el flamenco. Se ha afirmado que su procedencia se remonta a los tercios de Flandes del siglo XVII, que la silueta de los bailaores cuando danzan recuerda al ave zancuda, el flamenco, o que el término procede del latino flamma, "llama", entre otras teorías. La realidad es que su origen hay que buscarlo en la zona delimitada por el norte de la India, el Tíbet y Nepal, cuyas danzas son asombrosamente parecidas al flamenco, así como en otras zonas más meridionales del sureste asiático. El movimiento de las manos de las bailarinas tailandesas o, incluso, las representaciones de la diosa Shiva, con múltiples brazos y manos que parecen moverse en el aire pueden confirmar esta teoría. La palabra proviene del árabe pelag-mengu o felamengu ("felah menghu", como ya señaló Blas Infante), que significa "hombre vagabundo" (o campesino huido o enfadado), como denominaban a los gitanos, o de los moriscos o del lenguaje de germanía. Seguramente, los árabes fueron los que, junto con otros aspectos culturales y diversos productos de Asia, trajeron estas danzas a la Península. Cuando llegaron los gitanos, ocho siglos después, se encontraron con algo asombrosamente parecido a su forma de cantar y bailar. Esta doble vía de penetración originó una fusión cultural que derivó en el flamenco reciente.


                           Cuando uno se pierde entre el puzzle de piececitas que conforman los recodos, recovecos, ángulos, esquinas y escondites del casco histórico de la capital malagueña..., ¿hacia dónde ir bajo la luz tamizada del día o de la noche? Entonces se descubre el faro que ilumina el camino hacia un rincón con embrujo, la calle de Ramón Franquelo (Callejón del Picador) y en su número 4, a la Peña Juan Breva, primera peña flamenca constituida en España, donde no hay quien imagine en su interior semejante galería de belleza que huele a historia y a memoria, a orgullo y afición, a ritmo y dato, a esfuerzo y aventura: el Museo de Arte Flamenco protagoniza el relato del hallazgo, que de forma inaudita, es desconocido por una gran parte de la sociedad malagueña y que, por tanto, no ofrece el apoyo y reconocimiento que serían necesarios. Sin lugares así..., ¿por qué parajes del alma transitar? El Museo de Arte Flamenco se ubica en una casa del siglo XIX, edificio inaugurado en 2008 con ocasión del 50 aniversario de la Peña, donde se encuentra su sede, y ocupa varias salas en diferentes plantas: grabaciones, voces, guitarras, gramófonos, cilindros para fonógrafos, pinturas, esculturas, dibujos... complementan el importante archivo fotográfico, todo ello ordenado, glosado y cuidado principalmente por Lourdes Gálvez del Postigo. La Peña agrupa a cuantos se interesan por el arte flamenco, ya sean profesionales o aficionados. Promueve y organiza concursos, festivales, recitales, seminarios, estudios, etc., así como elabora un fondo documental y de grabaciones de toda índole relacionados con el cante flamenco. Es la más antigua del mundo (junto a la Peña La Platería de Granada y Los Cernícalos de Jerez de la Frontera) y abre sus puertas a diario para que todo aquel que lo desee pueda acercarse a saborear su historia y archivos.





