sábado, 1 de agosto de 2015

TOROS, y III




                    Un día me dijiste, Nancy, que el toro "no pintaba nada" en la cultura española. Yo te podría decir que pinta tanto como el camello en la cultura árabe, con la diferencia de que el toro no es esclavo, sino amigo. Es nuestro amigo.
                               
                                                               
                                                                                    Ramón J. Sender




        ¿Les han dado alguna vez en la vida una larga cambiada? ¿Son de los que se vienen arriba y cogen al toro por los cuernos o prefieren hacer un brindis al sol y ver los toros desde la barrera? Como señaló Enrique Tierno Galván "los toros han agregado un nuevo aspecto a la palabra, que ha renovado el subsuelo plástico de su intuición", y pone como ejemplos de enriquecimiento en la expresividad semántica los de "ceñirse", "crecerse" o "adornarse". Tierno Galván ya estudió la transposición del vocabulario taurino, por ejemplo, a las relaciones entre hombre y mujer, así como a la postura ante el mundo con la que vivió uno de los lugares comunes de la cultura española, Don Juan, o a la situación que se produce en una corrida de toros, que recuerda el juego de los elementos integradores de la tragedia clásica. Sin embargo, los toros, que han aumentado el acervo metafórico del lenguaje, no se han prestado para el pensamiento proverbial del refrán, lo que extraña al profesor, dada la sabiduría popular del español que encuentra refranes para todo pero apenas ha extraído alguno del mundo taurino, seguramente porque la actitud de reflexión fría de comportamiento precavido y poco arriesgado le resulten algo ajenos al toro.

                El léxico taurino impregna nuestro lenguaje coloquial. A su vez, el origen popular del lenguaje taurino es innegable. En ocasiones, la terminología técnica taurina se ha desposeído de ese carácter para ofrecerla al uso corriente, a veces en su genuina significación y otras en sentido traslaticio o metafórico. El lenguaje taurino es expresivo, gráfico, concreto, dirigido más a la sensibilidad que al raciocinio y se refiere, generalmente, a las características del toro y a su lidia, en todos los aspectos. El toro (también en gitanismo "burel" o en término procedente de la numismática , "cornúpeta" -siempre en -a, según la RAE), se suele llamar como su madre. Algunos nombres se repiten como homenaje a algún toro famoso y otros resultan únicos, curiosísimos, aquellos en que la imaginación popular alcanza hallazgos sorprendentes, como la denominación con nombres de políticos o de forma poética, cariñosa y a veces misteriosa, "Duende". De modo espontáneo, funcionan los campos semánticos: de una vaca "Discreta" nacerán "Reservada", "Calladita", "Mudita", "Silenciosa"... En la dehesa, una "faena" básica es la de "tentar" a las reses para probar su bravura, es el "acoso y derribo", expresión utilizada muy frecuentemente para la persona hostigada y perseguida, ya sea en el plano político o en cualquier otro. En cuanto al pelo, pinta o capa del toro (!qué pintas llevamos todos a veces!), que el profano dice color, de las sesenta variedades clasificadas, algunos términos resultan especialmente pintorescos, sobre todo en cuanto a su formación léxica. Así, el hoy ya raro toro "albahío", blanco amarillento, andalucismo formado a partir de "alba" (blanco), o el toro tan espectacular, totalmente blanco, "ensabanado". El "salinero" mezcla pelo blanco y rojo. El "sardo", negro, blanco y rojo y los "berrendos", varios colores separados en manchones; el "tiznado" o "atizonado" presenta manchas negras como de carbón y el "retinto" es bermejo con cabos negros. Por el color de la cara, se llama careto al que tiene blanca la frente y el resto de la cabeza más oscuro (la sufijación es uno de los recursos más provechosos en este tipo de lenguaje). Hoy, careto es un simple derivado expresivo de cara para las personas (como bocata, cubata...), que, a veces, es mejor no mirar... Si el toro tiene una mancha blanca o de otro tono en la tripa o en otros lugares, se le denomina "bragado", "botinero", "calcetero"... A la cornamenta, elemento que más caracteriza al toro bravo, la raíz de su peligro, se la designa con diferentes sinónimos (astas, puntas...). Rafael Alberti en sus famosas Chuflillas dice:

                                         De la gloria a tus pitones
                                         bajé, gorrión de oro,
                                         a jugar contigo al toro...

       O con abundantes metáforas: agujas, puñales, cucharas, perchas, velas, arboladura, madera... Los cuernos del toro se han utilizado en el lenguaje coloquial con gran frecuencia de forma figurada: " !Vete al cuerno! ", exclamamos. Por lo demás, ya conocemos la significación que se da a "cornudo", del que hay numerosos ejemplos en la literatura (clásicamente, sólo referido al hombre...). El toro puede ser según la apariencia de sus cuernos cornalón, destartalado, abrochado, recogido, bizco, despuntado, mal armado, bien puesto, playero, cubeto, astillado, afeitado...o, con diminutivo irónico, "tocaíto". Al toro "embolado" le colocan bolas u otros artificios en las puntas para impedir que hiera. Ha pasado a ser metáfora de "situación difícil" o "papeleta", "!Vaya embolado!", se suele decir ante una de esas situaciones.


                      El toro ha sido visto como símbolo de fuerza "viril", ejemplo de energía creadora y reproductora, de ahí los tópicos de casta y raza que se relacionan con palabras como embestir, emplazarse, engallarse, arrancarse, acometer, empujar..., referidos al comportamiento del toro en la lidia trasladados al ámbito humano en algunas de sus actitudes. Lo contrario se expresa como achicarse, venirse abajo, blandear o rajarse y, en el caso del toro manso, aplomarse o taparse, mientras que "romper" posee un claro valor polisémico. El cuello del toro se llama, metafóricamente, la gaita, y con ella puede dar un gañafón, un derrote, un hachazo o una tarascada, cuya consecuencia puede ser, una cornada. Un toro no es solamente bueno o malo, manso o bravo. El aficionado a su lidia añade otros matices, precisa mucho más, acumula adjetivos e imágenes para definir con la mayor exactitud su presentación y comportamiento, que a veces podrán aplicarse también al individuo: escurrido, bien presentado, con hechuras, cuajado, remolón, reservón, marmolillo... o " un regalo", incluso con la presunta peligrosidad de una ganadería en frases coloquiales: "tiene peores intenciones que un miura". Algunos animales insignificantes se utilizan como apelativos para calificar a un toro que no gusta: borrego, sardina, gusano o el compuesto nuevo, perritoro. La lidia del toro exige "pararle los pies" -igual que el trato con algunas personas-. Y eso supone no huir previamente "saliendo por pies". Los toros mansos suelen tener querencia a toriles. Miguel Hernández recurre con gran acierto a este vocablo cuando quiere expresar que su amor no es nada intelectual sino que posee la fuerza irremediable de lo instintivo:


                               Una querencia tengo por tu acento
                               y una apetencia por tu compañía
                               y una dolencia de melancolía
                               por la ausencia del aire de tu viento.
                               !Ay, querencia, dolencia y apetencia...!


                Cuando el toro es lidiado, la expresividad lingüística adquiere otras dimensiones. La palabra plaza conserva su sinonimia con respecto al ámbito urbano que le dio origen. Para designar el recinto taurino, existen otras voces: ruedo, redondel, anillo,arena, albero, coso (término que ya aparece en La Celestina)...,  un espacio que es como un laberinto formado por diferentes partes denominadas según su función, en las que da el sol o la sombra. "Sol y sombra" es fórmula metafórica usada en todos los órdenes de la vida cotidiana: pros y contras, ventajas e inconvenientes, tesis y antítesis, vida y sueño, juego de contrarios. Todo, en la vida, está en el sol (luces) o en sombra. Cada uno lo puede observar en la propia. El lidiador utiliza avíos, igual que en la cocina , o trastos, cuyo verbo, trastear, ha dado lugar a poemas denominados cómicos, a veces con poca gracia. La capa ( o capote) era una prenda de vestir que luego sirvió para capear toros, lo mismo que en la vida se tienen que capear situaciones difíciles o un temporal, o echarle un capote a alguien para ayudarle o un capotazo. Como pueden ser de seda (de paseo) o de percal, la expresión metonímica "cambiar la seda por el percal", coloquialmente, equivale a iniciar una tarea o poner manos a la obra (todos, aficionados o no a los toros). No está claro el origen de la palabra banderillas. Cossío apunta a su posible conexión con bandera, que adornaba a ese instrumento. Corominas en su Diccionario etimológico cree que proviene de bandera en su sentido originario de estandarte. En el Diccionario de Terreros, poner banderillas equivale a zaherir en el lenguaje coloquial. Popularmente, las banderillas se comen en los bares, como sabemos. La muleta coincide con el palo en el que se apoyan los cojos, igual que una mula lleva a su jinete. En cuanto a entrar al trapo, ¿qué no diríamos todos? Los sinónimos para la espada son abundantes: estoque, acero, sable, tizona..., y su creación atiende, como puede verse, a la utilización de diferentes procedimientos semánticos figurados. A veces, es necesario que el puntillero o cachetero dé la puntilla a un toro. A lo largo de la vida, en algún momento, hemos sentido también que rodábamos sin puntilla, que nos habían dejado para el arrastre.


