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jueves, 27 de diciembre de 2018

TOVENISSA, el pueblo de mi padre






                                                                                                                           PARA JAVIER



                                                                (A los tobedanos, especialmente para los dos que hoy me mantienen unida a Tobed, y para el que se nos fue sin desearlo)                                                                      






                                                                            Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
                                                                            y un huerto claro donde madura el limonero,
                                                                            mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
                                                                            mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
                                                                                              
                                                                                                       (A. Machado, "Retrato")








                                       
                                                  Mi infancia son recuerdos de un patio de Codos... Todos los veranos se repetía lo que yo esperaba siempre con tanta ilusión: la "Fora" me dejaba justo a seis kilómetros de Tobed. Por el puerto pedregoso, con el embriagador olor del vino que desprendían las pipas, mientras uno de los tíos me contaba el cuento de "la fuente Culebrera", y el otro nos anunciaba con musicales bocinazos en todas las curvas, yo pensaba en el pueblo de mi padre. Pero para una cría aún con coletas, seis kilómetros eran demasiados para andarlos.

             Pasaron muchos años antes de poderlos recorrer. Mi ansiedad por conocer Tobed era enorme: ¿qué tendrá el pueblo de mi padre que no tenga el de mi madre? -me preguntaba. Porque en mi casa sólo se hablaba de Tobed... ¡Cuántas veces, a lo largo de mi ya extenso recorrido profesional por media España, la gente me ha interrogado con la mirada ante algunas expresiones mías! -Es que mi padre es de Tobed -me justificaba.

            Algo muy importante debía de tener, cuando a mi padre le brotaba esa palabra constantemente. Mi curiosidad aumentaba cada vez más. Y ¡por fin! un día veraniego, apareció ante mi vista una noguera impresionante que me daba la bienvenida. A lo lejos, una tierra rojiza dibujaba, junto a la ermita de San Valentín, unas figuras que no veía, pero que adquirían forma en mi imaginación al recordar las palabras de mi padre.

           ¿Cómo sería el pueblo? ¿Tendría escaleras para subir a la iglesia como las de Codos? ¿Habría también vacas furas?... No, no había escaleras, pero ¡qué iglesia! Aquí sí que mi padre se había quedado corto. No vi vacas, pero sí pinos, fuentes, huertos...

           Aquel día Tobed era una fiesta: todo eran risas y bailes. Animada por el vino de esta tierra, me dejé arrastrar por un torbellino de gentes, músicos y familiares. ¡Prácticamente todos los habitantes del pueblo eran familia mía!

           Ahora empezaba a contestarme qué tenía el pueblo de mi padre...

           Cuando pasó la fiesta, me acerqué a los pinos: el aire era purísimo, me parecía imposible respirar tanta tranquilidad. Y la noche... Nunca, en ninguna parte, he visto un cielo tan bellamente estrellado como el de cualquier noche de verano en Tobed.

          Subiendo o bajando cuestas, por algún camino o recorriendo una calle, alguien siempre me regalaba una rosa, un melocotón, una botella de vino, una torta hecha en casa.

          ¿Quién eres tú? -me preguntaban. ¿Cuál es el mote de tu padre? -me repetían. Ya no recuerdo quién me lo descubrió, pero seguramente se lo agradecí invitándole a bailar un pasodoble. Un mote de tantos años, del bisabuelo... ¡A mi padre se le había olvidado enseñármelo!

           Descubrí las bodegas, unas más grandes, otras más pequeñas, pero siempre abiertas en una invitación permanente. ¡El bisabuelo merendó todos los días de su vida -que fueron muchos-, a la puerta de la bodega, viendo el sol caer en el atardecer!

           A medida que iba conociendo más y más al pueblo, podía ir recomponiendo la historia de mis antepasados, unos antepasados que también han dejado su huella en mi sangre, unos antepasados a los que fui queriendo más gracias a Antonio, al que nunca olvidaré.

           Con los años, Tobed fue para mí aún más, algo más que el pueblo de mi padre. Hoy ya tengo mis preguntas contestadas. Y para quien piense que exagero, que se eche un sueño una madrugada, al raso, con olor a pino, y abra los ojos poco a poco a la salida del sol, viendo desde lo alto cómo se refleja en los cristales del pueblo.

           Ahora ya puedo responder: ¿Qué tiene el pueblo de mi padre que no tiene el de mi madre? Tobed os tiene a vosotros.







