martes, 13 de septiembre de 2016

REGENERACIÓN



                               La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.

                                                                  Miguel de Cervantes



                                           El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído.

                                                               
                                                                   Baltasar Gracián





                                               Regeneración: "Dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo. Hacer que alguien abandone una conducta o unos hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada" (RAE).


                          Resulta que hace cien años ya existía corrupción en el Gobierno español. Hoy esa palabra ha perdido gran parte de su significativo valor de tanto y tan mal como se usa por parte de los vulgares y mediocres políticos españoles actuales, para los que al pueblo merecen tanta desafección. A ellos destino la huella siempre presente, moderna y nunca desfasada del polifacético intelectual aragonés Joaquín Costa, cuyas soluciones para dignificar la vida pública española de su época siguen en muchos aspectos vigentes a pesar del tiempo transcurrido. En su día no creyeron en sus palabras y ahora seguimos encontrándonos con los mismos despropósitos del ayer, aunque el relato de la regeneración del país no pueda ser exactamente el mismo, afortunadamente, dada la diferente coyuntura histórica y la evolución ideológica relacionada con algunas de sus propuestas. Sin embargo, continúan de plena actualidad sus planteamientos referidos a la educación, la justicia, la cultura, los derechos del pueblo o la defensa de la integridad ética en la acción política, más allá de la tan manida expresión de la necesidad de "despensa y escuela".






                  Un 14 de septiembre de 1846 nació en Monzón (Huesca) -mañana se celebra, pues, su aniversario- el escritor, político, jurista, historiador, economista (además de profesor y notario) que más reformas propugnó para el pueblo español, convirtiéndose así en un adelantado a tiempos posteriores, en un precursor de lo que algunas veces se llevó a la práctica o se quedó en papel mojado, víctima él mismo de la propia corrupción interesada en la que se vio envuelto, yo creo que por exceso de ingenuidad y demasiada fe en el apoyo esperado. La denuncia del sistema político canovista de la Restauración supuso la marginación de un hombre al que es necesario poner en valor claramente como ejemplo de lo que de una vez sí debería realizarse, permitiendo que su figura se alce por encima de tanto politiquillo del tres al cuarto cuyos discursos aburren definitivamente por inoperantes y demagógicos. Joaquín Costa, como es de suponer, fue criticado por contemporáneos e intelectuales posteriores. Para mi asombro mayúsculo, Enrique Tierno Galván lo tachó de "fascista", si bien es cierto que se arrepintió tiempo después de haberle endosado semejante calificativo que en ningún caso tuvo que ver con la realidad, más bien al contrario, pues el aragonés siempre hizo gala de su talante democrático, como no podía ser de otra manera. Es cierto que terminó desencantado con el proyecto político republicano, acercándose al socialismo y a su máximo representante, Pablo Iglesias, al que respetó profundamente.


                        Joaquín Costa llevó a cabo estudios de  mitología celtibérica y de temas romanos y medievales, en su afán de adquirir una vastísima cultura que se observa asímismo en su faceta, bastante desconocida, de novelista. Muy original resulta su novela de corte pedagógico, didáctico ("otendenzroman" o regeneracionista), y tema mitológico, Justo de Valdediós. Como comenta el historiador Alberto Gil Novales, Joaquín Costa deseaba cambios reformistas modernizadores que europeizaran a España pero no revolucionarios. En él se observa esa contradicción -que muchas veces caracteriza a los ideólogos eminentes- de pretender la denuncia desde dentro del sistema político que quería destruir. El Archivo Histórico Provincial de Huesca conserva los escritos y documentación pública y privada del político a disposición del interesado, a través de cuyo estudio podemos conocer realmente quién fue aquel reformista que se supone enterrado en el cementerio de Torrero en Zaragoza, pero del que no consta ningún registro que así lo atestigüe, como si no hubiera fallecido realmente, porque como siempre se dice "los grandes hombres no mueren jamás", por eso mañana celebramos el nacimiento hace 170 años de alguien que continúa vivo.

                "No podemos esperar", insistía Costa hace un siglo pero, transcurridos más de cien años, continuamos esperando. El movimiento regeneracionista, con ínfulas de partido, surgió ante las decepciones del liberalismo democrático de la época. Alfonso Zapater, importante estudioso e investigador de Costa, refiere cómo a los 23 años Costa escribió su primer manifiesto dedicado a la tierra que lo vio nacer, firmado en Chapinería (Madrid), documento  prácticamente desconocido, hasta no hace mucho inédito, revelador de ese ardor juvenil con el que proclamaba lo que supuso el paso de lo local a otra dimensión amplificadora:

                       Mi patria está donde nadie baja la cabeza ante ningún tirano, donde los hombres y las mujeres son héroes sin saberlo.

           Y en una exaltada exposición de la identidad aragonesa, exclama con el verbo inflamado que le caracteriza, estas palabras que me enorgullece transcribir:

                     Aragón es la patria universal: todos los buenos caben en ella. Me alegro de haber visitado extranjeros países porque así te amo más. Ser aragonés es una gloria: mi patria se llama Sancho García, se llama Sunyer, se llama Roger de Flor, se llama Roger de Lauria, se llama Berenguer, se llama Jaime I el Conquistador, se llama Pedro el Grande, se llama Alfonso el Magnánimo, se llama Lanuza, Palafox, Agustina de Aragón. Ser aragonés es un honor. Porque allí donde se encuentra el amor a la libertad, allí está la patria del aragonés...

               Hacia el final de sus días, cansado y enfermo, se justificaba:

                     He llegado a los umbrales de mi vejez sin haber sido gravoso a mi país ni a nadie, viviendo de mi sola sustancia, habiendo dado más de lo que he recibido, tanto en mis investigaciones científicas como en mis escritos, tanto en mis propuestas políticas como en mi intento de regenerar España para que no llegara al estado en que hoy se ve, con un hatajo de rufianes y de gansos.








                        Porque lo que vivió fue una enorme incomprensión o la interpretación sesgada y partidista de sus teorías, bien por falta de entendimiento o por conveniencia interesada, como ocurrió con su Oligarquía y caciquismo, que cada cual ha interpretado a su antojo según el color ideológico correspondiente. En realidad, su programa de reformas luchaba contra la "inercia nacional", dentro de un sistema democrático en que los votos no pudieran ser comprados por los poderosos y defendiendo los derechos individuales y un derecho universal común a toda Europa. Que España quedara purgada de privilegios, que el pueblo fuera libre elevando la cultura con la adecuada distribución del presupuesto para la educación (siguiendo los métodos europeos), que se cultivara la ciencia, se mantuvieran relaciones con el exterior incorporando la nación a políticas de expansión y de actividad comercial dentro de una economía global, y que predominara la libertad política atendiendo "al espíritu civilizador que agita a todas las naciones europeas". Costa no quería censuras eclesiásticas pero sí más sabiduría e intelectualidad y parecía estar obsesionado con la supresión de todo símbolo de poder: ministerios, direcciones generales, consejos, delegaciones, obispados, arsenales, capitanías..., es decir, de todo lo que según él no servía más que para estorbar, así como por la transmisión de ese poder a los gobiernos regionales reconociendo la personalidad del municipio independiente de diputaciones, gobernadores, delegados y ministros, en una visión inusitadamente contemporánea. Pero para todo ello se necesitaban políticos, partidos y medios de comunicación  honrados.

                         En resumen: una España nueva, rica, culta, libre, fuerte, europea. Son ideas de fines del siglo XIX y principios del XX, pero, ¿lo son también del XXI? La libertad fue la bandera de la época costista durante mucho tiempo, aunque las cosas siguieron igual porque la libertad, según Costa, quedó en mero papel sin hacerse carne realmente, y esta impresión suya le costó ser juzgado como precursor de una dictadura. Otros, por el contrario, lo encontraron del comunismo, sobre todo en su obra Colectivismo agrario. Esto manifestaba Joaquín Costa:

                        Mientras no extirpemos al cacique, no se habrá hecho la revolución y la regeneración del país será imposible; mientras no nos sanemos de esa dolencia, más grave que la miseria y que la incultura, mientras quede en pie esa forma de "gobierno por los peores", no habrá Constitución democrática, ni régimen parlamentario ni nación europea; no seremos, ni con monarquía ni con república, una nación libre digna de llamarse europea.