                 El que torea a un toro puede recibir distintos nombres. Para mí el más interesante es el de lidiador, pues esa es su labor si es que la realiza. Los demás son de sobra conocidos: torero, toreador, matador, diestro, espada, maestro, se oyen comúnmente. Diestro alude al experto en un oficio, a la cualidad de ser hábil en cualquier terreno de la vida, a quien posee destreza. Maestro es quien demuestra sabiduría y por ello merece respeto, también en cualquier aspecto de la vida cotidiana. Algunos expertos refieren que quizá sea algo exagerado utilizar este término para el torero pues hoy se ha perdido el aura especial que tuvo. Sabemos la importancia que tuvieron algunas instituciones nobiliarias en el nacimiento de la tauromaquia, como la Real Maestranza de Caballería. Originariamente, los maestrantes eran caballeros que se ejercitaban en la equitación y el manejo de las armas. La etimología subraya la conexión con el saber, el maestro, y la maestría. Los aficionados a la ópera habrán contemplado el pintoresco ballet y coros de La Traviata de Verdi,  acompañados por una música muy brillante pero más cercana a la tarantela napolitana que al pasodoble, que cantan al matatore, ( por cierto: el paso-doble, que suele acompañar a la lidia de los toros en la plaza es una palabra que designa una composición de origen incierto, teatral, festivo o militar, cuya melodía ha resultado muy productiva a lo largo de muchos años en el mundo taurino).

             Los escritores han utilizado a veces términos cultos para llamar al torero que no han cuajado popularmente: tauricida, beluario o gladiador. Para los subalternos que participan en la lidia destaco esta sustantivación de una interjección que denomina a los toreros de a caballo: "los de aúpa". Y monosabio, término del que se suele ignorar su origen, que no es otro que el de una cuadrilla de monos amaestrados que actuó en un teatro en Madrid, vestidos de rojo y a los que llamaban  monos sabios. Como los mozos de caballos de la plaza vestían de ese color y dicen que eran bastante feos, les colocaron ese apodo para los restos. Los toreros también han tenido sus apodos, que tienden al elogio hiperbólico en esa tendencia taurina siempre tan apasionada. El de Juan Belmonte, por ejemplo, era "el Pasmo de Triana", aunque otros prefieran el diminutivo, "Finito", "Rafaelillo", "Miguelín"..., posean un sabor castizo, "Chufero", "Horchatero", "Escabechero" o sean tan sorprendentes como "Huevero" o "Pollero". Algunos resultan impensables como "Come Arroz", "Poquito Pan", "Muchos pañuelos", "Calzonazos"..., están formados por una muletilla de tres palabras que forman una expresión coloquial "Nosevé", "Noteveas", o son surrealistas como "Gregel Bahl Lesspes" (sic), que parece el nombre de un faquir o de un domador. Aunque tal vez el que se lleve la palma del pasmo sea "el Culón"... ¿qué le gritaría el público en una tarde poco afortunada?

             La despedida del torero incluye la ceremonia solemne de cortarse la coleta (figuradamente, supresión definitiva de cualquier actividad o profesión). Cuando Frascuelo planeaba su retirada, el famoso compositor y musicólogo Barbieri le dedicó una epístola humorística en verso con doble sentido que en aquella época creó gran expectación: Frascuelo, no te la cortes/no te la cortes, Frascuelo... El director ruso Eisenstein retrató con gran belleza plástica el momento de enfundarse el traje de torear en Tormenta sobre Méjico, deteniéndose en las escenas en que el torero se ciñe la taleguilla, la faja y sobre todo se aprieta los machos, pero aún no en el colorido del traje que suele recibir nombres tan hermosos: champán, tórtola, verdegay, tabaco, nazareno, corinto, ceniza... El aficionado critica muchas veces al torero porque no quiso, no pudo, citó fuera de cacho, tuvo mieditis, canguelo, se piró... (la literatura costumbrista, sainetera con sus seudocultismos y los gitanismos han aportado numerosas expresiones generalmente humorísticas al ámbito taurino). Por otra parte, los eufemismos han sido muy utilizados en el mismo contexto pero aplicados a la valentía: agallas, redaños, riñones, y en perífrasis zarzuelera "lo que hay que tener" y además de todo eso, facultades, o sea, capacidad para ejercitar su profesión (obsérvese el significado del término actualmente), y "conocimiento", ser conocedor, ver claro, tener inteligencia ( o en caló, chanelar, quinqué...), estar mentalizado para transmitir una emoción, enfrentarse "de poder a poder", lidiar con ritmo y medida, expresar sentimiento, arte, alma ( "olvídate del cuerpo", decía Belmonte), sentirse, gustarse, tener estilo y estética, esencia

                                  Y a su paso marchoso y jaranero
                                  se vendían esencias de torero.      (Gerardo Diego)

       O en comparación con el cante flamenco, tener música, duende, destello, ángel, encanto, compás... Es decir: naturalidad, la difícil facilicidad del arte, lo mismo que cuando se escribe, se canta o se interpreta extraordinariamente. En los toros, si es con la mano izquierda, mejor, la de verdad, la de la diplomacia en la vida cotidiana, la del savoir faire. "El cuerpo lo organizas tú como sin querer", según Pepe Dominguín.


                    En el siglo XIV, en la Crónica de Pedro I del canciller Pedro López de Ayala , aparece la expresión correr toros, que el diccionario define como lidiar a los toros y también, torearlos. Cossío dice que "consiste en una vez arrancado el toro al cite del torero salir este por delante, adecuando su velocidad a la del toro, del que se deja perseguir, y recorrer de esta forma una parte del ruedo. Su finalidad suele ser cambiar al toro de lugar", a lo que añade que es una forma de burlar los toros, de ahí, el burladero, para refugiarse. En el plano simbólico, la misma idea se convierte artísticamente en la figura del Burlador de Sevilla de Tirso de Molina, en que la palabra adquiere un doble sentido: engañar y jugar. Posteriormente, reaparecerá en el Don Juan Tenorio de Zorrilla. La lidia clásica ha consistido en parar, templar y mandar, de cuyos conceptos hay constantes muestras en la vida cotidiana (hasta se templan las cuerdas de una guitarra). Con el tiempo a esa tríada se añadió la acción de cargar, con valor polisémico muy claro, que aparece con frecuencia en la literatura (Cargar la suerte, de Gerardo Diego, por ejemplo). En la lidia hay que dar la distancia adecuada a cada toro, arrimarse, embarcarlo, encelarlo sin que sienta que le están quitando las moscas..., ¿no ocurre igual en la vida?, y siempre sin descomponerse -algo tan difícil-, manteniendo la compostura, término que se usa como metáfora moral, individual o colectiva. Dar la distancia es igual que dar su sitio, su terreno, al toro sin que tampoco lo pierda el que lo lidia, no taparle la salida pero tampoco perder el tren, con la debida ligazón en los pases. El aficionado habla a menudo de rematar, que puede aplicarse a lo que cada uno quiera en la vida: todos rematamos, lo mejor que podemos, una faena, un trabajo o un capítulo de nuestra vida. También se torea de salón.


               Desde el siglo XVII los soldados o guardias despejaban el ruedo antes del toque del clarín, a la manera de los golpes de bastón que indicaban el comienzo de una obra en el teatro clásico. Clarín es el nombre del gracioso en La vida es sueño, el del apodo del autor de La Regenta y doña Clarines es un personaje de los hermanos Álvarez Quintero. Ángel M. de Lera escribió la novela Los clarines del miedo, posteriormente llevada al cine. Ante ese sonido comienza cualquier actividad humana sin que sirvan ya las dilaciones. En la lengua coloquial, "faena" ha adquirido un sentido peyorativo, en la plaza es la acción del lidiador ante un toro construida con pases y sólo la faena de aliño no resulta lucida. En cualquier terreno, además de talento y esfuerzo, necesitamos suerte, una palabra clave en el contexto de la lidia con múltiples significados. En todo momento, el torero se arriesga a la cogida, lo que ha dado lugar a una notable riqueza de sinónimos muy expresivos: el toro pilla, empitona, encuna, voltea... Así, a muchos, alguna vez, nos ha cogido o pillado el toro de la vida, o nos ha dado un revolcón... Los taurinos hablan de "la hora de la verdad",- título elegido por Francesco Rossi para una película-, la hora del toro, del torero, y la hora de todos. Para ella el léxico es abundante, incluyendo el lenguaje de germanía.