                                                               Iglesia de la Virgen o de Santa María. Tobed




                              Tobed, en la provincia de Zaragoza, perteneciente a Aragón (España), posee una de las iglesias-fortaleza más impresionantes y bellas de cuantas existen. De estilo gótico-mudéjar (aragonés), se construyó en el s.XIV con un concepto arquitectónico único en la España de la época, y es considerada Patrimonio de la Humanidad desde 2001. Fue promovida por la Orden del Santo Sepulcro de Calatayud con carácter defensivo por su cercanía a la frontera de Castilla ante la guerra entre Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso y Pedro I de Castilla, el Cruel. Como he comentado en alguna ocasión, el pintor Jaume Serra realizó el retablo que actualmente se encuentra conservado en el Museo del Prado. Se la conoce como iglesia de la Virgen o de Santa María. Para algunos, la tradición de la Virgen de Tobed se remonta a tiempos de los godos y se tiene constancia de que la iglesia fue consagrada en 1066. La localidad fue encomienda de la Orden del Santo Sepulcro de Calatayud desde 1141 en que se llega a un acuerdo con Ramón Berenguer IV para compensarle por su renuncia al legado testamentario de Alfonso I el Batallador que dejaba el reino de Aragón a las órdenes militares de Tierra Santa. Esta cesión territorial comprendía un solar para levantar casa e iglesia en Calatayud, donde se establecería una comunidad de canónigos regulares con dotación de rentas de Tobed y Codos, entre otras poblaciones.



                                     





                                En el siglo XIV la Orden apoya a Pedro IV en la guerra de la que he hablado y es entonces cuando se inician las obras de la iglesia, no sin conflictos entre diferentes cargos eclesiásticos, ya que el obispo de Tarazona entendía que debía de haber otorgado su consentimiento a la vez que solicitaba las rentas correspondientes por pertenecer Tobed a su diócesis, pero se falló a favor de la Orden. En 1360, fray Martín de Alpartir contrata con Mahoma Granada, relojero moro de Pedrola, la fabricación de cincuenta mil ladrillos para la iglesia. Enrique II de Castilla, aliado del rey aragonés, donó las tres tablas de la Virgen de la Leche, San Juan Bautista y la Magdalena para presidir los altares de las tres capillas. Además, se incluye el escudo heráldico del papa Benedicto XIII en la clave de la bóveda del último tramo de la nave, en el alfarje del presbiterio y en la línea de impostas que corre por las capillas y nave a la altura del arranque de las bóvedas. Parece que la iglesia se concibió desde el principio de tres tramos y hoy la vemos con una sola torre, aunque mi querido experto Agustín Sanmiguel siempre la soñó con dos. Sorprenden su exquisita decoración interior y exterior, las pinturas y yeserías con motivos geométricos islámicos, las celosías con motivos vegetales, la techumbre o alfarje de madera pintada y la capilla de la Virgen con azulejos de Muel de colores. En el altar mayor se encuentra un icono de la Virgen obsequiado por el rey aragonés Martín el Humano, que a su vez le regaló Luis VI de Francia, representando a la Virgen con el niño en brazos pintados en lienzo sobre tabla. Se guarda en una hornacina de plata plateresca, labrada en Calatayud en el siglo XVI. La capilla se cierra con una verja del mismo siglo, similar a la de la iglesia de San Pablo de Zaragoza.






                                                                  Sierra de Algairén. Los abuelos. Tobed



                         La villa de Tobed se encuentra en el paradisíaco valle del río Grío, rodeado por la sierra de Vicor o Vicort (la Vicora) y por otras estribaciones montañosas como la sierra de Algairén y la del Espigar. Dependió del priorato de Calatayud hasta la desamortización de los bienes del clero del siglo XIX. No sólo es admirable la monumental iglesia de la Virgen, sino que también la dedicada a San Pedro Apóstol, de época más tardía (renacentista del s.XVI), es uno de los edificios más representativos, junto a otros, como el Palacio de los Comendadores y Canónigos, y el Castillo (BIC), conocido popularmente como El Palomar, fortificación medieval de origen musulmán, dentro de cuyo recinto se halla la Ermita de San Valentín, patrón de Tobed (los vecinos cuentan que su reliquia permanece en la iglesia desde hace casi 400 años, y un bonito día, el 14 de febrero, se celebra la fiesta dedicada a él, como único lugar de Aragón que posee el patronazgo del santo de los enamorados). Aquí nacieron Vicente Naharro, excelente pedagogo, el baloncestista Fernando Muscat, el actual Presidente de la DPZ, Juan Antonio Sánchez Quero, un alcalde amigo, Ángel Rodrigo Jimeno, y sobre todo, la prima de mi padre, la excelente tiradora con arco, pionera española y europea en esta especialidad, Paquita Millán Serrano, mejor deportista aragonesa de 1968, a la que el Ayuntamiento de Zaragoza le dedicó una calle (con la categoría de Avenida) en 2009, tan merecida, para lo que se decidió cambiar el nombre de otra calle ya existente, en el barrio de Valdefierro, donde residía. Compartió ese mismo año el honor de recibir la denominación de una calle zaragozana con un deportista muy querido en la ciudad, en este caso futbolista, Nayim, cuyo inverosímil gol en la Recopa de París que le dio el triunfo al Real Zaragoza, será recordado eternamente. Paquita Millán Serrano descubrió este deporte, tan minoritario entonces y más aún practicado por una mujer, al observar a unos arqueros ejerciéndolo en Grisén y desde entonces lo convirtió en su vocación. En los años 60 del siglo XX participó en diferentes competiciones nacionales e internacionales alcanzando grandes éxitos, y era habitual encontrar su nombre en los periódicos deportivos de la época. Yo la recuerdo con su Seat 600 viajando sola (hay que pensar en el contexto social de aquel momento) por diferentes países, siempre acompañada de su arco y sus flechas. Fue campeona de España en cuatro ocasiones y una de Europa, entre otros títulos, batiendo en 1967 la marca nacional en la especialidad de arco recurvo al Aire libre en la categoría Senior. Continuó enseñando este deporte a nuevos arqueros, y, siguiendo una de las milenarias tradiciones alfareras de Tobed, se convirtió en una experta ceramista.