                    Desde muy joven Joaquín Costa se declaró republicano federalista y republicano, sin más, fue el resto de su vida. Siempre presidió su despacho -hoy todavía- un retrato de Nicolás Salmerón, y a él le daba igual la etiqueta que le colocaran, socialista o individualista, no se reconocía ni en lo uno ni en lo otro "a la manera como los partidos políticos no debieran distinguirse con conceptos tan vagos como liberal, conservador o progresista, con programas y enunciados tan opacos". Renunciaba a programas hechos en las columnas de un periódico, que sólo servían para hacer la guerra en las Cortes sin llegar al cabo de los años a entenderse. Prefería un programa de reformas completo para saber qué querían concretamente los liberales, los conservadores y los progresistas "sin pasarse los dos años y con los dos repetidos los treinta y los cuarenta, como los mozos de la famosa ronda de Lumpiaque que pasaron ocho horas de la noche en templar las guitarras y bandurrias; sin pasarse la vida, digo, en templar, legislatura tras legislatura, los grandes vocablos de la gobernación, sin dejarlos llegar nunca a puerto..." Siempre abogó por reducir el número de "contemplativos" y "parásitos", repartiendo equitativamente entre todos la vida media. Pidió unas leyes acomodadas a la cultura de los más, no de los menos, así, hasta que saltara el tapón del pueblo... Alfonso Zapater reflexionaba: ¿Quién puede asegurar que el tiempo y las enseñanzas de Joaquín Costa ya han pasado? "Yo os aseguro que no, que continúa vivo a la espera de que alguien aprenda la lección y recoja su dolor por España", sin intolerancias y fanatismos.


                           En 1898, Joaquín Costa, presidente de la Cámara Agrícola del Alto Aragón, lanzó su mensaje al país, desde Barbastro, mensaje que llegó a Zaragoza convertido en programa de gobierno de un supuesto partido para todo el país, el partido regenerador, pero sin la intención de presentarse como alternativa porque veía difícil la solución a la crisis: "Pensar en redenciones milagrosas, en un hombre salvador, en algo que nos haga salir pronto de la amargura para trocarnos en un país fuerte, rico, sabio, respetado, es pensar en un imposible". Pero le convenció Basilio Paraíso, presidente de la Cámara de Comercio de Zaragoza, y convocó una asamblea de las Cámaras de Comercio para iniciar, corporativamente, un movimiento regenerador que se atuviera al ideario costista. Así, se constituyó la Asamblea Nacional de Productores, en 1899, de la que debería salir la Unión Nacional, pero las luchas intestinas por el poder provocaron la derrota de Costa, pese al acuerdo formal de constituir una Liga Nacional de Productores que, mediante un programa mínimo, pudiera influir en la dirección del Estado, en el que destacaba la política hidráulica que  procuraba riqueza e impedía el éxodo permanente de la emigración forzosa con el consiguiente abandono de los pueblos, que, por una parte, fue fructífera debido a la iniciativa privada y, por otra, dio lugar a promesas engañosas que fomentaron la desunión y el escepticismo. Lo mismo ocurrió con las comunicaciones. Aragón fue pionero en la realización de algunas reformas: pantanos, canales, el Canfranc...,  un panorama muy distinto al actual en esos y otros muchos aspectos que ya nos son conocidos. Aunque la mayor parte del programa de gobierno de Joaquín Costa sigue siendo válido, no llegó a ponerse en práctica,  entre otras cosas porque mientras él había puesto la mirada en el panorama nacional partiendo de un regionalismo bien entendido, Solidaridad Catalana irrumpió queriendo campar por sus fueros, lo que hizo reflexionar a Costa: No se trata de la salvación de Galicia, Aragón o Cataluña, sino de la de la salvación de España. Había escrito al pie de un artículo sobre Solidaridad, según relata Alfonso Zapater, "el Estado debe ser ante todo un sembrador de hombres".







                                                                Escrito autógrafo de Joaquín Costa, de 1906            



                      En cuanto a la enseñanza, Costa pensaba que lo que había que pedir a la escuela no era precisamente hombres que necesitaran leer y escribir sino que fueran hombres. Deberían renovarse las instituciones docentes dándoles una nueva orientación conforme a la pedagogía moderna, otorgándole la mayor parte del presupuesto nacional, evitando que la vieja Universidad se convirtiera en una fábrica de licenciados y proletarios, fomentando, por el contrario, una Facultad moderna , despertadora de energías individuales, que promoviera la investigación, la invención, la enseñanza agrícola, industrial y mercantil, pero no en aulas ni libros sino en la vida, con acción y trabajo, enviando a los jóvenes al extranjero a saturarse del ambiente europeo para difundirlo después en cátedras, escuelas, periódicos, talleres, libros, laboratorios etc. Defendía la independencia de la enseñanza y de la investigación, sin censura del Estado ni de la Iglesia. Probablemente, así, entiendo que quería evitar que pudieran participar en la política personas incompetentes e inseguras, con discursos que no fueran como ejercicios de oposición a la plaza de ministro anual o artillería contra el banco azul, y que además, se contribuyera a acercar el Gobierno a los gobernados, acabar con los mandarinatos, proconsulados y organismos de toda casta, o sea, elevar el nivel intelectual del español y el tono moral y ético de la sociedad con la exigencia de disciplina social para todos.

                       La Asamblea celebrada en Zaragoza elevó al Gobierno 85 conclusiones que sólo fueron atendidas en un catorce por ciento. Costa sufrió la amargura de la derrota porque

                       una serie de señores no tuvieron la suerte o no quisieron encontrar en su entendimiento ni en su corazón el modo de conciliar el amor al país con el amor a sí propios, ni de anteponer su amor a éste.

                     Costa renunció a su notaría de Madrid y se retiró a Graus, donde continuó trabajando en otra de sus pasiones, el derecho, en especial el consuetudinario aragonés, que siempre consideró como auténtica fuente. La justicia había sido otro de los pilares en que siempre basó el fundamento de la regeneración española. Entendía que el ciudadano tenía derecho a la simplificación de los procedimientos, organización y la burocracia adosada, al abaratamiento de los litigios, a la rapidez en las resoluciones, al acercamiento y alcance para todos igual de los procesos que deberían ser sencillos y sobre todo, a que desapareciera "la desigualdad en cuanto a la defensa con que ahora litigan los ricos con los que no lo son". Se inclinó rotundamente por la independencia del poder judicial. Evidentemente, aún estamos en ello. Que quisiera suprimir el Ministerio de Justicia nos descoloca un poco, es cierto. En Graus continuó con el estudio de la codificación civil, donde tantas contradicciones encontraba tanto en la forma como en el fondo. Sin duda, la vocación por el derecho la heredó de su padre, humilde labrador con fama de sentencioso. Para Costa, la verdadera concepción del derecho emanaba del pueblo y para investigarlo en profundidad acudió a libros de registro, notarías, protocolos y archivos particulares desplazándose por todos los partidos judiciales de la zona septentrional del Pirineo altoaragonés, y en aras de la participación del pueblo ya entonces pidió en la administración de Justicia la participación del Jurado y no la del Tribunal Supremo, una solicitud que firmó junto a Francisco Giner de los Ríos.


