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domingo, 2 de febrero de 2020

EL PRIVILEGIO DEL TALENTO





                 

                                             Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia.

   

                                                                                              SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL





                                                                                                                A Kamal

                                                                                                               A los grandes que en 2020 celebran diferentes aniversarios:
                                                    Delibes, Galdós, Benedetti, César Manrique, Carolina Coronado, Beethoven, Bécquer, Andresa Calatayud, Federico Fellini, Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Moctezuma, Concepción Arenal, Margaret Mitchell, Julio Palacios, Ernest Lluch, Eugenia de Montijo, John Lennon, Dickens, Clarice Lispector, Mariano de Cavia, Luis Punter, Rafael de Urbino,... 



                 
                              
                                             Recorriendo el parque del Retiro madrileño, me encuentro con el monumento escultórico que Victorio Macho dedicó a Ramón y Cajal, ese que despreció por aparecer con el torso desnudo sin su permiso y el motivo por el cual se ausentó en la inauguración a cargo del rey Alfonso XIII: ya  nunca volvió al parque. No debió entender mi admirado científico y artista que el escultor homenajeaba no sólo a la medicina y a la vida situándolo en el centro de un idílico estanque, sino a su poderío físico -que lo ayudó a superar graves enfermedades-, ejercitado en sus años jóvenes en la naturaleza aragonesa que tanto amaba, y lo hizo asemejarse, dicen, a un héroe clásico, o a un dios, una imagen muy diferente a la que se conserva en el Museo Provincial de Zaragoza, en cuadro de Sorolla. ¿Quién se iba a imaginar que el investigador español de mayor proyección internacional serviría en estos tiempos de musa para los espectaculares diseños que se acaban de presentar en la pasarela de la alta costura de París? La colección de la holandesa Iris Van Herpen se ha inspirado en los dibujos con los que Cajal representaba las mariposas del alma, o sea, unas neuronas sensoriales individuales que, conectadas entre sí, formaban la obra maestra de la vida, como así se reconoció en la concesión, en 1906, del Premio Nobel de Medicina. Por cierto, un premio compartido con el médico italiano Camillo Golgi, quien, según el escritor y también médico aragonés Santiago Lorén, mostró escasa categoría humana al querer atribuirse el mayor mérito, al contrario que Cajal, que se deshizo en alabanzas hacia su colega.









                          Y es que don Santiago nunca perderá actualidad -aunque tal vez hoy sólo pudiera encontrar en algunas personas poco más de media neurona- y era tan honesto, tan humano y tan moderno, que, oponiéndose a la concepción de la vida como un don divino, seguramente no quiso aparecer en un monumento tumbado al sol de manera displicente. He tenido la ocasión de ver directamente sus dibujos, de una precisión milimétrica y de una destreza artesanal tan bella, que podrían catalogarse como verdaderas obras de arte, joyas que hacen honor a su profunda afición por las artes plásticas, por la imagen y la palabra exacta y a la vez poética. Parece que muchos genios suelen ser jovencitos rebeldes y traviesos y Cajal no escapa a la tradición: alguna vez debió estar recluido y castigado por su comportamiento y entonces dibujaba e inventaba, y a veces, trabajó de aprendiz de zapatero y de barbero, lo que le aportaría la habilidad necesaria para la minuciosidad en el detalle y el recoveco, para la creación de mares sensoriales, de bosques de árboles perfectamente estructurados, así que no extraña que sus descubrimientos sigan teniendo repercusión e influencia no sólo en el mundo científico actual sino también en el artístico. Una reciente y nueva biografía (Cajal. Un grito por la ciencia, de José R. Alonso y Juan Andrés de Carlos), revela nuevos datos sobre la personalidad de Cajal. Por ejemplo, cómo renegaba de la enseñanza que se impartía en su época, cómo en clase se fumaba y se jugaba a las cartas y cómo le gustaban los alumnos críticos y amantes de la literatura, porque eso les  fortalecía, aunque no lo pareciera. Lo que no soportaba era que se enseñara a base de golpes ni que la base del aprendizaje fuera la memorización. Recojo unas expresiones representativas de la novedad de su pensamiento: "Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro", el cerebro es "la enigmática organización del órgano del alma", y las neuronas independientes son "besos"... (o sea, lo que los neurocientíficos de ahora proclaman como el gran descubrimiento: el amor reside en el cerebro, algo así como que deberíamos decir a nuestro/a amado/a, "!te quiero con el cerebelo!" -y no con el corazón, que ahora pinta un poco menos en esos menesteres...). Además, The Beautiful Brain; the drawings of Santiago Ramón y Cajal, editado por Abrams, presenta 80 dibujos como el "Retrato de una chica joven", que pintó a los 16 años para su clase de arte en Huesca. Mientras se formaba como médico y anatomista comprendió que su pensamiento se basaba en la visualización y el dibujo, pensaba con los ojos: "soy lo que se llama un tipo visual", con un estilo que podríamos denominar como "expresionismo científico", como en la Italia del Renacimiento. Dalí, García Lorca y Buñuel quedaron fascinados por los dibujos de Cajal, viéndolos como un camino para acceder al significado de sus sueños obsesivos, aunque él renegara de las vanguardias artísticas por renunciar a la reproducción respetuosa de la naturaleza con el fin de comunicar ideas y sentimientos. Sus dibujos no han sido superados en expresividad, belleza y en capacidad para explicar conceptos esenciales.













                                                                               Diseños de Van Herpen




                             ¿Qué está ocurriendo con el legado de Ramón y Cajal? Es vergonzoso y lamentable que todavía no exista un museo dedicado íntegramente a su figura, quizá el único Nobel que no lo tiene. Los Ministerios de Cultura y de Ciencia e Innovación del Gobierno actual ya pueden ponerse manos a la obra y solucionar el entuerto, porque esto no ocurre en ningún país del mundo. El Instituto Cajal es el depositario del Legado Cajal, que comprende 22.000 piezas mal guardadas, aunque se van acondicionando lo mejor posible: lo de más valor se ha consignado en el Banco de Santander, y existe el propósito de mejorar el espacio del CSIC, y la creación de un Museo Cátedra Ramón y Cajal en la calle madrileña de Santa Isabel, en la que impartió clases y donde se realizan visitas teatralizadas. El Instituto Cajal está cerca del estadio "Santiago Bernabeu", así que para los amantes del fútbol, además de la ciencia y la cultura en general, entre los que me encuentro, resulta cómodo el trayecto. El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza ha acogido una muestra-exposición con objetos cedidos por el CSIC y la familia, especialmente de su hermano, Pedro, con ocasión del 150 Aniversario de Cajal. Pero como ocurre a veces en temas importantes en que puedan crearse intereses crematísticos, los familiares no han estado unidos en sus actuaciones, así, algunos de los objetos se vendieron, otros se recuperaron de mala manera, su vivienda -donde permanecía parte de su biblioteca- se ofreció a una inmobiliaria para vender pisos de lujo y en cierta ocasión, se recogieron firmas para la creación del museo y se solicitó al Gobierno, infructuosamente. El legado ha sufrido desde la muerte del científico muchas vicisitudes y cambios de sedes y nunca los interesados consiguieron un resultado adecuado a la trascendencia de la figura. La biblioteca científica  no contiene originales sino réplicas y ocupa un espacio ridículo en el CSIC; por su parte, el Colegio de Médicos anunció en 2019 la creación del Museo Cátedra "Ramón y Cajal" en parte de su espacio*. Si a ello añadimos que existen otros ámbitos de muestras sobre el personaje, en concreto en algunos lugares en que vivió (Petilla, Valpalmas, Ayerbe, Linás de Marcuello, Huesca, y otras capitales), el estado de la cuestión es complicado, teniendo en cuenta que nos estamos refiriendo a un español de la categoría de Einstein, Galileo, Darwin o Newton. El Weisman Art Museum de Minneapolis organizó una exposición itinerante que recorrió las principales ciudades americanas, españolas y canadienses, para reconocer, entre otros valores, que los dibujos de Cajal constituyen el comienzo de la neurociencia moderna (fármacos como la morfina o el diazepam deben sus efectos al descubrimiento del mecanismo de la neurotransmisión).






                                                                     

                         Santiago Ramón y Cajal sacó de su estancamiento a la ciencia española y la inscribió en la modernidad. Vio lo que otros no veían. Circunstancialmente nació en la localidad navarra situada en la provincia de Zaragoza, Petilla de Aragón, donde permaneció hasta los dos años y a partir de ahí su vida transcurrió hasta ya entrada la época adulta en tierras de Aragón. De ascendencia oscense, estudió en la Universidad de Zaragoza, fue nombrado senador vitalicio, cargo sin sueldo, y reconocido como la cabeza de la denominada "Generación de Sabios". Hoy un cráter lunar lleva su nombre, así como un asteroide. Hablaba más arriba de su humildad, esa virtud que sólo adorna a los más grandes, y por ella renunció a ser ministro de Salud, no le otorgó una beca a su hijo aunque era presidente de la JAE y se rebajó él mismo el salario asignado por el Gobierno. Prefirió no ser médico rural como su padre, lo que le costó enemistarse con él, porque quería dedicarse a la investigación y a la enseñanza, y así, cuando descubrió que el bacilo causante del cólera quedaba inactivado si se cocía, la Diputación Provincial de Zaragoza le regaló un microscopio que no utilizó para observar cerebros de animales de adultos sino embriones. Pero España, como ha sido norma histórica casi habitual, no reconocía sus descubrimientos y fue Alemania la que lo encumbró, formando parte a partir de entonces de las Academias y asociaciones científicas más importantes del mundo de aquel momento. Mientras, en España, donde las cátedras se repartían por méritos políticos, se sometía a la mayoría de sus discípulos y colaboradores a depuración ideológica. Como escritor fue tan prolífico como en las demás facetas personales y profesionales -un hombre intenso, no olvidemos que tuvo siete hijos-, dejando libros de memorias, autobiográficos, hermosísimos, además de los de carácter científico, y uno especial para mí, Psicología de Don Quijote y el quijotismo. Actualmente, algunos de sus descendientes siguen su estela como catedráticos de Universidad.