             
                  Paquita tuvo un triste final. En 1991 el acelerador de electrones del hospital Clínico de Zaragoza fallaba en demasiadas ocasiones y en una de ellas, mi prima sufrió uno de esos fallos, el mayor fallo nuclear del campo de la medicina del mundo en todos los tiempos...




               











                                     





                          La Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, congregación monástico-militar, tuvo un origen francés, concretamente en Godofredo de Bouillon, líder de la Primera Cruzada que permitió a los cristianos tomar la ciudad santa de Jerusalén en 1099. Es la orden de caballería más antigua del mundo, nacida bajo el amparo del Santo Sepulcro, la tumba de Jesucristo, protagonizando numerosas batallas en la Reconquista contra los musulmanes. Su poder llegó a ser comparable al de las órdenes del Temple y el Hospital. El conde Ramón Berenguer IV de Barcelona otorgó tierras y encomiendas en el reino de Aragón, sobre todo en Calatayud, entre ellas Tobed y el Principado de Cataluña. Se sabe que Tobed ya existía en el siglo XII. Se identifica su nombre con la villa celtíberorromana Tovenissa, de reminiscencias literarias en los Epigramas de Marcial, pero sin que hayan aparecido restos arqueológicos que apoyen los escritos y por tanto, certifiquen científicamente esa relación, aunque en el mundo celtíbérico se habla incluso de la moneda sekaisa en Tobed. En 1144 quedó bajo la jurisdicción de los fueros de Calatayud, junto a Codos, Santa Cruz de Grío, Inogés y Aldehuela (encantadora población hoy deshabitada a la que se puede acceder andando por un pintoresco camino). Tras su incorporación a la Orden del Santo Sepulcro, el pueblo de mi padre conoció una etapa de gran desarrollo económico y social que duró siete siglos por su posición estratégica en las rutas comerciales y el cultivo de los olivos, que todavía hoy circundan su perímetro, de los que se originó una excelente producción de aceite para el que se construyó el "Molino del aceite", en la parte alta del pueblo.





                                                                  Los Abuelos (formación geológica). Tobed



                                             




                             Por la zona circula el GR 90 Tierras del Moncayo y Sistema Ibérico zaragozano, a través del que podemos conocer atractivos lugares de la comarca y alrededores, sobre todo, para los amantes del senderismo. La sierra de Vicor ofrece maravillosos parajes desde los que se contemplan singulares panorámicas, que llegan hasta las conocidas Hoces del Jalón. Desde el barrio antiguo de los Alfareros de Tobed puede comenzarse un paseo hacia lo alto para apreciar unas espectaculares vistas impagables, el de un entorno marcado por la belleza de una naturaleza de encinar y retama, así como divisar en el horizonte los restos del Castillo, ese pequeño conjunto de aire defensivo protegido por pendientes inaccesibles y un barranco que etimológicamente recibe el nombre correspondiente, Trascastillo, pero que popularmente se conoce como "Los Abuelos", peligroso lugar para el hombre pero idóneo para el refugio de los animales de carácter autóctono, algunos volando sobre el silencio. El impresionante escenario no tiene nada que envidiar a los que nos recuerdan ecos lejanos... La superficie de la plataforma del Castillo da idea de lo que debió de conformar la extensión original del conjunto fortificado. Se conoce poco de su origen y desarrollo histórico a excepción de su posición estratégica respecto a Tobed ante el avance de las tropas cristianas en la Reconquista, que se sitúa en los años inmediatamente posteriores a la toma de Zaragoza. Siempre está abierto. Este vigilante eficaz de la apacible existencia actual de Tobed, desde su ubicación en lo alto del cerro dominando el cauce del río Grío, nos regala un trocito de historia aragonesa, de patrimonio cultural, tradiciones y naturaleza... Para quienes la literatura es la vida, entre los que me cuento, Tobed siempre será Tovenissa, el pueblo donde el patrón es el amor, y por tanto, un lugar de futuro. 