                    Cuenta el Presidente de la Peña que el Museo atesora una muestra de indudable valor histórico y cultural no sólo para el mundo del flamenco, sino para la ciudad de Málaga, que añade nuevos elementos para el completo conocimiento de su historia con piezas que la Peña ha reunido y conservado a lo largo de los años. Cuando la Peña Juan Breva nació para el flamenco en 1958 se fijó como objetivos "seguir aprendiendo, velar por la pureza y propagar enseñando" todo lo relacionado con ese arte, y aún con dificultades se ha ido logrando, muchas veces acompañando esa labor con el propio divertimento de lo que se denomina, a veces peyorativamente, la juerga flamenca. La palabra juerga es una variante andaluza de huelga, sustantivo de holgar, del latín tardío follicare, "soplar, respirar", término relacionado también con fuelle y...! Con el discurrir del tiempo, el significado se transformó en "tomar aire después de un esfuerzo físico o de una fatiga", de aquí a "descansar" hay sólo un paso. Y eso es lo que se hace tras ejercitar el cante y el baile flamencos, o sea, cuando se divulga y se enseña pero también se disfruta esa marca folclórica, que, como nos ilustra la RAE es sinónimo de jaleo, bulla, y juerga... Así, los barros malagueños que conserva el Museo, representan la juerga flamenca de los años 50 y 60 con cantaores, bailaores, guitarristas o palmeros, incluso a la flamenca con mantilla y busto de torero. Semanalmente, la Peña convoca una reunión con espectáculo de cante, toque o baile, en torno a un tablao situado en el centro de una de las salas. Las pinturas, esculturas y dibujos que van desde el siglo XIX hasta la actualidad, representan igualmente escenas populares de baile flamenco y retratos de cantaores. Y sus voces pueden escucharse en grabaciones, algunas inéditas (la más antigua data de 1907) en diferentes soportes: pizarra, vinilo, cilindros de cera, agujas de zafiro, microsurco..., que pueden reproducirse a soportes actuales si así se solicita (más de cinco mil piezas, entre ellas una colección de 2.500 discos).


                       Antonio Ortega Escalona, Juan Breva, la sido el cantaor flamenco malagueño más señalado de todos los tiempos. Adoptó su nombre artístico de su abuelo, que vendía frutas y brevas atrayendo a los clientes cantando. Creó un estilo de flamenco propio, las letras de los cantes y se acompañaba también de la guitarra. Algunos estudiosos creen que fue el impulsor primero de las malagueñas y verdiales. Cantó para los reyes Alfonso XII, que le asignó una pensión vitalicia, y Alfonso XIII. En Madrid vivió los mejores años de su carrera, convertido en la gran estrella del flamenco, llegando a compaginar tres espectáculos diarios distintos. Es de suponer que ganó mucho dinero en esa época, pues se hacía pagar en oro, pero a su regreso a Málaga lo dilapidó todo, debiendo realizarse una colecta para financiar su entierro. Sus cantes son imprescindibles para explicar la evolución de las malagueñas, los verdiales, abandolaos y medias granaínas. José Luque comentaba que "no es de buen aficionado llamar malagueña al cante de Juan Breva. La malagueña, en su sentido flamenco estricto, es un cante lento, triste, de gran flexibilidad en su estructura melódica, así como en el acompañamiento de la guitarra, que es libérrimo. No puede bailarse". Así que él piensa que esos cantes eran las bandolás de Vélez-Málaga, que desde entonces fueron conocidas como Cantes de Juan Breva (como ocurre con los tangos del Piyayo, que, en Málaga, no son tangos, sino Cantes del Piyayo). Sin embargo, otros flamencólogos han discrepado posteriormente de estas ideas. Juan Breva tuvo muchos discípulos que, comenzando a imitar al maestro, llegaron a generar un sello propio. Algunos de ellos aparecen fotografíados (en daguerrotipos, bromuros, fotografías iluminadas, en blanco y negro o a color, en fotografía comercial o artística, a veces con dedicatorias manuscritas...), constituyendo un gran catálogo antropológico que acentúa el carácter mitómano de unas instantáneas de profesionales que ilustran la evolución social y ética del flamenco y del mundo.


                         El Flamenco se ha consolidado como un arte culto, por lo que hoy es tratado desde una mirada científica más que desde una perspectiva costumbrista sin más, con puntos de vista multidisciplinares al amparo de las leyes de patrimonio histórico tanto del Estado como de la Junta de Andalucía, que establecen su divulgación y conservación. Como patrimonio etnográfico andaluz, la ley obliga a una pormenorizada investigación y catalogación que permitan cumplir las normativas específicas para su protección. Así se ha producido la recopilación del Museo de Arte Flamenco a través de la Peña Juan Breva, en una labor compiladora incesante que lo erige en el único existente en su tipología, con la dificultad añadida de no contar con patrocinio público ni privado. La línea creativa es igualmente interesante, sobre todo en la organización de la Moraga flamenca en honor a Juan Breva, la producción cartelística derivada de los distintos actos, la difusión mediática con Bandolá o la docencia. Porque a los peñistas les interesa seguir aprendiendo, en el afán por conocer las nuevas investigaciones, opiniones, hipótesis y debates en torno a su afición.