                       Nunca olvidó su amarga experiencia como jurista en el famoso pleito de La Solana (Ciudad Real), en que defendió al pueblo "de la maldad y de las expoliaciones de esas cuatro sotanas de ahí y de La Mancha". Topó con la iglesia y no logró que se restituyeran a los vecinos las tierras que les pertenecían. Este conflicto le condujo a un anticlericalismo feroz, que chocó con sus convicciones religiosas pues su ambiente familiar, propicio a la religiosidad, lo impulsó al propósito a los 24 años de profesar en un monasterio, queriendo retirarse para hacer vida de meditación y dedicarse al estudio de las ciencias y la agricultura. Como no se trataba de una auténtica vocación religiosa, poco después simpatizó con la doctrina de sus profesores krausistas de los que recibió una educación científica y literaria en la Universidad Central, participando más adelante de la Institución Libre de Enseñanza, de inspiración librepensadora. El pleito de La Solana suscitó numerosas polémicas en los medios de comunicación de su tiempo, a veces provocadas por él mismo que utilizó varios pseudónimos para réplicas y contrarréplicas. Como "Alejandro Medina" destaca el titulado "!A descatolizar tocan, señor Costa!" en que justifica su actitud en su lucha continua para que nadie venga a "hacerle vínculo de la sotana y pretender ponerle la ceniza en la frente al término de una vida tan trabajada", aunque "existen más motivos para felicitarse que para indignarse de la hostilidad con que es acogido su nombre en la prensa de las sacristías, a propósito de los curas manchegos usurpadores del patrimonio de los pobres". Todo esto dejó en él una herida abierta que nunca se cerraría , hasta el punto de suponer el fin de su vida práctica como jurista eminente y singular.







                          Ahora resulta penoso recordar que Joaquín Costa y Martínez ni siquiera consiguió ser diputado por su provincia, Huesca, a pesar de que hizo campaña para ello y se presentó a las elecciones, aunque fuera el primer europeísta, aunque fuera dos veces español por ser aragonés ("porque de tal modo ha asumido Aragón la nacionalidad española, que si un día esta desapareciera Aragón seguiría siendo España"), aunque opinara que no podíamos los españoles seguir sintiéndonos inferiores a ingleses, franceses, alemanes..., siempre admirando su prosperidad, su cultura, sus tribunales, sus escuelas, su libertad... Su amigo, el novelista "Silvio Kossti" (Manuel Bescós) compuso un epitafio para la tumba de Joaquín Costa en el cementerio de Zaragoza, ese en el que no figura inscrito, que sintetiza lo que supuso esta relevante figura para su época de la que tanto hay que aprender: Aragón, a Joaquín Costa, nuevo Moisés de una España en éxodo. Con la vara de su verbo inflamado alumbró la fuente de las aguas vivas en el desierto estéril. Concibió leyes para conducir a su pueblo a la tierra de promisión. No legisló.


                    España hoy es otra. Pero la integridad, la transparencia y la ejemplaridad que representa  Joaquín Costa como político y como hombre en el anhelo de crear una vida mejor para todos los españoles, con la verdad y no con una regeneración que ahora se nos vende vacía de contenido en la que todo vale y nada se demuestra, adquieren plena validez y quizá enseñaran a los que no saben cómo construir el relato del futuro.


                          He oído de algunos oradores cómo se me ha tachado de individualista y socialista y, a mi juicio, esos vocablos deben quedar desterrados por genéricos, muy vagos, muy indefinidos y nebulosos, que cada uno entiende de un modo distinto y expresan realidades diferentes según la persona que los usa... Creo que procede explicarse por las causas y no por los nombres, decir: mis soluciones son estas...




                                                                         Ruta 66. La única... (Nat King Cole)



                                   

             

               

               

             

             

                 

             

             

lunes, 29 de agosto de 2016

Paseo por la pintura del siglo XX



                                         
                                     En la tardanza dicen que suele estar el peligro

                                                     Miguel de Cervantes


                                      Siempre parece imposible... hasta que se hace

                                                         Nelson Mandela





                                                    La comprensión del arte moderno, con su espectacular dinamismo, se presenta con tal complejidad que sólo pueden pretenderse unas pinceladas de aproximación sintetizadora a la renovada expresión artística en la pintura contemporánea, sin perseguir objetivos académicos sistematizadores sino de mero acercamiento a un espléndido fenómeno cultural que ha transformado la creación estética reciente. Algunos factores determinantes sobresalen en la configuración de un arte nuevo: la fotografía viene a significar una suerte de liberación de las finalidades imitativas del arte; se sobrevalora el dibujo y el color como valores fundamentales de lo geométrico-racional y lo expresivo-sentimental; la tecnología y los nuevos materiales adquieren paulatinamente mayor trascendencia; el valor de un cuadro ya no está ligado a lo que representa y se declara constantemente la individualidad, intentando confirmar la propia personalidad creadora más allá de maestros y escuelas.

            Esta transformación artística fue estimulada por grupos reducidos de artífices de las vanguardias que, reivindicando su derecho a la libertad y a la originalidad, propusieron una serie de programas universales en un periodo de relativo florecimiento económico, que agudizó el conflicto entre los compromisos sociales, humanos y artísticos, mientras que en un corto espacio de tiempo se produjeron distintas evoluciones siguiendo el antecedente de los impresionistas, que habían roto con todo academicismo situando la espontaneidad a la cabeza de los valores plásticos. La nueva nomenclatura técnica de los diferentes movimientos resultará variadísima, muy complicada, y muchas veces correrá paralela a la de la poesía, el cine o el teatro.

             El primer estilo del siglo XX es el fauvismo, que plasmaba las vivencias psicológicas del artista, usando el color en tonos fuertes y puros para definir la forma y expresar el sentimiento, destacando por su estridencia, con total ausencia de planteamientos sociales. Sobresale Henry Matisse (1869-1954). Sin embargo, los cubistas volverán al volumen revolucionando la técnica y la estética hasta 1914: aportan una nueva manera de ver ofreciendo en el retrato una visión biocular de frente y de perfil, sirviéndose del engaño óptico, o sea, de la relatividad de las formas. El cubismo se enriquece con objetos extraños, materiales como papeles pegados, arena, cristal, tela, etc., predominando la línea sobre el color (ocres, verdes, grises) que produce un efecto geométrico, así como el empleo del collage. El cubista más significativo para nosotros es Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), aunque también pueden citarse entre otros a Georges Braque o Juan Gris. Del cubismo puro derivarán el tubularismo (con la máquina como símbolo y el trazo negro), que se asocia a Fernand Léger, el cubismo órfico (de colorido más rico y gran importancia de la luz) con Robert Delaunay, y el purismo, que sigue el manifiesto de Le Corbusier, creando composiciones objetivas que implican la moderna civilización mecánica.




                                                                                        Matisse




                                                                                      Picasso


                 El futurismo fue un movimiento orientado en principio hacia la poesía. En "la canción del automóvil", À mon Pégase l´Automobile, de F.T. Marinetti, ya se observan los nuevos principios de esta tendencia en un claro ejemplo de lo que liderarán Carlo Carra y Gino Severini en pintura. Exaltan todo lo que dé sensación de dinamismo, por eso para ellos será más bello un coche de carreras que la Victoria de Samotracia. Aman la guerra, el militarismo, el fascismo y la destrucción del arte anterior. Para muchos autores los futuristas carecieron de objetivos plásticos precisos, pero aún así el futurismo penetró en la arquitectura, la escenografía y las técnicas fotográficas. Contra esta corriente surge como reacción la pintura metafísica de Giorgio De Chirico, así denominada porque declaró que su obra era "más compleja, más honda y más metafísica que la de sus contemporáneos". Vuelve a inspirarse en la serenidad clásica, le preocupa el paso del tiempo, la inmovilidad y las asociaciones de ideas (anticipando de esta forma al surrealismo). Dibuja representaciones con una luz muy extraña, sugeridora, misteriosa, empleando maniquís figurando seres humanos. Henri Rousseau y Marc Chagall son otros nombres importantes y también para algunos Amadeo Modigliani, aunque a este autor es difícil encuadrarlo en alguna preferencia pictórica contemporánea.