                 

           
                          El 13 de febrero de 2019, víspera de San Valentín, Heraldo de Aragón publicaba en su sección de "Aragón, pueblo a pueblo" un amplio reportaje sobre Tobed, en el que se da amplia cuenta de los pilares en que se asienta su proyección en el momento actual. Así, por ejemplo, la Asociación Territorio Mudéjar desarrolla el objetivo de un mayor conocimiento y difusión del mudéjar empleando los recursos naturales que aporta este estilo artístico para generar riqueza y un mejor aprendizaje sobre todo en los más pequeños. De esta forma, el mudéjar les sirve para conocer desde otro punto de vista disciplinas como la  geometría, plástica, física o matemáticas. En 2006 se inició el primer plan de musealización del mudéjar abierto al de todo Aragón, habilitando parte del Ayuntamiento y la lonja, creando el museo parroquial dentro de la iglesia y organizando congresos y jornadas internacionales, así como visitas teatralizadas. En junio de 2018 se inauguró un espacio en el palacio de los Canónigos con piezas de la ceramista de Tobed, Conchita Gimeno. En el barrio de los Obradores -de ladrillo, teja o tapial, que funcionaron hasta el siglo XX-, se han recuperado la zona de los balseros y uno de los obradores de alfarería con su horno, únicos en España junto a otros de Almería. Ahora se rehabilita una antigua alcoholera para convertirla en museo.

                      El herrero, Manuel Cartagena -quinta generación en el oficio con taller desde 1842- continúa trabajando la soldadura a la calda en determinados trabajos como truedes, descansa-criadas, barrote cruzado aragonés, vertederas, aperos de labranza antiguos... pero también piezas modernas. La tradición apicultora se mantiene con los panales y la comercialización de la miel a través de la denominación El Colmenar del Grío, aprovechando las ricas plantas de la zona desde Codos a Miedes, que generará un centro de interpretación acerca del dulce producto. Distintas asociaciones fomentan, asímismo, la rica naturaleza que envuelve un ámbito montañoso y aumentan sin descanso incontables programas de actividades diversas: campamentos, conocimiento de oficios del campo y de animales, restauración de edificios para usos varios, edificación de otros nuevos...

                     Tobed, antes Tovenissa: un lugar de futuro. 





                                                                               Aunque no sea conmigo




                                                                                                                                                          
                                                               

viernes, 13 de abril de 2018

FERNANDO MUSCAT, una estrella de Tobed en el baloncesto nacional







                                   De localidades impensables surgen, a veces, destellos brillantes únicos que iluminan el mejor esfuerzo, el más elegante estilo, la más certera canasta que puede hacer triunfar a todo un país. Fernando Muscat (el número 9 en la foto), que alcanzó el mayor éxito que un deportista puede soñar cuando empieza desde niño a darle a un balón, nació en 1911 en Tobed, el pueblo de mi padre, un enclave único en la provincia de Zaragoza, que aúna naturaleza y arte enriqueciendo de forma incomparable el patrimonio cultural aragonés. Fernando Muscat comienza la lista de los dieciséis jugadores de baloncesto aragoneses que han formado parte de la selección española a lo largo de su historia, una lista que continuaría con Emilio Galve, J.M. Pérez Loriente, José Luis Martínez, Alfonso Martínez, Lorenzo Alocén, Javier Sanjuán, Julio Descartín, Jorge Guillén, J.A. San Epifanio "Epi", Fernando y Pepe Arcega, Paco Zapata, Alberto y Lucio Angulo, el más reciente, que debutó el pasado febrero, Rodrigo San Miguel (y desde 2019, Carlos Alocén).  A esta lista de ilustres deportistas aragoneses, yo añadiría -en calidad de entrenador incomparable aunque también comenzara su trayectoria como jugador-, a nuestro inolvidable José Luis Abós, al que se le sigue negando la justicia debida en su tierra, siempre vinculada a este deporte.