                        En este sentido, me gustaría ponderar la disposición por continuar estudiando la Fiesta de los Verdiales, auténtico fenómeno primigenio del floclore malagueño, de orígenes difusos en los que se encuentran reminiscencias griegas, fenicias y árabes, promoviendo conferencias que se alternan con las intervenciones de las pandas, que han aportado al Museo instrumentos como violines, platillos y panderos, sombreros de verdiales o la vara de alcalde de Antonio Fernández "Povea", verdadero referente en el mundo de la Fiesta. Los verdiales son la más genuina muestra de la música popular malagueña, coplas cantadas y acompañadas de un baile más parecido a una jota que al flamenco. Las letras, sencillas y alegres, se cantan individualmente pero con la compañía de una original rondalla, la "panda", que tiene su máxima expresión en la zona de los Montes de Málaga y en gran parte de la Axarquía. Cada pueblo tiene su panda que los interpreta con ligeras variaciones según el lugar y forman un grupo lleno de colorido por los espectaculares sombreros artesanales de flores con trozos de espejos y cintas multicolores, bailando con ritmo monótono y trepidante y el acompañamiento de instrumentación a veces casera como almireces, cucharas o cacharros, y guitarras, violines, panderetas y castañuelas.





                        Málaga ha tenido vital importancia en la generación de toda una rama del árbol genealógico del flamenco. La evolución parte de los verdiales, antiguo fandango popular, que va dando paso a los cantes abandolaos al perder su función social y adquirir el cantaor mayor protagonismo artístico desentendiéndose de la panda. La ralentización llevará a la malagueña, que será la fuente de las granaínas o cantes de Levante, con el influjo, por otra parte, del fandango abandolao en otras familias de fandangos. Es en Málaga donde conviven todas estas manifestaciones, desde el verdial, germen creador, al producto evolucionado, curiosamente sin que exista contaminación alguna entre ellos. El Niño de Juaneque ha editado un disco con un total de treinta cantes, uniendo los vernáculos y foráneos en "Desde Ronda a mi Axarquía". Realmente, el verdial significa el mantenimiento de ritos pretéritos en los que la música, la poesía y la danza conformaban auténticas expresiones orgiásticas, como se aprecia en las instantáneas de Pérez Berrocal en el Museo. Lo mismo ocurre con el flamenco, que remite a un valor enraizado con lo divino en el mundo antiguo, como ya evocaron Pitágoras y Platón, con el fin de provocar la catarsis aristotélica o purificación del alma y los sentidos. En las reuniones de la Peña, los consiliarios (miembros del órgano consultivo elegidos entre los expertos en materia flamenca con consideración de Maestro), imparten clases ilustradas con cante y toque, en directo o en disco, posibilitando el debate posterior que evita el olvido patrimonial.





                                                        Niño de Juaneque.  "Desde Ronda a mi Axarquía"       



                        Los amantes del cante jondo procuran mantener la autenticidad del flamenco y así lo hace la Peña Juan Breva, que vela por su pureza, a pesar de que el auge de lo comercial y el marqueting han descubierto un gran filón en la fusión de las distintas músicas, con especial predominio del flamenco, hasta llegar a denominarlo "nuevo flamenco", sin que haya nada de cierto en este concepto, que sólo refuerza la necesidad de cuidar su esencia. Si el Flamenco surge en el siglo XVIII, aludir al término "antiguo" implica lo puro y clásico, no lo viejo que sería lo desfasado y alejado del canon. Para lograr la pervivencia de lo jondo, se organizan concursos sin los cuales ciertos cantes malagueños hubieran caído en el más absoluto desuso, lo que ha ocurrido con los cantes más vernáculos como las rondeñas, jaberas y jabegotes; también con los "Cantes de Arar" (Temporeras, Cantes de la Trilla...) que no han contado con la misma suerte que otros cantes ligados al mundo del trabajo, como la Toná y el Martinete. La pureza ha abarcado las fuentes, los registros sonoros de la Historia del Flamenco, haciendo hincapié en la figura del creador, artista que con su técnica da lugar a una variante, un estilo o un palo: Malagueña de "La Trini", tangos de "La Repompa", fandangos de "Macandé", soleá apolá de Rafael Moreno..., puesto que el conocimiento y la consecución de los registros sonoros de estos creadores o sus discípulos corroborarán al fin y al cabo el canon.