                        Se había criado entre labradores analfabetos  y como a él de pequeño también le gustaba más el campo que estudiar, un día, castigado en la clase a oscuras, comenzó a fijarse en sombras y claroscuros que darían lugar al descubrimiento de la cámara oscura, así que a los 18 años inventó las placas para mejorar la sensibilidad y la rapidez de la instantánea fotográfica y ensayó su invento con éxito en una corrida de toros, pero se le adelantó Edison en el registro de la patente. Parece que Cajal manifestaba en ocasiones una ingenuidad o falta de astucia que por su carácter bondadoso tal vez le perjudicara a veces, pero fue un gran fotógrafo, otra de sus facetas artísticas en la que sobresalió. Mejoró el gramófono o fonógrafo, y se conservan cientos de fotografías estereoscópicas impresionadas en placas de cristal, con bastantes autorretratos. Cajal se vio obligado a participar de la guerra de Cuba como médico militar y allí pasó una serie de amargas peripecias que desembocaron en la declaración de un Consejo de guerra y como "inutilizado en campaña" pudo regresar a España. Resulta curioso comprobar las concomitancias vitales entre Ramón y Cajal y el héroe cubano José Martí, que como sabemos, estudió en Zaragoza. Si paseamos por las calles del casco histórico de la ciudad, encontraremos enseguida el lugar en que vivió Martí en la calle Manifestación. Los dos estudiaron en la Universidad de Zaragoza, uno Medicina, el otro Derecho y Filosofía. A Martí le dedica un busto el Paraninfo y la ciudad el nombre de una calle. Compartieron valores humanos y patrióticos y los dos llegaron a ser personalidades de proyección universal y expresión de las mejores cualidades de dos pueblos hermanados por la historia. Vivieron la caída de la Primera República Española. Martí, tras 19 meses en Zaragoza, vuelve a Cuba, siente la derrota de los liberales de Zaragoza y funda "Patria" y el PRC. Cajal regresa de la Guerra de los Diez Años después de una difícil estancia y vuelve a la Universidad. Coinciden en Zaragoza entre 1871 y 1873, muy aficionados ambos a la literatura, la filosofía y los paseos por el Ebro. A los dos los acompañó un sentimiento antiimperialista. Unos rastros sentimentales e históricos que vinculan a Cuba y Aragón...



             
                       




                   ZARAGOZA ES ALGO MÍO, MUY ÍNTIMO, QUE LLEVO EMBEBIDO EN MI CORAZÓN Y EN MI ESPÍRITU Y PALPITA EN MI CARÁCTER Y EN MIS ACTOS.



                De esta forma, Santiago Ramón y Cajal manifestaba su cariño hacia una tierra en la que vivió muchos años. Sabemos que había pasado su infancia en Larrés, Luna, Valpalmas, Ayerbe, Huesca y Jaca, y el amor a lo largo del tiempo ha sido recíproco: 148 municipios de Aragón llevan en sus calles su nombre, por delante de Goya y Cervantes. Si visitamos el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza podemos admirar la estatua que Mariano Benlliure creó para su imponente escalinata. Obtuvo las condecoraciones y distinciones más relevantes oficiales, pero a él la que más le emocionó y conmovió especialmente fue la Medalla de Oro de los Estudiantes de Zaragoza, lo que provocó que en su testamento dejara instituido un premio de 25.000 pesetas para el estudiante anual más destacado. Y es que podemos realizar un recorrido o ruta por la ciudad desde que llegó de adolescente al barrio del Arrabal, de donde pasó a vivir a la calle Méndez Núñez, en cuyo número 13 una placa recuerda su estancia y de ahí, a la calle San Jorge. Junto a su padre, realizó prácticas de disección en el Hospital de Santa Engracia, época en la que seguía ejercitándose en el deporte y la gimnasia como el buen atleta que fue (!hoy se habla de Cajal como pionero del culturismo!), aunque con cierta gracia advertía en la deliciosa obra Mi infancia y juventud, que el ejercicio debía ser moderado y breve "sin traspasar la fase de cansancio", o se describía en Recuerdos de mi vida: "Ancho de espaldas, con pectorales monstruosos, mi circunferencia torácica excedía de 112 centímetros y al andar mostraba esa inelegancia y contoneo característico del Hércules de Feria". Tras su estancia en Cuba, enfermo del cólera, vuelve a Zaragoza donde se repone con una buena alimentación, los cuidados de su madre y el "aire de la tierra" (quien lo probó, lo sabe). Pero no fue su única grave enfermedad. Jugando al ajedrez, actividad en la que también destacó, en el jardín del café Iberia, se le desencadenó una tuberculosis. Su padre lo mandó a Panticosa y San Juan de la Peña, pero él, rebelde, como ocurre también con algunos grandes médicos, confesó: "mi plan curativo consistía en hacer todo lo contrario de lo aconsejado por los médicos; grandes médicos son el sol, el aire, el silencio y el arte".




                      Obtuvo el título de practicante en el Hospital Nuestra Señora de Gracia (hoy Hospital Provincial), de donde más tarde fue profesor auxiliar interino, en la calle del Hospital, como se denominaba entonces, en la que también vivió, ya casado, y que en 1901 recibió su nombre: calle de Ramón y Cajal (de resonancias personales muy especiales para mí). El Hospital fue sanatorio de pobres en principio y en 1906 se unió a la Facultad de Medicina para las prácticas de los médicos. Allí Cajal trabajó como ayudante de anatomía en 1876. Quien quiera admirar una de las Farmacias más bonitas y antiguas de España, la encontrará en este Hospital, el futuro Museo de la Farmacia Aragonesa alberga también los objetos de la emblemática Farmacia Ríos que se situaba hasta su cierre en la plaza de España y a cuyas tertulias asistía el hermano de don Santiago, el también afamado médico y profesor, Pedro. La calle del Hospital se había denominado calle de la Victoria, por el convento de frailes menores, y también calle de la Campana, y transcurre desde la calle Boggiero hasta la actual avenida de César Augusto. Desde su casa Cajal se acercaba al Hospital y de ahí a la cercana Facultad de Medicina (hoy Paraninfo). Durante sus estancias en Valencia, Barcelona, Madrid y Alemania, Cajal volvía a tierras aragonesas para veranear en Jaca o ver a sus familiares. Si prefirió la cátedra de Barcelona a la de Zaragoza fue porque creyó que allí sería más fértil su labor. Cuando viajaba, su padre acogía a su mujer y sus hijos, ayudándolo económicamente cuando fue preciso a pesar de sus encontronazos con él, pero el hijo siempre lo alabó.








                          ¿Cómo era su temperamento? ¿Cuáles fueron sus virtudes intelectuales y morales? ¿Por qué se dice de él que fue un "aragonés de pura cepa"? Se conocen de siempre los rasgos que se atribuyen al hombre de esta tierra, ¿tópico o realidad?, sería un debate interminable. Parece, en cualquier caso, que un aragonés no suele asemejarse a un andaluz, por ejemplo, pero, ¿hay fundamento científico en esta apreciación?, ¿se trata de una superficialidad? Lo ignoro, seguramente el propio Ramón y Cajal podría aclarármelo. Lo cierto es que él ponderó a los aragoneses más insignes como Marcial, Gracián, Servet, Zurita, Goya, y tantos otros, así como alabó la geografía aragonesa que conoció bien. En un atinado estudio el profesor, doctor y escritor aragonés Fernando Solsona destaca las virtudes que adornaron y potenciaron el privilegio de su inteligencia y sabiduría: la tenacidad, perseverancia, fe en el trabajo, pasión indomable, energía sin límites, fidelidad, afán didáctico, independencia de juicio, voluntad ante la adversidad (esa gloria del intento quijotesca), y sobre todo, lo que en mi opinión más definió su temperamento y actitud: el gusto por la esencia, fue un hombre auténtico e íntegro que buscó -y encontró- la verdad de la vida. Un hombre de bondad infinita en el más amplio sentido del término. Hasta parece que el tono de su voz - y eso sí es objetivo- lo caracterizó como aragonés puro: sus alumnos valencianos subrayaban la "hermosa voz" como de "cantante de jota", siempre preciso, siempre conciso, ausente de oratoria florida... El profesor Solsona señala cómo han sobresalido en Aragón figuras del derecho, pero no se recuerda tanto a los matemáticos, los filólogos, los naturalistas, en especial los botánicos (Lagasca, Loscos, Zapater, etc.), biólogos como Félix de Azara, Odón de Buen, Fernández de Luna, histólogos como el propio Cajal y su hermano Pedro, Francisco Tello, Galo Leoz, Sanz Ibáñez, Isaac Costero... Y es de justicia el reconocimiento de nuestras señas de identidad cuya repercusión es universal, de progreso y desarrollo, y eterna.