                                                                                    De Chirico

                  En sentido general se habla de expresionismo cuando predomina en una obra el sentimiento sobre el pensamiento, con emociones que provienen de una temática fuerte como la muerte, la angustia, el sufrimiento, a la vez que se le presta más atención al color que a la línea. Pero a principios del siglo XX define a un grupo de artistas del cine, el teatro, la poesía, y de cualquier estética, que presentan un mundo que ha perdido sus objetivos. El término fue generalizado por H. Wilden, editor de la revista Der Sturn. A todos les caracterizan unos rasgos comunes: la subjetividad, la pasión por la violencia en el color, la temática morbosa, demoníaca, pervertida y fantástica, la exteriorización de la angustia, el uso del grabado y la diversidad estilística. El expresionismo, especialmente el alemán, vivió su ocaso con la llegada del nazismo al poder. Como precursores, Eduard Munch o Georges Rouault se vieron influidos por los simbolistas en su afán de exploración de las drogas, la religión, el misticismo, el alcohol o la psicopatía y desarrollaron su producción coincidiendo con el desarrollo internacional del "Art Nouveau", el postimpresionismo y el fauvismo. El grupo Die Brücke ("El Puente") pretendió ser el nexo de todos los elementos artísticos revolucionarios desde 1905 volviendo a un arte primitivo, expresando actitudes humanas primigenias de carácter popular utilizando preferentemente procedimientos de estampación. De este grupo formado en Dresde resaltan Ludwig Krichner y Erich Heckel. Y desde Munich, El caballo azul, Der Blaeu Reiter, experimentó sin criticar a la sociedad pero sí idealizándola, apartándose del figurativismo para adentrarse en el camino de la abstracción. Son sus máximos representantes: Vassily Kandinsky (1876-1944), Franz Marc (1880-1916) y Paul Klee (1879-1940).



                                                                                       Kandinsky

                                           
                  La Gran Guerra provoca que los grandes movimientos vanguardistas, que criticaban los valores tradicionales, se lancen a la búsqueda de soluciones renovadoras para la expresión artística. Algunos investigan por caminos irreales como la representación de los sueños, es el caso del dadaísmo y el surrealismo. El primero es un estilo iconoclasta que entiende el arte de forma absurda apoyándose en lo irracional. Forman parte de este grupo artistas exiliados en Zurich durante la primera Guerra que se reunían en el café Voltaire. Rompen con todos los valores de la sociedad resumiendo su pensamiento estético en "TODO ES ARTE PORQUE NADA ES ARTE". Dadá critica los materiales y técnicas tradicionales y utilizan otros nuevos como materiales de desecho, trapos viejos, papeles mugrientos, clavos roñosos, etc. Lo niegan todo pero sin proponer ninguna alternativa que no fuera ese negativismo. Se desarrolló por toda Europa y Estados Unidos, y los artistas de mayor renombre internacional fueron Marcel Duchamp, Francis Picabia, Man Ray y Tristan Tzara. Así aconseja este último componer un poema:


                               Coja un periódico
                               Coja unas tijeras
                               Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuente darle a su poema
                               Recorte el artículo
                               Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa
                               Agítela suavemente
                               Ahora saque cada recorte uno tras otro
                               Copie concienzudamente
                               En el orden en que hayan salido de la bolsa
                               El poema se parecerá a usted
                               Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo.





                                                                                    Poema dadaísta




                                                                                 Marcel Duchamp



                    Recogiendo las propuestas del romanticismo y del simbolismo y la carga desacralizadora y libertadora de compromisos del dadá, el surrealismo se convierte en la manifestación artística más trascendente del periodo de entreguerras. Con su interés por lo mágico, lo onírico y lo fantástico y afirmándose en las doctrinas de Freud y sus determinaciones psicológicas, el surrealismo, inicialmente literario, afecta paulatinamente a todos los ámbitos de la creación artística y termina por convertirse en un planteamiento vital que explica sus connotaciones políticas, pues pretenden saltar del aislado hecho cultural a una transformación profunda. El término, acuñado por Apollinaire en 1917 (que en español debería ser traducido como "superrealismo") será utilizado por André Breton y otros poetas, para englobar ese componente psicológico que culmina en el manifiesto de 1924 al afirmar la creencia "en la futura resolución de esos dos estados aparentemente tan contradictorios que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de superrealidad". Incorpora al mundo del arte el frottage o dibujo fortuito obtenido mediante frotamiento y la decalcomanía o pintura azarosa producida al aplastar una hoja sobre ella, pintada también al azar. En la pintura surrealista la idea está por encima de la ejecución, pero esta constituye el medio, el instrumento para destacarla, como ocurre en el caso de Salvador Dalí, en quien la perfección del dibujo hace aumentar su agresividad, un "surrealismo figurativo", al que también pertenecen Max Ernst, Óscar Domínguez, René Magritte y Paul Delvaux. Con un carácter más abstracto sobresalen Joan Miró, André Masson e Yves Tanguy.


                             




                                                                                            Miró


                 Una serie de corrientes artísticas no consideran como objetivo primario el parecido de lo representado en el lienzo con la naturaleza, sino la adecuada distribución de los colores y las formas sobre él: la abstracción no es un hallazgo de nuestro tiempo. Los pintores prehistóricos levantinos crearon signos cabalísticos plenamente abstractos o los árabes, revolucionarios, se dedicaron a inventar y combinar módulos geométricos que nada tienen que ver con la naturaleza. Realizar una clasificación de la pintura abstracta es complicado por la cercanía en el tiempo, pero podríamos señalar como notas generales: la interrelación entre los creadores que presentan influjos de diversos estilos y movimientos de diversas partes del mundo; la reactualización de las vanguardias más vitales con especial mención al mundo cultural americano, sede de los artistas emigrados a causa del nazismo; el desarrollo del "mercado del arte" y como consecuencia, la posibilidad de invertir en objetos provocadores de grandes intereses económicos, con la consiguiente proliferación de galerías, críticos y fundaciones artístico-comerciales. Serán tres las principales orientaciones que engloban la pintura a partir de 1945.

                 La abstracción lírica o expresiva comprende el expresionismo abstracto basado en la intuición y la subjetividad: el tamaño de los cuadros supera con mucho las dimensiones usuales, con toda la superficie del cuadro cubierta "uniformemente". Como representantes interesan Jakson Pollok, Frank Kline y Mark Rothko. De la pintura "gestual o de signo" lo más característico es la rapidez de ejecución y la utilización de las formas gráficas aisladas: signos. El paralelismo entre esta corriente y la caligrafía china y japonesa de los sacerdotes de Zen se debe al poeta francés Henri Michaux que realizó un viaje a Oriente y reprodujo a partir de entonces grafías filiformes. El informalismo o "tachismo", también llamado "Art Autre" se plantea la anulación consciente de todo tipo de estructura formal y conceptual. La pintura matérica se caracteriza por considerar los materiales como el centro de atención de la obra. Como consecuencia la textura adquiere gran importancia. Los materiales se multiplican: látex con polvos de mármol, trapos, telas metálicas, serrín, arenas de cuarzo..., extendidos por medio de pinceladas muy amplias. Recordemos a Antoni Tàpies. Por último, a los espacialistas les preocupa la dimensión tridimensional en el cuadro, lo que consiguen perforando o rasgando el lienzo desnudo, sin pigmentos.



                                                                                        Pollock


             Otro tipo de abstracción, la geométrica y tecnológica, siguió un proceso evolutivo sin interrupciones que comprende varias aportaciones sucesivas. Un movimiento nacido del cubismo, el neoplasticismo o "De Stijl" defendía el empleo exclusivo del ángulo recto reduciendo el cromatismo a los colores primarios y a los "no colores", blanco, negro y gris. El supercromatismo (o con denominaciones parecidas) surgió en el periodo inmediatamente posterior a la Revolución de 1917: el triángulo, el cuadrado, el círculo y la cruz son el resultado de la simplificación de cualquier objeto (Kasimir Malevich se erigió en el mejor representante). La técnica del constructivismo combina formas planas con otras de aparente tridimensionalidad, a la vez que emplea nuevos materiales como plásticos equiparando en importancia el pleno y el vacío. En ocasiones se convirtió en arte propagandístico de la URSS. Una especie de escuela cromática donde convivían alumnos y profesores configuró la "Bauhaus", cuyos programas intentaron revolucionar la artesanía y conseguir la integración de las diversas artes. A la hora de elegir estilo no dudaron en sacrificar la "DIE BRÜCKE" por el movimiento abstracto-geométrico encaminado a una visión utilitaria. Y el "Círculo y Cuadrado", Cercle et Carré se desarrolló en París por breve tiempo singularizándose por su tendencia mística.