                         Muscat fue un adelantado a su tiempo, un precursor que, aún antes de que existiera la selección española de baloncesto, fue capitán del equipo de Cataluña. Cuando era todavía un niño, debió trasladarse a Barcelona por motivos familiares y aunque le gustaba practicar además otros deportes, era el momento del baloncesto, al que se dedicó plenamente con enorme talento y continuado esfuerzo. El baloncesto daba sus primeros pasos en España, gracias a la labor que en el colegio de las Escuelas Pías de Barcelona ejerció el padre Eusebio Millán, que había conocido este deporte durante su estancia en Cuba. La carrera del tobedano permaneció ligada al primer club de baloncesto que se fundó en España, el Laietà Basket Club. Considerado uno de los mejores jugadores nacionales, fue convocado para jugar el primer partido de la historia de la selección española. Nos situamos en el año 1935, tiempos difíciles, y la empresa en la que trabajaba,Telefónica, no le concedió el permiso necesario para desplazarse a Madrid, porque ya había solicitado las vacaciones para jugar el Europeo si España se clasificaba, así que se vio obligado a debutar más adelante, eso sí, para conseguir una histórica medalla de plata en ese campeonato europeo (la primera medalla de España en competición oficial). Su carrera internacional, como la de sus compañeros, se vería frenada bruscamente con el estallido de la Guerra Civil. Aunque estaba convocado para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, España debió retirarse de la competición deportiva. Jorge Albericio y Sergio Ruiz han buceado recientemente en estos comienzos de la historia del baloncesto nacional, rescatando figuras que tanto hicieron por este deporte y difundiendo sus investigaciones a través de distintos medios digitales con proyectos atractivos y muy ambiciosos sobre el origen del baloncesto en Zaragoza y en España, a partir del estudio de Muscat y la localidad de su nacimiento,Tobed. Estos periodistas intentan conseguir un mayor reconocimiento para los auténticos héroes legendarios del baloncesto español.







                          Fernando Muscat jugaba de pívot -lo que entonces llamaban "centro" en esos equipos de siete jugadores-, medía 1,75 cm., altura no muy elevada para estos tiempos pero sí para la época, y siempre destacó por su gran fortaleza física (¿sería por la famosa agua de Tobed?), que cultivaba en entrenamientos incesantes que comenzaban a las seis de la mañana, sin agua caliente en las duchas, antes de ir al trabajo, y en los diferentes deportes que practicaba con estupendos resultados. Estos jugadores no sólo no ganaban dinero sino que, como socios del club o equipo al que pertenecían, debían pagar mensualmente. Y les ocurrían anécdotas como la que contaba siempre Fernando, que tuvo que huir de un hincha del equipo rival del Laietà, el Patrie, que le perseguía con un hacha, cuando vencieron en un partido. Pero no sólo ejerció de jugador, sino que también fue árbitro y entrenador.Y es que el baloncesto lo atraparía para siempre desde que el soriano Eusebio Millán, misionero escolapio, lo dio a conocer tras aprenderlo en Cárdenas, lugar caribeño donde se jugaba ese nuevo deporte americano: el basquet-ball. En 1921 lo introdujo en Barcelona, lo que se considera oficialmente como el inicio del baloncesto en España, aunque parece que desde hacía diez años se jugaba a los tiros a canasta. Y no le fue fácil al misionero inculcar a sus alumnos la atracción por lo nuevo, porque los chicos querían seguir dando patadas a un balón. Pero la creación del Laietà cambió el panorama y el nuevo deporte se fue expandiendo por toda España, así que Eusebio Millán Alonso es considerado por todos "el padre" del baloncesto español. Muscat había pasado su infancia jugando en medio de un entorno rural, el de su pueblo, Tobed, donde fue a la escuela y seguramente soñaría con su futuro contemplando cualquier noche de verano el inigualable cielo estrellado... Siempre volvió. Su lejanía física no marchitó su sentimiento aragonés ni ese carácter auténtico de su tierra del que hizo gala y presumió a lo largo de su vida.





                 

