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viernes, 22 de abril de 2016

HOY ES EL DÍA...





                                       Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros... la color viva, antes blanca que morena...; éste digo que es el rostro del autor de "La Galatea" y de "Don Quijote de la Mancha"... Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabauzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros...

                                                        Miguel de Cervantes (Prólogo a las Novelas ejemplares)



            
                           ... En el que falleció realmente Miguel de Cervantes, un 22 de abril de 1616, hace cuatrocientos años, y no el 23 como suele señalarse para hacerlo coincidir con la fecha de la muerte de Shakespeare (con la salvedad de que en Inglaterra regía aún el antiguo calendario juliano y no el gregoriano, con lo que su fecha no sería el 23 sino el 3 de mayo): los dos más grandes escritores de la Historia, el inventor de la novela contemporánea (con el antecedente en germen del Lazarillo), y el creador del mejor teatro, hermanados en el fallecimiento... El único escritor que murió el 23 de abril de 1616 es el "Inca Garcilaso de la Vega" (Gómez Suárez de Figueroa), padre de las letras de América. En 1930 al escritor Vicente Clavel Andrés se le ocurre establecer esa fecha como Día Mundial del Libro, con el fin de fomentar la lectura y la protección de la propiedad intelectual y la UNESCO decide en 1995 aprobar el 23 de abril como "Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor".




               El día 23, el cadáver de Cervantes, con hábito franciscano y a cara descubierta, fue trasladado al convento de las Trinitarias en la actual calle de Lope de Vega. Por esas cosas de la vida, este murió en una calle que llevaría el nombre de Cervantes: así quedaron ligados en la muerte los que tan distanciados habían estado en la vida. En marzo de 1616, Cervantes concluyó el Persiles convencido de que sería su obra de más éxito. El 26 de ese mes escribió al arzobispo de Toledo con la sensación de estar tan enfermo que no podría recuperarse (parece que padecía de diabetes y no de hidropesía), así que el 2 de abril decidió profesar los votos de terciario de San Francisco, ahorrándose de ese modo los gastos del entierro. El 18 recibió la extremaunción pero al día siguiente pudo escribir al conde de Lemos la dedicatoria del Persiles, que se publicó póstumamente. En ella decía que si se curaba por un milagro escribiría la continuación de La Galatea, las Semanas del jardín, y El famoso Bernardo, obra a la que nunca se refirió y que tal vez habría constituido una novela histórica sobre Bernardo del Carpio. Antes, también había hablado de una posible comedia, El engaño a los ojos. También en el Persiles se despide del lector: "Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida". Y en la dedicatoria al conde de Lemos, le dirige los famosos versos: Puesto ya el pie en el estribo/ Con las ansias de la muerte,/ Gran Señor, ésta te escribo. El día 23 se consigna en la parroquia de San Sebastián la muerte de Cervantes, fecha del entierro, como era costumbre en la época.




                Parece que Cervantes se autorretrató en la figura del caballero Diego de Miranda en el Quijote y lo hace también en el Persiles bajo la forma de autor en busca de editor, como compilador de aforismos, refranes y apotegmas. Es "un hombre curioso" que afirma que si "algunos años me he dado al ejercicio de la guerra", algunos otros "y los más maduros, en el de las letras", y en ambos le ha ido bien, "en los de la guerra he alcanzado algún buen nombre y, por los de las letras, he sido algún tanto estimado". En cuanto a sus retratos en la pintura, puede decirse que la duda sobre su figura se cierne en todos ellos por unas razones u otras. Se basan en la descripción de las Novelas Ejemplares y suelen reflejar la típica representación del caballero de las letras de la época. No hay un retrato auténtico hecho en vida de Cervantes, así como los hay de Lope de Vega, Góngora o Quevedo. Sus editores no debieron gastar nada en ello. Sí han atribuído distintos grabados a diferentes pintores creyendo que realmente habían dibujado a Cervantes, incluido Velázquez, que, puesto que no se conocieron y el pintor debía tener 17 años no parece que sea auténtico. Lo mismo ha ocurrido con los demás retratos a lo largo de los siglos. El único pintor al que Cervantes se refiere como autor de un retrato suyo es Juan de Jáuregui de 1600, que fue donado a la RAE en 1911 por José Albiol, pero no tuvo demasiada credibilidad. Otro retrato atribuido al mismo pintor de la colección marqués de Casa Torres, se conserva hoy en la RAE, aunque no se tenga la absoluta certeza de que el retratado sea nuestro autor. Queda recordar el famoso cuadro del pintor El Greco, El caballero de la mano en el pecho, cuya figura algunos dicen que es la de Cervantes, como que también lo es uno de los personajes de El entierro del conde Orgaz del mismo pintor, al que conocería durante su estancia en Toledo, pero las teorías se quedan en hipótesis que sirven para seguir fomentando las investigaciones.


                 En 1616, la capital del reino entonces, Madrid, desconoció que había muerto su vecino más ilustre y el pobre entierro de Cervantes no turbó la febril actividad de la corte. Ni siquiera sus colegas notaron la ausencia. Sólo Francisco de Urbina y Luis Francisco Calderón, ambos de mediano ingenio, cantaron sus alabanzas y pusieron humildes flores sobre su tumba. Ni Quevedo se ocupó de su muerte, y el gran Lope de Vega debió de sentirse más tranquilo y más dueño de los teatros y de la vida literaria de la capital. Las cuatro ciudades más significativas, Alcalá de Henares, en la que nació; Madrid, en la que murió, y Valladolid y Sevilla, en las que vivió y escribió, lo silenciaron tanto en vida como a su pérdida. Es tal la presencia sobre todo de Sevilla en la vida y obra de Cervantes, que muchos de sus contemporáneos y estudiosos posteriores le creyeron nacido allí y no fue así, pero la visitó en varias ocasiones. Se conocía el laberinto de calles sevillanas como la palma de su mano, y por eso traza en su obra las figuras y los escenarios de la ciudad con pleno realismo, consciente de la riqueza literaria que encerraban (así, el famoso Patio de Monipodio en Rinconete y Cortadillo). Marginado por la buena sociedad sevillana, su vida agitada no debió permitirle frecuentar con asiduidad los medios literarios. Llamó mucho su atención el famoso "Arenal", reunión de pícaros y gentes del hampa, y el "Compás", la entrada a la mancebía sevillana, la puerta de la "casa llana", teatro de ruidosas escenas que debió presenciar. Cervantes lo volvió a recordar en su Viaje al Parnaso. Y por conocer, llegó hasta a pasar en su célebre Cárcel Real unos meses en 1597, a causa de la quiebra y desaparición del banquero Simón Freire, al que había hecho depositario de los cuantiosos cobros de los impuestos que realizaba como recaudador. A ella debió referirse en el prólogo del Quijote, cuando afirma que la obra fue engendrada en una cárcel -para ser traducida después a casi todos los idiomas del mundo, algunos tan singulares como el tibetano, el manchú, el afrikaans, además de los "patois", el swahili, el volapuk, el esperanto o al abecedario númerico en edición criptonumerográfica, como pueden apreciarse en su casa de Alcalá-, aunque en Argamasilla de Alba prefieren pensar que Cervantes empezó a sentir el Quijote en la cueva de Medrano, donde dicen que estuvo preso. Toda su obra desprende un aroma sevillano, igual que la de Velázquez. Por todo ello, fue la ciudad decisiva en su vida de escritor, cuyo recuerdo evoca una lápida en la calle de Sierpes.