                                                               Poema de Raúl Wenceslao Fernández Moros




                              Se ha dicho frecuentemente que el talento no lo es todo. Y es que Cajal descubrió que a veces existen vicios de la personalidad que se repiten como patrones atemporales en personas talentosas que nunca aportarán nada al mundo (aunque algunos se lo crean). En Consejos para un joven investigador habla de ello. Si bien es interesante soñar e imaginar, hay que pasar a otro estadio superior. Es el caso de los contempladores, los eruditos empedernidos, los discutidores de todo, los teóricos, el inadaptado social (o solitario), los adictos a instrumentos (hoy a tecnologías varias), y los megalómanos, que tienen un ego tan enorme que creen que con su inteligencia conseguirán éxito en todo, esos, dice Cajal, son más soñadores que talentosos. Nunca una persona ególatra encontrará ni conocerá siquiera la verdadera realidad en su más amplia concepción. No fue su caso. Él formó una escuela a la que de todo el mundo asistieron alumnos para conocer el sistema nervioso, de los que algunos rozaron el Nobel. ¿Ramón y Cajal machista? Semejante afirmación he podido constatar en muchos de los comentaristas de su figura, pero la realidad es que contó con la colaboración y presencia activa de varias mujeres, no sólo en la secretaría (Ketty Lewy, que trabajó también como traductora), sino en su propia escuela (Laura Forster, Manuela Serra, Soledad Ruiz-Capillas, María Luisa Herreros), así como en el laboratorio como ayudantes, bibliotecarias, o ilustradoras (Conchita del Valle, María García Amador). Debemos tener en cuenta que hasta 1888 no se reguló el acceso de la mujer a la universidad y sólo bajo enseñanza libre. El derecho a matricularse en enseñanza oficial se alcanzó en 1910. Anteriormente, como señala Elena Ginés, a la mujer no se le permitía entrar sola, siendo acompañada por un ujier desde la puerta hasta el aula, mientras que tenía que salir detrás de sus compañeros acompañada nuevamente por el ujier.





                       Con la guerra y su fallecimiento desapareció en parte el fruto de su trabajo, pero aún así, en 2017 se consiguió que la Unesco reconociera su legado dentro del Programa Memoria del Mundo, al mismo tiempo que el Archivo General de Simancas y el Códice Calixtino. Un Museo nacional debería seguir incidiendo en la importancia de los logros científicos y culturales, en el trabajo de la ciencia del siglo XXI, la neurociencia, porque junto a las exploraciones geográficas, el Derecho Internacional y el Quijote, es lo español más relevante. Las ideas de Ramón y Cajal se adelantaron a su tiempo y por eso tienen vigencia. Y es tal la modernidad, que algún estudioso cree que podría ser la solución al conflicto soberanista catalán. Manel Montolíu Bargallo sostiene que en El mundo visto a los 80 años expone Cajal su visión sobre la unidad de España y las manifestaciones catalanistas, francamente antifascistas, pero "la fuerza aplicada a las pugnas intestinas de un país no resuelven nada. Propondría la separación de las regiones rebeldes, amistosa y acompañada de algunas compensaciones fiscales". Y admitía:



                         TRISTE ES RECONOCER QUE LA VERDAD NO LLEGA A LOS IGNORANTES PORQUE NO LEEN NI SIENTEN Y DEJA FRÍOS CUANDO NO IRRITADOS A LOS VIVIDORES Y LOGREROS.




                                                            (Fotografías: Autorretratos, Legado Cajal)


                                 * Finalizado este artículo, el actual ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, se compromete a desarrollar "un proyecto de Museo Cajal". El CSIC anuncia que una parte del archivo se expondrá en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. El Instituto Cajal se desplazará al IMMPA en Alcalá de Henares. En el acto de conmemoración del primer centenario del Instituto se presenta la creación de un Centro Internacional de neurociencias.




                                                                                 Endings are beginnings


                         



                                                                                         Sobreviviré

                               
                   
                 


               


             


                     

miércoles, 5 de junio de 2019

Litterae Apostolicae Sixti IV Pappae pro Ordine mendicatium







                                El Papa Sixto IV confirmó y concedió nuevos privilegios a la Orden religiosa católica de los Mendicantes mediante un manuscrito en pergamino escrito en latín, que se conserva en la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Zaragoza, catalogado en ficha muy antigua apenas legible y con escasos datos, algunos de los cuales no coinciden con mi análisis tras un minucioso y detallado estudio de sus aspectos descriptivos físicos y materiales, que llevé a cabo en mi investigación codicológica del manuscrito: a esas prerrogativas y prebendas aluden las Litterae Apostolicae Sixti IV Papae pro Ordine mendicatium, título que aparece en la cubierta que lo protege, ya borroso, escrito en castellano, y en las hojas de guarda iniciales. En la que va pegada a la cubierta se lee Diversas Bulas y Privilegios, Bula y en el recto de la hoja de guarda volante Diversas Bulas y Privilegios, esenciones, e inmunidades concedidas a ntra. Religión por la Santidad de N SSº Pº Sisto Quarto.









                         El pontificado de Sixto IV (Francisco della Rovere) tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XV. A pesar de ser acusado de nepotismo por conferir los más elevados cargos de la Iglesia a sus sobrinos, y de tener conocimiento de la conspiración urdida por uno de ellos contra los Médicis, como Papa tomó acertadas medidas contra los abusos de la Inquisición y anuló los decretos del Concilio de Constanza. Hizo construir la famosa y maravillosa capilla que por su nombre se llamó Sixtina, siendo uno de los principales artífices del Renacimiento. Sin duda, un papado lleno de luces y sombras. Importante mecenas de las artes y las letras, se dejó llevar en ocasiones por su excesiva ambición participando en todo tipo de intrigas palaciegas, políticas, económicas y de poder. Su relación con el rey Fernando de Aragón fue muy estrecha y cercana, a veces con entendimiento y otras, de clara oposición. Bajo la presión de Fernando, que le amenazó con retirar el apoyo militar al reino de Sicilia, Sixto IV emitió la bula que establecería un inquisidor en Sevilla y más tarde, en Aragón. Pero también otra que confirmaba el enlace entre Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, un matrimonio nulo, ya que el arzobispo Carrillo falsificó la bula que les dispensaba del impedimento de parentesco. El cardenal Rodrigo de Borgia, amigo de Fernando, sugirió al Papa que pasara por alto esa circunstancia, lo que se hizo por medio de la bula resolviendo el problema de la dispensa en 1471. También les concede la indulgencia plenaria a pesar de no acudir a Roma el  primer Año Santo de 1475 siendo como eran los "Reyes Católicos", enfrascados en plena guerra civil.









                     Las Letras apostólicas eran disposiciones que emanaban de los Sumos Pontífices, por medio de documentos escritos, pues el Derecho Eclesiástico -que se basa en el Romano-, manifiesta que cualquier gracia concedida debe probarse por quien lo alegue y el escrito facilita esta prueba por directa concesión de la autoridad competente. Entre estas "letras apostólicas" se encuentran las Bulas y los Privilegios, prerrogativas que liberan de cargas o conceden exenciones de que no gozan otros. Son gracias espirituales o indulgencias. En este manuscrito, Sixto IV las concede a los Mendicantes (en principio, religiosos que mendigaban el propio sustento). Algunas de estas órdenes, a pesar de no profesar una vida pobre, gozaban de los privilegios concedidos por los Papas en atención a sus méritos. Proporcionaban una independencia especial a sus clérigos con respecto a los ordinarios locales encaminada a facilitar su trabajo de propaganda católica, algo que provocó luchas tan pertinaces como lo puedan ser ahora las de los partidos políticos. La reforma propiciada por el Concilio de Trento disminuyó estos privilegios, especialmente en orden a la censura de los libros y a la administración del sacramento de la confesión.



                                                                         
                       El manuscrito de Sixto IV está encuadernado con cubiertas mudéjares rígidas de cuero. Se observan tres nervios en el lomo de las tapas, el inferior oculto por el tejuelo de la Biblioteca. Sirven de cierre dos correas de cuero deterioradas y cortadas, de tal forma que no se pueden atar. Los bordes del lomo están estropeados, sobre todo la cabecera, rota. Los folios aparecen cosidos con cordón de cáñamo y las cubiertas, gruesas y duras, reflejan una ornamentación de dibujos mudéjares sobre el cuero que mantiene su color natural aunque oscurecido. Mejor conservada la posterior, las dos se ven peladas y picadas. Los dibujos recrean un juego de rectángulos concéntricos con cenefas geométricas y motivos vegetales en el interior. Sobre la cubierta anterior el título apenas se percibe. Aunque algunos trozos de cuero presentan una porosidad blanca, como carcomidos, se puede hablar de buen estado de conservación así como de las hojas de guarda adheridas o volantes. No tienen bullones ni cantoneras. Según Elisa Ruiz (en su Manual de Codicología), la historia de la encuadernación española consta de una etapa ausente en el resto de Europa: es el período de transición entre el gótico y el renacimiento, el estilo mudéjar, que mezcla las técnicas occidentales y las islámicas. Los motivos ornamentales recuerdan las techumbres mudéjares, como así ocurre en el caso que nos ocupa, aunque no que el material sea "marroquín rojo", que es el preferido en este tipo de encuadernaciones.