            Hasta los años 60 el arte, desde las primeras vanguardias, había iniciado un camino de profundización psicológica individual, olvidándose casi siempre de la realidad externa y cotidiana. En este momento el panorama cambiará por completo. La abstracción lírica se consume por agotamiento y es sustituida por nuevas corrientes figurativas, término que sólo se va a aplicar a aquellas representaciones identificables con la realidad objetiva. La Neofiguración desde un punto de vista conceptual prepara el camino para el nacimiento de las vanguardias reales, incorporando técnicamente los hallazgos formales de la abstracción. Su temática suele centrarse en torno a la figura humana que contempla bajo una óptica de pesimismo pero sin connotaciones sociales. El aragonés Antonio Saura y Francis Bacon contribuyeron al florecimiento de este estilo. Otro fenómeno artístico pretendió elevar a la categoría de arte todos aquellos productos cuya difusión se realiza gracias a los medios de comunicación de masas, es decir, fotografías, cómics, anuncios comerciales, fotonovelas, etc. Popularmente, se identifica con la subcultura propia de las economías capitalistas: el "pop-art". Sobresalen: Roy Lichtenstein, Tom Wesselmann, Robert Rauschenberg, James Rosenquist, Richard Hamilton y Andy Warhol. El realismo social responde a un planteamiento crítico de la problemática cotidiana: la crónica de la realidad. Los temas se centran generalmente en la violencia y el terror, mientras que se desmitifican los acontecimientos histórico-culturales. Hereda las técnicas dadá que se compaginan con recursos fotográficos y publicitarios del "pop-art". La mayoría de los autores cronistas de la vida real son españoles: Juan Genovés, Rafael Canogart, Rafael Solbes y Manuel Valdés. El hiperrealismo tomaba como base de sus composiciones la fotografía y las proyecciones ampliadas de diapositivas, cuyos fragmentos son calcados sobre el lienzo, quedando apartadas la creatividad y la inspiración, pero las imágenes se cuidan técnicamente con gran pulcritud: podría compararse esta actitud a la de los copistas de los museos. En América se denominó a esta modelidad "arte-frío" precisamente por la ausencia de expresividad de sus realizaciones. Resucitan el paisaje, el retrato, el bodegón y otros géneros tradicionales de la pintura. La evolución hacia el arte óptico-cinético para muchos críticos resulta difícil de ubicar, aunque suele englobar las obras que tienen en común el movimiento, real o virtual, producido a veces por pequeños motores incorporados, en ocasiones por el propio desplazamiento del espectador que puede llegar a manipular las piezas, o sin que exista movimiento, se consigue producir figuras geométricas capaces de originar efectos ópticos adquiridos por medio de ilusiones ópticas o contrastes simultáneos, entre otros procedimientos. Se incorporan materiales creados por la industria.



                                                                                        Bacon




                                                                                   Antonio Saura




                                                                                       Warhol




                                                                                    Genovés


                   Una serie de artistas americanos adscritos al "Minimal-Art" deciden no sólo realizar obras físicas sino profundizar en el análisis de los procesos mentales generadores de las obras, otorgar preponderancia al concepto de arte sobre el objeto artístico en sí. Es lo que va a determinar todas las últimas tendencias. El arte sufre una transformación radical. Las distinciones tradicionales entre pintura y escultura desparecen y en su lugar se crean productos tridimensionales que participan de ambas, o se utilizan como material la propia naturaleza y el cuerpo humano. Las categorías "figuración"  y "abstracción" quedan superadas. Se ha pretendido ver en esta sustitución de la obra duradera por la temporal un deseo de combatir el sistema establecido, concretamente la comercialización del arte por las galerías y marchantes. Como todavía carecemos de una perspectiva histórica suficiente para analizar y clasificar estos fenómenos artísticos, aquí se propone un somero y sencillo estudio sujeto a revisiones, cambios o ampliaciones que la crítica especializada actualiza convenientemente.

                 El Minimal-Art, denominado también ABC-ART o Arte de Estructuras Primarias, fue creado en 1965 aplicado al arte más alejado de la pintura o escultura tradicionales originando obras tridimensionales que pretendían instaurar formas visuales reducidas al mínimo en las que la tridimensión estuviera exenta de cualquier tipo de figuración, situándose dentro de una particular abstracción geométrica como el cubo y el prisma rectangular. La elaboración material de las obras se ha encomendado a compañías industriales, puesto que el artista, por lo general, sólo suele realizar el boceto. Una corriente cercana la constituye la denominada Arte Póvera (arte pobre), también llamado Arte Procesual por el interés de sus cultivadores en la elaboración de la obra más que en la obra acabada, aunque difiere en las formas ya que no son geométricas y ordenadas sino ambiguas e inspiradas en lo casual. Técnicamente se evita cualquier sistema complicado con el fin de que el espectador pueda rehacer fácilmente el proceso seguido por el artista que utilizará materiales pobres y a veces insólitos como la hierba, el vapor, el hielo... Las fronteras entre espectador y autor se borran definitivamente en los Happenings y Events, que mezclan diversos medios de expresión como la plástica, la música o el teatro para potenciar la creatividad del receptor, liberarlo de inhibiciones y miedos y fomentar la espontaneidad. Los events resultan más simples y breves. El Arte ecológico, el Land-Art (al que se le han aplicado otras varias denominaciones), surgió gracias a la colaboración del E.A.T (Experimentos en Arte y Tecnología). El arte abandona las galerías puesto que los materiales son los que ofrece la naturaleza que el artista transforma superficial o profundamente: tierra, madera, piedras, pararrayos, telas, etc. Las obras se realizan en lugares alejados de las ciudades y no son transportables de forma que los documentos gráficos y vídeos suelen suplantar a la propia obra exponiéndose en galerías de arte. El Centro de Arte y Naturaleza de Huesca (sede de la Fundación del pintor José Beulas) es un museo de obligada visita: se trata de un espacio que fusiona arte y naturaleza que permite reflexionar sobre la unión entre la creación y el paisaje. De esta tendencia nació el Arte Corporal, body-art, con el objetivo de investigar experimentalmente con el propio cuerpo del artista en el deseo consciente de profundizar en el análisis del lenguaje corporal, característica de la que carecen las restantes manifestaciones. Por su parte, el Arte Conceptual (que recibe actualmente diferentes designaciones) eliminará el objeto del arte para ser sustituido por el arte de los conceptos: pasan a primer plano las películas, fotografía, textos, performances, informática y documentos que son el medio idóneo para cooperar en el análisis de la idea del arte y su desmitificación. Se distingue como ejemplo más atrayente Jhon Stezaker, aunque son innumerables los estilos y los artistas recientes relacionados, bien derivados o en oposición a él, con el arte conceptual (como el "fluxus" de Yoko Ono, o el "mail art", entre algunos nombres de la gran variedad actual). Bruce Naumann podría representar varias de las expresiones estéticas de los últimos tiempos que he mencionado anteriormente.


                                                                   
                                                                                         Stezaker




                                                                                      Naumann








                   ¿Demasiados movimientos, estilos y tendencias? ¿Excesivos "ismos" y etiquetas? Sólo la distancia en el tiempo evaluará su conveniencia y simplificará probablemente la esencia artística, como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia con los fenómenos culturales de toda índole. Es la exigencia de la perspectiva.

                   (Para la confección de este artículo he contado con la información aportada por el profesor de Historia y de Arte Jesús Elvira, a cuyo recuerdo dedico mi agradecimiento).