                Hoy rememoramos la figura de un escritor que durante siglos ha logrado conmover al mundo por su compromiso con su tiempo y su valor literario e incluso, filosófico, sin caer en el lugar común de pensar que su única obra trascendental sea el Quijote, -pues además de extraordinario novelista fue un excelente dramaturgo (aunque él se consideró frustrado en este género ante la magnitud de Lope de Vega), y buen poeta-, que recorrió los penosos caminos de su vida en busca de una quimera que sólo encontraría en la literatura, y supo sobreponerse a todas las locuras para dejarnos una herencia literaria sin parangón. Cervantes es en la literatura universal un autor fundacional, uno de esos genios límite que representa la ejemplaridad del clásico: con el Quijote, novela de novelas, expresó los requisitos eternos del género, intuyendo lo que la novela podía llegar a ser, aunque muriera sin ser consciente de la importancia de su descubrimiento, y acuñó una de las más hermosas parábolas de infinita sabiduría sobre la condición humana: la dicotomía entre lo que podemos ser y lo que queremos ser, originando al mismo tiempo una fuente inagotable de belleza y complejidad para la lengua española. De misteriosa vida, apenas valorado en su tiempo, su mérito estuvo en sobrepasar sus propios desengaños y fracasos ofreciendo unos personajes que nunca se desengañaron ni conocieron mayor gloria que la locura o la penuria, vidas que pudieron ser y no fueron, tantas como sueños... El Quijote es la novela de un soñador, moderno, contracultural, que cuestiona constantemente la estructura de valores de entonces en todas sus expresiones, desde la sonrisa siempre.


                  Francisco Ayala describe a Cervantes como un hombre de cultura media, abierto de ideas, conformado por un espíritu erasmista que mantuvo en secreto, que aceptaba el sistema porque pertenecía a él pero lo criticaba con reticencia "diciendo sin decir", liberal, que utilizó la novela para reinterpretar la realidad y su problemática con distancia y un cierto descreimiento. El Quijote aparece en un momento de tensión histórica en que España ya no puede vivir el modelo caballeresco medieval que alentaba los libros de caballerías ni se decide a asumir el burgués que traía consigo la racionalidad científica. Cervantes presenta entonces los conflictos humanos, los errores de la conducta, desde múltiples puntos de vista, para que sea el lector quien juzgue. Y lo hace con un conjunto de técnicas narrativas de gran impacto visual que se han presentado como contemporáneas pero que estaban todas dentro del Quijote y que si hoy pueden ser puro adorno, en él son funcionales, mostrándose siempre evasivo y ambiguo, porque ha llegado a entender lo máximo del mundo con todos sus matices, de ahí su duradero encanto...



               Entre 1575 y 1580, Cervantes permaneció como prisionero en la ciudad de Argel (tras su participación en la batalla de Lepanto con la consecuencia de su invalidez): cinco años que marcaron -entre los 28 y 33 de su vida- hondamente su obra literaria futura. Berbería es el nombre en el siglo XVI del actual Magreb, pero para los españoles era simplemente el reino de Argel, donde Cervantes estuvo cautivo cinco años de su vida.  La ciudad era una verdadera Babilonia, en donde un hombre podía pasar de esclavo a gobernar un navío o todo un territorio. Eran los tiempos de los hermanos Barbarroja, que habían conseguido crear todo un imperio, avanzadilla occidental del temido imperio otomano, y del turbio y turbulento mundo de los servicios secretos de Felipe II en esas tierras. Cervantes lo reflejó en sus comedias y entremeses y en el capítulo del Quijote del cautivo y la princesa mora Zoraida, un relato que encarna la fascinación exótica que, en época de Cervantes, ejercían los serrallos de Las mil y una noches. La Historia del Cautivo narra hechos similares a los relatados en la "Vida del soldado aragonés" del personaje Ginés de Pasamonte -o Gerónimo de Pasamonte, aragonés de Ibdes, combatiente en la batalla de Lepanto junto a Cervantes, que podría haber sido el autor del Quijote apócrifo firmado por Alonso Fernández de Avellaneda-.

                 Este relato autobiográfico dejó perplejos a sus analistas por la curiosa amalgama de partes históricas y partes novelescas que no llegan a fundirse armoniosamente, aunque, lejos de considerar la heterogeneidad del relato como un defecto, la variedad de estilos y géneros narrativos diferentes (cuento popular, relato histórico, novela de aventuras, leyenda piadosa, autobiografía) podrían interpretarse como indicios de un arte experimental y audaz, propio de un escritor conocedor de la cantidad de discursos que constituyen el mundo moderno, lo que le aporta vigencia a Cervantes. Esa fragmentación de la literatura corresponde a la fragmentación del mundo real que no tiene ni principio ni fin predeterminados. Si en la primera parte, que culmina con la victoria de Lepanto y termina con la evocación de la heroica defensa de Túnez, todo es valentía y noble idealismo, en la segunda (la de Zoraida), se refleja un mundo en el que el único valor efectivo es el dinero, lo que divide el tiempo del relato atendiendo a una diferente escala de valores que suponen los nuevos tiempos. Uno de los dos renegados, Hazán Bajá, revela que "llegó a ser muy rico" dedicándose al comercio de esclavos: sólo su extrema crueldad se ve compensada en parte por la simpatía que demostró hacia un "soldado español llamado un tal Saavedra". También Zoraida puede ser interpretada en clave de ironía: su único deseo es pasar a tierras cristianas, su amor no es real y su belleza es relativa. La colaboración entre la mora y el renegado en la fuga constituye la gran novedad de la Historia del Cautivo frente al tratamiento tradicional que Cervantes manejó en Los baños de Argel. Lo que aparece ahora es una síntesis del idealismo antiguo y una pervertida modernidad en la que, a pesar de todo, ningún personaje resulta totalmente malo...


                                                         
                    A pesar del dolor de toda ausencia de libertad, Cervantes debe a la cultura musulmana una parte de su tolerante sabiduría. En el acta de liberación como cautivo de los berberiscos en Argel, rescatado por sus hermanos se dice: "El 10 de septiembre de 1500 se rescató a Miguel de Cervantes, natural de Alcalá, de edad de 31 años, hijo de don Rodrigo Cervantes y doña Leonor de Cortinas, vecino de la villa de Madrid, mediano de cuerpo, bien barbado, estropeado del brazo y mano izquierda". Según la partida bautismal de Alcalá, Cervantes contaría 24 años en plena batalla de Lepanto. En tiempos actuales de regresos forzados y agresiones xenófobas vale la pena reflexionar en este Cervantes emergido del cautiverio que ayuda a desentrañar la producción literaria cervantina de mestizaje. En El trato de Argel describe paisajes y entornos con bastante exactitud por lo que esta obra de teatro de corte clásico pero innovadora en muchos aspectos, adquiere una singular importancia por su alcance histórico, autobiográfico y documental. La gran sultana recoge el mismo tema -los cautivos de los turcos- y, aunque evoca a Los baños de Argel, los personajes no se convierten en mártires a pesar de estar a punto de perder la vida. Cinco años después de su cautiverio, Cervantes con 38 años se instala en Madrid a probar fortuna con las letras: se le conoce como poeta y quizá se han representado algunas comedias suyas que hoy no conservamos. Entonces, 1585, publica su primera novela, La Galatea, que llama égloga. Tras la primera parte del Quijote en 1605, se editan las Novelas ejemplares (1613) que él mismo tuvo por algo genuino y novedoso: "Son mías propias, no imitadas ni hurtadas", convencido de que esta particularidad le iba a permitir proclamarse "el primero que ha novelado en lengua castellana". Ya fallecido, en 1617, aparece Los trabajos de Persiles y Segismunda. Historia septentrional, la suma de todos los puntos de vista posibles en su tiempo sobre la novela, tal como se ha calificado.