                      El arte hispanomusulmán del cuero adquirió gran desarrollo perdurando hasta mediados del siglo XVII, para olvidarse casi por completo posteriormente. Las formas decorativas islámicas se conservaron en las encuadernaciones y repujado de arcas y cajas. La aplicación más conocida del cuero, por haberse conservado gran número de ejemplares, es la de las encuadernaciones, en las que ese material recubre tapas de madera o cartón. Las mudéjares (tenemos ejemplos en la Colección Lafora de Madrid, en el Museo de Vich, en la colección del Duque de Alba, etc.), dominaron de tal modo la España medieval y aún la de los primeros tiempos del Renacimiento, que casi pueden considerarse como exclusivas. Artífices musulmanes debieron de trabajar al principio en ellas, lo mismo en las destinadas a las bibliotecas de reyes y grandes señores que en las de cabildos, catedrales y monasterios. Los ejemplares conservados son de idéntico estilo y técnica, derivados de los anteriores hispanomusulmanes, pero presentan al mismo tiempo una gran variedad de adornos. La decoración es en seco, es decir, sin oro, cuyo uso empezó a fines del siglo XVI. Este tipo de encuadernación pasó a Nápoles desde España a fin del siglo XV y de Italia a Francia y otros países europeos. Precisamente, los encuadernadores judíos contribuyeron a su expansión y desarrollo. En España hubo dos grandes centros de encuadernación: Toledo y Barcelona, además de Valencia y Salamanca. En AragónZaragoza y Tarazona gozaron también de gran prestigio. Ni en Egipto, ni en Marruecos, ni en Italia, logró crearse un estilo tan peculiar como el mudéjar español, en el que se funden elementos románicos y góticos con la tradición islámica. También concurrió en la formación de este estilo el conocimiento de la encuadernación de los restantes países europeos, en la que predominan con cierta monotonía en filas o rectángulos los herrajes de contorno cuadrado, circular u ovalado, con figuras o temas florales o heráldicos (el interesado puede recabar más información en Ars Hispaniae, Madrid, Plus Ultra, volúmenes IV y XVIII).






                                                                                Encuadernación mudéjar



                    Por lo que se refiere a la ornamentación interna, el manuscrito no presenta "drôleries". La letra más ornamentada y con más decoración es la inicial absoluta del texto, una R que se extiende desde el borde de la hoja hasta la línea 7, algo recortada en el extremo superior. El resto de la palabra ocupa tres líneas. La siguiente R también se destaca en tres líneas. Las demás palabras resaltadas tienen trazo más grueso y se adornan ligeramente algunas iniciales. Aunque no hay "ex-libris", en el recto de la hoja 12 se observa un dibujo o viñeta, junto al colofón del copista, exento, situado en el margen izquierdo. Es muy sencillo: se trata de una base de tres escalones sobre los que se asienta una columna dividida en dos partes, a la que sigue una estrella de cuatro puntas, rematada al final por una cruz sin adornos ni colorido. Por último, la V inicial de "Vultum" ocupa 13 líneas del rayado. Como es preceptivo, se encuentra el sello oficial de la Universidad de Zaragoza, sello con impronta en tinta azul, de forma oval, rodeado por la leyenda "UNIVERSIDAD Y PROVª DE ZARAGOZA" y en el centro, "BIBLIOTECA", estampado en el recto de las hojas 1, 6 y 13 (no numerada), en los dos primeros casos en el margen inferior, y en el último, en la parte central de la hoja.





                 El soporte en pergamino es muy fino en las hojas destinadas al texto manuscrito (seguramente, de oveja), y mucho más grueso en las hojas de guarda (parecen de carnero). En los dos casos, se sigue el principio de Gregory: las caras de carne y de pelo se corresponden entre sí quedando enfrentadas. Naturalmente, las hojas de guarda finales aparecen en disposición contraria a las iniciales. El color del pergamino (que comienza al modo latino) es muy blanquecino, excepto en las hojas de guarda, en un color amarillo muy destacado. En las caras de pelo, se advierten pequeños poros en negro. No existen elementos de control (signaturas y reclamos), quizá por el orillado del ms. La numeración, en números arábigos, se halla colocada en el margen superior derecho del recto. En todas las hojas, en su margen inferior izquierdo del recto o inferior derecho del verso, podemos observar perforaciones con un amplio orificio que no tienen las hojas de guarda, como si anteriormente los folios hubiesen estado unidos por ahí. Sólo en la hoja 2 falta un trozo de pergamino en el extremo inferior, que parece como quemado. En todas hay una mancha, oleaginosa, en la parte central. En las hojas 10, 11 y 12 se atisban manchitas de tinta negra en el margen inferior. Y en la 13, una mancha de tinta roja. El verso está bastante más deteriorado que el resto del manuscrito y con más rugosidad. A partir de la hoja 4, unas arrugas se marcan en la parte central derecha, más acentuadas desde la 8. El folio central (7 y 7bis) es el más estropeado, aunque en general no es un manuscrito muy dañado por el paso del tiempo o el uso. ¿Será el pergamino de vitela, por su finura, color y conservación? Resultaría extraño, dada la escasez de este tipo de soporte.




                                                              Bula de Sixto IV (Real Academia de la Historia)
   




                        La catalogación actual como manuscrito 215 parece ser la última realizada, ya que aparecen otras supuestamente anteriores. En el ángulo superior izquierdo de la hoja de guarda inicial pegada a la tapa se lee "N. 143"; después debió tener la signatura 151 (entre paréntesis en la ficha), y en la misma hoja de guarda un tejuelo de biblioteca indica las tres. Además, en el centro del margen inferior del recto del folio 1, en castellano: Citan todas en el tomo 2 del Bullario nº 21.606, mientras que el comienzo del manuscrito se refiere a  Reverendissimis ac Reverendis | in patribus et dominis. Y en el recto del folio 12 aparece con distinto tipo de letra el colofón:  In fidem et testimonium omnium. En cuanto a la "fórmula de colación", por lo que se refiere a las dimensiones, en ficha consta 260 x 190 mm. pero en medición personal, observo una ligera diferencia: 250 x 185 mm. El manuscrito está formado por un cuadernillo de 7 folios con numeración actual, además de las hojas de guarda iniciales y finales, un folio en cada caso. En dos ocasiones (f. 2 y f. 6), una hoja se superpone a la otra mediante el talón. Sólo aparece numeración hasta el f. 12, falta el 13, y el 7, central, aparece con numeración 7 y 7bis, dado que, lógicamente, es el mismo. En una numeración correlativa y completa la última hoja debería ir numerada con 14. La hoja 2 se corresponde con la 13 y la 6 con la 9, en ambos casos superpuestas. Se trataría, pues, de un septenión con la composición  II + [14] f.










                          Es fácilmente visible el pautado (rayado en seco), en unas hojas mejor que en otras. Por ejemplo, en el verso de la 12, y [13 r. y v.] están las líneas muy claras pues no hay texto sino sólo palabras sueltas o letras mayúsculas. La tinta, negra, no se ha traspasado de una cara de la hoja a la otra. Hay una media de 35 líneas en cada pautado (rectrices), sin disposición en columnas ni espacios en blanco. A veces sí se deja la línea superior del pautado en blanco a manera de marginal horizontal. En el margen derecho no está unificado el final de la escritura en las líneas. Los márgenes son similares en los rectos y versos, pero no coincidentes siempre en sus dimensiones. La caja de escritura aparece en ficha con una medición de 175 x 145 mm., pero advierto que sólo se da en el caso de que se tengan en cuenta los alargamientos ornamentales de algunas letras en los márgenes, en el resto de los casos, según mi medición, las cifras disminuyen a 169 x 138 mm. No existen tachaduras y las letras, en los márgenes, alargan su trazo de tal forma que en alguna ocasión llega hasta el final de la hoja en la parte inferior. Los apuntes marginales suelen ser ilegibles por borrosos o muy breves, a veces una sola palabra ("nota"). Es un texto sin lagunas ni entrecortado ni dividido en capítulos. Sólo se resalta la primera palabra Reverendissimis y los nombres propios, sobre todo Sixtus. En trazo más grueso algunas expresiones indican el inicio de nuevo enunciado, Ceterum. Las mayúsculas iniciales se adornan con dos rayas que rellenan el hueco de la letra.




                         Los márgenes tienen 20 y 30 mm (izquierdo y derecho) y 29, 53 mm. (superior e inferior), pero no siempre son iguales ni en todas las hojas ni en los rectos y vueltos. El signo general de abreviatura es una tilde suprarrayada (^), salvo con las letras de astil ascendente en las cuales la tilde se atraviesa a dicho trazo del que sobresale como una vírgula (´) conectada al mismo. Las abreviaturas por contracción son abundantes: epo episcoponra = nostra; q =que (con la tilde correspondiente en las consonantes)..., etc. Las pruebas de pluma o tinta, probatione calami, aparecen sobre todo en las hojas de guarda. En el verso de la inicial se ve repetida la R y la palabra Reverendissimis que ha traspasado la tinta al recto de la 1. En las finales, están escritas varias palabras sueltas, algunas con mayúsculas adornadas, que, aparentemente, no guardan relación entre sí ( Vallespín, Zulema, Gitanillas, Vultum, Infante de Lanuza), sin que me haya sido posible resolver clara y definitivamente la posible conexión entre ellas y la incidencia en la hipotética propiedad del manuscrito o demandante. Por último, en el recto de la hoja no numerada 13, hay escritas unas frases en latín, ajenas al texto, que parecen de alabanza y contenido religioso (Deus, Deus meus, ad te de luce vigilo | Sintivit in te anima mea...).








                     En conclusión, este manuscrito es una copia en letra gótica cursiva del siglo XV de una sola mano, a renglón seguido y con escritura sobre el renglón. Los rasgos descritos convergen en esta datación. De la cronología referida a los datos internos del manuscrito deduzco que el Papa Sixto IV tendría 63 años cuando dispuso estos Privilegios (murió en el año 1484), que la letra, de legibilidad muy complicada, es de la época y que las cubiertas mudéjares podrían pertenecer al mismo siglo. Evidentemente, se trata de una muestra muy valiosa en todos los aspectos que requeriría un análisis de expertos muy riguroso que pudiera despejar las múltiples incógnitas que presenta. ¿Qué vicisitudes atravesó el manuscrito hasta el momento presente? ¿Cómo llegó a Zaragoza? ¿Tuvo que ver en ello la relación de Sixto IV con la Corona de Aragón? El estado general de conservación del ejemplar, a pesar de observarse ciertas huellas de humedad, no presenta un deterioro importante, en mi opinión, por la calidad del material empleado. Guardado en una vitrina de la Dirección del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, el acceso a semejante joya para su estudio no me resultó sencillo, pero ya sabemos que el misterio de origen desconocido no tiene precio...