                                             
                                                                   Otras formas de inteligencia






               


                                                                       

         

           

       

       


                         

         

         

       

lunes, 4 de julio de 2016

COSAS EXTRAORDINARIAS





              No es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.


                                                                       Miguel de Cervantes


                                                                            
           
                                                Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

                                                                            Albert Einstein




                            La capacidad de apreciar la dimensión estética de las artes, lejos de constituir una cuestión ornamental o erudita, es la esperanza de un tiempo de reconciliación del espíritu de la humanidad con el mundo. Cualquier objeto que provoque una emoción estética adquiere la categoría de arte. Así ocurre con el Museo Automovilístico de Málaga, inaugurado en 2010, en el que la colección de cerca de cien automóviles de épocas, estilos y marcas para todos los gustos otorga a 6.000 metros cuadrados del emblemático espacio de la antigua Real Fábrica de Tabacos de Málaga (La Tabacalera) el valor de lo inusitado, de lo singular y, sobre todo, de lo inesperado. Este edificio de estética regionalista con elementos renacentistas finalizado en 1927 ha sido magníficamente rehabilitado para su función actual por la arquitecta Carolina Serrano. La colección de automóviles, la más antigua de Europa, supone un extraordinario conjunto de modelos representativos de los grandes nombres míticos desde 1898 (Hispano Suiza, Bugatti, Bentley, Mercedes, Cadillac, Jaguar, Rolls Royce, Ferrari...), a los que se unen otras salas dedicadas a la evolución de la Moda en el siglo XX: Chanel, Dior, Lanvin, Yves Saint Laurent, Valentino..., en un universo de diseños de fantasía  envueltos a veces en un atmósfera teatral o cercana a la literatura como aquellos de los que surgen espectaculares cabezas de cerámica que recuerdan a las fábulas de La Fontaine, o los que aparecen relacionados con los automóviles del museo en una precisa contextualización histórica


               Además, el Museo apuesta por obras de arte inéditas, esculturas contemporáneas, instalaciones con aire futurista y por la eco-concienciación, a través de su espacio dedicado a las Energías Alternativas y la organización de eventos sostenibles. Belleza e historia se unen en esta exclusiva muestra de arte y diseño con ambiente de época, cultural y de entretenimiento. Un árbol dorado de cuyas ramas se desprenden faros de los años 30 evoca el previsible desarrollo del automóvil y la riqueza que esta industria aporta dando trabajo a millones de personas. Málaga se ha convertido desde hace unos años en el gran destino mundial de turismo cultural y es indudable que el Museo Automovilístico contribuye especialmente al logro conseguido. Es necesario que los propios habitantes de Málaga, esa ciudad inspirada por las musas con aliento a mar, conozcan a fondo el espléndido "museo" en que viven.





                Crucé el espejo del umbral para entrar en el mundo de las maravillas y sorpresas de un lugar "encantado" y encantador en uno de esos instantes decisivos al otro lado de la vida corriente. La música que sonaba la componía el rugir de varios motores de algunos de los automóviles, todos, menos cuatro, me dijeron, cuyo arreglo ha sido imposible. Entre los coches clásicos aparecían curiosos elementos decorativos, equipamientos y complementos de automóvil, alguno tuneado de forma inverosímil, otros adaptados a las energías alternativas como el peculiar modelo a vapor de 1910, el brillo refulgente de ejemplares exóticos y raros, coches cargados de historia y de recuerdos rodeados de automobilia y objetos típicos de la época para crear ambiente, piezas recicladas en lienzos artísticos... Encontré a un hombre australiano que había viajado para admirar un coche que no se podía ver en ningún otro lugar del mundo, al que fotografió hasta la última tuerca. Restaurados al más alto nivel, la colección ilustra la evolución estética y locomotora de la automoción a lo largo de tres siglos, un recorrido por el tiempo y la belleza, difícilmente admirable a no ser por un proyecto ambicioso convertido en realidad, como los sueños verdaderos. Quizá uno encuentre aquella marca o modelo que imaginó o vio en una película, en un desfile militar, en una carrera de coches o llevando a su actor o actriz preferidos. Tal vez no conozcamos marcas que sólo realizaron una pequeña tirada de la que sobrevive un ejemplar con ese valor de lo único para siempre. O vemos un modelo de Ferrari del que sólo quedan cuatro en el mundo. Los carteles informativos que acompañan a cada automóvil no sólo aportan los datos objetivos sino una visión de su historia y utilización, por lo que el conocimiento de todos ellos es completísimo.

               El Museo es el resultado del acuerdo al que llegó en 2004 el coleccionista portugués Joao de Magalhaes con la ciudad de Málaga: "¡O hacemos cosas extraordinarias o no vale la pena!". Por eso quiso recoger la obra iniciada por su padre, gran apasionado por la estética y la mecánica de los coches, cuya luna de miel realizó, en época de guerra, a bordo de un viejo Renault a gasógeno. Ya en Cannes comenzó su admiración por los Jaguars y entonces se animó a comprar lo que encontraba en Portugal por aquellos tiempos, los coches populares: los Austin, Morris, Citroen... (el coche del cura, el del boticario, el del médico...). El país no fabricaba coches propios y los más fáciles de encontrar eran los americanos. Con el progreso de Portugal la colección se ampliaba hasta que llegó la Revolución de los Claveles que obligó a vender muchos vehículos. Sólo se salvaron los que fueron escondidos en Verín cerca de la frontera portuguesa con Galicia, pasando clandestinamente de noche como vulgares productos de contrabando. Con la normalización de la situación política la colección renació de sus cenizas. Así que Joao de Magalhaes se propuso mejorarla (aun no entendiendo nada de mecánica), convencido de que en nuestros tiempos todo o casi todo ha sido ya visto y sólo merece la pena en la vida intentar lo excepcional en la creación o en el progreso, un lema de vida que a mí me ha apasionado siempre.




                Antes de su restauración, los coches, aristocráticos o plebeyos, se encontraban destrozados, algunos aparecieron en las circunstancias más extrañas, como en gallineros, o se consideraban irrecuperables, por eso nadie se atrevía a salvar del caos vehículos de todo tipo, de bomberos, de la policía, ambulancias, camionetas o coches funerarios. En algún caso, el motor sacaba agua de un pozo perdido en el confín del mundo o las ruedas servían para el carro de un agricultor, o bien sólo existía el motor y el bastidor y el resto aparecía abandonado en el campo como un esqueleto... Otros no tenían puertas ni faros ni asientos, ni siquiera motor, como el del Maserati cuyo vendedor olvidó en un embarcadero. Un Peugeot Eclipse resucitó tras permanecer enterrado durante la Segunda Guerra Mundial, y a un Jackson hubo que fumigarlo para que no extendiera el nido de arañas venenosas que crecía refugiado en su interior. O coches encontrados en lugares remotos, como el Jaguar de 1950 que llegó de Alaska, un símbolo de globalización anticipada, prueba de que el automóvil fue quizá el primer objeto en ocupar todo el planeta... Historias inimaginables, historias extraordinarias, historias de regreso a la vida.

               El Museo comprende diez espacios temáticos-temporales que comienzan con la Belle Epóque, periodo comprendido desde el final del siglo XIX hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, un tiempo en que el automóvil comenzó siendo la continuación de los coches tirados por caballos y fueron decorándose con las pinturas artísticas del momento, al estilo del Moulin Rouge y Toulouse Lautrec. Coches "locos", "de paseo", "de picnic", el de la "silla de la suegra", de "estilo victoriano", "de turistas", el "Dandy", el "Pampero" o el modelo de Renault similar al que embarcó en el Titanic..., son ejemplos que reflejan exactamente las características de una fascinante época histórica. Tras ella, continúa la de los Años 20, etapa de gran euforia por el final de la guerra y de excepcional prosperidad económica. Una década que aportó cambios de comportamiento también en la moda y una creciente emancipación de la mujer que empieza a adaptar el automóvil como expresión de elegancia y seducción. El 25 de octubre de 1929, el llamado viernes negro, marcó el final. Sobresale un Hispano Suiza, español de 1917. La Hispano Suiza fue una empresa de automóviles de lujo y de carreras que también diseñó y fabricó motores de aviones y vehículos militares, siendo líder entre las dos guerras mundiales. La mascota de este automóvil es una cigüeña, símbolo que se eligió porque Hispano Suiza suministraba los motores para los aviones de guerra que llevaban pintada la cigüeña en sus alas.