                                         
                                                             
                  El complejo mundo vital y literario de Cervantes ilustra a la perfección los avatares de la sociedad en la que se desenvolvió. Por su condición de "cristiano nuevo" parecía siempre contemplar a España desde su periferia o, más propiamente, desde sus arrabales. Su actitud ante la realidad reinante debe observarse a la luz de la permanente vigilancia de la Contrarreforma que le obligó a asumir una técnica de hábil disimulo velando sus más secretos pensamientos para despistar a los sabuesos inquisitoriales, topando con la rigurosa y exigente censura que, por ejemplo, eliminó del Quijote en su edición de Valencia y a partir de ella, en todas las de los siglos XVII y XVIII, la famosa frase que la duquesa dice a Sancho "advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada", que había que entender en un contexto humorístico al ver la duquesa que Sancho no quería azotarse. Con su fina ironía puso en solfa la hipocresía, mediocridad y la pobreza existencial de la sociedad española del momento, proponiendo a un don Quijote que representaba lo amable, lo gallardo, lo generoso y lo más puro, pero también la lucha de una España que se movía en tiempos fronterizos y cambiantes. Teniendo en cuenta, por otra parte, el erotismo soterrado que -como se ha estudiado- se desprende de la actitud de muchos personajes en casi toda la obra mostrándose esclavos del deseo, es admirable el atrevimiento de Cervantes, ya que, por mucho menos, había quien daba con sus huesos ante el tribunal de la Inquisición. Pero estamos ante una parodia de las novelas de caballerías y era inevitable que mostrara uno de los aspectos más característicos de las aventuras de los caballeros andantes.


                                                       
                      Don Quijote es, además, un amoroso idealista pero también esconde un lado pasional que lo atormenta. Es una novela con fragmentos tan libertinos que, en una época donde se llegaba a asesinar en nombre del honor, resulta sorprendente. Cervantes da un paso más en el terreno de la provocación usando como recurso cómico un tema que encendía la fantasía de sus contemporáneos: el travestismo. No en vano las mujeres se disfrazaban de hombres en el teatro del momento, algo que gustaba tanto que el abuso de este procedimiento originó que la Iglesia aprobara reglamentos para impedirlo... Nacido cerca de la Universidad de Alcalá, fue con todos los honores un "ingenio lego", según Francisco Márquez Villanueva, y los estudios tardíos que se le han supuesto, a su vuelta de Argel, no se han confirmado. Pero siempre tuvo mucho interés en la experiencia humana y literaria de la vida estudiantil: así, aparecen en la segunda parte, el bachiller Sansón Carrasco, el "primo" que prepara un libro de conocimientos inútiles y el joven poeta don Lorenzo, hijo del caballero del Verde Gabán, tipos eternos del bellaco estudiante, el pedantón y el verdadero amante de las Letras. En El coloquio de los perros hizo una gozosa pintura de la vida estudiantil, así como en La señora Cornelia y en La tía fingida, obra que se le atribuye, cuya inmoralidad ha sido muy exagerada por la crítica decimonónica que se escandalizó ante ciertas libertades de lenguaje de lo más corriente en la época. Salamanca era reconocida como capital de la vida regalada en Castilla, en la que la vida del estudiante era una mezcla de piedad y lujuria generalmente. Cervantes conocería las asociaciones o "nationes" que agrupaban a los estudiantes según su procedencia, y les sacó partido literario continuando un material heredado de carácter tópico, ceñido a la vida ruidosa y al erotismo que ya se había configurado con los goliardos, la comedia elegíaca y humanística y el chispazo celestinesco. Lo que pretendió fue infundir vida novelística a las anquilosadas tradiciones de la universidad medieval y eso requería a alguien curtido en el oficio, porque ese objetivo no era asequible a aficionados ni principiantes...

                       Sigmund Freud aseguraba en sus primeros comentarios sobre el Quijote que su lectura no era idónea para "jovencitas" porque muchos pasajes eran "bastos y nauseabundos". Sin embargo, en su juicio más maduro sobre la creación de Cervantes creyó que el personaje del Quijote proporcionaba "con su seriedad un placer que podría llamarse humorístico", pero una vez que el autor dotó a esta ridícula figura de la más profunda sabiduría y de los más nobles propósitos, y le convirtió en el representante simbólico de un idealismo que cree en la realización de sus metas, que se toma en serio su deber y que toma lo prometido al pie de la letra, esta figura dejó de tener un efecto cómico. Freud llegó a considerar a Cervantes el precursor de la psicología científica. De hecho, se dice que el Coloquio de los perros por su estructura en forma de diálogo interpersonal mantiene evidentes semejanzas con una sesión entre analista y paciente.

                                                     
                   Heraldo de Aragón publicaba un artículo de Santiago Ramón y Cajal en 1905, que he podido localizar, especialmente iluminador y sugestivo, titulado "Psicología del Quijote" con el que intentaba comprender la complejidad de los rasgos psicológicos y morales del hidalgo manchego y que achacaba a su "anormalidad mental". Se preguntaba también por qué Cervantes no había creado un héroe cuerdo, por qué "los altos idealismos de la ciencia, de la filosofía y de la política, los grandes heroísmos y las magnas empresas humanitarias", desgraciadamente sólo podían ser obra de la "insania" del personaje y por tanto, de la "complicada mente de Miguel". Y analizando su vida encontraba la justificación al comportamiento singular de don Quijote como consecuencia de tanto dolor, tanta penuria y tanto desengaño como tuvo que soportar a lo largo de su azarosa y amarga existencia, unido todo ello, naturalmente, al "privilegiado cerebro" que poseía. Cervantes se pasó la vida soñando: la gloria como soldado y como poeta, la prosperidad económica como funcionario, el amor perdurable... Pero "al doblar la cumbre de la vida se vio olvidado, solitario, pobre, cautivo y deshonrado". Ramón y Cajal recuerda su paso por la cárcel de Sevilla afirmando que lo que sintiera en ella seguramente le deformó el carácter y la voluntad, como suele ocurrir ante "los grandes desencantos", señalando que la figura del protagonista está tan soberana, tan amorosamente sentida y dibujada, que por fuerza el autor debió tener algo y aun mucho de Quijote (las nuevas teorías, como la del académico y crítico estadounidense William Eggington, ven hoy la novela como pura ficción -puesto que Cervantes inventó "la ficción"-, como un precedente de las actuales "expectativas de la experiencia ficticia"). Para Ramón y Cajal, Cervantes "se miró muchas veces al espejo" y entiende que la resignación final habría cambiado de enfoque si su vida hubiera sido serena, sin pesadumbres y miserias, aunque entonces la obra no habría llegado a ser imperecedera y don Quijote, universal y eterno, compendio de la vida humana. Concluye, como el gran experto que fue en su especialidad médica, que el dolor es un "gran despertador de almas e instigador de energías" y que "las perezosas células cerebrales sólo encienden su luz bajo el látigo de las emociones penosas". Por eso quizá necesitara para encontrar el tono de la inspiración sublime, además de su tormento vital, la visión del "espectáculo desolador de la miseria".


                   A finales de 1614, preparando la segunda parte del Quijote y la edición de las Ocho comedias y ocho entremeses, Cervantes publicó una obra en verso en el espíritu de la tradición satírica: Viaje del Parnaso. Aunque ya era conocido por esos años, no había podido conseguir reconocimiento para su poesía, "la gracia que no quiso darme el cielo". Quería reseñar a los poetas del momento quedando bien con sus colegas, como 38 años antes con el Canto a Calíope, pero entre una obra y otra ha transcurrido gran parte de su vida y todas las desilusiones, toda la reticencia de la que era capaz, quedaron reflejadas en el famoso viaje. "Desde mi más tierna infancia amé el arte dulce de la agradable poesía", escribía ya en el último recodo del camino, pero todavía hoy sigue sin estar suficientemente estudiada y valorada, probablemente por su singularidad: culta, solemne a menudo, casi siempre integrada en otras composiciones teatrales o narrativas y a veces, atribuida a él sin seguridad de que la hubiera escrito. Resulta muy recomendable la edición de la poesía selecta, de José Manuel Caballero Bonald.