                                                          Aquella. Cheque en blanco (María Jiménez y Lombo)



                     

viernes, 18 de enero de 2019

¿UNA MONEDA IBÉRICA EN CALAMOCHA?






                              Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia.



                                                                                                         SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

                             



                                                                                               Que una moneda antigua,
                                                                                               hallada -¿por azar?- en el jardín,
                                                                                               te enseñara una fecha: 1804
                                                                                               y un dato no ficticio:
                                                                                               Napoleón rey de Italia,
                                                                                               importó menos que,
                                                                                               abierto el campo
                                                                                               de ilusa fantasía,
                                                                                               luego de la lección de cosas,
                                                                                               el bronce atesorado
                                                                                               se disipara sin palabras.

                                                                                               Quedó en el aire  
                                                                                               algo de Historia y Algo
                                                                                               todavía sin nombre:
                                                                                               un comienzo, la insana
                                                                                               costumbre de observar,
                                                                                               atar cabos, alcanzar
                                                                                               la no errada visión
                                                                                               de algún prójimo horrible.

                                                                                               Saber que nada es tuyo
                                                                                               para siempre.



                                                                                            IDA VITALE, Lección de Historia





                               


                                                               Cerro de San Esteban. El Poyo del Cid (Teruel)
            



                               
                                           Semienterrada en un campo yermo, al borde de un camino de la Masada de Vallejo, en la margen derecha del río Jiloca cerca del Salto de Daudén, en el término de Calamocha (Teruel), se encontró, casualmente, una moneda junto a un objeto de bronce y restos de fragmentos de cerámica romana e ibérica, no muy relevantes por su escasez. Maximino Turiel Ibáñez (con la colaboración de Juan Ibáñez Benedicto) ha planteado en su estudio sobre la moneda la problemática que presenta su hallazgo, relacionándolo con la posible existencia en la zona de un asentamiento ibero-romano ligado al yacimiento de El Poyo, topónimo tal vez originario del nombre romano Podium, y de un más que discutible nombre celtibérico. Este trabajo, supervisado en su momento por el profesor de Historia Jesús Elvira, significó para el autor un acicate para continuar con sus investigaciones numismáticas y arqueológicas; así, en 2018, ha publicado El loca sacra libera: Arqueología, sobre descubrimientos monetarios de época ibérica y romana en Fuente el Saz del Jarama y Meco (Madrid).



                                 Toda la vega del Jiloca, desde Calamocha a Caminreal presenta un evidente interés arqueológico. En "La Loma" de Fuentes Claras se descubrió una tessera de hospitalidad con la inscripción "QUOM METELLI NEIS TESSERA", en Caminreal se encuentra el importante yacimiento de "La Caridad" y en El Poyo, el de "San Esteban", sin olvidar la importante ciudad cercana de Sekaisa (Segeda), citada en fuentes clásicas. En la Carta Arqueológica de España (Teruel) se informa del descubrimiento de una estatua romana de bronce parcialmente conservada, que apareció en un campo perteneciente a la Masada antes citada, lo que parece indicar la existencia, en algún terreno propiedad de la explotación de Vallejo, de alguna mansión, villa o asentamiento, dados los objetos documentados y la cerámica encontrada y asímismo, de la moneda, que se antoja raro que pudiera ser extrañamente perdida, si bien es cierto que apareció cerca del actual camino (la antigua vía romana coincidente con el ferrocarril), que desde el yacimiento de "La Caridad" conduciría a los puentes romanos de Luco y Calamocha, tal vez un posible asentamiento, por tanto, ibero-romano, en la vía de El Poyo a Calamocha.






                                                                     El Salto de Daudén. Calamocha (Teruel)



                                   La Masada de (del) Vallejo es una vivienda formada por casa, cuadras, parideras, corrales, pajar y anexos para ganado menor, perteneciente a Calamocha, que aparece citada en el nomenclátor de 1860 como "masía de las Celadas", una "casa de labor" a 3,5 km. de distancia del municipio. En los mapas topográficos de 1938 y 1959 se nombra como "masada del Vallejo" en la partida de "Las Celadas" y seguramente será la misma, con un territorio de 18,76 ha. de secano, según Emilio Benedicto. Este tipo de masadas (de etimología latina y seguramente procedente de "masía"), fue muy común en el antiguo Reino de Aragón y tiene como origen las villas romanas. A poco más de 9 km. de distancia de Calamocha, se sitúa la población de Caminreal, cuyo nombre hace referencia a la antigua función geoestratégica que cumplía en el itinerario del Jiloca y su nacimiento parece ser que procede de la destrucción en época medieval de dos cercanos poblados, Las Cuevas y La Caridad, lugar este último que aparece representado simbólicamente en su escudo y donde se encuentra el yacimiento ibero-romano del mismo nombre (BIC). La historia de Caminreal se va recomponiendo en los últimos años gracias a las excavaciones que el Museo Provincial de Teruel realiza con enorme éxito, enriqueciendo el patrimonio histórico y arquitectónico de la zona. La Caridad ocupa un espacio elevado sobre el Jiloca de superficie muy superior a la de los yacimientos ibéricos de esta comarca, lo que indicaría el carácter semiurbano del asentamiento (de fundación a finales del siglo II a.C., aproximadamente) y sus habitantes serían en gran parte celtíberos que conservaban tradiciones, instituciones y nombres propios, junto a los nuevos "colonos" de cultura diferente. En el suelo de una de las viviendas se ha encontrado una inscripción ibérica sobre un mosaico romano realizado con teselas blancas de caliza. El pavimento se ha conservado excelentemente en su propio lugar a causa de -o a pesar de- las bajísimas temperaturas del lugar (...quien lo probó... ¡lo sabe!...), y que hoy se procuran paliar. Este yacimiento puede visitarse en la actualidad a través del Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal, situado en la antigua Estación del Ferrocarril. Entre los elementos más destacados aparecidos en Caminreal se encuentra una catapulta de torsión, de tipo "escorpión", que es excepcional por su buen estado de conservación, teniendo en cuenta los escasos ejemplares existentes. En las proximidades del yacimiento existen otras dos ciudades de cronología romana posteriores al de La Caridad, el de El Poyo del Cid y "La Loma" de Fuentes Claras, ya en el valle del Jiloca.






                                                              El Poyo del Cid, desde el Cerro de San Esteban



                                  En las faldas del cerro de San Esteban se sitúa El Poyo, que en 1970 comenzó a denominarse El Poyo del Cid, y en 1971 pasó a depender del municipio de Calamocha. En el Poema de Mio Cid se hace referencia a esta localidad, que quiso honrar al personaje recogiendo su nombre por haber pasado por el lugar en su destierro:



                                     En un cerro se asentó que está sobre Monreal
                                     El cerro es un alto poyo, maravilloso lugar



                      Y el nombre de "Cerro de San Esteban" recibió el yacimiento celtibérico conservado en esa zona, enclave arqueológico donde se localizan los restos de una ciudad celtíbero-romana y en el que se han encontrado cerámicas ibérica y común romana, junto a fragmentos de terra sigilata y cornisas de estuco de estilo pompeyano y gran cantidad de monedas que indican las importantes relaciones comerciales que se llevarían a cabo en este asentamiento de diez hectáreas de superficie, hoy insuficientemente atendido, siendo, como es, uno de los más interesantes de Aragón. El Cid se encontraría en 1089 en el cerro de San Esteban. Ya en 1921 don Ramón Menéndez Pidal, tan alabado unas veces y tan denostado otras por los que somos filólogos, indicó la existencia de este yacimiento y los expolios que debió sufrir en décadas anteriores. A don Ramón se le ocurrió la feliz idea de realizar su viaje de novios siguiendo el camino del Cid desde su destierro hasta llegar al mar..., y a su hija le pusieron ¡cómo no! el nombre de Jimena, dada la pasión que el historiador manifestaba por la figura del Cid. No sé si un viaje de novios es el ideal para conocer la potencia de las tierras turolenses, pero que desprenden un romanticismo innegable en sus paisajes de contrastes es una realidad. A propósito, este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento del historiador, así como hace unos meses se celebró el 50 de su fallecimiento, por ello la Fundación que lleva su nombre ha preparado el Bienio Pidalino con diversos actos, entre ellos la exposición en la Biblioteca Nacional "Dos españoles en la historia", que confrontará su figura con la del Cid, protagonista de una de sus principales obras, La España del Cid, en la que separó leyenda y realidad y profundizó en la sociedad medieval. El Instituto Cervantes recordará sus viajes en otra exposición y la Universidad de Granada será la sede de una muestra que seguirá sus pasos por los barrios gitanos de la ciudad junto a Federico García Lorca. También la Real Academia Española homenajeará al escritor, que fue presidente de la Academia en dos ocasiones.