                                                                  Buik 1916.  De viaje de novios a Málaga


                 Los coches se fueron democratizando con el paso del tiempo con la creación de modelos muy curiosos por su tamaño y forma: los Populars cars, vehículos con tres o cuatro ruedas con motores de gasolina de no más de 700 c.c. o batería de propulsión eléctrica, fabricados desde 1945. Muy armonioso en sus proporciones, Citroen concibió el primer automóvil para el público femenino, aprovechando el momento en que empezaba la liberalización de la mujer. El Museo exhibe un Morgan de tres ruedas con el motor exterior que corría mucho, por lo que fue utilizado por pilotos aficionados en carreras locales. Otros, sin embargo, alcanzaban poca velocidad, como el Velorex de Checoslovaquia, con carrocería de lona, que sólo podía correr hasta 30 km/h. El "huevo" (un Fuldamobile alemán) tuvo muchos seguidores, hasta el punto de que en una época en que no existía la globalización ni el cruce de culturas, se construyó en Grecia, Chile, India e Inglaterra.

                Los Años 30 configuran la edad de oro del automóvil. Esta década se identifica con la expresión artística "Art Déco", término que se aplicó con motivo de la Exposición de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París. Este nuevo estilo de diseño, reformista, creativo e innovador, alcanzó un gran nivel de estética, elegancia y calidad, a través de las creaciones de los mejores artistas con auténticas obras maestras, como el Mercedes que por su técnica elevada fue adoptado rápidamente por los mandatarios nazis, el Lancia que se usaba en los desfiles del régimen de Mussolini, el Packard americano en que el Presidente Roosvelt se paseaba con el Rey de Inglaterra Jorge VI, el Pierce Arrow que fue el coche oficial de la Casa Blanca, el deportivo alemán BMW que dominó las carreras europeas, o el único Rolls-Royce con doce cilindros que reflejó con todo su esplendor la tradición de lujo de la marca. Por otra parte, un conjunto de modelos estéticamente avanzados a su tiempo fueron proyectados con el objetivo de impresionar por sus formas vanguardistas, extravagantes y futuristas. Como auténticas "esculturas rodantes" admiramos un Renault surrealista inspirado en Salvador Dalí, el modernista Cord, obra del mejor diseñador de coches de todos los tiempos, Gordon Buehrig, el Peugeot de techo retráctil ( muy complicado de restaurar porque estuvo enterrado durante la guerra), el Auburn que acompañaba al gran Gatsby y que estuvo expuesto en el Victoria & Albert Museum como una de las obras de arte más significativas del siglo XX, el Panhard et Levassor, con el volante en el centro... ¿para que el conductor fuera acompañado por dos mujeres, una a cada lado?, el belga FN que el propietario volvió a encontrar después de haberlo vendido a causa de la Revolución Portuguesa, un modelo deportivo, de carreras, con forma de barco, que fue el primer vehículo de ruedas que atravesó África en 1928 de norte a sur... Coches "de sueño" impactaron en la cultura americana en la época de Hollywood. Los Cadillac fueron el exponente máximo del estilo de los años 50 e icono de lujo y potencia, símbolo del "sueño americano", primeros coches americanos en llegar a Europa tras la guerra. Alguno se convirtió en coche de Jefe de Estado, como el Chrysler de 1956 de los que sólo se fabricaron once, uno perteneció a Mónaco y otro al Presidente de Portugal Craveiro Lopes. El Ford Thunderbird tuvo como propietario a Arthur Miller.

               Si a principios del siglo XX se hubieran mantenido y perfeccionado técnicas en la automoción como el coche a vapor o el eléctrico, quizás hoy el mundo estaría mejor en términos de polución, contaminación, recursos naturales y economía sostenible. En estos tiempos en que tanto se habla de energías alternativas y de coches ecológicos, se vuelve a intentar el retorno de sistemas que ya fueron populares hace cien años, que el Museo presenta en una visión de futuro en diseños exclusivos: el coche solar, el de hidrógeno y el de aire comprimido. Sobrecoge contemplar el Helicron 2, "listo para levantar el vuelo", prototipo creado tras el fin de la Primera Guerra Mundial cuando se hizo necesario reciclar los numerosos motores de aviación existentes. Sólo se conocen dos en el mundo: el expuesto en Málaga y el del Museo del Motor de Nashville, en Tennessee. Y asombra aún más el "extraterrestre alien" Hidrógeno de 2010 creado en exclusiva para este Museo en Alemania, cuyo combustible es simplemente agua; un mecanismo la descompone y la convierte en energía eléctrica, que alimenta a una batería que impulsa el motor: una apuesta de futuro junto al coche eléctrico.





                 Un exquisito grupo de modelos de marcas británicas representan la tradición y la calidad de la industria inglesa de la automoción, como la impresionante serie de Rolls-Royce que describen la evolución de la marca, con su famosa mascota, la "dama voladora" o "alada" conocida como "Espíritu del Éxtasis", modelada sobre la forma de Eleanor Thornton, Flying Lady. El "coche de caza" tuvo gran éxito entre los coroneles de la colonia inglesa en la India que lo utilizaban para cazar tigres. El "flower power" representa la filosofía hippie de los 60 y fue conducido por los Beatles en su máximo apogeo. La Rolls adquirió Benley en 1933 manteniendo las líneas habituales de la marca pero añadiendo calidad y valor técnico. Los modelos de Jaguar en su versión más tradicional y en la más deportiva son ejemplos del éxito británico en la automoción. En los años 50, los potentes coches deportivos con sus bellas líneas aerodinámicas se ponen de moda. Ilustran el auge económico de la posguerra y la espectacular mejoría del nivel de vida. Federico Fellini había proclamado: "La Dolce Vita sólo significa que, a pesar de todo, la vida tiene su dulzura profunda de la que no se puede renegar". Y así, para los playboys del momento los coches son sus mejores juguetes: Maserati, Porche, Jaguar, Alfa Romeo, Ferrari o el Aston Martin de James Bond, competían en belleza y velocidad. El legendario Mercedes con "alas de gaviota" no tiene parangón en cuanto a encanto, originalidad y victorias conseguidas.





                  De reciente expresión artística con origen americano son los automóviles tuneados, que transforman viejos y degradados coches antiguos en espectaculares creaciones innovadoras seguramente más atractivas que la pieza original: al ensanchamiento de carrocerías, fabulosas pinturas y llantas aparatosas, se unen detalles de calaveras o llamas, cristales de Swarovski... que originan modernas obras de arte contemporáneo, a las que no les falta fuerza y potencia, como al modelo "La bomba", con sus 530 caballos. El Ford inspirado en Julio Verne refleja la atmósfera y la imaginacion de los fantásticos viajes del siglo XIX por su forma, color y materiales, con su mítico motor V8 visible para ser admirado en un habitáculo transparente: se trata de un coche que más parece una escultura que un vehículo. No es difícil imaginar al Cadillac tuneado al estilo cowboy por el artista Paulo Rosa, recorriendo el desierto de Texas con un aventurero conductor al volante, todo un homenaje al estilo de vida norteamericano. El arte en el diseño puede disfrutarse también en las mascotas como la del Jaguar, símbolo de la elegancia y velocidad de sus coches, obra del escultor Gordon Crosby, que en este Museo se muestra en versión gigante exclusiva como una joya con más de 50.000 pequeños cristales Swarovsky. Y de una fantasía asombrosa, al salir del espejo, mis pasos, muy pocos, se encaminan al prodigio de la colección pictórica del Museo Ruso de San Petersburgo en otro pabellón de La Tabacalera, siempre frente al mar...