                 ¿Hay un futuro para Cervantes? Rotundamente: sí, siempre que no se abandonen las Humanidades en la enseñanza en ese afán de vender tanto cientifismo y pseudomodernidad tecnológica, que están despreciando los estudios de las lenguas clásicas, los conocimientos filosóficos, históricos y artísticos siguiendo un modelo de vida exclusivamente pragmática y de utilidad inmediata, y se reconduzca la educación global de los españoles poniendo de la manera adecuada al alcance de los jóvenes el pensamiento de nuestros clásicos, a la manera de la fórmula británica de desempolvar los ancestros y ver qué provecho actual pueden tener. Si el clima general cambia, es posible soñarlo. Para saber si Cervantes es algo más que un fetiche trasnochado hay que conocerlo. Y eso supone no sólo leerlo sino comprender su contexto. Si ya se conoce la ruta de Don Quijote por La Mancha, las mejoras realizadas en los últimos años pueden aportar otra mirada en una nueva visita. Si se desconoce la ruta por Aragón, no se la pierdan, y si la recorren completa, como la que nos han mostrado recientemente Julio LLamazares y el fotógrafo Manuel Navia, seguro que repiten.Y de paso, disfrutan de la gastronomía del trayecto tal como la leemos en el Quijote. Cervantes y la lengua española son marca "España". Lo que me acerca a Cervantes desde que entró en mi vida es esa mezcla de lo complejo y lo sencillo que caracterizó su vida y su obra llenas de claroscuros, en las que, de pronto, la emoción de la victoria se une a la riqueza del sueño y de la idea, o se construyen la dignidad y la verdad de lo oculto y del suspense, o cuando la escritura que expresa una ética de la inteligencia se desencadena en libertad y belleza desatadas... Desprende mucha ternura la afirmación de don Quijote: "A pesar del sufrimiento, yo resisto".


                Para una visión diferente de la biografía de Cervantes desde un punto de vista muy original puede consultarse la reciente obra de Jordi Gracia, La conquista de la ironía. También resulta enriquecedor escuchar en voces actuales el texto del Quijote: en la web de "Literatura sonora" se ha llevado a cabo una encomiable labor rescatando la lectura en voz alta de la novela. En cuanto a la relación de Cervantes con aspectos científicos -que también existe-, se ha estudiado el vínculo del escritor con sus contemporáneos Galileo y Kepler y la revolución astronómica de la época (se puede encontrar en la página de "Space Apps Zaragoza"). Dijo Gerardo Diego, uno de los "Premios Cervantes", al recibirlo: El año de Cervantes no existe, porque a partir de 1605 todos los años son suyos... Desde 1547, el arte, el tiempo, la vida, son suyos... 

             

               

martes, 8 de marzo de 2016

Los senderos lúdicos de LUIS LANDERO



                                          ¿Al dinero y al interés mira el autor?, maravilla será que acierte..., las obras que se hacen apriesa nunca se acaban con la perfección que requieren.


                                                               Miguel de Cervantes (El Quijote)


                                                  
                                                               Entre los pies de un gigante
                                                               un cabezudo cantó
                                                               y le enredó los volantes.
                                                              Nunca más se levantó.

                                                          José Ignacio Cardona Herrero

        
                                          La literatura es como la experiencia del amor o de un dolor de muelas. Hay que sentirla para saber en qué consiste.

                                                                         Luis Landero





                                 Conmemoramos el IV Centenario de Miguel de Cervantes -que nunca será honrado lo suficiente por más eventos que se celebren este año- para el que el mejor recuerdo es la lectura ambiciosa de su obra completa y no sólo del Quijote, aunque bien es cierto que nadie debería privarse del absoluto disfrute de la mejor novela de la historia. Cuando salió a la luz Juegos de la edad tardía, la primera publicación de Luis Landero, fue calificada como el "Quijote moderno" y provocó tal impacto que el escritor fue merecedor del Premio Nacional de Narrativa (o de Literatura), así como el Premio de la Crítica. La trayectoria posterior de Luis Landero ha demostrado la procedencia de semejantes honores por la calidad significativa del conjunto de sus escritos que lo han convertido en uno de los autores contemporáneos más relevantes. En el periódico "Heraldo de Aragón" analicé pormenorizadamente en un artículo esta novela, convirtiéndose en el germen de mis investigaciones posteriores para el inicio de una tesis sobre los aspectos fundamentales de la obra de Luis Landero. Lo reproduzco en esta ocasión acompañado de la primera entrevista que me concedió para el mismo diario porque mantiene su vigencia, aprovechando la celebración centenaria y en homenaje al quijotesco personaje cervantino y landeriano, con la intención de ir ampliando esporádicamente en este espacio algunas de las consideraciones más apasionantes que han suscitado mi estudio y reflexión acerca de un escritor fantásticamente diferente que sigue contemplando la vida para contarla desde su balcón en invierno...





                 
                            "Una serie de galardones ha acompañado a la primera novela publicada de Luis Landero, Juegos de la edad tardía, entre los que destaca el Premio Nacional de Literatura. Descifrar estructuras, estilo, lenguaje, fabulación y otros elementos narrativos es oficio de sesudos críticos literarios o material para las a veces tediosas clases de literatura en las que se bombardea las mentes saturadas de los bachilleres con tantas teorías, sin haberse aventurado previamente por lo elemental: la lectura de la obra. Además, las obras de arte son también una cuestión de fe y si se examinan excesivamente, puede diluirse su magia.

                       JET es un extenso cuento con el lógico final feliz, una parábola sobre el significado de la existencia; es la historia de un hombre -solitario, tímido, y en el fondo, poeta- que, cual Minotauro asfixiado en un laberinto de vida obligada y sin riesgos, espera algo extraordinario que lo transforme: la búsqueda de la tierra prometida -un lugar ameno-, la recuperación del tiempo perdido, el hallazgo de sus señas de identidad. Náufrago en un mundo hostil, decide crearse otro en el que inventa tantas mentiras, tantos juegos, que lo hacen caer en su propia trampa, hasta el punto de verse envuelto en un delito que no ha cometido y por el que es perseguido. Finalmente es salvado por el amigo fiel como un Caronte que lo conduce al nuevo mundo deseado, al futuro, en una explosión catártica final en la que obtiene el premio, la recompensa del éxito nacido de su fracaso continuado.








                         En una historia que podría llegar a ser interminable, Gregorio recoge su nostalgia juvenil de escritor y se disfraza, se calza la máscara (o se la quita) y comienza a escribir: versos, cartas, prólogos y hasta un libro. Pero sobre todo, ávido de palabras mágicas, crea nombres para que todo exista, para alimentar su atrevida quimera -como un Quijote cualquiera-, para mantener la amistad y admiración de ese ser noble, Gil -un Sancho más-, que sólo busca la verdad y que, paradójicamente, se ha creído los engaños de Faroni, un poeta surgido de las ambiciones y miserias de dos seres ilusos. Así, Faroni es "la brisa mágica de un ideal de oro"; la amada , una "violeta selvática" o una "alondra marina", y una lámpara de tantas, una "marchita matrona suspendida en enaguas".