                  El escritor Andrés Amorós recuerda esta frase de Rafael el Gallo "Torear es tener un misterio que decir y decirlo", y comenta que si esto se le hubiera ocurrido a un filósofo lo celebrararíamos todavía. Se torea para alguien, un público, la afición,"el respetable", palabra que alude al vocativo que usaban los locutores o presentadores en el circo o en espectáculos de varietés, pero que hoy se ha especializado únicamente para el público de los toros. A él los toreros dedican un brindis (del alemán, ofrecer), lo que tampoco ocurre en otro contexto que no sea el cotidiano para una celebración o actuación. A veces, a la manera de la claque en el teatro, entre el público se encuentra el animador que aplaude o incita al !olé!. No está claro el origen de esta exclamación, en un principio taurina pero tan extendida que ya se oye hasta en partidos de fútbol. Expresa admiración, emoción y alegría. Se la relaciona con el árabe wa-llah, que significa "!por Dios!", aunque para Corominas, se trata de la interjección americana hole, variante de hola y hala, que se emplea para llamar, y para otros, proviene del hebreo oleh, "tirar hacia arriba", a la manera de los derviches giróvagos de Túnez.


             Las metáforas taurinas sirven para expresar multitud de sentimientos y actitudes que todos podemos adoptar: hacer novillos, ponerse como un toro, saltarse algo a la torera, lanzarse al ruedo, ser de mucho cuidado, dar juego, dar largas, estar al quite, escurrir el bulto, pasar por alto, a toro pasado, bregar..., son frases y modismos taurinos de uso corriente en el lenguaje familiar. Diferentes autores han analizado con agudeza estos aspectos lingüísticos como recientemente Carlos Abella, Luis Nieto Manjón, José Carlos de Torres y Andrés Amorós, entre otros.


                  En los carteles de toros también se utilizan recursos expresivos muy interesantes para comprender la dimensión cultural, intelectual y social del universo del toro, un mundo de ponderaciones desmesuradas con estilo hiperbólico y adjetivación superlativa, como corresponde a la publicidad que, a veces, no se circunscribe solo al ámbito taurino sino que adquiere otras connotaciones propagandísticas de corte político y nos ilustran sobre un contexto histórico concreto. Extraordinario, monumental, sensacional, fabuloso, arrollador, magnífico... son algunas muestras de la función persuasiva que se intenta transmitir. La historia del cartel taurino presenta unos rasgos muy peculiares, que, generalmente, han pasado desapercibidos, desde el punto de vista técnico en su confección ( grabado, pintura, fotografía,etc.), pasando por el objetivo que persigue (informativo, estético, económico...) para convencer de la importancia del contenido que expresa. Persiguiendo plasticidad en la imagen, belleza y perfección a través de un texto sugestivo, el cartel introduce elementos iconográficos e iconológicos junto a las elocuencias estilísticas que van más allá de lo figurativo (por ejemplo, la presencia de la mujer o de una locomotora, muy frecuentes en los carteles de principios del siglo XX). Así, el cartel taurino contribuye de forma destacada a una meritoria formación en los preceptos que configuran nuestra Historia del arte y de la cultura. Por ejemplo, el creado para la plaza de toros de Jerez de la Frontera el 29 de septiembre de 1929, que presenta una "Magnífica y extraordinaria corrida en honor y con motivo de la inauguración del monumento erigido en esta población por suscripción nacional al Excmo. Sr. D. Miguel Primo de Rivera". En las cuatro esquinas de este cartel puede leerse lo siguiente: "Gloria al Caudillo"; "Paz en Marruecos", "Gratitud de las madres españolas"; "Fomento de la enseñanza y de la riqueza nacional"; "Extinción del terrorismo", "Prosperidad de la Hacienda Publica", "Etc., Etc." (sic).

         
              Por último, dos brindis para el recuerdo de la corrida "patriótica" del 12 de mayo de 1898, del torero Mazzantini : "Brindo por el heroico pueblo del Dos de Mayo, por el Señor Alcalde que lo representa en este palco y porque el importe íntegro que se recaude en esta corrida se destine en dinamita para hacer saltar en mil pedazos a ese país de aventureros que se llama Norteamérica", y de Guerrita: "Brindo por la Presidencia y por su acompañamiento y porque no quisiera más sino que se volviera un yanqui el toro"...


               En definitiva, usamos muchos términos taurinos para intentar comprender en ocasiones lo que es la vida y viceversa: el toro y la vida se retroalimentan mutuamente en sus manifestaciones expresivas. Y para conocer la vida, sentimos la noble dignidad del toro burlado. El toro desprende misterio, fuerza, destino trágico, dolor, ambición, deseo..., una especie de actitud ante las tres heridas que señaló el poeta con la que algunos encontramos afinidad,

                                    la de la vida, la del amor, la de la muerte.

                                          

                                                                       Toreador.   Ópera  "Carmen"

                             


 

viernes, 17 de julio de 2015

TOROS. II





                                                          Tardará mucho tiempo en nacer,
                                                          si es que nace,
                                                          un andaluz tan claro,
                                                          tan rico de aventura.

                                                                         Federico García Lorca
                                                           (Llanto por Ignacio Sánchez Mejías)
                                                                         
                                                                                   


                            El toro es escritura (biografías, memorias, filosofía, historia, libros de viajes, sociología, revistas, novela, poesía), imagen (pintura, fotografía, cine, televisión), materia (escultura, cerámica), representación (teatro, ballet) y música. "El toro es la música", para Antonio Ordóñez. Así pues, la más alta y completa cultura.
          Cualquier país conserva en sus museos representaciones taurinas. En España, quiero destacar el Centro de arte de la Tauromaquia de Málaga, un espacio reciente absolutamente mágico no muy conocido aún, que posee una colección sobre el mundo taurino catalogada como la mejor y más completa existente hasta el momento que complementa a la ubicada en La Malagueta. Muy original, contiene cartelería antigua, espectaculares diseños de indumentaria taurina, tapices y cerámicas, junto a creaciones de Goya, Picasso, Dalí, Carnicero, y artistas internacionales desde el siglo XVIII al XX, que reflejaron esa convergencia de curvas y rectas que supone la plasticidad.




             Sin la literatura, ¿qué sería de la vida?..., escribía Charles du Bos. Señalados autores han intentado expresar sobre el papel la compleja emoción que les ha proporcionado esa mezcla de sensualidad, inteligencia, belleza y en su caso, destino trágico, que puede llegar a transmitir el toro. En las obras de los grandes nombres clásicos de la literatura española aparece el toro con mayor o menor relevancia estética (en algunos casos, como el de Quevedo y Torres Villarroel con tintes de crítica social), hasta que algunos de los ilustrados dieciochescos, con Jovellanos a la cabeza, atribuyeron a los toros todos los males de la patria. Más lúcido, José María Blanco White, aun siendo antitaurino, consideró, sin embargo, que los males de España provenían de la religión y el mal gobierno, mientras que Nicolás F. de Moratín dedicaría solemnes versos al toro. Algunos románticos, como Espronceda, ven al toro como símbolo de la pasión erótica contrariada. Unamuno y otros autores de la denominada generación del 98 en su afán de "regenerar" la vida española recogen el antitaurinismo de sus antecesores, aunque Valle-Inclán, por ejemplo, lamentara no haber sabido trasladar la estética taurina  a sus escritos para crear un teatro heroico al estilo de La Ilíada. Tampoco Antonio Machado fue ajeno al mundo taurino, -como tantas veces se ha creído y así nos lo recuerda Andrés Amorós-, participando en las tertulias taurinas y dejando ejemplos en poemas y artículos.

            A través de los poetas de una de las mejores épocas de la lírica española, la generación del 27,  la poesía  del toro alcanza una dimensión universal. El precursor de estos escritores, Miguel Hernández,  pudo incluso sobrevivir durante un tiempo trabajando en labores de documentación y redacción para la enciclopedia de Cossío, dirigida por Ortega y Gasset, con "cuarenta duros" de la época. Cossío salvó al poeta de un fusilamiento cierto consiguiendo que la pena de muerte se cambiara por cadena perpetua, aunque tal vez fuera ya demasiado tarde...

                Como el toro he nacido para el luto
          y el dolor, como el toro estoy marcado
          por un hierro infernal en el costado
          y por varón en la ingle con un fruto.
       ...
               Como el toro te sigo y te persigo,
          y dejas mi deseo en una espada,
          como el toro burlado, como el toro.


              Varias novelas han reflejado la temática taurina con diferentes estilos y repercusión. El naturalista Vicente Blasco Ibáñez escribió Sangre y arena, con la objetividad y el detalle excesivo que caracterizan al autor. La obra tuvo varias versiones cinematográficas, una de ellas dirigida por el gran Raoul Walsh y otra, en 1941, protagonizada por los artistas más famosos del momento, Tyrone Power  y Rita Hayworth...