                                    En el Poema de Mio Cid (o Cantar, pero yo prefiero Poema), el Cid recorre los valles del Jalón y del Jiloca obligando a los musulmanes al pago de parias y castigando a los que no se sometan a su autoridad, primero en Alcocer, a orillas del Jalón (entre Ateca y Terrer), a la que conquistó en épica y renombrada batalla, y después desde El Poyo, cerca ya de Monreal del Campo, a orillas del Jiloca. Nuestro texto dice que estuvo allí viviendo varios meses, consiguiendo que hasta el rey de Valencia le pagase parias. Con siete mil hombres acampa cerca de Calamocha (que no se cita en la obra literaria), tributando a Alfonso VI. En El Poyo reforzó la fortificación romana para convertirla en centro de operaciones por territorios también zaragozanos, ya que se trataba de una verdadera ciudad amurallada y su ubicación le confería una importancia estratégica de primer orden al controlar el Campo de Bello, el Campo de Romanos, la Sierra Menera y el paso al Valle del Ebro. La muralla alcanza los cuatro metros de anchura y en realidad es una muralla doble, paralela, cuyo interior está relleno de tierra y piedras. Es de suponer que durante el tiempo que pasó en Aragón, y en concreto, en Teruel, el Cid se enamorara de la belleza de sus tremedales, de los desfiladeros fluviales, de los bosques de encina, sabina y pino, de los ríos naturales y de piedra, de las cabras montesas y ciervos..., y de su contundente gastronomía de la que es tan difícil escapar. Hacia Teruel, desde el castillo de Peracense, el Cid dominaría visualmente todo el valle del Jiloca con unas impresionantes vistas del entorno, mientras que en Cella reunió a todos los que querían acompañarle a conquistar Valencia. Probablemente en el invierno de 1090 se encontraba ya en Morella (Castellón). Desde 1999 se celebra cada año en El Poyo del Cid una fiesta medieval en la que se representa su llegada.




   





                               Quizá por los caminos por los que el Cid debió cabalgar y vivir, se encontró, por azar, la moneda, amplia y detalladamente descrita por Maximino Turiel Ibáñez. La moneda es de bronce y está relativamente bien conservada. Pertenece al tipo ibérico clásico que sigue los modelos romanos de ases y semis. Presenta la cabeza ibérica sin barba, en el anverso, y en el reverso, el jinete a caballo saltando con peor diseño que otras monedas similares. Es un semis con peso aproximado de 4 gramos y diámetro de 20 mm. Se puede identificar con el número 701 del Catálogo de Numismática Ibérica e Ibero-Romana de Antonio M. de Guadán, quien la clasifica como de rareza 10, la máxima, que indica piezas de carácter casi único. Junto a la cabeza, aparece en inscripción lateral el signo ibérico correspondiente a N, que sería el indicativo de la ceca emisora: NERTOBI, caracteres legibles casi en su totalidad bajo el jinete, excepto en el último, que podría ser S o no existir: NERTOBI o NERTOBIS, es decir, NERTOBRIGA. Todo ello permite una datación entre los años 105 y 45 a.C. De la misma ciudad existen otras monedas con módulos de as que presentan figuras barbadas e imberbes en el anverso y jinetes con casco y pilum en el reverso, son de mejor factura y presentan la misma leyenda. Con variedad de peso y diámetro, su grado de rareza sería de 5, es decir, monedas mucho más comunes que la encontrada en la Masada de Vallejo.



                           
                                                               
                                                                            Moneda ibérica nertobis (modelo)








                                              Catálogo de Numismática Ibérica e Ibero-Romana (A.M. de Guadán)





                                 Ahora bien, ¿dónde situar a Nertobis? Podría ser, para algunos estudiosos, Ricla, Calatorao o Chodes. Para el profesor Beltrán, correspondería al Cabezo de Chinchón en La Almunia de Doña Godina. Antonino la citó como ciudad celtíbera en el camino de Mérida a Zaragoza, y según Manuel Martín Bueno, esta ciudad, de la tribu de los lusones se localizaría entre Bílbilis (donde otros situaron improbablemente a otra ciudad lusona, Contrebia), la propia Nertobriga y el Jiloca. Nertobis acuñó moneda con el alfabeto ibérico del Norte y se la considera ciudad emisora dentro del llamado grupo Pirenaico. A otros grupos con el mismo alfabeto pertenecería el celtibérico. Dado el confusionismo existente acerca de la localización exacta de la auténtica NERTOBIS, se podría deducir que dicha denominación no designaría a una sola ciudad, sino a algún tipo de población o asentamiento localizado en alturas fortificadas y bien defendidas. Si desglosamos etimológicamente la voz Nertobi(s), nos encontramos con nerto- (traducible por fuerte) y -bi (s), grafía abreviada de birig (bri) del céltico briga (castillo, altura fortificada), así que podríamos traducir el nombre de la ciudad como PLAZA FUERTE. ¿Y no era el Cid el que avistaba desde un alto cerro amurallado unas tierras lejanas de gran belleza en las que poder sobrevivir? ¿Desde un podium? El poyo designa (del griego podion) un muro grueso que formaba una plataforma alrededor de un original anfiteatro o alrededor de la arena de este, sobre la que había una hilera de asientos, o sea (y por extensión): un lugar donde alguien se asienta para dominar con protección y visión del entorno lo que en él se desarrolla, en definitiva, plaza fuerte, lugar alto bien defendido, es decir, una "nertobi". El Poyo podría ser una de las "nertobi", no necesariamente la citada por Antonino, ¿o quizás sí?



                          Me gusta la poética lección de historia de la gran poeta Premio Cervantes de este año 2019, la uruguaya Ida Vitale, de la que se desprende que no existen el siempre ni el todo, tampoco las certidumbres absolutas y que, a veces, la Historia, la vida, quedan en el aire...


   




                                                                                Se dejaba llevar por ti...


                                     


                   


                 


     

                                                                         
                                                                                   
                                                                                 
                                                                                 
                                                                                   
                                                                                     

lunes, 5 de diciembre de 2016

El Mesón que contiene la vida






                                            Pensar que en esta vida las cosas de ella han de durar siempre en un estado, es pensar en lo escusado, antes parece que ella anda todo en redondo..., y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua. Sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo...


                                                       Miguel de Cervantes  (Don Quijote)



                                        Actúa de la manera en que te gustaría ser y pronto serás de la manera en la que actúas.

                                       El amor no tiene cura pero es la única cura para todos los males.


                                                             Leonard Cohen





                                         Mucho tiempo atrás, encontré un tesoro casi escondido de sorprendente riqueza en un espacio envuelto en aura marina con sabor a cálido hogar, silencioso, profundo, donde el olvido era imposible y la luz se tamizaba contra las tinieblas del tiempo. En el lugar se respiraba pureza y parecía prometer deleites misteriosos para los sentidos y las emociones... Desde entonces, mis regresos transcurren por aposentos, salitas, habitáculos y pasillos entre objetos desconocidos o que despiertan recuerdos que la memoria acerca definitivamente cuando recrea ambientes domésticos, laborales, intelectuales y festivos, como si buscaran complicidades en la observación de su identidad: ahí, la supervivencia; más allá, los oficios que indultaron los años; cerca, una almazara, un calvario, un mostrador de antigua taberna (del Perchel procede), o la barquita ("Victoria", se llama)..., y si quizá, entonces, rodeo el patio central con su pozo hechicero alrededor del que todo se aferra, casi tropiezo con una fire pump de Torre del Mar, o con esos sinuosos aperos de labranza, artesanías de esparto, caza, apicultura, queso y pasas, y si como en el juego del escondite, cruzo, subo o bajo, entonces surgen de repente un humero, detalles taurinos, carnavalescos, y carteles festivos que anuncian "veladas de luz eléctrica", "fantoches, globos y cucañas" o "batallas marítimas de serpentinas"... Pero si el atajo me conduce a algún recinto donde alargo la captura del instante, el sueño se apodera de un pasado floreciente y me percibo escribiendo en el elegante despacho de Arturo Reyes (¿Cartucherita o La Goletera?), o tocando el piano con ropajes de rico adorno en el gabinete contiguo, tan íntimo, tal vez alternando la música con el encaje de bolillo, mientras espero a que se vayan quién sabe qué incómodas visitas para las que el tresillo ya se ha adaptado a posturas "envaradas", y paso al dormitorio en el que nacerían niños en un sillón de partos que nunca imaginé, para adormecerse luego a la lumbre del brasero o al vaivén de la cuna de madera, y más adelante, entretenerse con sus casitas de muñecas y otros juguetes...






                 Estoy en una antigua hospedería o posada del siglo XVII: el Mesón de la Victoria, un edificio con encanto típico de la arquitectura popular. Hoy es el Museo de Artes y Costumbres Populares de Málaga. La memoria, caprichosa, ha ordenado -o mejor, desordenado- el contenido, colocándolo a mi aire según lo admiro en cada ocasión. Pero la reconstrucción de las diversas actividades de la vida cotidiana malagueña desde el siglo XVIII hasta el XX es tan perfecta y completa que, sin duda, no puede haber mejor referente para conocer Málaga, su provincia y sus gentes que este Museo, donde los fondos se hermanan con el contexto con tanta exactitud y los objetos exhibidos con su entorno arquitectónico, que el visitante se siente como en casa. Para una exhibición etnográfica de esta índole, se cedieron inicialmente unas dependencias de la Sociedad Económica de Amigos del País, y en 1971 se compró el Mesón, entonces abandonado y ruinoso, que se restauró y acondicionó para su conversión en un museo de arte y vida, y como vehículo de exposición de las investigaciones del patrimonio antropológico de esta tierra andaluza. Así se inauguró en 1976: la historia local, la cultura y el medio ambiente concreto, cotidiano y más elemental del hombre unido a lo más intelectualizado como el folclore, por ejemplo, se convirtieron en material científico investigable donde el objeto identifica una circunstancia singular, para convertirlo en exponente de modo de vida, evocador, incidiendo en una valoración estética basada en la relación forma o utilidad, y función: los objetos no tienen tiempo ni medida, sólo huella...