                     El transcurso de los acontecimientos obliga a Gregorio a ayudarse de nuevos trucos, payaso al fin, de nuevos malabarismos: necesita de otras personalidades que, como un mago encantador, va dejando escapar de los secretos de su imaginación, de los misterios de su fantasía. Pero la senda de ser sabio, de mantener un heroico ideal, es extremadamente dura. A punto de ser descubierto, víctima de sus embustes, elige otro camino, el de viajero vagabundo, peregrino al azar, el de la aventura y la sorpresa. Porque como le había dicho Antón Requejo (personaje esperpéntico que, abandonado por su mujer, quiere fundar una compañía de cornudos bajo el lema aproximado de "coronados del mundo, uníos"), vivir es "estar de camino". Y aunque otro vagabundo le anima a esperar la crecida de un río -el río de la vida- para obtener una buena fortuna entre los objetos arrastrados, un negocio completamente legal ¡porque son bienes francos!, comprende que esa vida no es para él que sólo posee palabras, palabras inventadas. En medio de tanta sutil y fina ironía, Gregorio vislumbra su fracaso final. Su amigo es el verdadero héroe por asumir su vida mientras está anhelando la inventada por Gregorio (el arte, la ciencia, el progreso). Él, por el contrario, envidia la vida retirada de Gil.





                       Será don Isaías, maestro adivino, quien le ayudará a desbrozar la senda, a buscar su destino, a no sucumbir a los espejismos de la felicidad y a comprender que vivir es errar, que "en la continua derrota del que da mil veces en la misma piedra está la gloria", el acto de fe que supone buscar la felicidad. Cuando Gregorio se reprocha haber mentido a su amigo, don Isaías le hace ver que para ser feliz unas cuantas mentiras es precio barato. A lo largo de su recorrido por los senderos lúdicos, Gregorio ha perdido todo, hasta la maleta; así, ligero de equipaje, quiere cerrar el círculo y volver a la infancia, al recuerdo. Más tarde, desea la eternidad del presente, pero nada de ello le sirve. Es en ese momento climático cuando ocurre la maravilla: el encuentro con su amigo en un lugar cualquiera, apartado de toda veleidad, para así, embriagado por su bondad y generosidad, aceptar la invitación de quedarse para siempre en su compañía. El poeta queda conmovido profundamente al saber que lo único memorable para Gil es querer a Faroni (o lo que es lo mismo, a Gregorio), su vida y su arte. Ambos -engañados y desengañados, derrotados y triunfantes, quijotes y sanchos ambos-, seres complementarios que se necesitan, deciden emprender una nueva vida -la de pastores, en principio-, y para la que hay que cambiarse, claro está, el nombre. Gil se inventa uno que debe ser único en el mundo: Lino Uruñuela. Y, efectivamente lo es, por ser real, por existir. Es la sorpresa final, el último guiño lúdico del autor al lector: su gran amigo. JET es, en fin, la historia de no poder vivir el uno sin el otro ("de tu noble amistad vivo cautivo", dedica en un verso el poeta a su admirador), la historia de una gran amistad. En ese camino de la utopía, comprendemos que Gregorio se ha convertido en dueño de su destino con el descanso al término del trayecto, que en su alegría última ha encontrado la salida del laberinto.

                     La identidad definitiva del personaje en ese "ser dos en uno" se consigue a través del equilibrio que concilia verdad y apariencia, ficción y realidad, aventura y fe en sabia mezcla que es literatura, que es vida. Ecos clásicos, míticos y sobre todo cervantinos con sus juegos de espejos, resuenan desperdigados por toda la novela. Desde rituales de iniciación como la entrada nupcial en el futuro o el bautizo que permite comenzar una nueva vida; desde la encrucijada de caminos que supone vivir, pasando por distintos toques bíblicos, borgianos, alguna pensión galdosiana o cualquier elemento folclórico y tradicional (los consejos del abuelo, los nombres simbólicos, ser héroe y mártir, el fracaso como victoria, merecer las maravillas, la literatura dentro de la literatura...), desde las dudas nivolescas ("¡Y dale con la mentira!, ¿tú qué sabes si yo soy o no soy?"), hasta llegar a Cervantes, siempre Cervantes, en JET se relativizan la fantasía y la realidad. Todo se entrelaza en una mutua dependencia que Vladimir Propp analizaría como las claves imprescindibles de la historia... o de la vida. Por eso de que la realidad es un revoltijo, una materia imprecisa y caótica que hay que ordenar, que no todos perciben igual y que es posible construir a la medida de las propias apetencias, o sea, como una novela. Y a cuento nos viene esa frase de Ortega y Gasset cuyo final se desconoce corrientemente y que dice: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo".





                     Que nos cuenten historias es siempre un regalo, que las cuente Luis Landero es un regalo del cielo, a pesar de que JET desprenda un cierto olor a tristeza. Luis Landero -solitario, tímido y en el fondo poeta- se siente abrumado por el éxito inesperado de su novela. No se ha dado cuenta todavía de que se ha intrincado por el sendero de la gloria. Pero sus amigos sí lo sabemos. Y también muchos lectores sabrán que Gregorio no es un Quijote de segunda división, como se ha dicho, sino un gran campeón estremecedoramente envidiable.


              "El contundente éxito obtenido en España por Juegos de la edad tardía se ha repetido ahora, con la correspondiente versión francesa Les jeux tardifs de l´âge mûr, editada por Gallimard, con un reconocimiento de crítica y público de nuevo excelentes. Por otro lado, su artículo "¡A aprender, al asilo!" ha recibido el premio Mariano José de Larra de la Asociación de Profesores de Español por su defensa de la lengua y la literatura. Actualmente Luis Landero compagina la enseñanza de la literatura con la publicación de artículos periodísticos y la elaboración de una nueva novela. Confiesa que no le gusta hablar de sí mismo como escritor, que el éxito de JET le produjo cansancio, un estar sin estar en mí, aunque también ganas de vivir y la ocasión de sacudirse durante algún tiempo la carga de la literatura. Su futuro profesional se centra en avanzar en su próxima novela, en "congraciarme con ella", a pesar de que su presente vital no tiene un argumento concreto, y por eso se parece tanto a una novela experimental. Sin embargo, su actual libro de cabecera es El sentido de la vista de John Berger, "además de otros que son mis ángeles de la guarda literarios" como La Cartuja de Parma de Sthendal. Cree que en los últimos años ha ganado algo en sabiduría, ha perdido oficialmente la juventud, ha trabajado mucho con la pluma (y por tanto, mucho placer y algún tormento), y cuando ahora mira atrás comprende un poco mejor a Jorge Manrique. No tiene ninguna esperanza en la humanidad (hay mucha miseria alrededor, muy poco progreso moral), pero alberga algunas en el hombre.





        - ¿Cuál es tu método de trabajo?

        - Flaubertiano.Un plan riguroso pero con muchos márgenes para la invención espontánea. Prefiero lo extenso con momentos intensos en literatura. Yo, si algo soy, es narrador (sólo cultivo la poesía para consumo propio). Me interesa hacer buenas novelas: significativas, bellas, perdurables.

       - ¿Qué opinas de la literatura del momento en España, los nuevos autores formáis una "generación"?

       - El verdadero protagonista de la literatura en España es el público, los lectores. En 1975 los españoles nos miramos en el espejo y nos encontramos guapos. Y entonces ocurrió algo extraordinario: decidimos leernos entre nosotros mismos. Así que la generación anterior (Ferlosio, Martín Gaite, Marsé incluso, Matute, Espinosa) quedó olvidada y sepultada por el boom hispanoamericano. En 1975 empezó un largo domingo en España. El 92 es quizá el fin. Mañana será lunes y nuestra literatura será también de día de diario. A lo mejor mañana no nos gustamos a nosotros mismos. Pero, entretanto, ahí están los lectores.