          El norteamericano Ernest Hemingway, enamorado de los sanfermines, trató su pasión en varios libros, siendo el más relevante  Fiesta, novela propia de la "generación perdida" a la que perteneció, con la plasmación del misterio, majestuosidad y el sueño eterno que significaron para él los toros. La película correspondiente, con Ava Gadner y Errol Flynn, se rodó con todos los intérpretes en los estudios,mientras que sólo los técnicos grabaron en Pamplona, según el historiador de cine Carlos Fernández Cuenca.

           Los periodistas Dominique Lapierre y Larry Collins aplicaron las técnicas más refinadas del best-seller en ...O llevarás luto por mí, un relato periodístico novelado que obtuvo una importante resonancia internacional con un protagonista que fue erigido en un símbolo de la España de Franco: el torero "El Cordobés". El Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela ofreció con su Toreo de salón -ilustrado con duras fotografías de Oriol Maspons- una trágica visión de los infelices que desean ser figuras del toreo, evocando el antecedente valleinclanesco Viva mi dueño. El libro de relatos El gallego y su cuadrilla muestra una imagen del torero degradada, con estética que sigue claramente las de Goya, Solana, Zuloaga, Quevedo, Buñuel..., una estética "celtibérica", que ignora el equilibrio y se mueve entre la mística y el esperpento.
         Los ensayistas, por su parte, han intentado analizar qué es eso de torear y por qué se habla del arte del toreo, misión dificilísima porque- gusten o no los toros-, es evidente que la lidia, el toreo, constituyen  un hecho efímero y a la literatura taurina le corresponde eternizar lo fugaz con la palabra otorgándole una dimensión estética, y eso -gusten o no los toros- es arte. José Bergamín en La música callada del toreo contagia al lector de una sensibilidad extraordinaria para vivir la unión de toros y cultura. Una peculiar visión aporta Sánchez Dragó.


            En cine los toros han tenido menos fortuna que en las artes plásticas y en poesía. Se calculan en medio millar los filmes que tocan el asunto (la relación de todos ellos aparece en varias investigaciones), lo que da idea de su interés pero no avala la calidad. Dos películas resultan imprescindibles, según los expertos: Torero, del mejicano Carlos Velo y Matador, de Almodóvar. Habría que añadir los cortometrajes, documentales, dibujos animados, series de televisión, guiones, programas divulgativos, docudramas... Todavía permanecen rodajes sin ver la luz, así como reportajes taurinos de toda índole sin estrenar. Para el recuerdo quedan Juncal, de Jaime de Armiñán, o algunos guiones de Paisaje con figuras de Antonio Gala. Dejemos que sea la Universidad española la que, con sus cursos en la Menéndez Pelayo y en la Complutense, nos ilustren convenientemente como lo han hecho hasta ahora en Sevilla, Santander, Ronda, El Escorial y Almería. 



             El tema taurino ha sido ampliamente tratado en nuestro teatro. Hay referencias de juegos de toros en La Celestina. Lope de Vega describe algunos festejos taurinos de su época, al igual que Tirso de Molina, sin mucho entusiasmo en ambos casos, realmente. Ruiz de Alarcón y Calderón de la Barca se ocuparon de lo que entonces constituía el entretenimiento ecuestre. Hacia la mitad del siglo XVII se publica en Zaragoza una colección de entremeses teatrales entre los que se encuentra "El toreador" con escenas muy animadas y divertidas mientras que los sainetes de don Ramón de la Cruz -siglo XVIII- reflejan abundantes tipos relacionados con los toros. Un siglo más tarde, son las zarzuelas y otras obras líricas las que versionan el tema, como la ópera "Carmen" (versión teatral de la novela de Merimée, a la que pone música el francés Bizet). Y ya en el siglo XX los mejores autores ambientan algunas obras en espacios taurinos: Benavente, los hermanos Álvarez Quintero, Arniches, Muñoz Seca, Manuel y Antonio Machado, García Lorca, Miguel Mihura (en tono humorístico), Alfonso Sastre y Francisco Nieva, entre otros.


              Federico García Lorca elevó la emoción humana a la máxima categoría en el lamento poético que compuso a la muerte de su amigo Ignacio Sánchez Mejías. Todos conocemos este llanto, un canto inmenso de dolor ante una tragedia inmerecida , la elegía de las elegías de la literatura española y mundial. Afortunadamente, se sigue leyendo y aclarando -porque no es un poema fácilmente comprensible dadas sus imágenes surrealistas- en los centros de estudio en clase de literatura. Intelectual y culto, escritor, asiduo de las tertulias taurinas de la época, mecenas de poetas, piloto de aviones y presidente del Betis, Sánchez Mejías fue un hombre singular que,además, toreaba. No era un torero cualquiera, "tenía perfil", y no se sabía, dice Cossío, si "lidiaba versos y conceptos o si eran los toros el eje de su actividad". Cuanto emprendió fue una aventura que le llevó a riesgos hasta dar en la muerte , representaba "la naturalidad de lo imprevisto" y en palabras de su amiga, la escritora francesa Marcelle Auclair " no intentaba seducir. Era la seducción misma. Un nostálgico de la ternura." Se entiende esta alabanza cuando Sánchez Mejías, al conocerla, le lanzó: - Una mujer como tú es lo que a mí me ha recomendado el médico para todos los días de mi vida. A él le gustaba repetir estos versos de Federico: "No quiero decir por hombre/las cosas que ella me dijo./La luz del entendimiento/me hace ser muy comedido".
                                               
                                     
             Ignacio Sánchez Mejías escribió una obra de teatro de corte freudiano Sinrazón, con esta impresionante frase de Nietzsche como comienzo: "Aquello que vivimos en sueño, siempre que lo vivamos con frecuencia, pertenece, al fin y al cabo, a la totalidad de nuestra alma, como cualquier otra cosa realmente vivida". Con su siguiente obra, Zaya, entra de lleno en el tema taurino, pero su posterior evolución le lleva hacia otros empeños, como el de dignificar el flamenco puro en los escenarios de la mano de su amante, la artista "la Argentinita". Entre los dos concibieron el espectáculo Las calles de Cádiz , firmado por Jiménez Chávarri, el propio Sánchez Mejías. Asesorado por García Lorca, que aportó varias canciones populares salvadas del olvido, se concretaron estampas de auténtico sabor, para las que Argentinita (Encarnación López) creó una bellísima y original coreografía con música de Falla, lo que se denominaba una "ópera flamenca", que obtuvo un gran éxito de público y crítica.
           Defendió una tauromaquia personal en las numerosas conferencias que impartió por todo el mundo con conceptos tan curiosos como el que habla sobre el toro bravo: "Es de vital importancia para la ignorancia extranjera (sic) aclarar esto: al toro bravo se le cambia de terreno y a los veinte años nace manso. Por el contrario, al inofensivo se le lleva al terreno donde se cría el bravo y a los veinte años es una fiera. Al toro bravo de Andalucía, de Castilla, de Navarra, se le lleva a Inglaterra o Norteamérica y acaba a los veinte años por dejarse acariciar por el hombre. Está civilizado. Y a la inversa, al astado inglés o norteamericano se le lleva a los cortijos andaluces y en varias generaciones embiste como si fuera de Miura...".
           El 13 de agosto de 1934 fue corneado por un toro bravo de Ayala en Manzanares. El toro se llamaba "Granadino". Se acercaban las cinco de la tarde. El toro era negro, bragao, corniapretado y algo bizco del derecho, pero era "el más bonito del encierro" con la calificación de "superior". El torero sustituía a Domingo Ortega, accidentado. Había regresado al toreo después de seis años retirado, tenía más de cuarenta años y no muy buenas sensaciones previas. Prefirió ser trasladado a Madrid para ser tratado de la herida y posiblemente eso le costó la vida.

                                                               
            Ignacio fue el promotor de la generación del 27. Él llevó a sus jóvenes componentes a la tribuna del Ateneo de Sevilla para proclamar la validez de la conmemoración gongorina que celebraban. La explosión lírica que generó la muerte de Ignacio fue el mejor favor que le devolvieron los poetas y amigos con sus inolvidables composiciones de exaltación y recuerdo del héroe. Con ellos, el aragonés Pepín Bello, el llamado "fotógrafo" de la generación, al que todos adoraban. De Rafael Alberti, entonces en Moscú, son los famosos versos con los que cierra su poema de homenaje:

                                Verte y no verte.
                              Yo, lejos, navegando;
                              tú, por la muerte.

   Y Gerardo Diego en  Presencia de Sánchez Mejías,

                              Así es como yo te quiero,
                             siempre, sí, banderillero.
                             Como lo que eras, Ignacio.
                             Como lo que eras y eres.
                             Gloria y pelea de hombres, 
                             cuchillo de las mujeres.
                             Porque así es como te quiero,
                             como lo que eres, Ignacio.
                             Siempre tú, banderillero.