                     Otro de los fines de la Peña Juan Breva es fomentar la afición al flamenco ("propagar enseñando"), pues, como todo en la vida, del conocimiento nace el gusto, la apreciación. Esta difusión ha traspasado el ámbito de la Peña para llegar a la Universidad con la creación del Aula de Flamencología, con una magnífica acogida entre la comunidad estudiantil. Los cuadernos de cante jondo Bandolá se presentaron como una apuesta por el estudio científico del flamenco, con una influencia formal evidente de la mítica revista Litoral. Otro de los elementos de gran valor e interés artístico recogido en el Museo ampliamente es el cartel, en un número muy elevado elaborados por el pintor y socio fundador Eugenio Chicano, figura fundamental del pop español (junto a Eduardo Arroyo y el Equipo Crónica) y del arte figurativo vanguardista de posguerra, como heredero de la renombrada cartelística malagueña del siglo XIX que floreció al abrigo de la Revolución Industrial, con sus etiquetados para pasas y otros productos de las viñas malagueñas... Otras veces, la Peña se ha servido de reproducciones de obras de artistas que considera pueden expresar su concepción y su posición ante el arte, como en el caso de José Moreno Villa, artista y poeta malagueño exiliado en México. La labor plástica de Federico García Lorca, con sus ingenuos dibujos, no fue apreciada por la crítica al principio, pero se convirtió en un referente imprescindible para el flamenco y para la Peña Juan Breva, puesto que este mundo siempre aportó mecenas de linaje que respaldaban a los artistas conocidos que destacaban lo popular (igual que ocurría en la pintura de Goya del siglo XVIII), como Serafín Estébanez Calderón con sus Escenas Andaluzas. Y los miembros de la Generación del 27 unieron a su producción literaria un conocimiento profundo de lo tradicional donde el flamenco gozó de una enorme trascendencia, como quedó reflejado en Poema del cante jondo y el Romancero gitano, del que la Peña conserva una primera edición.







                        Lo mismo ocurrió para la música con Manuel de Falla, el "primer músico flamenco". Tras el I Concurso de Cante Jondo de 1922, se produce el paso del Flamenco como arte popular a arte culto con el apoyo de Lorca y Falla que mezclaron lo ancestral, atávico, popular o jondo con las formas más modernas y vanguardistas que denotaban un conocimiento de lo exterior. Se dice que una de las guitarras que pueden admirarse en el Museo es la que usaba Lorca: la colección es amplia y variadísima, hasta el punto de que han sido seleccionadas según criterios de cronología, escuelas, autores y propietarios. Aspectos colaterales al mundo relacionado con el flamenco realzan los testimonios de los usos y costumbres de la población, de las artes populares y la artesanía, o la industria del bordado y el calzado, así como documentos que recogen los festejos y espectáculos de la Málaga decimonónica, que nos permiten comprender las modas del entretenimiento y la incursión del flamenco en esos eventos, hasta llegar a conformar festivales o recitales de cante: de gran sabor es el prospecto en seda del Café de Chinitas de 1896. Una exposición, pues, heterogénea y multidisciplinar, a la que añadir el fondo artístico que incluye óleos, grabados, esculturas, dibujos...