                    Con este criterio, se seleccionaron y ordenaron una muestra de piezas dispersas y en peligro de desaparición, que resumen la esencia de Málaga como provincia y ciudad a través de una representación de toda su variedad. El Mesón de la Victoria se construyó sobre un solar ocupado por otra hospedería en el siglo XV, que pasó por donación de los herederos del propietario, Miguel de Araso -repostero de camas de los Reyes Católicos-, al convento de la Victoria. Los frailes Mínimos la ampliaron con una bodega que atesoró más de mil arrobas de vasijas, y edificaron una vivienda superior. Una obra posterior destruyó prácticamente las construcciones realizadas, concibiéndose para uso de mesón tal como ha llegado hasta ahora. La transformación en Museo la realizará el arquitecto malagueño Enrique Atencia, con el patrocinio de Unicaja y contenido privado. Sobre una planta cuadrangular que se prolonga en forma de trapecio hacia el fondo de las caballerizas, las dependencias se distribuyen en torno a un patio interior con galerías baja y alta sobre columnas donde desembocan las cubiertas de teja morisca, rasgo característico del pueblo malagueño, según J. Moreno Villa, perviviendo también el carácter italianizante y la influencia de los fundaq islámicos, como ha estudiado J. Temboury. Su reconversión hasta el siglo XX en casa de vecinos nos habla de su adaptabilidad a usos domésticos, lo que nos transmite esos sorbos de vida con sus ritos que invitan a la meditación...






                    El Museo propone distintos recorridos para su visita según el relato que nos inspiren las piezas conservadas. Una panorámica general resulta insuficiente, en mi opinión, ya que sólo nos aportaría una primera aproximación. Según nuestros intereses concretos, podrían aconsejarse al menos cuatro itinerarios generales, o girar la visita sala por sala (ocupan los dos pisos), o bien disfrutarlo en libertad donde el asombro nos lleve... Yo tengo la suerte de haberlo admirado desde todas estas perspectivas, y de seguir haciéndolo, ventaja que me aporta residir en su atractivo entorno. Un recorrido ambiental ofrece la percepción de aspectos domésticos y laborales de las clases populares malagueñas, planteando la comparación entre los mundos rural y urbano a través de las diferencias de las estancias de habitaciones representadas (burgués: gabinetes, despachos, salones, otras salas...; popular: cocina, comedor, dormitorio rural, etc.), o las matizaciones existentes entre los trabajos respectivos (urbano: imprenta, litografía, bordados, carpintería, cerámica, forja, obradores...; rural: viticultura, pesca, ganadería, transporte, oleicultura, enología, apicultura...). El recorrido donde se materialice un oficio específico supondría otra opción, la de identificarlos con las piezas correspondientes de corte artesano como es el caso de la carpintería, apreciada en el mobiliario, o en objetos de madera útiles para otras actividades y oficios como el de sillero: muestras curiosas serían el "banco-arcón" o el "sillón de lira", una de las joyas más interesantes que se conservan en el museo. La cestería se representa en trabajos realizados con fibras vegetales como el esparto, palma, pita, enea, vareta de olivo..., que aparecen en cerones, aguaderas, capachas y cabezales, cinchas y bozales para animales de carga. De ahí, la alpargatería, con ejemplos como las denominadas agovías para la pisa de uva. Muchas de estas piezas se encuentran en desuso por el proceso de industrialización, aunque también en algún caso se ha producido el fenómeno de la reconversión o aún continúan vigentes -como las que intervienen en una matanza, aunque hayan cambiado los materiales a veces pero se sigan los mismos ritos y se utilicen las mismas formas (como las trébedes para soportar los calderos de cocer las morcillas, la mesa tocinera, etc.)-, y así se mantiene el "piporro búcaro", o sea, el botijo.


                       Lo lúdico, en sus vertientes festiva y folclórica, constituye uno de los medios de expresión popular más completo, conservándose aún en toda su pureza las más genuinas representaciones: verdiales, quema de los "júas" en la noche de San Juan, pastorales navideñas, maragatas de Comares o correderas en Villanueva del Rosario. Todo ello podría implicar un nuevo recorrido: la artesanía complementa a la fiesta mediante las indumentarias, instrumentos musicales, la escenificación de los bailes por medio de las figuras de barro, como la panda de verdiales de Carmen Pastora, o de los boleros y zorongos del siglo XIX de los escultores Gutiérrez de León o los Cubero, la tauromaquia y los carteles de festejos o de Semana Santa. Allí conocí más por extenso, a través de sus objetos, la exótica historia de la bailarina de cuplés Anita Delgado, que llegó a ser Princesa de Kapurthala al casarse con un maharajá hindú, como si fuera la protagonista de una novela más que de una realidad, pero ignoraba que fuera malagueña. La Málaga histórica presenta sus señas de identidad en los momentos más brillantes de su trayectoria, y podríamos señalar este como el recorrido más genuino: la época romana, en la que alcanzó el título de municipio ( Lex Flavia Malacitana), con gran actividad comercial consecuencia de la calidad de sus productos agrícolas, marítimos y de salazón (el garum); el periodo islámico, especializándose en productos como los higos, pasas, almendras y el aceite, o suntuarios (loza dorada, sedas, plata) y el siglo XX, de industrialización y progreso con una supuesta modernidad que facilitó el desarrollo de la burguesía. Expresiones de personalidad única a la que contribuyeron siempre su clima y el mar, sin olvidar la vocación comercial de los fenicios.







                       En el siglo XIX, Málaga era denominada "la ciudad de las mil tabernas y una sola librería", en frívola y tópica alusión a la ausencia de vida cultural que no parece tal si observamos por el museo tantos datos que inciden en aspectos intelectuales, lo mismo que ocurre con su condición marinera que, en alguna ocasión, no presenta un papel dignificador, como ocurre con la figura del charrán, hombre de mal vivir de las playas malagueñas, como lo definió Teófilo Gautier y poetizó Leoncio Talavera con su cuadro "El cenachero". El mundo agrícola se centraba en el cultivo de la uva, generadora de riqueza económica y étnica (como vendimiadores llegaron muchos extranjeros durante el siglo XVIII), que también potencia esa imagen placentera asociada a los vinos y enlazada a la constante comercialización de pasas e higos, pero con un cuidado refinamiento en sus embalajes que ratifican la conciencia de competitividad mercantil, cuyo peso se hace notar en la burguesía industrial y es la razón por la que el mundo burgués tiene una presencia tan destacada que confiere una personalidad distinta a este Museo en relación a otros del mismo tipo. La atracción sobre la ciudad influyó en el auge del turismo y sus consecuencias: el souvenir o recuerdo, con las figuras de los barros representando personajes populares, tipificados en versiones de bandoleros, manolas y manolos, gitanos, bailaores, caballistas..., algunos utilizados como tapones de botellas, volviéndose a unir vino y tipismo como condensación ejemplificadora y ambivalente de lo extrapolable de la provincia: claves perfiladoras del pueblo a través de sus actividades cotidianas, algunas en desuso pero no perdidas gracias a su presencia en este Museo.





                                                                                     Museo del Vino


                         Efectivamente, Málaga es tierra de vinos desde tiempo inmemorial. Existen vestigios del cultivo de la vid y elaboración de vinos desde el siglo VIII a.C., con el paso del tiempo mundialmente conocidos. Su ubicación geográfica y clima hacen inmejorables las condiciones para el cultivo de la vid y la producción de diferentes tipologías de vinos de calidad. Actualmente, más de mil hectáreas de viñedo se dedican a esta actividad, repartidas entre los municipios que conforman las cinco zonas de producción vitivinícola: Axarquía, Montes de Málaga, Norte, Serranía de Ronda y Manilva, mientras que las Pasas de Málaga amparan 1.300 hectáreas de viñedo. No extraña, por tanto, que se le haya dedicado al vino un museo, el que "descubre mil sensaciones", ubicado en el antiguo Palacio de Biedmas, del siglo XVIII, no muy lejos del antaño Mesón de la Victoria: es el Museo del Vino de Málaga que expone más de 400 litografías (etiquetas y carteles de fines del XIX y principios del XX), botellas y piezas singulares (cartelas, piedras litográficas, estuches de pasas y material promocional de las bodegas malagueñas de esas épocas). El Museo explica la historia del vino desde los fenicios a la actualidad, su geografía con amplia descripción de las zonas de producción, y cualquier cuestión referida a la viña (la planta, variedades y prácticas de cultivo en injerto, poda y asoleo), el conocimiento de la obtención del mosto, y las crianzas y tipos de vinos con denominación "Málaga" y "Sierras de Málaga", así como la de "Pasas de Málaga". El etiquetado es tan variado que representa tanto a personajes históricos como a todo tipo de referencias al arte y la liturgia o muestra al vino como la panacea universal siendo útil hasta para los enfermos. Los Reyes Católicos otorgaron la primera cédula que amparaba como "Señores de las Viñas" a sus propietarios. El vino es un placer que se siente, por lo que allí percibimos aromas de lo más variopinto: jazmín, canela, lavanda, avellana, vainilla, hiedra... Este espacio moderno y luminoso impacta desde su entrada y completa magníficamente al MAP.