 
             García Lorca se encontraba en Santander con "La Barraca" representando a Cervantes el día de la muerte de su amigo y debió de empezar a idear el llanto,que terminó en unos meses. José Bergamín le pidió el poema para publicarlo en su editora de la revista "Cruz y Raya" y apareció con ilustraciones de José Caballero, escenógrafo y figurinista de "La Barraca". Para la portada, García Lorca le indicó que sobre el retrato de Ignacio un letrero dijera: "Lo mató un toro de la ganadería de Ayala". No quería nombrar a "Granadino"... Cuando se lo leyó a sus amigos, le conmovió que lo comparararan con las coplas de Jorge Manrique. El borrador, autógrafo, se lo regaló a Cossío quien lo mandó encuadernar con las tapas adornadas en relieves de oro y las guardas con ilustraciones inspiradas en viejas láminas de una colección de Las principales suertes de una corrida de toros, publicada en 1790 por Antonio Carnicero. El manuscrito, con la dedicatoria de Federico y un dibujo suyo -un arlequín llorando-, se conserva en la casona de Tudanca, donde Cossío guardó tantos tesoros bibliográficos.
           El Llanto, en parte por la espantosa muerte de su autor, alcanzó una difusión única. Al principio, lo recitaron los más afamados rapsodas del momento con gran dramatismo y desgarro. Los compositores de músicas aportaron melodía al poema para cantata, guitarra, orquesta de cámara o flamenco. También se escenificó en forma de ballet, y fue traducido a numerosísimos idiomas como el griego, en que el lamento adquiría una excelente sonoridad.
           La elegía se estructura en cuatro tiempos comenzando por la hora-símbolo de todas las tragedias imaginables:

                         !Eran las cinco en todos los relojes!
                         !Eran las cinco en sombra de la tarde!

            Una hora mitificada por esta poesía. La escuela de Pitágoras ve en el número cinco un signo de unión, es un número nupcial, es el centro, la armonía, el equilibrio, la hora en que el toro y el torero pueden crear una simbiosis nacida del arte, una conjunción estética y emotiva en el centro del ruedo, según los aficionados a la lidia taurina. El cinco es también el número del centro en China, es el número de la Tierra. En el simbolismo hindú representa la unión del dos (número hembra) y del tres (número macho), es el principio de vida, el instante en que el mito crea. El cinco es, además, una cifra sagrada en América Central para los mayas, y representa un símbolo de perfección para quien el quinto día se consagra a las divinidades terrenas. En su significación esotérica, se refiere a la clase sacerdotal y guerrera, al sacrificio. En las tradiciones orientales el cinco es vida presidida por la muerte. También los números tres y diez, tan presentes en el mundo taurino ofrecen claves simbólicas: organización, esencia, círculo, eternidad... Piénselo el lector.
           En la segunda parte, García Lorca elogia las virtudes del amigo en las distintas parcelas de su personalidad:

                          No hubo príncipe en Sevilla
                          que comparársele pueda,
                          ni espada como su espada,
                          ni corazón tan de veras.
                    ...
                          Aire de Roma andaluza
                          le doraba la cabeza
                          donde su risa era un nardo
                          de sal y de inteligencia.
 
          El tercer tiempo, de mayor oscuridad, termina con estos versos memorables:
                       
                          Vete, Ignacio; no sientas el caliente bramido.
                          Duerme, vela, reposa. !También se muere el mar!

           Por fin, en "Alma ausente", el poeta reconoce que el amigo ha muerto "para siempre":

                          Yo canto su elegancia con palabras que gimen
                          y recuerdo una brisa triste por los olivos.
   
            Las variaciones en el esquema métrico acentúan los diferentes estados emocionales del autor al tiempo que remarcan la vivencia terrible del personaje y el recuerdo eterno de su amistad.


                   El toro es tratado en la poesía universal desde el año 2500 a.C., en que aparece por primera vez que se tenga noticia escrita en la anónima Epopeya de Gilgamesh, texto asirio que contenían las tablillas mesopotámicas descifradas por George Smith, donde se canta la lucha del hombre contra un toro en ritual semejante al de la corrida de toros actual. Se trata del gran rey de Uruk, personaje histórico, más tarde mitificado. Desde entonces, poetas, en distintas formas métricas, de todos los estilos y tendencias, de dispares nacionalidades y en idiomas tan alejados del español como el húngaro o el ruso, versificarán al inspirador animal. El rey David, el gran poeta de los Salmos ya lo convierte en protagonista y la mayoría de los clásicos greco-latinos cantan el rapto de la bella ninfa Europa por Zeus-Júpiter que, para esquivar a Hera, se transforma en un amoroso blanco toro. Así, el bilbilitano Marco Valerio Marcial:


                                           EL TORO Y EUROPA

                          Un toro raptó a Europa, y huyó por el dominio
                        fraterno, el mar. A Alcides, hoy un toro hasta el cielo
                        lanzó. Compara, oh Fama, esos toros, de César
                        y de Júpiter: ambos pariguales en peso;
                        pero el primero lo llevó más alto.


                Posteriormente, poetas tan variopintos como el cordobés Ibn Suhayd, el judío Salomón Ibn Gabirol, Alfonso X en verso gallego, Dante Alighieri en su gran Divina Comedia, Petrarca, el valenciano Ausias March, Luis de Camoens en su epopeya Os Lusiadas, el francés Pierre de Ronsard, el inglés Lord Byron, Víctor Hugo, el norteamericano Walt Whitman, los catalanes Jacinto Verdaguer o Joan Maragall, el alemán Rainer María Rilke, Guillaume Apollinaire, Juan Ramón Jiménez, el pintor Pablo Ruiz Picasso en sus "cuadros escritos", Jean Cocteau, el ruso Nikolai Asiev, Paul Eluard, Juan Larrea, el alemán Bertolt Brecht, Francis Jammes, el sudafricano Roy Campbell, Salvador Espríu, Ted Hugues y otros canadienses, belgas, palestinos y sobre todo, los componentes de la generación del 27 como el Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre ("Mano inmensa que cubre celeste toro en tierra"), son algunos ejemplos más de escritores que trataron del toro en sus obras. Por supuesto, la muerte de Manolete resultó fuente de inspiración para la literatura así como para el cine.

                  Los toros son una manifestación de la cultura hispánica. Autores de los países hispanoamericanos lo han demostrado a lo largo de la historia, desde la mejicana sor Juana Inés de la Cruz pasando por Octavio Paz, José Fernández en su entrañable Martín Fierro o Pablo Neruda que incorpora al toro a su visión cósmica, de una fuerza extraordinaria. El soneto "Sangre de toro" canta: "Se convirtió la rosa en toro urgente:/la sangre se hizo vino navegante/y el vino se hizo sangre diferente./Bebamos esta rosa, caminante". Mayor información, finalmente, aporta la antología de Mariano Roldán. Por supuesto, existe poesía taurina en euskera y en época más cercana, sobresalen el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, y los magníficos poemas de Joaquín Sabina.


                 "Ante los toros -señala Tierno Galván-, los españoles revalidan la sabiduría irracional de que sólo el aventurero y burlador de la muerte vive de modo superior a los demás". Y es que la aventura puede significar la búsqueda del sentido de la vida, la esencia de las cosas...



                                                                    "De purísima y oro". Joaquín Sabina


       

lunes, 29 de junio de 2015

TOROS. I


                                                              De frente, que el toro elija
                                                              y dibuje, cierre, exija
                                                              base, pase, clase, frase.

                                                                      Gerardo Diego
                                              


     
       Sin  entrar en el debate sobre las corridas de toros - no es esa la intención ni este el lugar adecuado-, es interesante reflexionar sobre  los aspectos culturales y artísticos  relacionados con ese animal, así como su influencia creativa en la lengua que ha llegado a impregnar de unas metáforas originales y un léxico nuevo el lenguaje cotidiano, de igual forma que la realidad ha generado formas expresivas de influencia en ese campo. De las distintas manifestaciones culturales y el enriquecimiento lingüístico se han ocupado estudiosos y expertos dando a luz un gran número de diccionarios,tratados, enciclopedias y ensayos que nos ilustran de forma exhaustiva sobre la dimensión intelectual alcanzada. Todos coinciden en afirmar que lo primero que hay que conocer es al toro.


         Ese "lujo de sí mismo" , considerado como tótem mayor de toda la cultura europea pues siempre estuvo presente como mito, símbolo o imagen que tutelaba la cotidianeidad desde los días de Creta, Uruk o Iberia, ese animal sacro, aparece entronizado ya en los templos prehistóricos, como el de Chatal Huyuk (6000 a.C.). El toro significa  la fuerza creadora, representa a los dioses celestes, se vincula a la naturaleza: tormenta, lluvia, luna, rayo; interviene en los ritos agrícolas y pastoriles y es sacrificado como ofrenda dedicada a un dios como se observa en los taurobolios o en el impresionante culto de Mithra.