             

                 

                La Unesco declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad al flamenco en 2010, además de estar considerado Patrimonio Cultural Inmaterial Etnográfico Andaluz, por lo que las instituciones andaluzas se implican en su promoción, mantenimiento, investigación y difusión, tras los innumerables avatares históricos que este arte ha debido recorrer, lo que quizá haya supuesto un enriquecimiento evolutivo más que un perjuicio para su alcance. Por tanto, procede avalar, estimular, respaldar y sostener -incluyendo en esos conceptos el factor económico-, espacios vitalistas como el de la Peña Juan Breva, hospitalarios con la más genuina cultura del pueblo andaluz y con quienes la frecuentamos, todo un lujo para el malagueño, el andaluz, el español y el extranjero, que encuentran en el conocimiento exhaustivo del flamenco el más profundo sentimiento y el encanto inefable del "duende", ese que Goethe definió como un poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica...

           
                 


               


               


               

               


                 













                                                               

domingo, 25 de octubre de 2015

BEATRIZ BERNAD: PURA JOTA



             Recientemente, la ilustre jotera Beatriz Bernad ha publicado el disco "Las Pilares" dedicado a las más destacadas voces femeninas de la historia de la jota, y del que me enorgullece haber formado parte como colaboradora en su mecenazgo. Tras su presentación en el Auditorio de Zaragoza en una extraordinaria e insuperable puesta en escena -como viene siendo habitual en otros espectáculos que ha ofrecido acompañada por Nacho del Río, sobre todo en las soberbias representaciones de "La jota, Ayer y Hoy"-, se siente algo así como si el alma se colocara definitivamente en ese lugar donde se perfila lo inefable.





                 Beatriz Bernad engrandece, sublima y exalta el valor de las jotas que aparecen en este disco, sea en versiones similares a las que fueron cantadas por las joteras más significativas de épocas pasadas o en originalísimas y asombrosas renovaciones que refuerzan su eterna permanencia, siempre acompañada de la perfecta y dulce melodía que -a modo de segunda voz-, aporta destellos de ternura o enfatiza, realza y acentúa el poderío de Beatriz, a través de los cautivadores "arreglos" de Alberto Gambino (como en la versión de "Soñé que la nieve ardía", de auténtico ensueño) o de la belleza de las nuevas letras de los grandes escritores Mayusta, José Verón y José Luis Melero, entre otros, a los que se suman en esta ilusionante aventura los artistas Nacho del Río, Carmen París, Kepa Junquera y Toumani Diabaté.


                         "No sé qué me volvió loca
                          cuando descubrí tu cara
                          no sé qué me volvió loca
                          si el cielo de tu mirada
                          o el invierno de tu boca
                          o el invierno de tu boca
                          cuando descubrí tu cara".       (Mayusta. Versión de Felisa Galé)


                        "Y los cinco yo perdí
                          cinco sentidos tenía
                          y los cinco yo perdí
                          porque tú me los robaste
                          cuando te fijaste en mí
                          cuando te fijaste en mí
                          cinco sentidos tenía".             (Mayusta. Versión de Manuela Liarte)



                Entre las "Pilares" más celebres recordadas resuenan los ecos de Jacinta Bartolomé, Piedad Gil, Pilar Gascón, las hermanas Perié y otros nombres que Beatriz Bernad evoca especialmente, pero aunque no han podido incluirse en el disco, no se olvida de citar a tantas que dejaron su huella... Especialmente significativa para mí por razones de índole familiar es María Virto, nacida en Zaragoza de ascendencia tobedana, cuya maestra, Pascuala Perié, le aconsejó que adoptara el segundo apellido materno para su nombre artístico pues realmente se llamaba María (o según he oído María Pilar) Pérez Cambero. Conquistó importantes premios como el extraordinario del Certamen Oficial de Jota en 1949 y se conservan grabaciones suyas en los sellos de Columbia y Regal y en los programas radiofónicos de entonces así como una calle zaragozana con su nombre. En 2013 la Ronda jotera del Gancho le rindió homenaje en una de sus paradas nocturnas por las calles del barrio.