                                     
                                                                               Museo de Artes Populares


                            Si preferimos pasear y observar con detalle los recorridos a los que ya me he referido, nos detendremos en cada una de sus salas, donde se profundiza en el conocimiento de la relación del hombre con su entorno y circunstancia y en la contemplación de enseres y ámbitos. La cuadra ocupa un amplio espacio de tres naves separadas por pilares rectangulares bajo arcos de medio punto, con un suelo empedrado que informa sobre el tránsito de caballería sobre esta zona y por ello se han situado los elementos relacionados con todo tipo de comunicaciones terrestres: carruajes, carros, monturas, abrevaderos..., y las piezas artesanas de la manufactura correspondiente. Lo escarpado del terreno en zonas rurales hacía inviable las labores agrícolas mecanizadas, manteniéndose el uso del animal incluso para el transporte, aunque también se exhibe una singular berlina como carruaje de viajeros. Haciendo referencia a los obradores artesanos se han reconstruido una fragua y una tahona. La fragua reproduce una herrería, con todo aquello que podría generar, siendo especialmente significativos los denominados calabozos o rozones, especie de cuchillo de hoja curva para cortar caña de azúcar. Pero merecen una lectura especial las rejas, barandillas de balcones y cancelas, recabadas de derribos de viviendas del Perchel, ejemplos de forja y ornamentación de la arquitectura doméstica local de los siglos XVIII y XIX, posteriormente producto industrial sinónimo del progreso de la zona gracias a las industrias metalúrgicas, de Heredia principalmente, que queda testimoniado, a nivel decorativo, en los herrajes de las casas de la reconvertida ciudad decimonónica. La tahona, de Álora, aparece con todo lo que requería la elaboración del pan, incluido el molino de harina.


                     Se rinde homenaje a los hombres de la mar y al arte de la pesca en una preciosa sala, la primera a la derecha tras entrar al edificio, dominada por un sardinal, barca de pesca semejante a la jábega, reproducida en maquetas colgadas de las paredes. Enseres de pesca -como el torno de varar- escenifican la típica acción de sacar de la mar las barcas tras la pesca. La nota romántica la aporta el mascarón de proa de aire modernista. Al salir de esta sala aparece un espacio inferior que se abre a la calle Camas, entrada principal del mesón (ahora con una salida trasera ajardinada, con fuente y granados...), y hoy zona intermedia que separa la ya comentada y otra, doméstica o casa propiamente dicha, una vivienda "tipo" en la que se han seleccionado dos unidades diferentes: la de labranza y la burguesa, que por una parte, nos acercan a lo cotidiano y popular y por otra, a la representación de la realidad concreta del lugar acomodado, o sea, lo rural y lo urbano, ocupando, en el primer caso, la planta inferior y en el segundo, la superior. Aprovechando el hogar de la primitiva posada, se ha montado una cocina propia de la arquitectura popular con un amplio humero y los utensilios propios de las labores de este ámbito.


                   La sala contigua representa el comedor de una casa de labranza de cierto nivel socioeconómico. Lo habitual en las zonas rurales de la provincia es el cortijo de pequeño tamaño donde hogar y sala coinciden en una misma estancia, a veces sirviendo también de dormitorio, ya que las cámaras del piso se dedicaban a almacén. En zonas más potentes económicamente se da otro tipo de viviendas de mayor nivel social y otra especialización en los usos de los espacios. El comedor del Museo correspondería a esta tipología, pese a su sencillez. Resultan incontables las piezas expuestas, muchas relacionadas con la matanza, actividad todavía en uso. La mayoría del mobiliario y del ajuar que presentan las áreas domésticas provienen de la zona de Campillos, lugar de origen de Baltasar Peña, promotor, junto a Enrique García Herrera, de este Museo y uno de sus más destacados benefactores, que donó de las propiedades de su familia gran parte del material que se muestra. Si la mar fue la primera seña de identidad de Málaga, el vino ha sido la segunda. La industrialización tuvo como motor impulsor la fabricación en hierro de las flejes de las botas para la exportación del vino. La sala del lagar, bodega y taberna constituyen perfectos tratados de la viticultura y enología malagueñas. Objetos interesantes son la prensa del lagar, procedente de Sedella, del siglo XVIII, las botas para contener el vino y el torniquete de barrilero. Un pianillo adorna el lugar mientras una fotografía ilustra a un músico callejero tocándolo. Otro se los sectores económicos importantes de la provincia es la industria del aceite, representada por una impresionante almazara con su empiedro, una prensa donde se exprime la masa resultante de la molturación previa y un depósito de hierro fundido, todo recuperado de un molino de la presa el Limonero, junto a otros utensilios que ambientan el espacio.






                    Al salir de esta sala, atravesando el patio, inmortalizado en la obra de José Denis Belgrano "Después de la corrida" del Museo de Bellas Artes, se accede a la primera planta, dedicada al medio burgués. Unas vitrinas exhiben vestidos y trajes, indumentarias infantiles, carnés de bailes, sombrillas de seda... Típico de la época, la separación entre los ámbitos privados y públicos era estricta: los primeros los constituían dormitorios, salas de costura, cocina, aseos y habitaciones del servicio, espacios del dominio femenino, y los segundos, salones, gabinetes, comedores y despachos eran la zona de exhibición. En este apartado se incluiría el despacho de Arturo Reyes.Y en relación con la labor del escritor, aparece flamante su modo de impresión y expresión: la imprenta. El ambiente cultural de Málaga en el siglo XIX se fomentó a través de las innumerables publicaciones periódicas, así como la importante producción gráfica con excelentes artistas de renombre nacional. A todo ello dedica el Museo un espacio que a mí me fascina especialmente, representado por el material procedente de la imprenta Sur-Dardo, fundada por Manuel Altolaguirre y Emilio Prados -de ahí el Modernismo de las imágenes de las piedras-, y de Gráficas Alcalá, con un importante taller de litografía, especializado en carteles de toros y lechos de cajas de pasas. Enlazando el gabinete y el dormitorio, de intimismo delicado, con su medio de desenvolvimiento, la sala de las labores agrícolas contiene diferentes aperos de labranza dedicados especialmente al secano (bielgos o rastrillos de gran tamaño, el arado romano, azadones, hoces, yugos para mulos o bueyes...). Y como complemento, objetos de artesanía como queseras, mieleras, cajas de pasas forradas de rasos de colores, dibujos y litografías de caprichosas formas con sus moldes de madera o "guarritos" para envasar... La industria del higo ha sido otra de las tradiciones del lugar. Los higos de Rayya (nombre árabe de la circunscripción de Málaga en el periodo altomedieval), se exportaban hasta Oriente Medio por su calidad y por ser considerados los mejores del mundo. Se presentan  a través de prensas de ceretes (canastillas de palma en forma de disco) y ceretes llenos de higos secos.


                  Uno de los productos estrella de la Málaga musulmana fue la cerámica de loza dorada o de reflejo metálico, de gran cotización. Anteriormente, los abundantes alfares romanos señalan la tradición alfarera del lugar, que decayó durante la Edad Moderna aunque sin llegar a perderse sino más bien reconvertirse hacia lo más estrictamente artesanal y popular. Durante el siglo XIX tuvo un gran impulso con las piezas procedentes de Cuevas de San Marcos, Coín o Colonia de Santa Inés, caracterizadas por la combinación del melado y el verde, manteniéndose escasamente el azulón típico de Málaga. Aquí vemos recipientes de uso doméstico o como complemento de la arquitectura con los canalones y gárgolas, auténticas maravillas. Las fiestas  y el folclore se muestran en prendas de encaje y bordado, en la indumentaria taurina, en ejemplares de la Pastorá, la fiesta de candelas, y en los barros, con una panda de verdiales en barro policromado cuyas figuras congelan los pasos de baile más significativos. En la sala más amplia del Museo, unas vitrinas recogen cerámicas que mezclan lo popular y lo culto, con temas religiosos y festivos, en los tan famosos Barros Malagueños, que, por su calidad, son la colección más importante del Museo. Se compraron al coleccionista inglés Peter Winckworth, y conforman la mejor representación del Romanticismo artístico en la ciudad. Los antecedentes se encuentran en Nápoles, en el siglo XVIII en las figuras para belenes. En Málaga comienzan a elaborarse con la misma temática religiosa, aunque el gusto goyesco hizo recaer el interés en los tipos populares. Tuvieron un gran éxito por su autenticidad y estar realizados por escultores de sólida formación, obteniendo una gran demanda sobre todo por extranjeros que buscaban la España de pandereta, perfectamente representada en los bandoleros, toreros, bailaoras... La colección del Museo recoge temas de tauromaquia, bailes y tipos populares, belenes y temas religiosos. Precisamente, la sala dedicada a la religiosidad popular es de un misticismo subyugante; en ella me detengo indefinidamente en innumerables ocasiones, contemplando esos belenes o calvarios de pequeñitas figuras metidas en urnas de cristal, imágenes de rezo para la intimidad de la alcoba, vidrios devocionales, exvotos de ingenua narrativa, las figuras en hueso, esa inigualable talla de madera policromada de San Rafael..., que potencian la relación romántica del hombre con lo trascendente.







                          Otro de los atractivos de este tipo de museos radica en la conservación de una riqueza léxica que incide en la importancia del patrimonio cultural, en este caso, lingüístico, de la lengua española y de localismos. Quedan los diccionarios, sí, pero una lengua debe permanecer lo más viva posible en el habla individual y si el objeto pervive, su denominación subsiste. Lo mismo ocurre en el plano de la investigación, que no desaparece mientras se fomenta el estudio de tanto como queda por saber. En este museo, un departamento conserva amplia documentación en el archivo dedicado a Narciso Díaz de Escovar, periodista, polígrafo, cronista e intelectual miembro de la Academia de Historia, Bellas Artes de San Fernando y Buenas Letras de Sevilla. Y aumentan los expertos cuyas colaboraciones en la exploración y el conocimiento del Museo, tanto por lo que se refiere al edificio como al contenido, son imprescindibles para una más amplia comprensión de lo que se ve. Sus aportaciones me han resultado valiosísimas para la elaboración de este artículo y para entender las reflexiones histórico-antropológicas que suscitan una forma de vivir que mantiene su esencia en el tiempo y quizá alcance la eternidad..., esa que parece transmitir el Mediterráneo, tan próximo, según se sale del antiguo Mesón, a la izquierda...



                                                                            "Smile"  (con Charles Chaplin)