         El profesor Antonio Beltrán observa en Aragón la aparición del toro a veces como elemento de tradiciones populares (Sigena, Benabarre, Pina de Ebro) , como tipo de las monedas de muchas cecas hispanas romanizadas del valle del Ebro,  formando parte de un templo (Azaila, Javalambre) o decorando piedras y teselas como las del conjunto de las Cinco Villas entre Sofuentes y Uncastillo. La existencia de un culto doméstico y taurobólico explicaría relieves como el de Sos del Rey Católico en donde aparece la cabeza de toro vista de frente con dos coronas entre los cuernos y una escena que sin duda se refiere a un sacrificio.


           El toro bravo pertenece a una arcaica variedad zoológica que Cossío califica de "anacrónica". Todas las especies del toro, manso o bravo, proceden de un tipo originario, un bos primigenium que los alemanes llamaron auerochs y que los primitivos germanos y celtas designaban con un nombre que Julio César en sus Comentarios de la guerra de las Galias transformó en el latino urus : un animal feroz y de gran talla cuya caza se convirtió en el deporte practicado en la Europa central y del norte en su tiempo. Formó parte de la fauna del neolítico junto al bisonte, el caballo salvaje, el oso, el rinoceronte lanudo y el lobo, extendiéndose hasta China. Aparece reproducido en cuevas de Francia y España, más en las regiones de Levante que en las del Norte, en las que debió de predominar el bisonte. Desaparece en Europa durante la Baja Edad Media, aunque en siglos posteriores perduraba  en los bosques de Lituania y otros países hasta el siglo XVII. Según Cossío, la forma del toro actual no es ajena a la influencia del que entra por el sur de la Península procedente de África, un toro bravo y peleador,  ni a la del toro celta, manso, que en su variedad escocesa reúne caracteres morfológicos muy semejantes a los de nuestros toros bravos, y más aún a las especies mansas del norte de la Península. Ambos procederían de tierras asiáticas en origen.
                                                                     
                       
             La anatomía del toro se conoce detalladamente. Su morfología externa aparece definida por su trapío, su estampa, aspecto, las condiciones de bravura y nobleza. La forma de la cornamenta, la cabeza, el cuello, el tronco y las extremidades clasifican los diferentes tipos de toros, no hay dos iguales, como las personas, cada uno tiene su nombre y sus "pintas" (el pelo). En la cabeza destacan los ojos, brillantes, encendidos, de mirada fija casi siempre. Y en esto, como en todo, siempre aparecen los iluminados de turno que en el afán de modificar las características del toro llegan al absurdo de querer cambiarle hasta el color de los ojos. Es el caso de Fernando Villalón, conde de Miraflores, que pretendió criar toros con los ojos verdes... Algunos hablan de la mirada melancólica y triste del toro, otros de que los han visto literalmente llorar y a más de uno les dan miedo... La edad del toro se conoce por su cornamenta: al mes de nacido al ternero le aparecen los cuernos que van creciendo a razón de un centímetro por mes, a partir del año, ya becerro, comienza el fenómeno de la descamación y el desarrollo de una especie de anillos, uno cada año. El novillo, utrero de tres años tiene tres anillos. Desde los tres, la edad del toro será la de dos años más que el de anillos permanentes existan. El toro tiene voz, el mugido o bramido, muge de distintas formas expresando su "estado de ánimo": muge por celos, por pelea, pidiendo ayuda o en la huida.


          Efectivamente, ahora ya se habla de la "psicología" del toro. Como rumiantes que son, herbívoros, no necesitan atacar a ninguna clase de animales ni al hombre, sino que se defiende de los carnívoros como todos los bovinos para mantener sus condiciones de vida y así no desaparecer. Los rumiantes son tranquilos. En las pinturas rupestres, puede observarse el primer intento del hombre por someter al toro que le es útil por su carne, su piel y sus astas, pero el toro no embiste siempre, en manada, huye.


         La selección artificial del ganadero sí que ha creado una especial hipersensibilidad para la acometida, pero el toro verdaderamente bravo no ataca a los demás y, consciente de su poder, aparece pacífico y hasta tímido, dicen, en calma. En el mundo taurino se concede inteligencia al toro, una inteligencia elemental, naturalmente, basada sobre todo en las intensas sensaciones que han desarrollado su olfato y oído. Destaca su memoria, recuerda los lugares vividos, recorren enormes distancias cuando son separados de ellos, haciéndolo con una facilidad para reconocer caminos y sendas que el hombre no tiene. El grado de inteligencia, curiosamente, es máximo en los cabestros, por el adiestramiento y educación a que están sometidos. En lo que nadie se pone de acuerdo es en si el toro distingue o no colores y en su caso, qué colores ve y cómo le impresionan. Unos dicen que ven en blanco y negro, o que son daltónicos, o no ven el rojo, o al revés, el rojo los pone nerviosos  y colores más suaves no hieren tanto su sensibilidad... Les gusta vivir en manadas y a las cualidades instintivas o hereditarias se añaden otras por la crianza como el aumento de su poder, por ejemplo. Las variaciones de clima, alimentación o altitud les influyen notablemente, transformando sus condiciones.


         Por último, los toros son animales bastante emotivos, sienten simpatía o antipatía por pastores y querencias, y exteriorizan su agrado o rechazo con actitudes y gestos. Dice don José María de Cossío,- yo creo que dejándose llevar por la pasión que profesó al toro-, que llegan " a dejarse acariciar hasta por los niños"..., lo que debe tomarse, como es lógico, con toda la precaución. Recordaremos, sin embargo, cómo Antonio Chenel "Antoñete" le daba de comer con la mano al toro de su ganadería "Romerito" que acudía al escuchar su especialísima voz convirtíéndose en su mejor amigo...


            Son innumerables los ejemplos de mitología taurina hispánica. El toro aparece en la historia más primitiva, en la de las culturas más viejas que se asentaron en nuestra Península, y en las religiones ibéricas era, sin duda, animal sagrado y a él se le rindió culto, adorado como símbolo o empleado como víctima de sacrificio. Así lo muestran los testimonios encontrados anteriores al de la estela de Clunia, que ofrece la primera representación del hombre hispano ante el toro no como escena de caza ni con una significación religiosa sino más bien con el afán de diversión desafiante, juego o fiesta. A partir de entonces, es en la prosificación del Poema de Mio Cid donde ya por primera vez se mencionan las fiestas de toros, en este caso como celebración de las bodas de las hijas del Cid. Gonzalo de Berceo proporciona una visión realista, divertida y tierna de una suerte primaria de capa: el demonio se aparece a una devota de Nuestra Señora "en figura de toro", Nuestra Señora socorre a su devota y de forma muy taurina "menaçoli la dueña con la falda del manto", y el toro huyó ante la amenaza más que quite, pues la audacia del Malo no había de llegar hasta embestir a Nuestra Señora. A Alfonso X el Sabio le parece digno de infamia  que se lidien "bestias brauas por dineros que les dan", son los matatoros que, sobre todo en el norte de España eran requeridos para acontecimientos regios en los que se agasajaba a huéspedes distinguidos. En el alfarje del claustro del Monasterio de Silos se ve una escena de una "lanzada a pie" que más adelante aparecerá en grabados de época como reminiscencia de los juegos y venationes romanos.


     La evolución es hacia el alanceamiento caballeresco y a la participación de la plebe en los espectáculos. Se habla de una supuesta aportación de usos árabes a esta costumbre, creencia que ha difundido el arte, por ejemplo los aguafuertes de La Tauromaquia de Goya, pero hoy se ha descartado por completo. La iglesia consideró en su momento inmoral la lidia taurina y la prohibió bajo pena de excomunión.



           El interesado en la cultura taurina puede darse un paseo por la Taberna de Antonio Sánchez en Madrid, un carismático lugar, de los más antiguos de España de su género (1830), situada en la calle Mesón de Paredes, que conserva con mimo los vestigios de una rica herencia taurina, literaria y pictórica. Refugio de soñadores, sus paredes, teñidas de nostalgia y romanticismo, evocan los cuadros costumbristas más castizos. Antonio Díaz-Cañabate publicó su Historia en 1947, escrita sobre los veladores de mármol del lugar, de la que se conserva un ejemplar viejo, releído y subrayado por todo el que,siguiendo el ritual, decide hojearlo. El vino de consagrar contribuye a respirar ese mundo diferente con ecos de tertulias literarias en medio de exposiciones pictóricas que inició Antonio Sánchez. Por allí pasaron Baroja, Sorolla, Marañón, Camba, Cossío o Zuloaga. La taberna atrae la curiosidad de periodistas y escritores de Europa y Estados Unidos con intereses literarios donde se encuentran como en un museo vivo. Hoy es conocida como "La Taberna de los Tres siglos" y a ella acuden sucesivas generaciones y sagas familiares del mundo de la farándula y el arte movidos por la curiosidad taurina.