     
            A Luis Landero, especialista en temas cervantinos, no le ha gustado demasiado el Quijote televisivo, a pesar de la buena ambientación. "¿Cómo es posible que aparezcan unos cabreros que no hablan, y un don Quijote y un Sancho cabalgando en silencio? Afortunadamente, esto demuestra que una palabra vale tanto o más -y casi siempre mucho más- que una imagen". Tampoco le interesa el 92: "En España nos gusta tener muy limpia la fachada, pero ¿y la trastienda? El estado de un país no se mide por olimpiadas ni centenarios, sino por la humilde trama de una escuela pública. Aquí nos gusta mucho la grandeza efímera. Por mi parte, prefiero los proyectos a largo plazo, aunque sean más modestos".




        - Has dicho alguna vez que a lo largo de la historia de la literatura siempre se ha contado el mismo argumento, que sólo cambian las situaciones.


       - Sí, siempre pasa lo mismo: alguien lleva una vida normal y "de pronto" le ocurre algo, se rompe la monotonía. Simbad, Penélope, Don Quijote, Emma, Raskolnikov, etc. Ese algo es más o menos espectacular, pero siempre hay algo que rompe la monotonía. Es decir, la realidad florece; el asombro, el azar o el sueño (o la locura) germinan repentinamente en la realidad. No hay más que escuchar los chistes o las anécdotas del prójimo: "Iba Juan a su casa tranquilamente, como siempre, cuando de pronto..." Esa historia ya la contó Homero, ¿no?


      - ¿Cómo se consigue la originalidad en el arte entonces?


     - Ser original consiste en tener una voz propia y, sobre todo, una visión propia del mundo. El arte no es progresivo, en el sentido usual que le damos a "progreso". Hita no es mejor ni peor que Ramón Gómez de la Serna. Ocurre que uno reelabora lo que vive y uno vive también la literatura. En ese sentido sí se puede hablar de literatización como recurso estilístico en mi novela anterior: la lámpara, "una madura matrona sorprendida en enaguas", es un eco de la "lámpara con enagüillas" valleinclanesca, como tú señalas. Pero si se coteja a Valle con Rubén, ¿qué no saldría?


      - Michael Werner ha manifestado que la política cultural que se hace en España es ridícula, que la cultura no es el mercado, que el arte español actual es mediocre y que no hay libros. La literatura y el arte en el mundo actual, ¿son buenos compañeros del negocio, del Estado?


     - Todo eso son tópicos que dicen muy poco. El asunto es más complejo, un lamento no es necesariamente una opinión. De todas formas, la literatura va muy mal acompañada. La literatura debe renovar el fuego de su vieja rebeldía e independencia, es su única salvación. Hoy, el dinero y el poder se han lavado la cara con las aguas de la democracia. El capitalismo se ha hecho inevitable y razonable y esa es la burra que se nos vende a diario. Pero la literatura no debe andar entre malas compañías, por muy aseadas que vayan.


                Luis Landero nunca escribirá sus memorias, porque cuando se pone a escribir algo objetivo y real en seguida desemboca en la ficción. Está satisfecho de mantener una buena relación con los amigos del oficio, "gente maja", dice: Rosa Montero, Llamazares, Luis Mateo Díez, José María Merino, Muñoz Molina, Rafael Conte, Almudena Grandes, Lourdes Ortiz, Manuel Vicent, Carme Riera, Quim Monzó... Le pido los nombres de un libro, una canción, un país, una mujer, un hombre. Contesta rápido: "Las mil y una noches", cualquier habanera, este país, Emma Bovary, Ellacuría.


         - ¿Ha cambiado tu vida después de "Juegos de la edad tardía"?


        - Ha cambiado psicológicamente, respecto a mi relación con la escritura. Ahora tengo más prejuicios, más inseguridad y mucha autocensura. Yo no soy un escritor profesional. Me gustaría poder decir públicamente: señores, no esperen nada de mí porque ya no pienso escribir nunca... y luego volver a escribir en secreto, a ser posible, llevando una vida retirada en un pueblo. La nostalgia de la infancia y de la naturaleza está muy presente en mi vida, así como la de mi padre, la gran y devoradora nostalgia.

       - Como al principio me has rogado que no te preguntara por la novela que estás escribiendo, lo hago al final, aunque sé que no has desvelado nada de ella.


       - La editará de nuevo Tusquets -yo soy leal-. Será más bien larga, pero no demasiado. También en esta, como en la anterior, la vida les pasa factura a los personajes, así pasa siempre, ¿no?, aunque no juegan, en el sentido de mudar de identidad. Trata de un hombre que, desde su infancia, se asusta de vivir, contrae terrores (el mundo es violento, irracional, amenazante) y se refugia en los libros. Hace un plan de vida: quiere ser un hombre ejemplar, un sabio, un solitario, como los estoicos que fueron sus héroes juveniles. Estudia historia, se hace profesor de instituto. Se muestra razonable, cortés, estudioso, tolerante. Le sale al encuentro el amor. Surge el idilio pero tiene dudas. Renuncia al amor y prosigue su camino de perfección. A los sesenta años, ya te puedes imaginar: la realidad que se le echa encima, las pasiones que lo dominan, etc. Pero la historia es mucho más compleja. Esa es sólo una línea dramática y hay por lo menos otras cuatro.


                Tengo la impresión de que la nueva novela de Luis Landero -virtuoso guitarrista y amante del flamenco- va a tener bastante, como la anterior, de soterrada autobiografía. Tal vez sus memorias, esas que no piensa escribir aunque darían para otras mil y una noches se tornen -como en un juego de la edad tardía- en novelas por espaciadísimas entregas, escritas casi en secreto.



       






                                                                Dibujos animados para don Quijote y Sancho



jueves, 25 de febrero de 2016

"DIME MIGUEL: ¿QUIÉN ERES TÚ?"

                                               

          No hay Fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de ahí lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mía... Atrevíme en fin; hice lo que pude; derribáronme, y aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder, la virtud de cumplir mi palabra.


                                                                        Miguel de Cervantes (El Quijote)      
                                                                                    



                                                                        ¿Has llegado al límite de la luz?

                                                                              Miguel Labordeta, Espejo.
                                               






                          En estos tiempos en los que pocos apuestan por la ética y a algunos escritores sólo les importa publicar aunque no lo merezca su calidad literaria, recordar a un hombre que ha sido un ejemplo de escritor comprometido, interesado en los valores de libertad y conciencia moral, resulta como una bocanada de aire fresco y de pureza en un caso claro de eterno inconformista. Miguel Labordeta Subías, la voz poética más original y brillante de Aragón durante el siglo XX, cumpliría noventa y cinco años el próximo julio si no hubiera fallecido repentinamente con tan sólo 48 años en 1969. Con la publicación de sus Obras Completas en 1972, la ampliación en 1983 a cargo de Clemente Alonso Crespo y, sobre todo, con la reciente edición de Miguel Labordeta. Obra Publicada por los profesores de la Universidad de Zaragoza, Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña, así como de los Epistolarios Inéditos, Miguel Labordeta-Gabriel Celaya, y su correspondencia con Pablo Serrano, rescatados por Jesús Rubio Jiménez, disponemos de una obra que, en su momento, pasó inadvertida para muchos, fundamentalmente en el contexto literario nacional en el que el escritor apenas obtuvo demasiado eco. Se ha tratado así de normalizar a un autor clave en la historia contemporánea de la literatura aragonesa.