                               José Luis López Zubero, eminente oftalmólogo y primer jugador formado en Zaragoza que fue citado para la selección española, evocaría hace unos años la importancia de esta época y de aquellos jugadores pioneros para la génesis y la formación de la historia del baloncesto español. A López Zubero el baloncesto también le robó el corazón cuando lo descubrió con 14 años en el club Helios, mientras estudiaba en el antiguo Instituto Goya, en la Magdalena, aquí, al lado. En una revista francesa, Busnel, aprendía con sus amigos técnicas baloncestísticas, y en entrevista concedida a Heraldo de Aragón declaraba: "Los desplazamientos eran largos, caros y difíciles. Las condiciones del país eran terribles. Por ejemplo, para jugar en Huesca había que pedir permiso a la Policía para podernos desplazar". Y relata cómo los genuinos precursores de la canasta fueron la fuente de su vocación, y cómo en 1955, cuando se fue a Estados Unidos todavía no había en Zaragoza ningún lugar apropiado para jugar al baloncesto. Los catalanes que iban a Zaragoza a hacer el servicio militar enseñaron a jugar a los locales. Una lesión impidió a López Zubero fichar por el Barcelona y jugar en la selección española que ya lo había convocado. A cambio, esta circunstancia propició que estudiara Oftalmología: Como dicen los americanos, "cuando la vida te da un limón, haz limonada". Así que esta fue la estrella que alcanzó, aunque no pudo conseguir las metas de Muscat, que aun después de la guerra civil, volvería a jugar al más alto nivel, ocupando las portadas de la prensa de la posguerra y siendo el ídolo de genios posteriores como Eduardo Kucharsky. Muscat fue uno de esos 200 locos de otra pasta que dedicaron al baloncesto un esfuerzo y una pasión hoy inimaginables, una especie de superhombres cuyas hazañas merecen ser propagadas y admiradas.





                                                Alfarje. Iglesia gótico-mudéjar de Santa María, Tobed (Zaragoza)
                                                                                           (s.XIV)



                         Y en este empeño se encuentran nuestros investigadores. López Zubero insistía en la necesidad de que debía de tenerse siempre presentes a estas leyendas para disfrutar con más intensidad de la bonanza del baloncesto actual, de una época que puede considerarse la edad de oro del baloncesto nacional que se ha visto reflejada en el panorama internacional con grandes éxitos y triunfos, en los que siguen teniendo un papel relevante los jugadores que han conseguido competir con estrellas de otros mundos, y al que, sin duda, han contribuido nombres que, sin privilegios, con un gran mérito y abnegación, popularizaron este deporte, por lo que no deben caer en el olvido. Aquellos hombres vivieron otra España, afortunadamente, transformada. Hay que celebrar iniciativas como las de Jorge Albericio y Sergio Ruiz y apoyar una labor de justicia y reparación de los que abrieron caminos como Fernando Muscat, que, aun habiendo combatido en el frente republicano durante dos años en la guerra, mantuvo su ilusión intacta para continuar trabajando, entrenando y dejando una impronta perenne en el baloncesto y en el deporte español. En su momento llegó a convertirse en una figura pública de primer orden y no fue menor el mérito logrado en su vida profesional, pues comenzó a trabajar de mozo y terminó como alto directivo. Además, como nos recuerdan los periodistas, destacaba su porte de galán de cine con un físico arrollador que reflejaban las fotografías de las revistas de entonces. Fue proclamado el mejor jugador de la época, esa en la que no existían las zapatillas de marca y sólo se respiraba fútbol por todo el país, en que las pistas eran de arena y piedras, las canastas se encargaban al herrero y el balón de cuero basto raspaba si rozaba la piel. Una época de épica y gloria en que algún portento como Fernando Muscat miraba alguna estrella de niño en Tobed soñando tal vez en vestir la historia del deporte con estrellas.



                                                                                      Pasión y París



             


                 


                 


                   

viernes, 29 de mayo de 2015

Tobed, recreo de reyes

              

                                                  "Et parvae Vada pura Tobenissae"

                                                                           (M.V. Marcial)


   
              En el siglo I de nuestra era, el poeta bilbilitano ya se refería en sus Epigramas al pequeño río de Tobed. En la margen derecha del afluente del Jalón se asentaba la ciudad celtíbero-romana Tovenissa, posteriormente denominada Toveto. Hoy el río se llama "Grío", quizá por onomatopeya del canto de los grillos, abundantes en la zona.
           El Sendero Ibérico Zaragozano GR 90 recorre el sistema Ibérico desde Tarazona a Badules con el Moncayo como referencia y las sierras de Vicor (o Vicort, o coloquialmente, la Vicora), Algairén y el Espigar. Se trata de una amplia zona de gran potencia panorámica y valor medioambiental donde hasta no hace mucho existía el lince ibérico. Entre enebros, jaras, retamas y aromáticos tomillos emergen algunas de las iglesias mudéjares más bellas declaradas Patrimonio de la Humanidad en 2001. La sierra de Vicor domina abruptamente el valle del río Grío y ese curioso juego de la naturaleza que semeja una ciudad encantada, la formación geológico-erosiva de "Los Abuelos". 