                                                                  "Espérame en el cielo", canta Mina.
                                                                      ( Matador, de P. Almodóvar )




 

domingo, 21 de junio de 2015

JOSÉ VERÓN, palabra en libertad


                     
         
         Premio de las Letras Aragonesas 2013, José Verón Gormaz, escritor y fotógrafo nacido en Calatayud, se describía en la entrevista que le realicé para "Heraldo de Aragón" hace unos años como "un poeta errabundo/ atado con cadenas/ pero vivo". La versatilidad mostrada en su trayectoria en todos los géneros lo ha convertido en un artista "andariego que sueña" de prosa, verso e imagen necesarios, libres e intensos. El "humanista melancólico", como ha sido definido por Antón Castro, ha generado una prolífica y amplia obra poética, narrativa y fotográfica de incuestionable calidad absolutamente sorprendente y original en sus últimas publicaciones. Como muestra, la maravillosa recopilación de las 275 fotografías que formaron parte de la Expo 2008 en Aragón-Imágenes junto a poemas propios y citas de otros poetas aragoneses.                                                                                                                                                                      

                       En prosa, siguiendo el camino de la brevedad, la novela Las puertas de Roma. Crónicas de Marco Valerio Marcial constituye un ejemplo de renovación  que busca otros registros lingüísticos y la mezcla de recursos en lo que se ha denominado novela "multigénero". Así, el análisis de la sociedad romana del siglo I adquiere insólitas perspectivas que enmarcan la vida y el pensamiento del epigramista Marcial, escritor indispensable para entender el espíritu que impregna toda su obra.

             Mayor condensación encontramos en Cuentos para sentir las horas, mínimos relatos a modo de ensayos esquemáticos, casi un libro de silencio, que configura un universo autobiográfico en su condición de poeta y fotógrafo pleno de intuiciones, emociones y la sabiduría de los autores y textos que han conformado al hombre que camina libremente. Además de "La máquina de hacer haikús", muy significativo, el microrrelato que abre el libro "Creación" representa la quintaesencia del cuento:

       "En el principio fue el verbo , y el asunto marchó bastante bien. Después vinieron los pronombres, y todo se estropeó".

             
José Verón disfruta escribiendo lo que quiere, se nota, aunque la sencillez y plasticidad naíf resulten de una aparente facilidad que entroncaría a veces con el artículo periodístico de Umbral, sin olvidar la esencialidad  de Juan Ramón Jiménez y el aire de greguería en ocasiones, con fondo noventayochista o becqueriano. Más que las horas, se sienten los segundos leyendo, por ejemplo ,"El laberinto de la dicha" con personajes que nos atrapan en su mundo.




                 

               En poesía el sendero se dirige a la exquisita edición, entre otras, del librito  En las orillas del cielo que forma parte de la "Trilogía del tránsito y la duda", donde el poema se convierte en forma de expresión capaz de transformar el dolor en belleza y la belleza en misterio. Lo vemos en "Aguafuerte". El tiempo ("el amor es una isla en el tiempo", me dijo) aparece como elemento nuclear en Ritual del visitante, con la influencia en el lenguaje lírico de aspectos externos que invaden el territorio abstracto de la memoria. No dejen de estremecerse con los poemas "Duendes de otoño", "Círculo de bruma", "El resplandor", "Estaciones lejanas" o "Nuevas aventuras".

        Y sobre todo,                 Límites
             

                           Nocturno y decidido,
                           sin pensar en peligros ni amenazas,
                           como un valiente has cruzado la frontera,
                           y al mirar hacia atrás
                           comprendes que el retorno es imposible.
                           ¿Y todavía escuchas los ecos del regreso?
                           No pienses en volver, sigue adelante,
                           atraviesa el desierto silencioso,
                           salva los imbricados laberintos,
                           olvida el canto cruel de las sirenas...
                           ¿Adónde has de llegar?
                                                  ¿A otro desierto?
                                                                         ¿Al valle de la luz?
                            Inciertos los destinos te parecen,
                            disperso el horizonte,
                                                       escondida la senda
                            que adonde te ha de llevar es a ti mismo.







           La ironía y el sarcasmo se intensifican en el poemario de versos aforísticos  Sala de los espejos (Epigramas, enigmas y otras contemplaciones), con temas profundamente humanos en tono moralizador ma non troppo muy del gusto de la literatura aragonesa de todos los tiempos y acorde con los actuales necesitados de ética y prudencia pero que trata con aire "delicado hasta en lo más desgarrado" al estilo de la poesía china que tanto le gusta.

          Cancionero del café. Pequeños poemas para leer y cantar, agrupa un conjunto de coplas "para el pueblo", algunas para ser cantadas en forma de jota. El escritor entiende que la poesía sólo puede clasificarse en buena y mala, por lo que su camino creativo convierte ahora la brevedad de estas estrofas en la expresión de los más hondos sentimientos, a veces teñidas del más fino humor sobre todo en las coplas de jota, enriqueciendo con su afán renovador el patrimonio cultural aragonés. Ernesto Cardenal le descubrió la autenticidad de los cantos de los indios chipewas, certeros, contenidos, bellos... Así, coplas aragonesas, coplas "de autor" son cantadas por  los mejores joteros de hoy...


       José Verón ha querido seguir difundiendo la poesía con raíz popular, no muy apreciada a veces por círculos poéticos autodenominados cultos minoritarios que no valoran adecuadamente formas estróficas como la cuarteta o la más usada en Andalucía, la soleá, sin reparar en que la mayoría de los auténticos y verdaderos poetas de lírica culta las han cultivado utilizando igualmente la palabra en toda su riqueza expresiva, estética y en completa libertad y exigencia poética. El escritor transmite especialmente su pasión por las coplas de jota creando contenidos variadísimos en matices. Sólo existe la poesía buena y mala y la de José Verón, culta o popular, se enmarca en la excelencia porque es un creador auténtico.


                                   Vientos de otoño me empujan;
                                    alas de amor me levantan;
                                    nubes de ausencia me hielan;
                                    palabras de adiós me matan.


               
   Aunque ya hace tiempo me comentaba aludiendo a uno de sus poemas que hoy son "Malos tiempos para la lírica", sólo el poeta puede ayudar a cambiar el mundo porque todos los cambios sociales han ofrecido como base la poesía: Einstein, por ejemplo, se comportó como un poeta y los creadores "insensatos" han tenido el valor de afrontar los defectos ancestrales de la sociedad. El poeta es necesario en el mundo: "En caso de desastre/avisen al poeta". Es su visión y destino.

           Le preocupa enormemente el lenguaje y las agresiones que sufre en su uso cotidiano, a lo que tampoco ayuda la enseñanza de la lengua española en el sistema educativo actual - desde hace muchos años, añado yo -, que no contribuye a formar lingüísticamente a los jóvenes ni a solucionar las dificultades que existen para un progreso real de la lengua:
               - No creo en la inspiración sino en el hecho de escarbar en la subconsciencia. El surrealismo es una técnica de gran valor, aunque a mí me gusta la libertad. Los críticos calificaron mi obra "de vanguardia", pero la poesía no tiene etiquetas, es poesía, nada más.

          Ocupado en "vivir la vida" para reflejarla en el arte o en el periodismo, José Verón manifiesta con espíritu gracianesco el rigor, la honestidad , la ausencia de superficialidad y un saber ser y estar en el mundo que desprenden un sabor a amistad del que disfrutamos los que lo admiramos. Lean y observen la obra de José Verón Gormaz, premio de las Letras Aragonesas, y deléitense aprendiendo...


* Las fotografías son de José Verón.


     La obra de José Verón debe bastante a su sensibilidad por la música, de la que reconoce el enorme influjo recibido: Bach, jazz, ritmos actuales o el mejor flamenco...





             

sábado, 13 de junio de 2015

LA GLORIA DEL INTENTO


                   
                     "  Y con esto,regresaron para subir en Clavileño, y al subir dijo don Quijote:

                          Tapaos,Sancho, y subid, que quien envía de tan lejanas tierras por nosotros no será para engañarnos, por la poca gloria que le puede redundar engañando a quien se fía de él. Y aunque todo sucediese al revés de lo que imagino, la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá oscurecer ninguna malicia."
                               
       El Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha
                       (Segunda Parte, cap.XLI)

           

   
             El texto pertenece al momento en que don Quijote anima a Sancho a aventurarse por donde les lleve el caballo Clavileño en una burla más preparada por los supuestos Duques de Villahermosa y ambientada en tierras aragonesas, según parece, en Pedrola. Cervantes ofrece, nuevamente, una mirada conmovedora sobre la pareja de dimensión universal enseñando que cada uno aplique el empeño a la aventura de vivir su triunfo.