                         La poesía de Miguel Labordeta, elaborada calladamente al margen de cenáculos y escuelas, insuficientemente conocida y valorada salvo por algunos estudiosos o entidades como la Institución Fernando el Católico -que le ha dedicado un seminario hace poco-, constituye uno de los logros más singulares, "una de las aventuras más hermosas de nuestra literatura", en palabras de Ricardo Senabre. En 1994, coincidiendo con la efeméride del 25 Aniversario, se celebró en Zaragoza un Congreso-Homenaje a su figura que supuso un paso adelante en el acercamiento a su obra en un acto de justicia poética que completaba la bibliografía existente hasta el momento y la entrañable reividicación que siempre llevó a cabo su hermano José Antonio Labordeta, cantando su grandeza y su soledad, expresando su frustración existencialista y su sátira social, "para todos los hombres universalmente", gritando "las verdades eternas del hombre",

             Dime Miguel: ¿quién eres tú?
             ¿dónde dejaste tu asesinada corona de búfalo?
             ¿por qué a escondidas escribes en los muros
             la sojuzgada potencia de los besos?
             ¿qué anchura de canales han logrado
             tus veinticinco años visitantes?
             ¿adónde has ido?
             ¿qué dioses hermanaron tu conducta de nadie?
             ¿y tus sueños hacia qué lejanos ojos
             han conseguido hondos de fracasadas copas
             donde sorbiste el trance de la culpa?
             ¿has llegado al límite de la luz
             donde el último nombre se dispone a nacer?
                                                                                    ...
             ¿mas qué te queda criatura perpleja
             qué te resta si no es tu cerviz cortical
             seca de ciudades y limo
             propicia a la aventura fracaso
             y al ardiente paso de tus noches
             por el ecuador de los vientres
             transportando el mórbido mensaje de la espiga y de la muerte?
             Miguel ¿quién eres? ¡dime!
             

       





                        En los años de la posguerra -como recuerdan, entre otros José Carlos Mainer y Guillermo Carnero-, la voz de Labordeta pasó desapercibida teniendo en cuenta la forma de edición de sus libros en tiradas mínimas que distribuía generalmente entre sus amigos. Tampoco su colaboración en revistas poéticas, a veces semiclandestinas, de capitales de provincias, realizada con ilusión pero con verdaderas dificultades, supuso un mayor conocimiento de su obra, a lo que habría que añadir la acción de la censura que entorpeció constantemente sus publicaciones. A pesar de ello, mantuvo siempre una inquebrantable fidelidad a sí mismo testimoniando en sus versos y prosas la "autobiografía espiritual de un alma solitaria". En esos años de penuria económica y feroz represión, su poesía se caracterizó por un "ensimismamiento" que le hacía ser destinatario de su propio mensaje, mostrándose solo en medio de la insolidaridad humana. En una sociedad instalada en un aburrimiento intelectual generalizado, Miguel Labordeta intentó estimular un movimiento cultural renovador en torno a las tertulias del antiguo café Niké de Zaragoza, entonces situado en la calle de Requeté Aragonés (hoy Cinco de Marzo), en reuniones miradas con reticencia por la cultura oficialista. Así, algunos de los poemas recitados en la radio por Pedro Dicenta de su artículo Poesía revolucionaria arman un gran revuelo en la sociedad zaragozana. Con los amigos de la peña "Niké" saca adelante varias revistas, pero hasta 1968 no es autorizada, por ejemplo, una de ellas en la que colaboraba Antonio Fernández Molina, Despacho poético Internacional de la OPI.



                                                                                Café Niké. Zaragoza


                           En 1956 se estrena en el Teatro Argensola de Zaragoza Oficina de Horizonte, obra de teatro escrita un año antes, que es recibida con el más absoluto desdén. Se conservan manuscritos previos que tienen sus raíces en su propia niñez (para la adecuada contextualización de la vida y obra de los dos hermanos es muy interesante la visita a la Fundación José Antonio Labordeta). Hacía 17 años que no había publicado obra poética: Miguel Labordeta, profesor, guardaba silencio. Oficina de Horizonte, con escenografía de Agustín Ibarrola, es adaptada para la televisión por el director zaragozano Antonio Artero, que presenta al escritor como el "creador maldito español". Se la considera como una obra poética más que refleja el mismo mensaje humano de sus poemas: la búsqueda del sentido de la vida del hombre perdido en el universo cuya esperanza se cifra en la alegría que, encerrada en una botella "navega y navegará hasta el fin por los mares del mundo"... La obra no tuvo demasiado recorrido, pero marcó un cambio artístico hacia lo más estrictamente estético. El protagonista aparece caracterizado como un hombre inmaduro, con un enorme tormento interior por su exacerbada sensibilidad, en conflicto permanente con la realidad, con una gran inseguridad ( sólo quiero encontrar la ruta de mi vida hacia un no sé dónde), con la sensación casi cernudiana de alguien que quiere estar siempre de viaje y en constante huida, y obsesionado con el deseo de ser el guía de su pueblo hacia la paz y la libertad, hacia el límite de la luz... Se muestra como un revolucionario contradictorio: a veces adopta la vida burguesa y otras, protesta por ese destino ( te escupo, estúpido Miguel Labordeta). En un tremendo final en que tras una ráfaga de metralla cae "el Poeta", el eterno incomprendido manifiesta su espíritu místico y existencial: ...No hay solución a la vista, pero cada hombre debe inventar su propio camino de purificación, reforzando así lo que en 1950 propugnaba para la poesía,

                  "Necesitamos una poesía catártica, depurativa, en que el poeta se dé por entero en holocausto verídico"



                                                                          Fundación José Antonio Labordeta


                     Los recuerdos de infancia (con el caballito de cartón como elemento recurrente) y adolescencia son como jalones en el camino tenaz hacia el conocimiento de sí mismo, de su independencia e individualidad. Algunos críticos han querido ver en esa exaltación del Yo la justificación de su pertenencia a la tierra aragonesa caracterizada genéricamente por aspectos como el pesimismo estoico, el humor sarcástico y satírico y el sentido ético y desengañado de la vida, que lo habrían conducido a un ostracismo voluntario ( rasgos que se reconocerían en Jarnés, Sender, Buñuel, Seral y Casas...), pero yo creo más bien que se trata de una personal cosmovisión poética y de una ironía ( o "socarronería somarda") consustancial a ella, que se acentúa con el paso del tiempo y la evidente evolución de su obra hacia un mayor compromiso social que corre paralelo a una nueva realidad histórica: el paso del subdesarrollo económico a la revolución industrial y la sociedad de consumo. El poeta "pide la palabra" para arremeter contra todos los estamentos sociales sin excepción y satirizar la civilización moderna con imágenes apocalípticas con las que protesta, rechaza y condena una época miserable, para la que quizá pueda haber un después más esperanzado: la poesía debe entrar al servicio del hombre; pero de esto a que la poesía deba ser popular hay un abismo,

                 Dame
                 vida mía única
                 tu imposible verdad.
                 Dame
                 mi soledad
                 tu repleta cosecha de denuncias.
                 Dame
                 muerte mía
                 tu relámpago de abrasado total.
                                                                      ...
                 y tu lindo caballito de cartón de mis sueños de niño
                 destripador,
                                                                      ...
                 dadme en seguro trance
                 vuestro centro inexorable
                 de palpitar dulcísimo;
                                                                     ...
                 A ver si así
                 solo y con todo
                 compongo de mi sed indecible
                 el tremendo suceder de la Totalidad.