   
             Cuando era pequeña veraneaba en la Villa de Tobed, el pueblo de mi padre. Todavía no podía ascender por los altos montes ni entrar en la misteriosa iglesia que suponía guardaba desconocidos tesoros, porque siempre permanecía cerrada. Sí disfrutaba del olor a pino y a violeta, de las tortas y la miel, de las fresas, las cerezas y melocotones y jugaba "acotenas" y a "bandoliarme", y con las piezas de alfarería que en miniatura reproducían las de los mayores que usaban en casa en su vida diaria. Tampoco, claro, podía probar el vino allí elaborado que mis tíos guardaban en las cuevas-bodegas mientras se dedicaban, a veces, a coger rebollones llamándose por unos "motes" que no entendía.

            Quien llevó una vida de eremita en los montes de Tobed que nunca quiso perder fue Ennecon de Calatayud, San Iñigo.  En la iglesia de la Virgen se conserva un cuadro con esta inscripción en latín que,traducida, reza:

           "Mira caminante, el rey Sancho de Castilla lo llama para la prelacía de Oña, cosa admirable. Íñigo nacido en Calatayud monje benedictino y que hace vida de ermitaño es llamado a la prelacía. He aquí una cosa admirable. El rey envía por dos veces a sus legados y dos veces Íñigo rehúsa, viene el rey y se lo ruega, e Íñigo contra su voluntad va a Oña. He aquí el milagro".

             Aunque el hecho aparece documentado, el profesor Antonio Beltrán habla de las "tiernas tradiciones" de Tobed, lugar por el que confesaba su profundo enamoramiento. Así ocurre, por ejemplo, con el cántaro que llevaba las lágrimas de la Virgen que a la joven Justa nadie podía arrebatar: considerado el hecho como una señal venida del cielo, se encontró en el hospital de Tobed una imagen de Nuestra Señora a la que edificaron un pequeño templo que más adelante se convertiría en inigualable iglesia. La imagen de la Virgen y sus ángeles también derramaron sudor en protesta por el bautismo falso de algunos moriscos, el "licor milagroso" se recogió en un frasco de cristal que se rompió y sus fragmentos se guardaron en un relicario de plata. En otra ocasión, se quiso transportar la imagen de la Virgen en un arcón a Calatayud, pero por tres veces desapareció, por lo que se desistió de la idea creyendo que era su deseo permanecer en Tobed. Daniel Salanova nos documenta exhaustivamente en su "Historia de la villa de Tobed", en estudio completísimo de 1986.

              Tobed se liberó del dominio musulmán cuando Alfonso I el Batallador tomó Calatayud en 1120. Dejó en su testamento sus dominios a tres órdenes militares, correspondiendo a la del Santo Sepulcro de Jerusalén, entre otros pueblos, Tobeto. Al constituirse en Calatayud la Real Casa y Comunidad de los Canónigos del Santo Sepulcro de Jerusalén, pasaron a depender de su patronato y jurisdicción hasta la desamortización de 1837. Tobed tuvo un Comendador residente en el pueblo, que contribuía al sostenimiento del Prior de Calatayud, por ello se le concedió el título de "Villa" en el siglo XV. La Orden tuvo en Tobed su Palacio de verano con iglesia aneja, residencia para descanso y ocio de los canónigos.

             La iglesia de la Virgen o de Nuestra Señora es prototipo de las iglesias-fortaleza  (término acuñado por el profesor Borrás), de estilo mudéjar, que sintetiza elementos musulmanes y cristianos. El profesor Agustín Sanmiguel la imaginó terminada en un precioso dibujo que incluía una torre, proyectada pero no construida, que dejaba a la iglesia más perfecta, si cabe. Su  fama convirtió a Tobed en centro de peregrinaciones e hizo que los reyes de Aragón y Castilla aportaran donativos que demostraban su devoción a la Virgen. Mientras, y ya desde Alfonso I el Batallador, la soldadesca aprovechaba los descansos entre batallas para mitigar fatigas de escaramuzas por estos parajes.

              Un gran regalo que nunca vi en mi infancia fue el cuadro que ofreció el rey Martín I el Humano en 1400 de una imagen de la Virgen junto a unos cabellos de María, hoy extraviados, para el que la misma Virgen serviría de modelo al evangelista san Lucas. Según el padre Faci porque

              "allí tenían nuestros reyes algunos días de recreación y deporte, para remitir algo el peso de las guerras continuas que por Dios y por la patria sufrieron".

             Se trata de una tabla pintada al estilo italo-bizantino de influencia sienesa del siglo XIV, siguiendo la técnica de los iconos, en que la Virgen aparece con rostro sereno y dulce. Impactan el color rosa fuerte del manto, el fondo dorado, la decoración de ramos de los nimbos, pero llaman especialmente la atención las manos de la Virgen: observe el espectador y sienta...