                 Conozco la polémica suscitada por la creación del Museo Automovilístico -incluso en ocasiones también por la del Museo Ruso-, y las críticas recibidas generalmente relacionadas con aspectos que tendrían que estar muy alejados de la cultura, esa gran dama que nunca debería ir al lado de malas compañías como las de la política, el personalismo y el dinero. Las quejas que, a veces, profieren curiosamente especialistas en arte deberían ponderarse, en mi opinión, teniendo en cuenta factores múltiples que no procede tratar en este espacio. Lo que es innegable es que no deben cuestionarse unos museos por motivos extraculturales, que en este momento constituyen un activo más en el desarrollo global de la ciudad de Málaga, aunque eso no suponga la exclusión de ninguna otra manifestación o propuesta cultural que sume en espacios, contenidos y tratamiento general a lo ya alcanzado en beneficio del progreso, innovación, enriquecimiento, mejora y perfeccionamiento de la capital que se ha convertido en referente mundial de avance multidisciplinar y de la realización de cosas extraordinarias de espíritu universal... Porque valen la pena.

             

         

             

         

           

martes, 24 de mayo de 2016

La voz iluminada de SARA COMÍN



                    El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.

                                                                  Miguel de Cervantes


                                                            Pero el viajero que huye
                                                            tarde o temprano detiene su andar
                                                            y aunque el olvido, que todo destruye
                                                            haya matado mi vieja ilusión
                                                            guardo escondida una esperanza humilde
                                                            que es toda la fortuna de mi corazón.

                                                                  Carlos Gardel, ("Volver")


                La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.

                                                                    Kurt D. Cobain

                                                           
                                                   "...Quisiera morir como Kurt Cobain, de sentimiento."

                                                                   Enrique Bunbury, ("Decadencia")



                         
                                    Para vivir hacen falta las pequeñas cosas, esas tan hermosas que a veces nos trae el perfume de un viento humanizado que canta a la libertad, y nos sumerge en un remolino de sensaciones que huelen a nostalgia del recreo de la infancia, o hace que nos dejemos llevar por el seguro refugio de un amor correspondido... A este universo nos traslada la voz de Sara Comín.

                  En el principio fue la jota: el sentimiento, la emoción y la pasión por la tierra. Recuerdo cómo las paredes del vetusto edificio del Instituto de Calatayud vibraron cuando se produjo el silencio tras la jota que Sara nos cantó a Alfonso Zapater y a mí en el despacho de dirección, espectadores privilegiados de tan inédita actuación. Yo creo que hasta Alfonso XIII que diariamente nos observaba imperturbable desde su retrato con rostro hierático, esbozó una entusiasta sonrisa que seguramente todavía mantiene... Desde entonces la voz de Sara Comín forma parte de la banda sonora de mi vida. Ya con pocos años, Sara se abrazaba al mantón de la tatarabuela y se inventaba funciones ante la concurrencia familiar -a la que luego pasaba la bandeja en la que obtuvo sus primeros laureles-, pero a la que, sin embargo, no permitía asistir como público cuando empezó a participar en los iniciales concursos de jota, por eso de los nervios... En esos certámenes consiguió importantes galardones, y eso que siempre ha preferido no competir sino sólo vivir la magia del escenario para disfrutar todavía más de lo que siente, esa esencia que traspasa el alma de los oyentes... Entonces cantaba con Nacho del Río ("su amigo del alma" y "su maestro", así, por separado) y con Yolanda Larpa, el gran trío jotero bilbilitano. Después, el inigualable Jesús Gracia le aportó más conocimientos, absoluto respeto por la historia de la jota, y todo el cariño y la generosidad del mundo...






                  Esa voz comunicadora, enérgica, cadenciosa y dinámica a la vez, apuntaba sus primeros pasos profesionales en la locución radiofónica de Calatayud, así que entonces ya cantaba y contaba, eso que ha constituido para siempre el núcleo profundo de su vida, lo que ama intensamente y le permite exprimir el momento tanto de sus quehaceres como de sus deleites y hasta arrinconar las contrariedades de la rutina diaria. Pero además, Sara Comín, soñadora y emprendedora valiente, siempre buscó nuevas experiencias musicales, adentrarse en lo desconocido, enriquecerse con nuevos proyectos, perseguir otros ideales creativos, reinventar retos y metas, dibujar esperanzadores estados de ánimo en los demás, pasear por el tiempo a través de la música, viajar hacia melodías con las que arriesgar y tal vez ganar, y encontrar esa misteriosa "gracia" compartida entre su voz y los que la escuchamos...


               Así que a los 17 años consiguió una beca de la DPZ y se fue al Conservatorio de Madrid, en una diferente aventura confiada en su talento vocal. Los aspirantes interpretaron canciones líricas y ella cantó la jota de "La Bruja", provocando el aplauso de todo el jurado. El presidente, el gran Pedro Lavirgen, recordó que estaba prohibido aplaudir. Pero aprobó. Estudió vocalización y base de solfeo, y su voz no se vio perjudicada por la dualidad canción lírica-jota, pues como ya le había comentado Pedro Lavirgen, Sara cantaba "con el estómago", alcanzando de esa forma las notas más altas sin gran esfuerzo y la mayor potencia en esa expresión musical ancha, amplia, de soprano. Su aspiración en aquella época era ser cantante de ópera, a la manera de las figuras a las que admiraba, Pavarotti, Plácido Domingo, Pilar Lorengar y, más tarde, Miguel Fleta, al que tanto ha estudiado. Las ayudas prometidas se convirtieron en humo y Sara continuó en su empeño musical ampliando modernos recorridos y crecientes anhelos.






              Su andadura profesional se decantó hacia el periodismo del relato y sus gustos musicales a los que ya provenían de la infancia, esos que extraían del alma las emociones y los sentimientos más íntimos, los que buscaban con la melodía y la letra la mayor complicidad con el público: tango, copla, bolero, canción de autor, música de ayer y de hoy, siempre que su poesía le permitiera cantar y contar con los ojos cerrados... canciones que invitaran a vivir o lamentaran amores imposibles. Por eso le resulta difícil la elección de los temas para sus conciertos, porque quiere que las historias que canta sean las que más corazón contengan, así que las jotas a veces son tristes, a los tangos les añade mucho desdén o enaltece el tremendismo de coplas como alguna que puede parecer anticuada, "Y, sin embargo, te quiero". Pero ya lo dijo Gabriel García Márquez: el bolero es la mejor novela, en su brevedad existe una historia, y, ¿qué decir de una copla jotera?, si su ímpetu arrastra allá o aquí, como aquella vez en que una mujer en Turquía no paraba de llorar después de escuchar cantar una jota a Sara Comín, sin haber entendido nada de la letra...


               Sara Comín no se prodiga demasiado en destapar el tarro de las esencias. A veces, sólo los muy íntimos saborean la versatilidad y transparencia de su voz, su pasión viva por el arte. Hace unos años ofreció un memorable concierto en el Auditorio de Zaragoza (acompañada al piano en esa ocasión), y yo tuve la suerte de asistir el pasado día 20 al que tuvo lugar en el Centro Joaquín Roncal, y ella sabe que fue mi mejor regalo de cumpleaños: la guitarra de José Luis Arrazola hizo el resto. En Aragón se valora el prestigio, mérito y profesionalidad que Sara Comín se ha ganado por personalidad, categoría y experiencia en el riesgo esforzado. Es una artista que se encuentra a la altura de las excelencias musicales aragonesas que triunfan por el mundo, otra genuina seña de identidad de nuestra cultura. Ilumina con su voz honesta, intuitiva, inspiradora, esas canciones, esas pequeñas cosas que todos necesitamos y que nos hacen escapar de la mediocridad hacia un horizonte infinito, que nos hacen vivir que nuestra casa es el mundo, que lo que sentimos con la verdad no lo mata el tiempo ni la ausencia, que la música es el alimento del amor...