                            Se han señalado múltiples influencias estéticas en el mundo poético de Miguel Labordeta, así como el reflejo de tendencias y corrientes artísticas contemporáneas que hoy se cuestionan en muchos casos porque no importan tanto las etiquetas como su personalísima innovación, marcada por la audacia renovadora y el estilo inconfundible de su lenguaje en libertad, que va desde lo más coloquial y cotidiano hasta una lírica del "ex abrupto", las creaciones más arriesgadas, las visiones cósmicas más surrealistas, la plasticidad pictórica (sus libros fueron ilustrados por los grandes pintores y dibujantes Mingote, Viola, Antonio Saura, Natalio Bayo o Santiago Lagunas), o el realismo rehumanizador de aire desgarrado que marca el paso de un tono épico y oratorio inicial al experimentalismo de la poesía visual: me importa un pito que mi poesía pueda ser comprendida por pocos o por muchos o por nadie; escribo lo que puedo, como puedo... Y de ese "puedo" surgen los diferentes vanguardismos, el dominio de la ciencia-ficción y los ecos orientales, hispanoamericanos y franceses que, aunque al poeta le importara un pito, no dejaban ni dejan de conmover y de inquietar...,

                      
                             En lo alto del Faro,
                             viendo ir y venir
                 a las pobres gentes en sus navegaciones de un día.
                             En lo alto del Faro,
                 contemplando el abismo de las criaturas y el vértigo de los astros.
                             En lo alto del Faro,
                 escuchando llegar a los rostros futuros
                 y oyendo en lo hondo de las aguas las voces de los muertos.
                                                                                                                   ...
                     
                             En lo alto del Faro.
                             La voz del poeta.
                             Incansable holocausto. 



                     Una pieza insólita de carácter alegórico prácticamente desconocida de Miguel Labordeta presentaba las mismas claves temáticas del resto de su obra: Exactamente perdido, "Poemoide radiofónico", para la que no pude encontrar referencia cronológica precisa. Se trata de un diálogo en el que un personaje, el "Buzo", encarna la fraternidad universal al tiempo que se alude a la guerra con imágenes bélicas y galácticas, mientras se sigue añorando la infancia soñada (yo también perdí mi caballito de cartón). El poeta insiste en la liberación  personal que predicaba en Poesía revolucionaria, y en el poema "Catarsis del buzo" nunca publicado por el autor, debido, parece ser, a la mala opinión que tenía de él su amigo Carlos Edmundo de Ory,

                             Ahogado.- ¿Ves aquellas masas de hombres combatiendo? Aquellos cascos relucientes son los nuevos guerreros de 1914... Mira sus máquinas mortíferas...
                             Buzo.- ¡Ay... cuánto dolor... cuánta incapacidad de dicha... cuánto luchar en vano... cuánto soñar inútilmente por un camino de soledad que nadie comprende bien...!
                             Hijo.- Pero Padre, ¿qué hora es, que hablas así de una manera tan extraña?
                             Buzo.- ¿Qué hora va a ser, hijo mío? ¿qué hora va a ser, sino la de vivir, la hora de vivir siempre, con amor infinito siempre...? (Muere).

      Labordeta se mantuvo siempre fiel a esa idea tan quevedesca de que la vida es sólo un paréntesis entre los inevitables trances del nacimiento y la muerte y aquí reitera su empeño en la solidaridad ante la guerra, su infinito amor por los hombres y su repudio al inmovilismo político y social de evocación costista. Recuerdo que, en esa misma línea, José Antonio leyó este poema de Miguel en el Congreso de los Diputados con motivo de la comparecencia de Aznar sobre la posición del Gobierno ante el ataque a Irak:


                 Mataos,
                 Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
                 Invadid con vuestro traqueteo los talleres, los navíos, las universidades,
                 las oficinas espectrales donde tanta gente languidece.
                 Triturad toda rosa, hollad al noble pensativo.
                 Preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte...
                 Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas,
                 pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
                 ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
                 Asesinaos si así lo deseáis,
                 Exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas
                 Que jamás asiréis un fusil de bravura.
                 Asesinaos pero vosotros los inquisitoriales azuzadores de la matanza...

                 Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna,                                                                                            
                 Al campesino que nos suda la harina y el aceite,
                 Al joven estudiante con su llave de oro,
                 Al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo
                 Y al hombre gris que coge los tranvías
                 con su gabán roído a las seis de la tarde.
                 Esperan otra cosa.
                 Los parieron sus madres para vivir con todos
                 Y entre todos aspiran a vivir: tan solo esto.
                 Y de ellos ha de crecer
                 Si surge una raza de hombres y mujeres con puñales de amor
                 inverosímil hacia
                 otras aventuras más hermosas.




           
                    Al final de su vida, toda la obra de Miguel Labordeta parece como un juego de espejos rotos que comienza con el título del primer poema de Sumido 25, "Espejo" y termina con el verso "tarde de juventud ya que nunca recobrada", de su último poema manuscrito. Una vida vivida a contrapelo por un ciudadano que rompe con todos los esquemas, con todos los corsés estereotipados de una provincianísima ciudad como la Zaragoza de aquellos años, donde discurre su quehacer vital y poético, para llegar a proclamar una poesía iconoclasta al margen del estereotipo, una insurrección del hombre aplastado por el signo de los tiempos para la que se presenta en mesiánica tarea de redención, durante una vida que fue consumiéndose en una soledad vencida sólo a veces por su explosivo humor, aunque llegara a gritar:

            LLORO PORQUE SÍ. Lloro porque puedo y porque soy hombre. Lloro por mí y por cualquiera. Por nada y por todo. Por los que van a las oficinas con sus lomos de perro. Por los que van a la guerra. Lloro por Dios, por la raza humana perdida en las estrellas. Lloro por lo que pude ser, por lo que fui, por lo que no seré nunca. Por los que no nacieron aún, por los vivos, por los muertos. Lloro como un mendigo roto. Lloro por todo lo que ocultamos, tremendamente precioso, mientras matamos esta fuga, duda brevísima, en engañar, en ocultarnos, en chuparnos la calavera tras despreciados centavos, hasta que aquel lírico secreto maravilloso se corrompe y se transforma en cáncer apestoso. Lloro por mis enemigos, por las fuertes financieras y las pobrecitas hormigas. Lloro por los que nuna tendrán una mano que les lave la frente con su amor. Lloro por las noches de otoño, cuando un ataúd cruza los caminos. Por los enamorados y por los ebrios de tristeza y por los triunfadores y por los felices. Y mientras muero en el frente, vestido de guerrero romano, tras todo un día cumpliendo bajo el sol, a las nueve de la noche, cuando mi buena madre pone las albóndigas en la cocina del restaurante y mi pobre padre vigila los comedores desiertos, muero, muero y sollozo por todas las muertes, por todas las vidas, porque soy hombre y porque tú nos has abandonado mi tierna Berlingtonia amada. Y sobre todo, lloro, lloro por ti, eterna mía Berlingtonia amada inexistente.

Gime mi corazón. Gime de oro soñador perdido.

                                                                              ("Abisal cáncer", Obra completa, 1983)




                     Miguel Labordeta se adelanta a la aparición de nuevas promociones de poetas con el hallazgo de una nueva estética expresiva única, radical, humana, emocional, revitalizadora, de corte barroco-romántica, en la que el "náufrago que amó las estrellas" propone que la vida nos salva de la muerte y a la vez la muerte nos salva de la vida, que el desgarro vital de la identidad individual ( pero nadie me dice quién fui yo) en un mundo a la deriva se resuelve quizás en el enigma de "la terrible necesidad de infancia que pide ser colmada", como dijo André Breton y se detecta en tantos escritores. Con Miguel Labordeta, Aragón empieza a ocupar un lugar preferente en la poesía del siglo XX, iniciando un magisterio indudable que inaugura una tradición de poesía libre, audaz, regeneradora, inextricablemente pegada a esta tierra. Poesía del ayer, siempre nueva y permanente. Poesía para hoy de un hombre de palabra (como el otro Miguel), profundo espíritu crítico y canto libertario: Miguel Labordeta.

                                     
        
                                                  
                                          
                                           



                                                     El poeta.  Canta José Antonio Labordeta