 
                La pintura se guarda en un "templete" de plata labrada en 1517 en Calatayud con hojas-puertas para cerrar la tabla que queda cobijada a modo de retablo, un "palacio del cielo", para Fabián Mañas . En 2004 se construyó en el antiguo claustro un espacio museístico para custodiar con las máximas condiciones de seguridad esta importante pieza, lo que garantiza que la obra pueda seguir depositada en el pueblo para que sea posible su exposición y visita.

               Siempre oí hablar a mi padre  de la que se considera como  mejor obra que representa a la Virgen de Tobed: la tabla italo-gótica "La Virgen de la leche", "madona-lactans" atribuida al taller catalán de Jaume Serra, pintura del siglo XIV que  se encuentra hoy en el Museo del Prado tras la donación de Várez Fisa. Es una virgen de la humildad con manto de color azul ultramar con fondo de oro, rodeada de cuatro ángeles. La Virgen aparece reclinada sosteniendo al Niño con sus dedos en cálido gesto y amamantándolo. Esta tabla constituía el panel central del retablo del altar mayor de la iglesia. A su lado, se situarían otras laterales conservadas fragmentadas en el Prado, el museo Diocesano de Barcelona, el Maricel de Sitges y en colección particular. La que representa a San Juan Bautista de Sitges se ha descubierto recientemente como una pintura repintada en un 90%, dado su estado ruinoso anterior.






              Carmen Lacarra y Pilar Silva han estudiado con detalle la pintura y destacan  que se trata de algo mucho más trascendente que una pintura religiosa, pues es un retrato de Corte de la familia real castellana. A los pies de la Virgen aparecen Enrique de Trastámara, posteriormente Enrique II de Castilla, su mujer y dos hijos, todos ellos coronados. Es un documento histórico de un momento clave de la historia de las Coronas de Castilla y Aragón, enfrentadas en la guerra de "los dos Pedros" (1356-65) y después en una guerra civil (1366-69) entre Enrique y Pedro I el Cruel. El rey aragonés apoyó a Enrique de Trastámara, hermano bastardo del rey castellano, pretendiente a su corona, un conflicto que afectó a la frontera entre los dos reinos, con especial virulencia en el Jiloca, Calatayud y Moncayo.

             Pilar Silva considera que por estilo la pintura no podría datarse después de 1365, pero Enrique es coronado rey con posterioridad a 1369, tras el asesinato de su hermano en Montiel. Enrique y su mujer costearon los tres retablos de la iglesia. Por esos años poseían territorios próximos a Tobed, entre ellos Épila donde nació en 1358 su hijo Juan y, fieles a  la veneradísima virgen de Tobed, decidieron honrarla con la construcción de los retablos a modo de donación por haber sido acogidos en Aragón, más en concreto, en estas tierras, por su relación con los Luna y por tratarse de una tierra fronteriza favorable a sus aspiraciones. Si aparecen coronados es para manifestar su deseo y aspiración a una corona que consideraban legítima, con el apoyo del rey de Aragón.

               El Museo del Prado carecía de una colección de pintura como la donada por Várez Fisa: son piezas de "Alta Época" que suplen graves carencias  en arte medieval y renacentista, una de las mejores colecciones de arte del mundo, valorada por algunos en 15 millones de euros. El ayuntamiento de Tobed reclamó para su iglesia la devolución de la tabla, pero siempre será un sueño largo en el tiempo, como deben de ser los grandes sueños. Los expertos hablan de mejores medidas de seguridad en el Prado y de mayor número de visitantes, que asisten con emoción en silencio eclesial a la contemplación de la Virgen de Tobed como centro de la colección, una de las mejores joyas de las que presume en este momento el museo. Aún reconociendo lo razonable de estos argumentos, estoy con la opinión de Carlos Sauras que comenta que "gran parte de nuestro arte ha acabado emigrado y alejado de sus orígenes, de los lugares para los que se creó" y que "a los aragoneses nos queda esperar que  pueda verse en manos de sus legítimos propietarios". En concreto, en Tobed se enajenaron muchos objetos de su patrimonio artístico con razones más o menos espurias.







                     Tobed es un lugar festivo, un bálsamo para el alma, un privilegio de la vida en que se solazaron y descansaron santos, guerreros, religiosos, razas diferentes y reyes que dejaron una subyugante huella patrimonial con la que todos deberíamos recrearnos.
 


        * Para una exhaustiva información sobre la iglesia mudéjar de Santa María de Tobed, puede consultarse la web de El viaje de la libélula (www.elviajedelalibelula.com)




            La música de hoy va dedicada a mi padre. El "tenor spinto" Beniamino Gigli al que vio actuar en el Teatro Principal de Zaragoza, canta así...