                    José Luis Melero elogia la presencia en el escenario y la voz incomparable de Beatriz Bernad a la manera de las antiguas divas, majestuosas, divinas, como diosas... "es imposible dar con las razones que expliquen cómo alguien puede cantar así". Realmente, todos podemos comprobar en este disco que si no existiera esa voz -su voz- habría que inventarla. Y Alberto Turón concluye que "vierte en sus cantes nuevas formas de expresión de las emociones que le dicta el alma" de tal forma que la propia individualidad se diluye en un ser colectivo, nos identifica con una tradición popular que contextualiza los breves versos de la cuarteta y los convierte en historia completa que cautiva e impregna de conmovedoras sensaciones... Con Beatriz nace una forma renovada de transmitir los valores populares a través de la jota, que ha de convertirse en espejo para las nuevas generaciones de cantadoras".





                  Es la gran belleza de la jota, la dignidad artística y cultural con mayúsculas. "Las Pilares" supone un exquisito eslabón más hacia el mejor futuro posible de la jota, ese futuro al que se añaden proyectos como el de Carlos Saura que próximamente dedicará una película a la jota, como ya lo hizo antes al flamenco, al fado o al tango, o sueños como el de la creación del Museo de la Jota, que convertiría a Zaragoza en la capital mundial del floclore autóctono y contribuiría a proyectar y situar a Aragón en el mundo en una seña más de identidad cultural.

               Beatriz Bernad deslumbra como garantía de excelencia de jota: lecerana universal.






             

lunes, 18 de mayo de 2015

NACHO DEL RÍO



          Su nombre basta. Aragón, no sólo Calatayud, siente predilección por quien se ha convertido en un artista verdadero a base de trabajo, dedicación, empeño y valía personal. Nacho es inteligencia deslumbrante, finura, elegancia y ejemplo de ideales y sueños que se van cumpliendo con belleza. Nacho es seriedad en la modestia, la lucha por que la jota encuentre el sitio que le corresponde: el de la calidad y el rigor en la interpretación, la enseñanza o la recuperación de lo mejor en gusto y letra, sin menoscabo de la creatividad y renovación.


         Así, Alberto Gambino cree en la "permeabilidad de la jota" y en los "poetas-letristas". Grandes poetas del momento han compuesto bellísimas cantas de jota, como esta de Pepe Verón:


                                        "No quise marcharme fuera   
                                         ni quise quedarme aquí;
                                         yo nunca he querido nada
                                         hasta que te conocí".


           "La categoría de la jota es similar a la de la lírica", dice Nacho, que comenta que al flamenco puro "no lo toca nadie" y debería hacerse igual con la jota.  Él se ha arrancado con magistral voz en esta versión de la Niña de la Puebla:



                                      "Hoy se abrazan en mi cante
                                       la Giralda y el Pilar
                                       hoy se abrazan en mi cante
                                       al Pilar le canto jotas
                                       y a Sevilla soleares
                                       y a Sevilla soleares
                                       la Giralda y el Pilar..."


              El lujo de sus espectáculos junto a Beatriz Bernad y los exquisitos músicos que los acompañan es digno de los mejores escenarios internacionales: Aragón en el mundo.
         De todos los honores con los que ha sido distinguido Nacho del Río me interesa destacar su pertenencia a la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, que propugna promover y fomentar la defensa, conservación y restauración del arte aragonés siguiendo su lema "florece fomentando". Nacho, entre otros, consiguió que la jota fuera declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial. El proyecto de ley de Patrimonio Cultural Inmaterial protegerá,sin duda, nuestras marcas aragonesas.





          A Nacho lo recuerdo de adolescente, tímido y callado, acompañado siempre por sus fieles escuderas, íntimas amigas cómplices de confidencias: esperaba paciente su camino, la tesitura definitiva de su voz. Entre ellas, Sara Comín, también cantadora de jota y gran voz lírica, cuya andadura profesional la ha llevado a convertirse en la perfecta narradora de la vida en los medios de comunicación y además, en delicada intérprete de intimistas canciones llenas de sentimiento.




        
                 Porque quieren y porque pueden.

                 Fue una delicia compartir una época de la enseñanza en el Instituto de Calatayud con gente irrepetible...






                                                              Porque quiero y porque puedo.  Las cerezas