                 El escritor Andrés Trapiello ha publicado recientemente una magnífica edición del Quijote en versión "puesta al castellano actual íntegra y fielmente" que,sin duda, logrará que los reticentes por diferentes razones a embarcarse en la lectura de esta obra disfruten de la mejor referencia de la literatura, o lo que es lo mismo, de la vida. Sin aparato bibliográfico alguno ni vericuetos intrincados propios del lenguaje antiguo, la novela se desnuda de parafernalia para conseguir una lectura fluida pero con todo su "esplendor primigenio", según Vargas Llosa en las palabras iniciales. Naturalmente, la palabra auténtica de un clásico es insustituible, todavía más si es alumbrada por el mejor erudito en el Quijote, el profesor Francisco Rico, que este año edita una nueva edición, y por los mejores especialistas en su estudio, entre ellos los profesores aragoneses de la Universidad de Zaragoza, Aurora Egido, Alberto Montaner y Carmen Marín. Merece la pena el intento de su lectura por la vía que a cada cual le permitan sus capacidades y deseos.              
                                                                 


                 Se cumple en 2015 el Cuarto Centenario de la Segunda parte del Quijote, efémeride que viene siendo celebrada con diferentes actividades en Aragón, anticipando la conmemoración del fallecimiento de Cervantes el año próximo. Más de la mitad de los capítulos aparecen ambientados en tierras aragonesas (en concreto, se habla del "libro de los Duques" para los treinta del XXX al LX). Algunos investigadores opinan que Cervantes no estuvo en Aragón como tenía previsto, por lo que siguiendo los topoi estéticos de la época describe al río Ebro destacando su "amenidad, claridad de sus aguas, sosiego de su curso y abundancia de sus líquidos cristales". Don Quijote nunca llegó a su mítico destino, Zaragoza, y abundan las alusiones a lugares comunes de lo aragonés en los que no tendría cabida la impostura de los Duques, como es natural, aunque la amplia extensión dedicada a las aventuras y la concesión del gobierno de la " Ínsula Barataria" ( que hoy sitúan en Alcalá de Ebro) a Sancho en la que demostró una sabiduría impensable, demuestran que Cervantes otorgó una relevancia inequívoca a un espacio que parecía admirar.

               Mucho se ha especulado acerca  del anticervantismo aragonés de la época hasta el punto de que llegó a celebrarse en Zaragoza una cabalgata que ridiculizaba a Cervantes, don Quijote y Sancho. Asímismo, el denominado "Quijote apócrifo" o "Quijote aragonés" de Avellaneda gozó de enorme popularidad presentando un personaje realmente loco, "antiquijotesco", que la crítica actual revaloriza cada vez más en su originalidad y sentido. Cervantes se aplicó el cuento no cejando en su empeño y, aunque tarde, obtuvo la gloria. Parece que va a descansar definitivamente donde quería, tras tantos esfuerzos por escribir y por vivir como reflejan sus palabras en el Persiles que hoy le acompañan  para siempre:

 "El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir."






              A pesar de la mediocre calidad visual de la grabación, la interpretación por parte de Peter O´Toole del "Sueño imposible" de " El hombre de la Mancha" merece apreciarse. El ideal de don Quijote es "conseguir estrellas inalcanzables..."


                 


lunes, 8 de junio de 2015

Corazón de león


         
                 El Zaragoza ganará, lo canta su himno. Tal vez ocurra muy pronto, o quizá cuando se hayan conjurado los peligros que han acechado el camino de los últimos años, pero el final del trayecto volverá a dejarnos en el cielo. El Real Zaragoza, ahora, es el equipo de los recuerdos, cuando la memoria evoca aquel fútbol poético unas veces, épico otras, que dibujó un sello de grandeza de espíritu indestructible, guiado por el impulso de una admirable afición comprometida en su militancia zaragocista sin reservas.

      El Real Zaragoza "marcó estilo" tejiendo un fútbol espectacular, forjó un sentimiento profundo de identidad aragonesa, generó un incalculable patrimonio deportivo tan seductor para jugadores y afición que juntos desean mantener. Seguimos mirando hacia arriba. Señalados nombres de la cultura aragonesa como Pepe Melero, Luis Alegre o Antón Castro, por ejemplo, manifiestan con ahínco su entusiasmo por la historia de un club cuyo valor fundamental consistió en alcanzar la esencia del fútbol, transmitiéndola a los apasionados seguidores que la han dignificado con su incansable apoyo.

                 

             
                                                                                                                                                                 

           Hace ocho años, se conmemoró el 75 aniversario del nacimiento del Real Zaragoza. Cinco hitos han jalonado el transcurso de su historia: el ascenso a la Primera División con los Alifantes, la época imborrable de los Magníficos, la brillantez de los Zaraguayos, la obtención de la  Recopa ("todavía se me pone la carne de gallina cuando recuerdo el gol de Nayim", Pardeza dixit), y la derrota al Madrid "galáctico" en la final de la Copa de 2004. Generaciones de mitos y héroes de un Zaragoza inolvidable conformaron esa historia en azul y blanco con aires de eternidad.
 

                                   Joaquín Carbonell la sintetizó así en una entrañable y divertida canción:

                   



       ¿Se adivina cercana una nueva etapa de éxitos? ¿Se estará gestando otra etapa de ensueño? El sentimiento que suscita formar parte de un equipo de la tierra aumenta la reafirmación del zaragocismo vivo, nos pone en modo "felicidad" en estado puro. Es lo que tiene un deporte que trasciende a varios jugadores persiguiendo un balón: la exaltación de los valores de un león en el corazón que no tiene fecha de caducidad en la memoria y que puede seguir manteniendo la ilusión de hacer realidad un sueño.
                                          

jueves, 4 de junio de 2015

Jesús Guillera, el profesor importante



                                                 "Un orden de vivir, es la sabiduría"
                                                                                             
                                                             J. Gil de Biedma
                                                                                                           


                            GENIAL. "Propio de persona con gran capacidad para crear o inventar cosas nuevas y admirables o para realizar alguna actividad de forma imaginativa y brillante. (RAE).


                  Los medios de comunicación nacionales e internacionales han informado recientemente acerca del extraordinario descubrimiento que ha conseguido el físico-matemático aragonés, de Zaragoza, Jesús Guillera, ideando diferentes fórmulas desconocidas hasta ahora (once algoritmos) para hallar cifras decimales del número Pi, lo que le ha supuesto un lugar de honor en la comunidad científica mundial que ya lo considera la máxima referencia en este campo.

                Tras intensas investigaciones (que Jesús Guillera comenzó en otros aspectos matemáticos hace muchos años), la gozosa aventura del hallazgo de decimales de Pi, iniciada por el joven indio Ramanujan en 1913 se antoja interminable... De hecho, ingenieros y matemáticos se enfrentan al nuevo reto de saber la razón por la que esta familia de algoritmos funciona. Se trata de un fenómeno único de consecuencias y aplicaciones imprevisibles (Ver El número Pi y su historia).

                  Jesús Guillera muestra de esta forma una personalidad concienzuda, disciplinada, que se embarcó en una frenética búsqueda de lo más oculto para la que creó el programa de ordenador adecuado. El estadounidense Zeilberger o el ruso Zudilin, destacadas eminencias en el tema, no dejan de mostrar su admiración ante el genio aragonés.

                Genio, sí, tal vez incomprendido en algunas ocasiones (aparte del reducido ámbito universitario)  como lo fueron en su día  Goya, Gracián, Buñuel y tantos otros posteriormente alabados, algo que no era infrecuente hasta hace bien poco en Aragón. También la esforzada labor de los científicos aragoneses actuales merece el reconocimiento que les corresponde. Jesús Guillera afirma con la modestia de los grandes "no soy ningún genio, sólo investigo". "Genio", Jesús, es el que "genera y da a la luz", y el que desarrolla el "ingenio", o sea, el carácter analizador y los talentos que posee la persona. Tuyo es el espíritu de la génesis de lo nuevo, el "genius" creador que, afortunadamente para asombro y conocimiento del profano, no has guardado mucho tiempo en mágico rincón. Te has convertido en el matemático ejemplar, paradigma del que busca su sueño y lo consigue hasta un probable próximo encuentro, acompañado por tu profunda sensibilidad.  Eres un curioso pertinente, un aragonés genial.

          Y no eres, por supuesto, un exprofesor, expresión absurda donde las haya. ¿De un médico, por ejemplo, se dice cuando se jubila que es un exmédico? ¿Se dice de cualquier otra profesión? Profesor es "el que declara, explica o comenta públicamente", el que ejerce una ciencia o arte con fe, interés y perseverancia orientándolos a la indagación del saber que se transmite. Has sido, eres y serás un profesor de alta inteligencia, capaz de encontrar la gran belleza del número Pi, la sugerencia de las fórmulas matemáticas, el atractivo del cálculo simbólico, la sabiduría de la mente joven, la capacidad de transmitir nuevos retos infinitos y la pasión extraordinaria que posee el placer del pensamiento abstracto... Eres el profesor importante, lo sabemos los compañeros que te conocemos... ¡Genial investigador aragonés!






                                            *   Jesús Guillera es el primero por la izquierda
                           


                             Ya sé que te preguntan si descubrirás enseguida algo nuevo... Para ellos y para ti estas voces únicas y estas simples palabras...